Resulta espeluznante comprobar la normalidad y la aceptación con que los españoles se toman los avatares de la actualidad económica que aunque pudiera parecer que esta actitud sea atribuida a la resignación ante la imposibilidad cierta de poder inclinar la balanza de los acontecimientos, esto no es así. La realidad llega mas lejos.
Esto es comparable a las economías de fronteras que se practicaba durante los tiempos convulsos de la oscura Edad Media donde los labriegos esperaban, un día si y otro también, el pillaje de asaltantes y bandoleros y esto en el caso que no fueran sus propios señores feudales los que reclamaban sus cosechas, por el bien de reino, en sus luchas intestinas. Comparable, su actitud, a la de los combatientes en una gran guerra donde la crueldad endurece sus sentidos y transforma su humanidad en bestialismo con el fin de salir indemnes y ante el futuro esperanzador de volver a la normalidad de sus vidas.
La habitualidad con que se observa en nuestros días las tropelias de poderosos, nos acercan a dichos tan del barroco español como “El que no roba es que no puede” ó “Al español no le dés, pónle donde haya”. Adagios paralelos en el tiempo con la destrucción del Estado y de la decadencia, con el imperio del mas fuerte y la eugenésia del débil ó inadaptado, con la adquisición de hábitos para la subsistencia, acompañados de la autoamputación de tus derechos para capear los tiempos.
Cuando la consciencia te dice que nadie oirá tus justas razones y que nadie pondrá coto a los desmanes, por su imposibilidad de alzar la cabeza hundida bajo el peso de la ignominia. no te queda mas remedio que adaptarte a la inmoralidad de sus actos ó perecer arrastrado bajo las cuadernas de un barco que se hunde.
Siempre he dicho que es pretencioso coger la bandera del liderazgo de un pueblo, pero siempre que haya honestidad en el acto, son perdonables los errores, pero cuando esa convocación viene acompaña de la soberbia y la prepotencia, sus consecuencias son nefastas.
Si el que coge la bandera basa su sentido del deber en “conservar” los derechos adquiridos de poderes ó instituciones, significará que la lucha por la igualdad es una quimera y que la rendición será otro piedra más que la opresión pone en nuestro camino.
Así, mientras que no se persiga con dureza la economía del saqueo y a quién la respalda, esta no será mas que la confirmación que no hay futuro de cambio para la humanidad, porque y esto es así, aunque sólo queden ellos, relativamente, siempre habrá alguno mas desfavorecido a quién saquear.