Capra hircus …(Una de cabras)

Capra hircus es el nombre científico de la cabra vulgar. Al hacer referencia al componente mas común del género caprino, una de las primeras cosas que nos viene a la cabeza (exceptuando, por supuesto, el caldero ó asado de cabrito y sus derivados lácteos…) es el número que tanto han paseado por los pueblos y ciudades de España numerosas trupes. El número consiste, por si alguno no lo recuerda o no lo ha visto, en demostrar la habilidades del citado animal como protagonista en su ascensión a una tarima ó escalera mientras que tus oídos son maltratados al son de una pianola eléctrica. Pero eso no es todo:

Nuestra relación con las cabras se remota a los albores de los tiempos. (Alrededor de 8.000 años) Conocidas ya en culturas tan antiguas como la sumeria y explotadas intensivamente, junto al genero ovino, en civilizaciones posteriores como la micénica y protogriega. Es tal su importancia en la economía de estos pueblos que posiblemente su dios protector, Pan, sea incluso anterior a la llegada de los indoeuropeos a la península helénica. (A Pan Liceo, el pastor, se le representa con cuernos, rabo y pezuñas de cabra tocando la flauta siringa en compañía de sus ninfas). Una de las curiosidades acepcionales de Pan Liceo y su relación con el bestialismo practicado por los pastores, fue su creciente importancia como dios de la sexualidad viciosa, factor que culminó con su adopción por los romanos como Fauno Luperco cuya etimología proviene de Lupus (lobo/a), e hircus (cabra/macho cabrío) que disponía de su propia “fiesta/bacanal” en el calendario romano (el quince de febrero) conocidas como Lupercales. Se decía en relación a cierta gente famosa o importante de baja estofa que “Hircus autem caprarum magnus factus est nimis..” ó que “Polypus an gravis hirsutis cubet hircus quod populis dicti.” ó directamente refiriendo a la relación paterno-filial de alguien : “Hircus páter…”. Estas asimilaciones son posiblemente, junto con su relación posterior en la edad media con los akelarres y como unas de las representaciones del diablo, el porque de su posterior creencia de animal “inpuro” durante muchos siglos.

Me gustaría desde aquí que estas acepciones no repercutan en el preciado don que para el buen gourmet significa la carne de cabrito, mucho mas jugosa que la de cordero y mucho mas sabrosa que por tener este maltrato sinonímico, no merecido, queda muchas veces fuera de nuestras mesas y disfrute.

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