Hace años, y basándose en una serie de principios “comunes” como la cultura material, del caballo y por determinadas relaciones lingüísticas, se creó la idea de un determinado pueblo de guerreros que irrumpieron a principios del segundo milenio a.c., desde la Europa septentrional y/o de las estepas euroasiáticas, y que dominaron las mayor parte del resto de Europa, las regiones de Oriente Próximo y el Asia central. Aunque no puede ponerse en duda parte de la sugerida procedencia en el caso de determinados componentes de esos grupos, se debe considerar como insostenible ese exclusivo origen y por tanto, que se produjera una masiva expansión migratoria. En el caso de los territorios comprendidos entre el Báltico y el Mar Negro, la tendencia actual de las ideas nos direccionan hacia un desarrollo entre grupos interrelacionados por unas mismas circunstancias vitales bajo un entorno lingüístico semejante y que a comienzos del cuarto milenio se extendieron a la periférica de las civilizaciones de Asia Menor, encontrando, como así parecen atestiguar los indicios en la Anatolia, culturas con una base lingüística similar. En el caso de Europa, esta similitud parece indicar que los antiguos pobladores formaran parte de un mismo grupo global de lenguas indoeuropeas. Sólo así y mediante los datos disponibles, podemos podemos afirmar que los pastores del “hacha de combate” bálticos y del Mar Negro – Recordemos el emblema del “hacha doble” en los estandartes y ropajes guerreros hititas – y los de “las culturas del Vaso Campaniforme” centroeuropeos forman parte de una mismo acontecimiento etnológico.
La aparición de las culturas del “hacha de combate” se introdujo en Europa posiblemente desde Anatolía hacia los Balcanes y Grecia continental, siendo uno de los objetos más característicos, el “hacha metálica con perforación” de cobre ó bronce, – Aunque ya existían modelos similares neolíticos en centro Europa y el Norte a partir de prototipos mesolíticos de asta – aunque también podemos afirmar un segundo orígen desde el Cáucaso a través de las Pónticas. - Ríos Kuban y Terek, que se dá como orígen de las clases dirigentes hititas – y que tuvo gran influencia en la Europa central. Aunque se ha de considerar que los pueblos de la cultura del Vaso Campaniforme fueron aparte de agricultores, pastores, siendo sus principales armas el arco y la flechas de punta de sílex. En el caso de estos grupos, realizaban sus “trashumancias” posiblemente por la Europa oriental y que se relacionaran con los pastores del “hacha de combate” en una amplia zona que pudiera comprender desde la actual Bohemia a Gran Bretaña. las tradiciones alfareras que representa esta cultura tendrían un pretérito origen neolítico mediterráneo occidental y que pone de manifiesto la progresiva evolución de las economías europeas desde la expansión agrícola del aproximádamente año 7.000 hacia las culturas más pastoriles de la Edad del Bronce – Esta evolución estaría condicionada a las sequías y cambios medioambientales acaecidos durante el segundo milenio a.c. -, aunque bien es cierto en la cuenca media y alta de Danubio, Austria, Baviera y parte de Bohemia, se mantuvieron las explotaciones agrícolas sedentarias dando lugar a la aparición de culturas con rasgos diferenciados como la adopción de la cremación y los enterramientos típicos de la “Cultura de Campos de Urnas”, mientras que los pastores mantuvieron los tradicionales enterramientos en tumbas individuales ó en “túmulos” (tumbas dispuestas con elevaciones sobre el terreno). Estas costumbres funerarias de incineración, - Ritual no practicado por los aqueos griegos y que posiblemente se derive de formar parte de los pueblos de pastores con “culturas de los túmulos” – se piensa que proceden del norte Anatolia, vía la actual Hungría, aunque es posible que estos ritos se practicaran en el neolítico de la Europa nororiental en rituales de personal significación. Estas suposiones podrían estar basadas en que los pueblos hititas y noranatólicos, aunque practicaran ambas soluciones, es de recordar su propensión a los rituales de incineración por parte de las clases dirigentes del país de Hatti, y que por el contrario, la práctica del enterramiento, corresponda culturalmente a los pobladores autóctonos. En definitiva, podemos considerar que la incineración ritual es la forma “tipo” de enterramiento indoeuropeo,- Aunque existen variantes “mixtas” caso del “campo de urnas” ó su déposito en cauces fluviales – y que indica unas creencias mas “espirituales” en su relación con los fenómenos de la naturaleza.
Plantearnos la existencia de una religión indoeuropea, nos conduce a los mismas premisas que hemos desarrollado anteriormente, una religión indoeuropea no existe como tal, si nó que aparecen determinados mitos y leyendas desde la Irlanda céltica, pasando por la Grecia micénica y clásica ó las religiones protogermánicas -nordas, hasta las religiones védicas indias que posiblemente tengan un primigénio nexo común, - La “Tochomlada” del ciclo mitológico irlandés, “Los trabajos y los días” de Hesíodo narran la existencia de tres edades en la evolución del hombre: La edad de oro, de plata y de bronce, similares; Ó los casos del mito de griego de Orfeo “de la cabeza viva”; Ó la Sita india, la Mancha irlandesa, y la madre argiva y los gemelos Celobis y Bitón griegos – Aún así podemos distinguir la existencia de un pretérito “dios padre universal”, el indoeuropeo “Djeus Pater”, - nombre del que proviene Zeus, Jupiter, Tyr, Diauh.. – acompañado de la “divinización” de fenómenos naturales. y que se complementan con las diversas tradiciones y mitos específicos que en los diferentes asentamientos humanos se conservaron ó evolucionaron a lo largo del tiempo. Bien es cierto que existen una serie de “convenciones sociales” como son un patriarcado generalizado, y una concepción cíclica de la vida donde la muerte es el sino final del hombre y la inmortalidad, generalmente, está en manos exclusivas de los dioses. Este patriarcado está basado en las tríadas indoeuropeas de soberanía, defensa y reproducción de las propiedades adquiridas ó conquistadas y sustentadas en el concepto de pastor-guerrero, quedándo en un segundo plano “la diosa madre” y su fertilidad ,ya que ésta se consigue a través de la conquista ó el sometimiento.
El primero de los cinco libros de la Toráh o Pentateuco es el Génesis. Etimológicamente su nombre nos llega del griego gené-sis (γένεσις) desde el siglo V a.c. , que pasó al latín durante el siglo I d.c. como genesis y cuyo significado en castellano es generación. Su nombre en hebreo, B’reshit (בְּרֵאשִׁית), se puede traducir como “En principio” ó como “Primeramente” y proviene del primer verso del Génesis “B’reshit bara Elohim et ha’shamaim v’et ha’artez”, siendo este primer adverbio el que le dá nombre.