Caja Madrid y Santander han dado el pistoletazo de salida para la caída de los precios inmobiliarios. Decisión, que por previsible, no deja de ser un toque de atención y que somete al mercado a una adecuación forzosa con el fín de salir indemnes de este periodo de ayuno y constricción, mediante la venta rápida de unos activos no deseados, consecuencia de impagos y embargos ó como en otros casos, el apoyo de emergencia a determinados proyectos dentro del sector que, de no prestárselos, tendrían muchas posibilidades de engrosar esa lista.
Así tenemos venta de viviendas con reducciones del 40% sobre el precio de tasación con el fín de deshacerse de unos activos con un futuro deflacionario y posibilitar una adecuación del riesgo asumido por hipoteca -disminuye el importe hipotecario concedido, disminuye el riesgo – y por otro las asociaciones del banco de sede en Cantabria, que no cántabro, con promotores inmobiliarios para aunar venta con la concesión de unas hipotecas con un alto interés que “acolchonan” el riesgo y que en resumidas cuentas, forman parte del principio del fín de la burbuja y el mercado inmobiliario como hasta ahora se conocía en España.
La decisión, por parte de las instituciones de crédito, de “desempolvar” sus divisiones inmobiliarias durante las épocas recesionarias no son “balsamo de Fierabras” si nó que forman parte de los ya archiconocidos, por los analistas bancarios, periodos de decadencia dentro los ciclos económicos, pero en este caso, con una salvedad definitoria: La perentoria necesidad en la venta que reflejan los movimientos antes mencionados y que dibujan un panorama mucho mas aciágo para las economía española que en otros momentos históricos anteriores y premoniza la caída en barrena de los precios de las viviendas y nó como sería aconsejable, un pausado descenso. Si ha esto unimos los comentarios de la ministra de la Vivienda, felicitándose de una rápida “desaceleración” de los precios en el sector (sector que supuso dentro del crecimiento español una tasa aproximada del 20%, del conjunto y cuyo valor debería haber rondado el 4% para no ser un crecimiento dependiente) nos dibuja un futuro contrahecho.
Todos podemos estar mas ó menos de acuerdo con la necesidad de adecuar los precios de la vivienda a la realidad española, como de otros muchos sectores como por ejemplo el alimentario, y de esta manera ser consecuentes con el mercado interno y el bolsillo español, pero la cuestión esta en las repercusiones y condicionantes que esta circunstancia supondrá en la relación “hipotéca emitida” versus “precio de mercado” y que nos dá una segunda lectura: La convicción, por parte de los bancos, que los españoles difícilmente podrán asumir la deudas contraídas durante los diez últimos años ante el periodo de depresión mundial que se avecina y que, por esta y otras razones, se ha optado por una reconversión con tintes a lo “tierra quemada” que tendrá como consecuencias inmediatas que muchos ciudadanos verán crecer sus deudas muy por encima del VNC actúal ó futuro, de los bienes adquiridos.
Otro factor a tener en cuenta es la esclavitud financiera que para las familias supone, según el régimen español, los deberes adquiridos a la concesión de un hipoteca y que ante la imposibilidad de deshacerse del bien por la caída de los precios del mercado ante el inminente exceso de oferta, a lo que hay que unir el “buen hacer” en este sentido de las políticas bancarias antes mencionadas, supondrá un aumento de las suspensiónes de pagos ó la quiebra técnica de muchos hogares.
No debemos llevarnos a engaños con la posibilidad de acogerse a las medidas gubernamentales de retraso en el pago de las cuotas, que basan su planificación en una pronta recuperación de la económia, y que no son, como el caso los famosos proyectos de ayuntamientos, mas que “pan para hoy y hambre para mañana”, porque la realidad parece extenderse a mas largo plazo que las ñoñas aseveraciones del partido en el gobierno y que no hace más que retrasar lo inevitable y llevar a peores escenarios una realidad acuciante. Otra posibilidad es la subvención de las hipotecas para gente en mala situación económica, solución incomoda y demasiado extensa entre la ciudadanía para su concesión, mas que otra cosa porque, según las posiciones del gobierno, es preferible financiar a empresas para que mantenga los puestos de trabajo aunque sea bajo una situación de precariedad.
En resumidas cuentas, la rueda sigue girando e inexorablemente tritura a los siervos de la gleba. Siervos que tuvieron en los últimos años un espejismo tanto libertario como de exuberancia adquisitiva y que los ciclos del sistema económico en que vivímos, vuelven a poner en su sitio.