Llevo un tiempo dándole vueltas a la percepción que tengo, hoy en día, del proceso degenerativo del espectáculo cómico y de entretenimiento en general. Siempre he pensado que como acto social que es, la diversión , define el nivel cultural de un pueblo y ofrece un perspectiva de los miedos y soberbias de los seguidores de estos acontecimientos. Bien es cierto que pretender analizar un aspecto tan amplio del comportamiento lleva inevitablemente a la generalización por lo que voy a centrarme en los fenómenos (y nunca mejor dicho…) televisivos porque considero que son de actual y evidente protagonismo.
Ante todo… ¿Que es el género cómico ó la comedia? En la estructura del teatro clásico griego: Épica, Lírica y Drama, la comedia junto con la tragedia, se encuentran ubicadas dentro de éste último. Es la catadura moral del personaje protagonista a la hora de enfrentarse al argumento de la obra lo que diferencia un género del otro, mientras que en la tragedia el personaje afronta los avatares con unos valores profundamente éticos, en la comedia, por el contrario, es su falta de ellos lo que le define, siendo, ambas, poseedoras de un mensaje educador y ejemplarizante. Posteriormente y con la llegada de la comedia clásica francesa del diecisiete y la italiana “Commedia dell’arte” se produce un giro en la concepción de la comedia hacia posiciones mas críticas y sarcásticas de las situaciones sociales de la época con desenlaces mas humillantes para la conducta representada. (La comedia satírica)
Y de aquí otro pequeño salto hasta nuestros días en que nos encontramos espectáculos satírico-grotescos que en ninguno de los casos ponen como primera intención la crítica, ó el ejemplo, la enseñanza como tampoco la comicidad de las situaciones del pícaro en el devenir de sus vidas, sino que directamente es el escarnio y la burla de una contrahecha realidad social ó física (o ambas cosas) dentro de la concepción de lo que se ha llamado “Reality show”, donde el escarnecido desconoce, en la mayor parte de las veces, su condición de protagonista y cuando de ello es consciente e intenta utilizarla en su beneficio, su vejación es mayor. Lo dramático de esta situación es que la necesidad de escoger estas extremas “realidades” viene definida por el bajo listón educativo y moral de la sociedad, porque y después de todo… ¡ De quién podríamos burlarnos si no encontráramos a alguien con una entidad ética y de autoestima por debajo de la nuestra…!
No quisiera dejar así las cosas sin aplaudir la labor de cómicos, comediantes y artistas, de ley, que lo hay y muchos, profesionales del espectáculo que nos proporcionan multitud de grandes momentos para la evasión y el relajado disfrute de su arte. Dijo Groucho Marx al cumplir los 85 años: «Es una edad divertida, dispongo de una excelente salud en todos los aspectos salvo en el mental que es el que menos importa»