Es evidente que algo está cambiando en el panorama económico y energético internacional. Existen una serie de signos que indican que las antiguas medidas que practicaban los bancos centrales occidentales para contener las crisis inflacionistas y monetarias no producen los resultados que se esperaban y esto es debido a que el número de jugadores en el tablero económico mundial ha aumentado.
Las inyecciones de fondos que, en un principio, deberían ir dirigidas a los mercados económicos occidentales, en realidad están financiando las necesidades crediticias de los países de economías emergentes como China, India ó Brasil en sus procesos de crecimiento. Este acontecimiento, junto con las presiones inflacionistas originadas por el aumento en la demanda de materias primas y energía está produciendo durante los últimos tiempos que la economía mundial esté entrado en una espiral alcista en los precios, (ver gráfico)
con datos como la subida del 4,1% en Estados Unidos, el 3,1% en Europa y el sorprendente 6,9% de China que supone, en este caso, el incremento mas fuerte de los últimos once años. Lo que habría que saber interpretar es cuales de estas inflaciones son, haciendo un símil con el colesterol, “buenas” ó “malas”.
Volviendo a las medidas occidentales anti-inflacionistas y a las razones de su poca efectividad, estas se pueden resumir en dos fundamentalmente: Una, la disminución del peso de las economías occidentales en el teatro mundial y dos, la finalización de la era económica del petróleo. Felipe González, ex-mandatario español y nuevo presidente del comité de sabios de la Unión Europea expresaba claramente estas ideas en una entrevista al “Financial Times”, refiriéndose a Europa: “Estamos perdiendo influencia en la esfera geopolítica. Estamos perdiendo influencia en términos económicos y tecnológicos y como consecuencia nos estamos volviendo menos relevantes para nuestro ciudadanos, perdiendo competitividad y valor”. Y esto puede ser como consecuencia de un cambio en concepto del nacionalismo de las empresas ó de los negocios, que para mí es fundamental, en un mundo globalizado.
Un ejemplo: Todo el mundo sabemos que X es una empresa, en principio, de nacionalidad estadounidense, pero también sabemos que la mayor parte de su producción se realiza en China y en países asiáticos. ¿Cuales son las consecuencias para la economía americana de este hecho? Que independientemente de la subida de precios de las materias primas nada hace prever, por ahora, de un decrecimiento de la importaciones de estos productos a occidente, por las razones que todos conocemos: Precio, buena calidad y que no se puede cambiar la ubicación de las fábricas todos los días por una cuestión de “orgullo patrio”, por lo que sigue siendo mas interesante la importación que la fabricación con el membrete “USA” ó “EU”. Si extrapolamos este hecho al conjunto de la empresas de productos de gran consumo lo que se percibe es un indeseable factor “externo” a la contención de la inflación en Estados Unidos y Europa, con la particularidad que la alternativa a las medidas monetarias al control de la inflación como pudieran ser las fiscales, no son mas que una retroalimentación del circuito por una razón muy simple: Aumentan las posibilidades de seguir manteniendo la demanda y por tanto la inflación, no solucionando el problema estructural de fondo.
El otro punto al que hacíamos referencia era al factor energético. Nadie duda, o eso espero, que estamos en una situación de “energía cara, escasa y de precios politizados”. Hoy tenemos, por ejemplo, las compras masivas chinas de petróleo a Irán, la presión que Rusia realiza a sus ex-repúblicas con el suministro del gas, la utilización como arma política por parte de Venezuela y Bolivia de sus yacimientos, ó sin ir mas lejos las presiones políticas argelinas, en cuanto al contencioso del Sahara, recibidas por España que han frenado su suministro de gas. (suministro cambiado por el de Libia, hasta hace muy poco país defenestrado del contexto internacional por sus probadas vinculaciones al terrorismo internacional).
Este hecho produce tensiones en los mercados y cambios en las correlaciones estratégicas como consecuencia de la falta de previsión y del “ya nos salvará la ciencia”, y que descuentan la posibilidad de un futuro desabastecimiento.
