El gnosticismo y sus influencias en el Islam

Dice la tradición del Islam sobre los hanifs, según refiere Ibn Ichaq, que durante un fiesta del sacrificio que hicieron los quraychíes a uno de sus ídolos, se separaron cuatro hombres de las celebraciones: Waraka ibn Naufal, Ubayd Allahn ibn Chahch, Ultmán ibn al-Huwayrit y Zayd ibn al Amr. Waraka se hizo cristiano (nazarita..) y adquirió mucho saber de ellos y  de sus libros; Ubayd Allahn permaneció en la duda e incertidumbre terminando por adoptar el Islam, pero emigrando a Abisinia  abrazó el cristianismo etíope  y en su resolución decía a sus anteriores hermanos en la fé: “Nosotros vemos claro, pero vosotros parpadeáis, como jóvenes perros recién nacidos”; Utman se sometió al emperador de Bizancio, se hizo allí cristiano (ortodoxo-sirio) y obtuvo un puesto honroso cerca del emperador; Zayd no se hizo ni judío, ni cristiano y se abstuvo tanto del culto a los ídolos, como de la carne a ellos sacrificados,  censurando a su pueblo por el falso culto . Cuando oraba en la Caaba, decía: “Dios mío, si yo supiese que forma de adoración te es más cara, la elegiría, pero no lo sé. Del él dijo el profeta Mahoma: “Zayd resucitará el último día como una comunidad por sí sólo..”

Esta alegoría ó parábola dicta la disyuntiva religiosa en el ámbito árabe pre-islámico en su llegada al henoteologísmo a partir de sus primitivas creencias politeístas, así como la evidente influencia de las diferentes corrientes religiosas de Oriente  y que pueden ser resumidas en la fé del profeta  Mahoma en el concepto de Juicio Final, la eterna sanción de las faltas cometidas y la necesidad de la “revelación” de un “libro sagrado” específico para su pueblo a semejanza de “los pueblos del libro” judeocristianos.

En Oriente, y expecíficamente en la Siria, la incipiente cultura griega se encontró con el culto astral babilónico y la mitología persa, y es en este tiempo donde numerosas sectas religiosas y teorías filosófico-religiosas empezaron a expandirse hacia el oeste llegando incluso a las primitivas comunidades cristianas de Palestina – regiones al este de Jordán donde se habían retirado tras la destrucción de Jerusalem – donde tuvieron apreciable influencia. Así Epifanio declara que los ebionitas ó nozrim – llamados erróneamente cristianos primitivos.. -, afirman que Cristo era el primer “hombre celeste”. El “hombre celeste”, el primer Adam, había abandonado su existencia supraterrena, apareciéndose a los patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob..) y que en los últimos días, envuelto nuevamente en el cuerpo de Adam, apareció como hombre y fue crucificado, resucitó y subió a los cielos. Esta interpretación dió lugar a dos corrientes: La greco-judáica del Espíritu de la Sabiduría y de la Revelación que desciende sobre los profetas y habita en ellos; Y otra doctrina del Salvador orientalizada que desde su elevado mundo puede revelarse en ocasiones a los elegidos a través del “espíritu santo” (Un “espíritu santo” arameo de apariencia femenina..), pero que sólo dos veces ha venido realmente al mundo terrestre y cuya cabeza en el pensamiento es el profeta místico Elxaí (La “Fuerza oculta”, título religioso a semejanza de “Gran fuerza de Dios” que se dió el profeta samaritano, Simón Mago), que apareció en la región del Jordán oriental durante el reinado del emperador romano Trajano.

En las obras pseudoclementinas, – en referencia el obispo Clemente de Alejandría, padre de la iglesia católica romana – toda sabiduría y conocimiento del camino de la salvación lo ha comunicado Dios desde la eternidad al Cristo celestial y que a diferencia de los profetas, posee el don del “Espíritu” propio e innato que nunca se agota. Cristo como “profeta de la Verdad” es idéntico a Adam, por lo que afirmar que Adam ha pecado contra Dios es una falsedad. Según la doctrina de los “clementinos”, el Antiguo Testamento está falseado por profetas embusteros que habrían predicado las faltas y pecados de Adam, así como de los patriarcas, a la vez que envuelven a Dios en un halo guerrero y amante de los sacrificios sangrientos. Estas doctrinas de la “revelación” son seguidas de forma similiar por los secianos, por el gnóstico Justino (que incluye a Hércules entre los enviados por la “revelación”) ó el sirio Bar Daisán (antiguo sacerdote del templo de Atargatis) que enseñaba la aparición del Cristo a Abraham y a otros profetas mediante un cuerpo celestial/astral y que había hablado con ellos, hasta que finalmente vino al mundo tomando figura humana por medio de la Virgen María.

Un desarrollo obtuvieron todas estas ideas en Manes, el predicador y mártir que fue crucificado en Gundeshapur por el rey de Persia Bahram I en el año 276, y sus corrientes maniqueas ó zindiquíes. Según el historiador El-Nadin, Manes habia recibido la revelación del “Rey del Paraíso de la Luz” a los doce años. A la edad de veinticuatro años se le presentó el ángel Al-Tawwam ( “El acompañante”, palabra de orígen nabateo) y que según nos cuenta el escritor árabe Al-Biruni relata: “De tiempo en tiempo, han llegado enviados de Dios con la sabiduría y las obras piadosas. En una raza llegaron por medio del apóstol llamado Buda al país de la India; En otra, por medio de Zaratrustra, a Persia; En una tercera, por medio de Jesús, a Occidente. Estos profetas han llegado ahora en ésta, la mejor de la generaciones, por medio de mí, Manes, el apóstol del Dios de la verdad, a la tierra de Babel”. Además de los profetas señalados, Manes, reconocía también entre ellos a Adám, Set, Noé y Abraham. Una luz celestial, “el tercer enviado” ó “ vírgen-luz”, ha tomado figura en estos profetas o se ha revelado a ellos. Jesús, según la doctrina maniquea, no era un hombre, si nó que se trataba de una revelación terrenal del mensajero celestial, por lo que las afirmaciones de los cristianos en cuando se refieren el nacimiento, circuncisión, tentación en el desierto, etc. son falsedades que atentan contra su dignidad divina. El Jesús que crucificaron los judíos – al igual que proclaman tanto Basilídes como el Islam, – no era tampoco el Jesús celestial porque por su naturaleza no puede padecer. – El otro ser que tomó el suplicio es designado como un demonio en unos casos ó como el “Hijo de la Viuda” en otros y que Dios colocó en su lugar – . Vemos que Manes no limitaba la revelación a los varones bíblicos, por lo que esta idea – que adoptan igualmente justinos y secianos – transmite la suposición que la revelación fué hecha en diversos tiempos, a diversos pueblos y que por tanto las grandes religiones de Occidente, India y Persia encierran una única verdad y todos sus fundadores son enviados de Dios.

Estas ideas, – que todavía se encontraban en Mesopotamia en el siglo X – que fueron tan poderosas en el Asia central y cuya influencia se extendía desde los límites de China hasta el corazón de Europa, no eran seguramente desconocidas en una ciudad como La Meca – Los cronistas árabes indican que de Hira habian llegado a los lugares santos, zindiquíes – y en cuyas enseñanzas, Mahoma, vería la posibilidad del surgimiento de un último apostolado  que aunque gnóstico,  cupiera dentros de sus aspiraciónes a una independencia religiosa de judíos y cristianos.

Referencias: Tor Andrae, “Mohammed”

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