Mitología semita. El Éxodo: Evidencias arqueológicas.

Durante cuatro mil años,  los movimientos intermitentes de pueblos de origen asiático hacia  las tierras del  Nilo fue una constante y abarcó todos los periodos históricos de Imperio Antiguo Egipcio. Dicho ésto, en la segunda mitad del II milenio a.c., Egipto mantenía una posición de hegemonía en los territorios de Siria-Palestina, de manera que un número importante de personas procedentes del Oeste asiático residieron en Egipto,  aunque muchos de ellos lo fueron originalmente como esclavos, capturados en las frecuentes incursiones militares. Así, por ejemplo , durante los últimos años de siglo XV a.c.,  una expedición a la zona supuso la captura de 550  “mariyannu” –  jóvenes de la nobleza guerrera de procedencia hurrito-mitanna – ; 240 de sus mujeres; 640 canaanitas; 232 hijos de jefes tribales; 270 concubinas, además de grandes cantidades de botín no humano. En otra campaña asiática, de números poco fiables..,  se capturaron 15.200 shardanas; 33.600 apiru; 36.000 sirios y otras grupos  humanos hasta un total de 89.600 cautivos. En estos relatos aparecen dos etnias: Los “sherden” o shardanas, los futuros sardos, que formarán parte de lo que los egipcios denominaban “pueblos del mar” y que,  aunque se les considera de procedencia conflictiva, existen razones para ubicar sus bases en las costas de Siria y Ugarit.  Soldados de fortuna y ávidos de botín, combatieron innumerables veces tanto a favor como en contra de Egipto, caso de las Guerras Libias.., y  por último, los “apiru”. Apiru es un gentilicio,  probablemente de origen mitanno-hurrita, ya utilizado en el siglo XVI a.c. en Hatti, Ugarit y Mesopotamia,   posteriormente en el siglo XV  a.c. por egipcios,  para designar a una determinada región,  “la Tierra de los Apiru”,  sin aparente unidad política. El significado de “apiru”, como es el caso de la estela de Beth Shean del faraón Seti I, siglo XIII a.c., puede asociarse con la denominación de determinados grupos étnicos del occidente asiático o  bien como designación social para los merodeadores, bandidos y nómadas sin tierra.  Su importancia estriba  que  en diversos momentos, estos últimos,  han sido relacionados con los hebreos, o “ibris”,  de la Biblia.

Estela de Seti I

Estela de la victoria del faraón Seti I sobre los pobladores del Valle de Beth Shean. Siglo XIII a.c.  Rockefeller Museum (Jerusalem)

Durante esta época, segunda mitad del segundo milenio, miles de asiáticos fueron enviados a Egipto como tributo de sus vasallos feudales,  como nos dicta, por ejemplo, una carta del siglo XIV a.c. del faraón al gobernador de Gaza en la que menciona la necesidad de la corte del envío de cuarenta bellas coperas. En éste mismo sentido nos hablan las cartas del gobernador de Jerusalem,  haciendo relación de la gente que próximamente le será enviada como fruto de una operación comercial. Conocemos también, que los mercaderes sirios eran representados en pinturas de tumbas aparecidas en la Tebas del Imperio Nuevo y parece comprobado que el termino egipcio “mercadear” pudo  ser sinónimo de “hablar sirio”. Se tiene noticia, de igual manera, de pequeños grupos de asiáticos occidentales, de reconocida experiencia en la construcción de barcos que al parecer emigraron a las orilla oeste del Delta con el fin de asegurarse una estabilidad económica, así como documentos de finales del siglo XIII  a.c.  que refieren la aparición de grupos tribales procedentes del este del Jordán, y tal vez del oeste.., entrando en Egipto por la frontera norte del Sinaí en busca de un lugar  donde establecerse  ellos y sus rebaños. Todas estos episodios vinculados al movimiento de personas, indican claramente que durante el periodo que transcurre entre el siglo XV y XII a.c. , la llegada a Egipto de gentes procedentes del occidente asiático no eran circunstancias  fuera de lo habitual.

Otros sucesos que pueden atestiguar el sojuzgamiento de asiáticos en Egipto, especialmente en el Imperio Nuevo durante la segunda mitad del segundo milenio,  y que pueden dar luz sobre la narración bíblica de la infancia de Moisés, es la práctica egipcia de coger de niños de la estratos sociales más bajo para criarlos, en igualdad de condiciones que los egipcios, en las elitistas grandes mansiones. Una práctica  que tuvo como solución que numerosas personas de origen asiático consiguieran en la sociedad egipcia puestos de relativa entidad –  Escribas, supervisores en la construcción de edificios, servidores/funcionarios de Palacio – , y como ya hemos comentado, como artesanos especializados o artistas. Pero lo que es evidente,  es que la inmensa mayoría de ellos llegaron al país como esclavos o como tributos a Egipto y que trabajaron en las labores  más duras sirviendo tanto a los templos como al estado.  Un texto del siglo XIII a.c., por ejemplo, refiere como los apiru fueron utilizados en proyectos de construcción.  Expuesto lo anterior,  podemos deducir que,  por un lado,  los extranjeros en Egipto se mezclaron dentro de la sociedad, sirvieron al gobierno o fueron asimilados culturalmente.  De igual manera, se tiene la evidencia de la existencia  de enclaves  egipcios, especialmente en el Delta del Nilo en los siglo XIII y XII a.c. , donde poblaciones vivieron en condiciones similares a  la de los actores de narraciones bíblicas del Éxodo.   Aceptado lo anterior,  lo que  parece preclaro es que existen escasas referencias documentales que describan la salida de poblaciones extranjeras de Egipto, y menos por la fuerza, en contra partida a la gran cantidad de referencias que nos narran su llegada en número importante,  así como su intención de no abandonarla. No cabe duda que se podría alegar  que los egipcios eran poco partidarios de reflejar sus problemática interna, caso  aplicable a los esclavos huídos..,  mas tenemos la narración escrita de un papiro que relata la fuga de dos obreros a través del Sinaí con la idea huir a Canaan y las dificultades que supuso su captura.

El segundo libro de la biblia es “Éxodo” un término que nos llega, a través del latín, como una abreviatura del título griego “Exodos aigyptou”. Este nombre hace referencia a la narración de los primeros catorce capítulos del libro, en los cuales nos presenta la historia de los israelitas en su partida de Egipto. Los siguientes treinta y seis capítulos del libro rememoran los días por el Sinaí y a sí como la revelación de los pactos  de su  alianza con Dios y sus condiciones; terminando con una descripción del episodio de la entrega de éstos. El nombre hebreo sigue las prácticas semíticas de nombrar un hecho con la inicial de sus palabras, como por ejemplo “we’ellê semôt”, ” y estos son los nombres..” , que suele simplificarse como  “semôt”, “nombres..”, y que en este caso, hace referencia a los nombres de los hijos de Jacob cuyos descendientes estaban en ese momento en Egipto conectando así  el Éxodo con el libro precedente del Génesis, el cual concluye con la llegada a Egipto y cuya pretensión es dar una continuidad narrativa al conjunto que forman la Torah o Pentateuco.

Relata el Éxodo,  el periplo de una comunidad cautiva en Egipto, de como se organizan para escapar, lo que aconteció durante las jornadas a través de desoladores parajes y su llegada a una montaña donde Yahweh revela a Moisés unas reglas comunitarias y unos valores sobre las cuales deberán construir sus bases como nación. Leyes que estipularán como serán sus relaciones sociales y como éstas, a su vez, estarán siempre sometidas a la consideración divina. Esta primera parte de la narración, desarraigo y posterior éxodo de Egipto, serán muy recurrentes en otras parte de la Biblia hebrea,  salmos, profecías, etc,  y será tan importante como el pacto y la alianza, siendo parte de los rituales principales dentro de la cultura  hebrea y por ende, tanto para curiosos como para estudiosos, foco de atención especial en lo referente a la conexión entre estos relatos y la realidad histórica.

Estela de Merneptah

Estela erigida por el faraón Amenhotep III en el siglo XIV. Reutilizada y reescrita en su parte posterior por el faraón Merneptah en el siglo XIII a.c. Egyptian Museum (El Cairo)

No hace demasiado tiempo , la inmensa mayoría de los estudiosos bíblicos tomaban los acontecimientos históricos del Éxodo como verídicos e indiscutibles,  asumiéndose la narración de la opresión y liberación, a sí como el viaje a través del Sinaí como hechos históricos. La narración del Éxodo se consideraba como la recopilación de la diferentes versiones que sobre estos hechos conservaban las tribus de Israel, con la añadidura del pasaje de las tablas de la ley dentro del periplo del viaje.; y cuya explicación está todavía  vigente en muchos grupos religiosos. Pero la veracidad de muchos, si no de todos, los acontecimientos ocurridos creaban infinidad de dudas, así  durante los años 1970 y 80, cuando muchos de los estudiosos comenzaron a abandonar las ancestrales narrativas del Génesis, como una explicación del comienzo de la vida en el segundo milenio a.c , todavía se consideraba en determinados círculos académicos que el Éxodo pudo producirse entre los años 1.500 y 1200 a.c. , es decir: En los primeros momentos de la  Edad de Hierro I y últimos episodios de la Edad del Bronce. 

Los cambios, como siempre, se intuían. La frustración que ocasionaba el tradicional pensamiento acerca del éxodo como fuente de información y su inconsistencia en determinados temas, produjo en los años 70 una reflexión acerca de como reconducir su estudio: Bien como un acercamiento desde el punto de vista canónigo cristiano, como hasta ese momento, o bien basándose sobre los conocimientos ya adquiridos en el estudio de los grupos étnicos asentados en Oriente Medio. Así, con una especie de premura, se intenta entender la relación de la Biblia hebrea y su pasado, produciéndose dos posiciones extremas: Por un lado, los que con estudios someros consideran que la Biblia fue escrita en tiempo de los Persas,  siglo VI al IV a.c.,  y por tanto su conocimiento de tiempos anteriores no son fiables o  los que incluso lo consideraban como una recreación ficticia, mientras que por otro, había los que opinaban que Israel existió en la Edad de Hierro durante el siglo XII a VI a.c.

La arqueología ha sido enormemente utilizada para establecer vínculos entre los textos bíblicos y la realidad del mundo bíblico, empezando por ejemplo con la famosa “Estela de Israel” o “Estela de Merneptah”, del siglo XIII a.c.   y que contiene la alusión más antigua del término “Ysrael” en una victoria en el territorio de Canaan  – Bien es cierto que no utiliza el determinativo egipcio para “pueblo extranjero” si no el de gentilicio y posiblemente, en exclusiva hable de poblaciones relacionadas con el valle canaanita de Ysroel -,  intentando una conexión entre Israel y la “Tierra Prometida”Mas  lo que resulta preclaro,  es  que existen en la actualidad nulas narraciones escritas con las que sostener la idea de una huída de Egipto y de su narrado periplo por el Sinaí por parte de la tribu de Judah en la Biblia. De igual manera, tenemos la evidencia de más de 30.000 kilómetros cuadrados de excavaciones realizada durante el último siglo en la península del Sinaí,  sin  aparentemente encontrar movimientos de grandes movimientos de población desde el oeste del Delta del Nilo en dirección a Levante,  y muchos menos durante la Edad Media o Superior del Bronce  – incluyendo Goshen, Pithon, Rameses y el Mar Rojo -,  mientras que por el contrario, si tenemos conocimiento  en Kadesh/Qades, Barnea y el gran oasis al norte del Sinaí,  así como de importantes muestras de asentamientos en el perímetro de Canaan, de acuerdo con pasajes del libro de los Números. Por lo que  dicho lo anterior,  se puede concluir que las pruebas en Egipto y Sinaí del acontecimiento del Éxodo son negativas.

Referencias:

“Exodus”. Carol Meyers en Cambridge University Press. (2005)

Imágenes:

rehov.org

en.wikipedia.org

2 pensamientos en “Mitología semita. El Éxodo: Evidencias arqueológicas.

  1. Pingback: Mitología semita. El Éxodo: Su relación con la crisis del Bronce Final. | Lampuzo

  2. No existen muchas evidencias de Israel, en Egipto, en primer lugar porque los Egipcios nunca registraban los sucesos negativos como las plagas o hambrunas. Hay una relacion entre Jose y un gobernador semita en tiempos de Sesostris I, pues ambos hicieron una revolucion agraria y este chaty es presentado con tunica de colores y mangas largas. En cuanto al Exodo, tenemos una sola evidencia circunstancial, que es la decima plaga, donde el hijo del Faraon muere. Y la mencion de Hapirus en Canaan alrededor del 1400 con las Cartas de Amarna.

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