Ó como combatir la asupción de un hecho evidente: La corrupción de políticos y servidores públicos del Estado.
Aunque mi capacidad de sorpresa se ha hecho limitada en el correr de los tiempos, en unos momentos donde el egoísmo y la falta de principios llegan a situaciones de éxtasis, todavía puedo encontrarme con disposiciones como la anunciada en la cumbre del G-20 dentro del apartado de lucha contra la opacidad bancaria y el blanqueo de dinero a combatir los movimientos de dinero negro provenientes de funcionarios públicos. La sorpresa, como podían ver algunos, no viene dada por una ignorancia pueril en la existencia de una corrupción pública generalizada, si nó más bien en el reconocimiento oficial de la incapacidad para atajarla mediante el Derecho e incluso hacer patente la incapacidad ética dentro los propios partidos en la persecución de los cargos políticos practicantes de esta lacra.
Ahora bien, que ante un problema de tal dimensión y ante la evidencia que a los estados no están en disposición ó bien que el asunto se les ha ido de las manos, se ponga a los bancos como garantes de la persecución de estos delitos, resulta, como mínimo, una burla vergonzante. Que los colaboradores necesarios para que se cometan estos desmanes aparezcan como los nuevos garantes de la imprescindible ética funcionarial, produce hilaridad, desasosiego y el convencimiento de la aberración en que se han convertido el entramado del poder de esta sociedad sin rumbo.
Cuando los culpables de uno de los mas graves desastres sociales (Porque la depresión por encima de las argumentaciones económicas se trata de un secuestro de muchos derechos fundamentales y que todavía estoy esperando que se identifique causantes y se promulgen condenas) de los últimos tiempos y que, para más chanza, son hasta ahora los únicos beneficiados del agotamiento de las arcas públicas, (En el convencimiento lógico en una sociedad capitalista de su imprescindible partipación en la recuperación económica) van a convertirse en los guardianes de la ética pública. Un estamento, el público, que está salvando las inversiones de sus accionistas y hace patente la necesidad de un giro de 180 grados, asi como plantearse algo mas que la reforma del sistema.
La financiación de los propios partidos, y la puesta al servicio de sus propios intereses personales de los mecanismos del Estado, están socavando los cimientos de la democracia. Si ha esto unimos que su corrupción y deslealtad, que ningunean su labor de contrapeso frente a resto de la instituciones, podremos ser avezados lectores de porqué ocurren ó se producen los sucesos que nos acontecen: Un billón mas de dólares para incrementar los déficit públicos. Déficits que irán en detrimento de multitud de proyectos de investigación, humanitarios y educativos.
La ley de la Selva.., hasta que los leones no terminen de saciarse, los que esperan los despojos de su festín, esos mismos chacales, tendrán que esperarse.