La adaptación medieval cristiana de la simbología grecorromana y del Antiguo Oriente Próximo.

Durante el recorrido que hemos hecho aquí por algunos aspectos de la mitología semítica hebrea, y por extensión bíblica a la cristiana, hemos podido evidenciar la existencia de múltiples coincidencias con los principios de una mitología que se extendió a lo largo de milenios por  el Oriente Próximo y sus regiones de influencia.  Unas estructuras básicas mitológicas que,  y desde la visión de su importancia en futuras civilizaciones, podríamos localizar  en los territorios afectos al Golfo Pérsico  –  y que coincide con los mitos posteriores de localizar  allí el “Jardín del Eden”, así como con el principio de la civilización mesopotámica según las aseveraciones  del sacerdote babilónico Bêl-rê-ušu o Berossos -,  y que se extenderían, poco mas o menos,  por la parte occidental de Asia, conformando con posterioridad,  junto a las  creencias religiosas semitas y la  evolución deítica de la herencia  neolítica mediterránea,  lo que actualmente denominamos como “Religiones del Libro”

Diosa madre con cabeza de serpiente y niño en brazos. Periodo El-Obeid IV, 3900-3500 a.c. Eridu. National Museum of Irak

A lo largo de los miles de años que han ido conformando la creencia humana en las divinidades , un acontecimiento reiterativo ha sido la representación de  aspectos de la Naturaleza que incidían en su realidad cotidiana.   Éstas representaciones dieron una “forma física” a unas  divinidades que  surgieron como parte de la  respuesta a cuatro principales introspectivos interrogantes:  Su propia existencia como parte de  la creación del mundo; la Muerte como supuesto fin de los días;   sus experiencias vitales en relación con las excelsas fuerzas que parecían regir tal Universo, y, por último,  su  propio proceder y  conducta  ante tales sucesos.  Las tres primeras dieron como respuesta  el desarrollo de una mitología y la última, dictó sus  leyes y  rituales sagrados. De ésta guisa,  posiblemente durante un paleolítico cazador-recolector, esta mitología primeramente estaría directamente ligada a su mas inmediata realidad física natural, para luego evolucionar hacia un alegoría de esa “esencia creadora/destructora” que le rodeaba, en un neolítico agrícola-ganadero, y que mantendría  parte de la imaginería totémica del periodo anterior.  bien  como forma  representativa de la deidad, como epónimo o nombre alegórico, o bien formando parte de su  renovada estética iconográfica.

Con el transcurso del tiempo, y como consecuencia de una progresiva “humanización” en las representaciones divinas,  sus hasta ahora asociaciones naturales fueron tomando un carácter simbólico. Por otro lado, la correlación de fuerzas dentro de los distintos panteones y su evolución, dieron como resultado que, en algunos casos, bien por  heredad bien por yuxtaposición de las cualidades esenciales que adornaban a  las pretéritas divinidades,  supusieran la  incorporación de seres fabulosos que englobarían  los diferentes aspectos simbólicos tomados por las nuevas deidades.

Como no podía ser de otra manera, y conocida fuente de numerosos  pasajes,  los escritos bíblicos están impregnados de ese simbolismo pretérito. Simbolismo animal o vegetal que ensalzará o desvirtuara en función de la inclinación moral de la cita y que incluso recogerá  algún ser fabuloso de la genérica mitología asiática, caso de la “Serpiente Primigenia“, Rahab, a la que combate en similitud al relato del ciclo mitológico del dios Baal sirio-canaaneo.  

« Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová, despiértate con el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab y el que hirió al dragón » Isaías 51:9 Biblia Reina Valera 1960.

Desde un punto de vista adicto, el bestiario cristiano hay que situarlo en el “Physiologus”, un tratado sobre la Naturaleza y su simbología de origen griego que se data entre los siglo II y III d.c. En este tratado el autor realiza una descripción de determinados entes naturales desde un enfoque  simbólico espiritual, pero siempre desde una perspectiva cristiana.  Así,  tales símbolos pasan a convertirse, desde la herencia greco-babilónica, en reflejo de las verdades de la fe en Cristo y sus principios morales tratando su hasta ahora ambivalencia simbólica con equivalencias  relacionadas con el bien y el mal y que asociaba en su explicación con pasajes bíblicos. El “Physiologus”, en definitiva,  recoge la antigua simbología mitológica de Oriente Medio, y por heredad grecorromana, para proporcionarle una visión aceptable, como sucedió en otros muchos casos,   a ojos de los dogmas de la religión cristiana. En éste sentido no hay nunca que obviar la importancia de la simbología en unas culturas donde el general de la población era  analfabeta y las antiguas representaciones divinas estaban harto  implantadas en el sentimiento religioso popular.

A comienzos del siglo XII y bajo su retórica, auspiciada por textos posteriores que citaban tales escritos como fueron “Etymologiae” de San Isidoro de Sevilla o  los “Diálogos” y “Homilias” de Gregorio Magno,  se abren paso los bestiarios medievales propiamente dichos. En el caso del monasterio de Silos éste es resuelto sobre las lecturas del libro “Colaciones” de Juan Casiano, siglo V d.c, , y que frecuentemente apoya su dialéctica en la simbología de la naturaleza animal.  El relato, simula conversaciones entre los eremitas del desierto, desgranando los fundamentos y los fines  de la vida ascética, convirtiéndose en manual de una nueva  doctrina sobre el  comportamiento monástico auspiciada durante el siglo IX en Occidente.

Capitel románico. Monasterio de Silos (Burgos). Siglo XI-XII d.c. Representan a parejas de buitres con la cabeza enfrentada, símbolos del “transito espiritual” libre de pecado.

En los capiteles mas antiguos del claustro del Silos aparecen diferentes representaciones animales y vegetales donde su simbolismo hace una función de guía y reflexión para los monjes que paseaban entre sus muros. Así aparecen figuraciones de buitres afrontados dos a dos que oponen sus cabezas para picotearse tanto artejos como alas.  El buitre, desde tiempos inmemoriales, ha sido figurado como el protector de las almas en un contexto muerte y resurrección (Çatal Huyuk)  donde las diosas-madres ejercían como protectoras del transito reencarnativo  dentro de las cultura neolíticas afectas a Oriente Próximo - Forma junto a la serpiente una dualidad terrenal-espiritual donde la serpiente representa en “transito terrenal” y el buitre, el “transito espiritual” -. De esta guisa aparecen también en la culturas egipcias como representación de las diosas-madre Uadjet y Nekhbet en su papel de protectoras de los faraones del Bajo y Alto Egipto, y también como símbolo  de la Tierra y el Cielo, como ámbitos del alma,  adoptan la fórmula de la cobra y del buitre -  En el caso de diosa-serpiente Uadjet,  su cariz como diosa protectora de los partos es plenamente asimilable con las diosas-serpiente del periodo ubaidiense - Dentro de las acepciones al parto y el nacimiento, ya dentro de la cultura grecorromana, el buitre, hembra, aparece vinculado a la virginidad por considerarse que sus huevos eran fecundados por el Viento de Levante, así como a la “Anunciación” por ser animales que en su vuelo advertían de importantes acontecimiento venideros al estar al servicio del dios Apolo - Es de añadir que en la mitología grecorromana, y según Plinio,  al buitre  se le consideraba también con símbolo del Cielo al considerarse sus nidos como inaccesibles - Fruto derivado de éste elenco de correlaciones míticas, los buitres darán  figuración al carácter maternal y virginal de María, madre de Cristo,  en el simbolismo cristiano del medievo como símbolo de lo puro y ausente de pecado.

Otro de los capiteles primitivos hace una recreación temática del dragón mediante dos tipos de reptiles superpuestos aunque de simbología  diferente. El dragón de la parte inferior es un híbrido formado por un cuerpo de ave de enorme tamaño con cabeza, cuello y cola de saurio que son acompañadas de un fauces provistas de grandes lenguas. Sobre sus espaldas aparecen dragones mas pequeños, también alados, con el mismo tipo de cabeza y cola, pero provistos de dos patas de tres dedos de tipo felino. 

Capitel románico. Monasterio de Silos (Burgos). Siglo XI-XII d.c. . Aparecen representados dos reptiles alados con unos pequeños dragones a sus espaldas,simbolizan el alma y sus tentaciones.

La mitología del dragón o  la “gran serpiente”  en combate con las antiguas  divinidades supremas de los panteones de Oriente Próximo es recurrente. Podemos encontrarnos relatos épicos de tales encuentros tanto en la mitología hittito-hurrita con  Teshub y la serpiente Illuyanka, en la sirio-canaanita con Baal y Rahab/Yamm , como en la mesopotámica con  Tishpak y Labbu en lo mitos de Eshnunna o  con Marduk y Tiamat  en el Enuma-Elish amorrito-babilónico.y donde el dios salva el mundo de un ente primigenio de carácter celeste o bien usurpa el trono, en el caso de Baal,  al heredero marino del dios-padre El.  El dragón, en el Antiguo Testamento, personifica. según I. Ruiz, al adversario de YHWH en sus designios de salvación y que se entronca con la actividad creadora de Dios en contra la bestia primordial de los abismos/Infiernos, Leviatán/Rahab. es decir a Satán y que se corresponde, evidentemente,  con la hermenéutica y adaptación simbólica cristiana, como ya hemos comentado antes, del ciclo mitológico de Baal, origen y fuente de las creencias hebreas anteriores al I milenio a.c. reflejadas en los textos bíblicos.

« Efectivamente, por Leviatán, se designa a aquel antiguo devorador del género humano, quien, prometiendo al hombre hacerle Dios, le arrebató la inmortalidad…» Pasaje de las “Obras de Gregorio Magno”,  Libro II, “Homilias”, 5, 25, 8   pag 658

Siguiendo con la interpretación cristiana de las Sagradas Escrituras, el autor Casiano, por su parte, lo define en la primera Colación como un “monstruo espiritual” capaz de penetrar en lo mas profundo del alma con la cohorte de los demás vicios, disertando y asimilando, en otras Colaciones,  sobre los “espíritus del mal”, el dragón, entre una serie de animales cuyos nombres por si mismos le permiten evocar la “grandeza extraordinaria de su malicia”,   el bestiario de Satanás. Bestiario románico que incorpora seres tales como  hipocentauros, dracontópodos, cinóperos, dentotiranos,  seres de la mitología grecorromana tales como arpías, górgonas, faunos, sirenas, minotauros, y un largo etcétera.

« A la casa que no abandona quien entro en ella. Por el camino que no tiene regreso. Donde el polvo es su alimento y la arcilla su sustento, donde no ven la luz y viven en la oscuridad, donde visten plumas como los pájaros… » Pasaje de la “Epopeya de Gilgamesh” . Tablilla VII  36-38. Versión Biblioteca de Ašurbanipal.

Capitel románico. Monasterio de Silos (Burgos). Siglo XI-XII d.c.. Representan a parejas de águilas leontocéfalas con las cabezas encontradas. Simbolizan el poder de Cristo sobre los Cielos y la Tierra.

En contraposición al pequeño monstruo, el reptil-pájaro de la parte inferior toma otros derroteros en su expresión mística.  Alas y plumas proporcionan una diferente simbología como representaciones del alma.  Casiano describe tales sintonías como que el ideario del monje es poseer un alma “alada” , libre del “lastre de la carne” y “rauda” en emprender el vuelo “hacia las alturas del Espiritu”. Alma que si afronta con éxito vicios y pasiones se asemejará a una “pluma ligera” (Ibidem, IX,IV).  Las “almas emplumadas” son también recurrentes en la mitología mesopotámica y egipcia, si bien su simbolismo adolece, en el caso mesopotámico, de ese concepto etéreo para ser vestimenta de  reclusión en el Kur, el Seol del los textos bíblicos.  Si bien habría que anotar que en los textos sagrados anteriores al Imperio Nuevo egipcio, solamente el faraón era poseedor de un alma. Alma que se separaba del cuerpo por la nariz en forma de pájaro, ya que para el resto el alma era concedida ” a posteriori” por Osiris, con el beneplácito del faraón,  en virtud de los servicios prestados a el “dios viviente” en su “doloroso tránsito” por la Tierra. La iconografía de Silos, con respecto al alma, vuelve a entroncar la simbología del reptil alado con las creencias de Oriente Próximo, donde la serpiente es símbolo de la inmortalidad  por reencarnación – Según la mitología de la Creciente Fértil, su inmortalidad estaba vinculaban al episodio de su “muda de piel” y que fue conseguida tras arrebatársela al héroe Gilgamesh – , a su vez que, de nuevo,  la asocia con la simbología de las diosas-madre.

Otra de las representaciones que podemos encontrar en la imaginería románica es el águila leontocéfala o de cabeza de león. En la mitología mesopotámica, la combinación de características animales fueron la manifestación de  personalidades incontroladas con un inmenso poder, pero sin estar  consideradas, en principio,  con fuerzas malignas.. El águila leontocéfala aparece ya en la  eṕoca sumeria como representación del dios Ningirsu  “Señor de las Lluvias”  (Jacobsen 1970) .  En los textos sumerios,  los héroes Lugalbanda y Ningirsu se valen del enorme pájaro para realizar sus proezas engañándola con el ofrecimiento  de ser adorada  como un dios a su vuelta. En los posteriores textos acadios,  el ” Pájaro An-zu-u”,  es ya considerado como un ente demoníaco, hijo de Anu,  y representando al “Caos” aparece en la posterior mitología babilónica donde arrebata las “Tablas del Destino” al dios Enlil, sus poderes divinos,  siendo rescatados por el, entonces,  héroe entre los dioses, Ninurta, hijo de la diosa-madre Belet-ili. Como símbolo de las Lluvias/Tormentas adquiere una dualidad benéfica/maligna, en un contexto agrícola,  dada su inprevisilidad que bien puede beneficiar o echar a perder la cosechas. En la simbología  astrológica  babilónica, el “Pájaro An-zu” aparece relacionado con el Sol (Hartner, 1965) , estableciendo ya un vínculo con los cultos semítico-babilónios al dios Sol, Shamash, y  que, a su vez, lo entroncaría con futuros cultos  proto-cristianos y mitrianistas sirios -   Entender Siria, como concepto  dentro de la división provincial romana de Oriente Próximo en el siglo I .d.c. - de carácter solar que evolucionaron a partir del siglo II d.c. auspiciados por las  reformas religiosas  dentro del Imperio Romano.

Según  el bestiario cristiano de  Charbonneau- Lassay, 1991,  el águila leontocéfala simboliza  el poder de Cristo como  “Señor  del Cielo y de la Tierra” . Curiosamente Ninurta era llamado “El ombligo de la Tierra o el titular de la ligazón de la matriz de los Cielos y la Tierra, (Sa-Moon, 1989), a partir de la sustitución de los cultos agrícolas a Tammuz/Ningirsu por las creencias  solares acadias.

Referencias:

“Del mito al símbolo cristiano: El claustro de Silos” para “Anales de Historia del Arte”.  Ines Ruiz Montejo (2010)

” A Dictionay of Ancient Near Eastern Mythology” Gwendolyn Leick  (1991)

Imágenes:

elpasiego.foroactivo.com

panageos.es

http://www.arte-romanico.com


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4 pensamientos en “La adaptación medieval cristiana de la simbología grecorromana y del Antiguo Oriente Próximo.

  1. En vista de la variedad y transformación del simbolismo deítico, tanto en forma como interpretación parece apropiada la frase de Ciceron : “La propia naturaleza ha grabado en la mente de todos la idea de Dios” …idea cuyas manifestaciones plásticas suponen gran parte de las obras maestras del arte pasado… ayudando así a perpetuar el mito referido.

  2. Una reflexión plenamente acertada, estimado amigo.

    Como afirmaba el referido sacerdote babilónico Berossos,: “Desde la llegada de las “Sagradas Carpas provenientes del mar”, “Los siete sabios de Eridu” , nada ha sido ya inventado”.

    Saludos,

  3. Buen intento de explicar algo mucho mas complejo de lo que me deja percibir. Ya que parece que el hombre contemporánea se cree tan listo para psicoanalizar a los antiguos hombres y establecer porque y como hacia las cosas, sobre todo las relacionadas a los dioses, pero muy poco para analizarse a si mismo. Esto es típico de la psicología promovida por la nueva era industrial neo-darwinista que como ustedes creen en la evolución también ustedes evolucionaron del escepticismo al negasionismo.
    Por cierto la Diosa Nammu que tiene arriba no le esta dando de mamar a un bebe cualquiera, si observa la mandíbula vera que es un saurio bebe, vaya imaginacion mítica… no es tan simple la historia de este planeta, no se puede ser tan reduccionista ya que eso no es ciencia. si estudiamos la historia globalmente y reconociendo todos los OOP que se omiten y se esconden o destruyen por parte del lobby sionista-masonico, que controla la academia, la cosa cambiaría y mucho. De cualquier manera no desmerezco el articulo por lo contrario es muy interesante pero típico del condicionamiento academico.Y sabemos que la academia al igual que todo este sistema tiene arquitectos… bancos, Royal society, etc…..

  4. Primero darte las gracias por considerar interesante el artículo, independientemente que genere polémica, o no, esa es la idea.

    Te equivocas hfedera, explicar las relaciones del hombre con las divinidades exclusivamente demuestra la relación de la Humanidad con su propio hecho económico y social.

    De nuevo éstas equivocado/a. El escepticismo no conduce al negacionismo, conduce a preguntarse lo que no comprendemos, analizándolo con un metodología y apoyándonos en el conocimiento del que disponemos, para llegar a una conclusión total o parcial. Tampoco me obsesiono con dar una contestación a todas las preguntas; si no lo logro entender una, paso a otra cosa.

    Por cierto, no tienes ni idea de las representaciones hacia la Fertilidad del Neolítico y del Calcolítico,así como de su posterior evolución, en el Oriente Mediterráneo y la Creciente Fértil . Yo en cambio, espero.., que un poco mas que tú, y te puedo asegurar que el texto de la imágen es correcto. Porqué tiene que ser la diosa Nammu sumeria sería una manera de comenzar una conversación interesante.

    El resto son paranoías, sobre verdades a medias. “Verdades a medias” que son las peores premisas para poder conjeturar sobre la evolución social de la Humanidad de una forma mínimamente aceptable.

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