Los escasos núcleos urbanos se restringían, en su generalidad, a residuos de antiguas ciudades romanas y solamente en la costa mediterránea podían encontrarse asentamientos de población a los que poder considerar como ciudades, con permiso de las diferentes epidemias de peste.., – La densidad total se podrían establecer entre un 20 y un 25% menor que la actual – y la Europa fuera de éstos ámbitos se trataba una gran extensión de tierras semi-vírgenes, ó vírgenes, cuya situación se va acentuando según se avanza hacia las grandes cordilleras ó se dejan atrás las riveras de los grandes ríos de las cuenca del “Mare Nostrum”, y cuya vista no se ve alterada salvo por algunas cabañas de campesinos ó refugios de montarazes y cazadores.
El hambre es una constante y su satisfacción el sino diario. – Cada grano sembrado no procura mas de tres ó cuatro de cosecha, en el mejor de los casos – y sólo la esperanza de la siguiente primavera, y su natural provisión de alimento, permite pasar el duro invierno. Paradójicamente se puede hablar de “superpoblación” en los diferentes asentamientos, como consecuencia de los cambios en el clima que desde hace algunos siglos han permitido recuperarse de los estragos de las diferentes epidemias que habían arrasado el mundo occidental, ya que la tierra en ese momento cultivada no puede mantenerlos. El aumento de población había sido sucesivo desde la desaparición de la esclavitud romana lo que ha llevado a sus anteriores dueños a permitir que vuelvan a establecerse en las antiguas haciendas y su necesidad de roturarlas dado el abandono de éstas - Situación que se ve compensada, además.., con la “protección” de los antiguos patricios ó actuales propietarios en estos tiempos convulsos, dando comienzo al feudalismo – Ha comenzado una nueva repoblación de Europa, aunque todavía existe ese respeto que las tradiciones célticas – Poblaciones extrañas y monstruosas poblaban los bosques y la noche - han inculcado sobre las grandes forestas y más teniendo en cuenta lo inadecuado del utillaje en que basar el intento.
Por aquellos días, húngaros, sarracenos y piratas normandos estaban devastando la cristiandad. Estas invasiones han sido las últimas que ha conocido Europa, aunque todavía las incursiones no habían terminado y son muchas las poblaciones arrasadas y las congregaciones monacales perseguidas – Los monjes de Tournus, costas de la actual Normadía francesa, y debido al hostigamiento nordo, no concluyeron su éxodo hasta llegar al centro de las tierras de La Borgoña – Jerusalem constituye el centro de este mundo al que se considera plano, circular y rodeado de lo desconocido. La esperanza de la cristiandad se dirigen al lugar donde transcurrió la vida y muerte del redentor en sus creencias, pero su situación es de cautiva en manos de los “infieles” consecuencia de la ruptura de antiguo orden del Bajo Imperio romano y que ha divido el mundo conocido entre el “mal”, el Islam; Los semi-heresiarcas de una cristiandad en lengua griega y que deriva hacia el cisma, en Bizancio; y el Occidente latino romano. Cristiandad latina que sueña con volver a la Edad de Oro del imperio que ya no estará representada por Roma – En esa época marginal y semi-griega -, si nó por la capital del naciente Sacro Imperio Germánico, Aquisgrán , donde había nacido y muerto el nuevo “césar” de los francos del Éste como consecuencia de la unión de la Galia y la Germania mas romanizada, Carlomagno.
En la Europa del año 1000, la realidad social y económica, es lo que llamamos el feudalismo. Es decir, la impronta en que se traduce el poder en su adaptación a unos tiempos donde la fuente centralizada que suponía la capital del antiguo imperio romano, ya no existe. La invasión de los paganos sigue siendo una amenaza y el temor que supone, estos nuevos protectores, sobrevive a la progresivo rechazo de éstos. El “señor” a quién se rinde pleitesía es aquel cuyo defensa está allí, - Hasta el punto de socavar la autoridad del soberano como fueron los casos de Italia, de Provenza y de Borgoña - cerca y que vela por ellos, campesinos y pastores, en el refugio que representa el castillo y donde se puede encontrar abrigo y protección. Innumerables fortalezas se diseminan por todas partes, las primeras de tierra y madera – Derivadas de las fortificaciones romanas temporales – otras ya de piedra (sobre todo en el Sur de Europa) que en un principio constaban de una torre cuadrada y una empalizada, siendo su vez defendidas por hombres de armas y caballeros. Estos caballeros u “hombres a caballo” – fuerzas compuestas por alrededor de una treinta de guerreros por defensa – exigían un tributo de protección a los campesinos en compensación, supuestamente dedicado a su manutención y armamento, aunque, como es de recordar, las ordenes de caballería camparían por encima de la Europa de los campesinos, de los pastores y de los hombres del bosque practicando un comportamiento hacia ellos que nunca dejó de ser duro, salvaje y aterrador, siendo en definitiva: Un ejercito de ocupación.
Desde los ojos de los hombres de iglesia, el infierno es un mundo visible y carnal, el mundo de la Europa del siglo X d.c.,. Se trata de un mundo pervertido, invadido por el pecado y condenado del que sólo la iglesia y sus monjes serán capaces de redimir. Como los castillos, los monasterios, son lugares de tutela; Como los castillos, extraen la riqueza de los contornos; Y como los castillos protegen del enemigo visible, los monasterios protegerán a los campesinos de los invisibles y se hará de buen grado porque el campesino lo teme todo. temerá que llueva ó que salga el Sol y por el contrario, temerá que no lo haga. Según la regla benedictina, en la iglesia “alta”cumplían los monjes su labor específica, es el “Opus Dei”, el trabajo para Dios y que consiste en pronunciar en nombre de los demás hombres, las palabras redentoras de la plegaria desde maitines a completas, sin interrupción durante ocho horas, cantando gregoriano es un canto de guerra contra los ejercitos satánicos que poseían este mundo donde el hombre había sido arrojado desde los jardines del paraíso, por sus pecados.
Referencias: Georges Duby “Europa en la Edad Media” 1979
