De los “shedu” a las “bichas”. Un periplo por el Mediterráneo

El mar Mediterráneo no es tanto un mar como varios mares, unidos por estrechas vías de agua entre islas y promontorios que, a menudo no resulta sencillo distinguir entre sí. El mar Jónico y la cuenca del mediterráneo occidental fueron mares de limitado uso para la navegación hasta prácticamente el siglo XVI d.c.,  restringiéndose la práctica marítima en el segundo milenio a.c. exclusivamente a las rutas de cabotaje  – itinerarios establecidos sobre corrientes y vientos favorables – desde Rodas y Creta al norte de Africa, así como entre Siria y Chipre, Creta ó Sicilia., aunque el término “navegación”, se aplicaba a embarcaciones de remos que utilizaban velas, aunque éstas últimas se trataran de un “gran bolsa” aprovechable exclusivamente con vientos que entraban “en popada”,  con la particularidad que se trataba de una práctica estacional – aproximadamente del cinco de mayo al veinticinco de octubre, según Hesíodo – como consecuencia de la debilidad de las embarcaciones en su confrontación con los fenómenos naturales del mar.  Las ayudas a la navegación  anteriores al primer milenio  a.c. eran exiguas y se fundamentaban en la pericia de los pilotos, – aunque se conozca la utilización de pájaros (fundamentalmente cuervos ó palomas..) para establecer la posición de deriva con la costa – y es sólamente con la aplicación  de los conocimientos astronómicos, cuando ésta situación cambiará sustancialmente permitiendo la expansión de las culturas milenárias de Oriente hasta, según  la visión de estos marinos y comerciantes,  los extremos más remotos de éste mar.

Alrededor de doscientos años antes del primer milénio a.c., se produce un acontecimiento que marcará el devenir de la natural salida al mar Mediterráneo de los imperios mesopotámicos y anatólicos con la expansión de los “pueblos del mar”, su asentamiento y colonización de las costas de Oriente Medio y su convivencia  con sus anteriores pobladores.  Dentro del concepto de ciudades-estado de las costas sirias aparece una asociación de ciudades – en similitud a las ligas hanseáticas del siglo XIV d.c. – en las que ha prosperado una unidad lingüística, religiosa, artística, son los conocidos como los “púrpura roja” ó “canaaneos”, apodo con el que ya eran citados en la segunda mitad del segundo milenio en los textos acádios de Nuzi ó  como “phoinix” desde su denominación griega – El término”phoinikes” denomina a las palmeras de donde sacaban los tintes de las telas con las que se vestían y comerciaban–  y que son el nexo de unión de nuestra historia :  Los fenicios. Dentro de los cinco periodos de la  historia de Fenicia, es relevante a nuestro relato escoger las dos etapas que se sitúan entre los siglos X y VII a.c. , periodo que incluye su independencia, su inestable relación con el imperio asirio y que está acompañada de su clímax mercantil y colonial.

Enclaves fenicios en Cannan

La expansión marítima colonial fenicia tiene dos vertientes: Chipre – Oriente y Africa- Occidente. La posesión  canaanea más antigua de la vertiente oriental es Kitión (Chipre) , mediados del siglo IX a.c., – Chipre ya supuso durante el segundo milenio la puerta de entrada asiática y egipcia al mundo minóico cretense – .  al que hay que unir las poblaciones de Tamassos, Laphitos, Golgoi y Amathunte (donde Kitión era política y culturalmente influyente);  Salamina (siglo IX a.c.); Idalion (siglo VIII, a.c.) y otros enclaves chipriotas como Pafos,  Marión ó Kurión (siglo VII a.c.) , etc., aunque es probable que la cultura fenicia ó protofenicia   – caso del santuario de Pafos – ya estuviera presente  en la segunda mitad del segundo milenio a.c. . Es reseñable remarcar también los contactos comerciales fenicios con la península anatólica – es citada por Herodoto una colonia fenicia en el golfo de Myriandros en Cilicia, siglos VI y V  a.c. , y su asimilación cultural  – y que es posible que llegaran hasta el Mar Negro ; Así como con Creta, Las Cícladas, El Dodecaneso, Las Espóradas, Jónia y Grecia – aunque sólamente en la isla de Tasos es citada por Herodoto  una colonia tirio-fenicia  – . Esto no debe hacernos pensar la no existencia de un comercio fenicio terrestre, ya que se conocen rutas de caravanas hacia el norte de Siria ó Armenia y que se extendían hasta Mesopotamia, Arabia y como no podía ser de otra manera, por ser origen primigénio  de nuestras esculturales protagonistas, al Assur asirio y su parcialmente anexionado imperio hittita.

En su camino a Tartessos y a la Península Ibérica, punto final de nuestro viaje mediterráneo, y ya dentro de la ruta occidental fenicia de  colonización y comercio, hemos de apuntar las relaciones con sus vecinos del sur. La relación de Egipto con la Nego siria fue tan intensa – hasta el punto que el concepto de “comercio” fue representado por los egipcios con los ideogramas de “hablar sirio” – que existen investigadores que proponen que el término “Fenklu” de los “Textos de las Pirámides” (siglos XXIV-XXIII a.c.) ya hacen alusión a ellos y vinculan a éste la etimología actual de su nombre. La hegemonía egipcia sobre las tierras sirio-palestinas se hace evidente en la epistolografía de “ El- Amarna” (siglo XIV a.c.) y que concluirá a finales del siglo XIII y principios del XII con la “época oscura” y la aparición de los “pueblos del mar”, aunque la relación entre egipcios y fenicios – se conocen grafitos y escritos fenicios en Abidos y Menfis fechados entre los siglos V-III a.c. – perdurará hasta muchos siglos después.

Áreas de influencia greco-fenicias (Aprox. entre el año 800 y el 550 a.c.) Map by The Ancient Mediterranean

Las fundación fenicia más antigua, que citan tanto Veleyo, Plinio ó Timeo, en las costas líbico tunecinas es la tiria Útica (año 1101 a.c.) , Cartago ( año 814-813 a.c), y son de fechas posteriores las colonias líbicas de la Tripolitania (siglo VII a.c., aprox.) de Oea (Trípoli), Sabratha y Labda (Leptis), así como otras, que cita Salutio , como Hadrumeto (Susa) (siglo VI a.c.) e Hipona. Según JM Blazquez, la fundación de Cartago abandona el concepto fenicio de colonia comercial para ser débita de sucesos políticos tirios en consecuencia de la presión que Assur realizaba al conjunto de las ciudades de las costas sirias, ya fuera mediante tributos ó razias guerreras. La intervención egipcia – Shenhong I, 945-924 a.c. , y Osorkon II en la batalla de Qartar, 853 a.c.- en la franja sirio-palestina nos propone un acercamiento fenicio a Egipto, a la vez que fortalece su expansión hacia Occidente y predispone a la posterior independencia de Cartago. Ésta situación es posible que pudiera reflejarse, en el transcurso del tiempo y como opinión propia, como propiciatoria de “cambios” en determinados ámbitos tanto políticos, comerciales y culturales del conjunto de las colonias africano-peninsulares.

Se supone que en el año 1104 a.c. , los fenicios fundan Gadir (Cádiz) – se discute que la colonia más antigua fundada por éstos sea Lexus en el Marruecos atlántico – extendiéndose hasta Aldovesta (orillas del Ebro), con ciudades amuralladas en la desembocadura del Segura (Foneta- La Rabita, siglo VIII a.c.) e incluso Ibiza (año 653 a.c.). Ésta fuerte presencia fenicia supuso una aculturación en un reino ibérico cuya capital se supone ubicada en las marismas del Guadalquivir: Tartessos, más nosotros ya hemos llegado al final de nuestro viaje y eso ya se trata de otra historia.


Bicha de Balazote. Arte ibérico (siglo IV a.c.) Museo Arqueológico de Madrid

Esta escultura es hija de helenos, y, si se quiere, también nieta de fenicios y bisnieta de mesopotámicos”esta afirmación realizada en 1931 por A. García y Bellido no resulta hoy convincente, aunque en ningún momento se han de desechar las influencias helenísticas, éstas debemos situarlas en origen y no en término como se sugiere. Estas conclusiones están basadas en nuevas lecturas que sugiere el excesivo protagonismo que históricamente se ha dado a sus colonias en la Península Ibérica soportadas en textos exclusivamente griegos. Referencias como la Ora marítima” de Festo Avieno y sus fuentes massaliotas del siglo VI a.c. (Euthymenes?) a las que ahora se les supone una fuente fenicia. Incluso la misma fundación de Massalia (Marsella) y Emporion (Ampurias) entre los años 600 y 575 a.c., en correspondencia con las fechas de retroceso del comercio fenicio ante la inminencia de su rendición al imperio babilónico en el 573 a.c. , ó la batalla de Alalia en Córcega, 540- 535 a.c., son fechas que determinan el episodio final de la Tartessos fenicia – aunque, bien es cierto, su influencia artística perdurará incluso hasta el siglo IV a.c. (Santuario de la Muela, Jaén) – y el comienzo de una época de transición que concluirá con la probable llegada de los cartagineses en la segunda mitad del siglo VI a.c., por lo que tampoco podemos desechar aportaciones líbico-fenicias en sus “pinceladas helenas” provenientes de su comercio itálico. – Por otro lado, también deben ser tenidos en cuenta aspectos morfológicos, y que cita JM Blázquez en El arte neohitita y su influencia en la escultura animalística ibérica y turdetana”, algunos tan evidentes con la inclinación de la cabeza, los detalles anatómicos ó el recogimiento de la cola, que son propiamente orientales, y que hacen dudar, según mi opinión, de su clasificación como representación estrictamente ibera para acercarla más a un entorno tartéssico tardío. Pero.., Quien soy para mantener tales aseveraciones..?

Representación asiria en bajorrelieve de un “shedu” (Palacio de Khorsabad, 713-716 a.c.)

P.s. Hiram I , (rey de Tiro, 969- 936 a.c.), según cita La Biblia, envía a Salomón, rey de Israel, (1 Re. V. 15) artesanos y materias primas, pagadas en cereales con destino a la construcción del templo de Jerusalém (1 Re. V. 16-32; Cr. II. 2-3).

Hizo tambien en el oráculo (templo) dos querubines de madera de oliva, cada uno de altura de diez codos. La una ala de un querubín tenía cinco codos, y la otra ala del mismo querubín otros cinco codos, así que había diez codos desde la punta de una ala hasta la otra. A si mismo el otro querubín tenia diez codos; porque ambos querubines eran de un tamaño y una hechura.” (1 Re VI. 23-25) … “Y vistió de oro los querubines” (1 Re VI. 28)”

Es fascinante comprobar que la palabra “querubín” procede, según la RAE,  del término hebreo “Kerub” (plural “Kerubim”) –  Lammasu o Kerub(a),  nombre con que se denominaban en acádio a cada pareja de  genios alados con cuerpo de toro  o león que protegían las puertas de los palacios-templos,  – y que “Serafín”, bien pudiera proceder de “Serafis“- dios- buey con origen egipcio en Apis –. Serán los “kerub” del templo de Salomón, parientes hebreos de nuestros protagonistas..? Si es así.., contento estaría Moisés.

Referencias:

“Fenicios y cartagineses en el Mediterráneo” JM Blázquez, J Alvar y C G Wagner (1999)

“El arte neohitita y su influencia en la escultura animalística ibérica y turdetana” JM Blázquez. (Artículo publicado en Goya. Revista de arte nº 120)

“Los griegos en la Península Ibérica” LM Pino (Universidad de la Laguna)

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