Del Neolítico a la Edad del Bronce: Jefatura y sacerdocio. Evolución.

Resulta difícilmente cuestionable que el origen de los cambios sociales y económicos  que propiciaron el Neolítico no se fundamenten en una variable ecológica. Variable que surge a partir de los últimos episodios  de la transición entre la glaciación de Würm  al  Holoceno y que propicia una necesidad adaptativa de las anteriores “culturas de depredación” mesolíticas, 12000-10000 a.c., ante la desecación de grandes áreas en virtud del progresivo cambio climático en ciernes. Esta obligada evolución cultural humana dará comienzo, en el caso de Oriente Próximo, con las culturas natufienses, que irán unidas a unos nuevos comportamientos humanos en su relación con la Naturaleza, y que tendrán su inicial transformación con  primitivas técnicas dirigidas a favorecer el crecimiento y expansión de determinado tipo de gramíneas, mediante un primitivo método de selección. A continuación, entre 8500- 7500 a.c. aprox., se desarrollan los primeros ensayos de cultivos masivos y  domesticación  de animales en el Neolítico pre-cerámico A, desembocando en el periodo comprendido entre el 7500-6500 a.c. con el pre-cerámico B y donde ya aparecen la primera agricultura y ganadería extensiva. La proyección de ésta nueva condición social humana, ya con un carácter aldeano - En el Precerámico A se abandonan los asentamientos en cuevas y hábitat similares -, verá su culminación con su expansión hacia la cuenca del Tigris, la península Anatolia, el altiplano iraní y  Montes Zagros.

Un primer acercamiento a estos comportamientos diferenciadores, y a las nuevas propuestas sociales basadas en las anteriores premisas,  serán determinantes en las próximos acontecimientos vitales de la Humanidad. Si bien,  habría que apuntar que tales soluciones finales agropecuarias fueron el término de otras  experiencias vitales alternativas que convergieron. Esta hipótesis podría invitarnos a pensar en la posibilidad de una domesticación de animales anterior a la consecución de la agricultura, ya que esta última tuvo una primera fuerte necesidad de terrenos seleccionados y adecuados a los diferentes cultivos, así como  un  progresivo valor mínimo en la productividad, que viene condicionado por la posesión de diferentes aspectos del conocimiento - aspectos que condujeron al desarrollo de técnicas como el “barbecho”,  la utilización de abonos orgánicos o el diseño de nuevas herramientas, etc. –  que, en mi opinión,  deben ser valorados, aunque, como señala Eiroa, éste hecho tampoco desvirtúa la compleja presunción que se tiene a cerca de los inicios de la ganadería.

Pero lo que realmente,  y desde el punto de vista social, generalizó e innovó el Neolítico fue la necesidad, dentro de la vida aldeana, de una especialización y organización de los trabajos  - La sedentarización tecnificó la sociedad impulsado la creación de oficios, por ejemplo la construcción de viviendas -, si bien este proceso,  que quedará más definido en el periodo posterior, tuvo un desarrollo lento que duró aproximadamente 3000 años. Ésta especialización y organización, que se traducirá en un incremento de la productividad -  fruto de la necesidad de obtener mas recursos como consecuencia del aumento de la población -,  y que según la “teoría ideológica”, J. Cauvin (1994), situaría a los pobladores neolíticos ante la tesitura de una  “necesidad de incentivo”  hacia esos nuevos formatos sociales. Situación que se resuelven mediante la adopción de nuevas “adaptaciones psicológicas” , y que se sostienen sobre una nueva concepción del “hecho divino”,  bien mediante la creación de nuevas entidades deíficas - caso del yacimiento de la aldea de Ain Ghazal en Jordania, 7250-6000 a.c. donde aparece un culto al dios del ganado - ó bien  mediante la modificación de los antiguos rituales y mitologías - diosas de la fecundidad de carácter agro-pecuario, Tell Halula en Siria, 8700-7400 a.c.  - Reestructuración de creencias que conllevará el reforzamiento de determinadas autoridades de carácter mundano..

Durante el Calcolítico,  a partir del VI milenio a.c aprox,  el nivel de desarrollo cultural permite una utilización sistemática y diversificada del medio, una organización social mas compleja, en las que se entrevén jefaturas políticas y ya un cierto grado de estratificación social que irá aumentando con el paso del tiempo. Se afianza la vida de poblado con un modelo protourbano –  si bien de forma paulatina y localizada que conducirá, en Oriente Pŕoximo, a las ciudades-Estado mesopotámicas, 3800 a.c., y al Egipto pre-dinástico, 3600 a.c.- , se amplía la especialización en la fuerza de trabajo, y se generalizan aspectos de carácter ideológico y religioso. Situados en este momento temporal, la pregunta sería ¿Cual fue el detonante del paso de las aldeas neolíticas de carácter esencialmente agropecuario a las primeras ciudades en las que se centralizaban actividades de toda índole…? La respuesta, tal vez, y más propiamente resuelta, se encuentre en el núcleo fundamental de las ciudades mesopotámicas: El templo ó lugares de culto.

Hemos apuntado anteriormente que  como consecuencia de la necesidad organizativa a que predispone el asentamiento y arraigo de las poblaciones humanas neolíticas, se produce, en paralelo, un cambio en las creencias. Estas creencias van acompañadas de unos rituales que, en caso de las religiones primarias y a semejanza de los rituales paleolíticos, van acompañados de un fuerte componente de recordatorio en el conocimiento heredado - regulando multitud de aspectos económicos y de comportamiento social - y cuya base teológica se sostiene en una misión general:  La explicación de la organización del mundo y el “acomodo” vital  del hombre en el orden divino de la Naturaleza. (J. Assmann, 2003). Religiones que, en definitiva, exigen “el sacrificio”, la  autoinserción en las diferentes liturgias organizativas,  y, por ende, la obligación de sustentar “ese mundo”. Si a esto unimos el carácter punitivo divino que estas creencias poseían sobre el incumplimiento de tales rituales – castigos de los dioses que condenaban a hambrunas, enfermedades, conquistas,  etc -,  encontramos una llave que asegura la aceptación, por parte de la fuerza de trabajo, de menesteres y obligaciones comunales e impulsará a los “custodios” de tales rituales, los sacerdotes, a la jefatura de los asentamientos. Situación que vendría acompañada por la pérdida de peso decisorio, ante el incremento poblacional y procedencia, de pretéritos conceptos de autoridad como pudieran ser los jefes familiares ó de aldea, de clanes u otras paralelas jerarquías tribales anteriores ó bien serían estos mismos, como evolución de  esos mismos aspectos sacramentales de origen mesolítico - Entre las obligaciones o funciones de  los jefes de las familias y clanes  es posible encontrar la religiosa - , quienes posiblemente asumirían tales roles (Lara Peinado,1999)

Ya en la Edad del Bronce,  a partir de finales del IV milenio a.c. aprox., es donde se producen los cambios más significativos en los aspectos sociales y económicos con respecto al periodo anterior - cambios que vendrán marcados por un desarrollo de la  metalurgia y que se verá reflejado en la metodología de explotación de los diferentes recursos  económicos - y que se reflejan en unas jefaturas donde el incremento de las diferencias sociales resulta manifiesto  como consecuencia de la acumulación de riquezas y la concentración de poder desarrollándose  una progresiva estratificación social y que está fuertemente condicionada a su relación con el templo. Aquí hemos de recordar que en la época de las teocrácias mesopotámicas, el templo no era sólo un centro religioso, si no también un centro económico cobrador de impuestos, administrador de tierras y  esclavos,  y que formaba parte del circuito comercial de mercancías. También realizaba préstamos dinerarios y, como una práctica habitual,  ofrecía en arrendamiento tierras de cultivo a campesinos ó mayores propietarios. Hasta tal era así que podemos decir, sin temor a equivocarnos,  que junto al palacio, y en función de la época,  ya sea juntos o por separado, poseyeron, ó  controlaron,  la mayoritaria parte de las  actividades económicas de las ciudades mesopotámicas.

Cara de los “poderes del templo”. Estandarte de Ur, 2600-2400 a.c aprox.. British Museum

Una concreta información en los escritos mesopotámicos  de las características de los rituales y culto a los dioses  no ha sido posible de obtener, por ahora,  sin embargo  disponemos de una idea aproximada de la composición de tales liturgias. Rituales que ,progresivamente, englobarían la reglamentación ó ritos de las actividades y organización de los templos fruto de anteriores procedimientos. Así en éstas se describiría los procedimientos principales   débitos al culto del dios; los ritos de purificación de los diferentes templos; así como la regulación de los propósitos de cada uno de los servidores, y  por tanto de los servicios, que el templo proporcionaba y que iban desde procesos de exorcización demoníaca hasta la  elaboración de productos artesanales, concluyendo  con las pauta a seguir en las labores de enseñanza de  las distintas ocupaciones que englobaban las prolijas actividades templarias.

Otro aspecto social a tener en cuenta, en estos estadios evolutivos,  es el incremento de la “conflictividad” entre los grupos humanos.- hasta el punto que se conocen aldeas amurallas, caso de Jerico, actual Israel, datadas en el 8300 a.c. - y que en el caso de las ya ciudades-estado mesopotámicas hace conceder cada vez mayor protagonismo a una nueva institución: El Ejército. Ejercito que  en los primeros momentos no fue un cuerpo permanente, pero que en el caso sumerio  se le conoce, como mínimo, una estructura definida ya desde el Periodo Arcáico, 2900 a.c. aprox., dadas las contínuas luchas entre ciudades vecinas - ejemplo documentado son las luchas entre Umma y Lagash por el control de la llanura de Gu’edenna - y que  elevó a determinados líderes guerreros - como consecuencia de la cesión de forma temporal del poder civil en situaciones excepcionales -  al status temporal del “lugal” o  jefe civil. Situación que en algunos casos derivó en la creación de “monarquías militares”  como sistema político, y ya con dinastías hereditarias propias - al igual que sucedía con las castas templarias de los sumos sacerdotes y acólitos -, caso de la ciudades de Uruk, Kish y Lagash. Si bien esta opción no fue generalizada, si es cierto que el jefe de la ciudad , como representante de la divinidad - “en” sumerio, y que personifica a la perfección las  hipótesis anteriormente plasmadas - fue progresivamente tomando un carácter bicéfalo que se conoce también desde la Epoca Arcáica,  pero que siempre estuvo bajo la “tutela de las divinidades” y su ritual organizativo.

Cara de los “poderes civiles” Estandarte de Ur. 2600-2400 a.c. aprox. British Museum

Referencias:

“Nociones de Prehistoria general” Jorge Juan Eiroa (2000)

“La Mesopotamia Arcáica: Sociedad y Economía en el amanecer de la historia” Nicholas Postgate (1999)

“La Civilización sumeria” F. Lara Peinado (1999)

Imágenes:

az.wikipedia.org

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