Mitología semita.Los sacrificios “karat b’rit”: “Cortar un alianza”

Según el texto babilónico-amorrita del “Enuma Elish”, el pacto entre los dioses, tras su enfrentamiento, acaba con la partición en dos mitades de la diosa Tiamat y con éste acto, la creación de Cielo y de la Tierra.

El término “alianza”, tal y como lo conocemos de las lecturas bíblicas, corresponde al vocablo hebreo “B’rît”, traduciéndose, en el caso de la Biblia Vulgata Latina, a partir de la lectura griega “δυνθηκη” y que nos ofrece la acepción “testamentum”.  En sus rasgos fundamentales, éste concepto nos posiciona sobre pactos sociales, o públicos, que aparecen profusamente en la Biblia. Si bien habría que matizar que este tipo de “acuerdos” no tienen una herencia exclusivamente hebrea, sino que se proyectan a lo largo de una historia de Oriente Próximo de gran influencia semita  – si bien éste tipo de acto, culturalmente, se extienden a lo largo del orbe del mundo –  y donde era frecuente el sistema de alianzas para instaurar relaciones pacíficas y más o menos estables tanto entre grupos de personas como entre entes individuales. Así la Arqueología nos proporciona numerosos ejemplos de tratados antiguos donde distintos soberanos establecen sobre sus bases las condiciones de su interrelación y que dependiendo de su naturaleza pueden ser de dos tipos: “Tratados de Paridad” o “Tratados de Soberanía”, o “Vasallaje”, siendo éstos últimos los más frecuentes.

« Quien no observe todas estas palabras escritas sobre esta tablilla de plata del País de Hatti y del País de Egipto, que los mil dioses del País de Hatti y los mil dioses de País de Egipto destruyan su casa, su país y sus servidores. Por el contrario, para quien observe las cláusulas escritas sobre esta plancha de plata, sea hittita o egipcio, y al que no la descuide, que los mil dioses del País de Hatti y los mil dioses del País de Egipto le den buena salud y que viva él, su casa, su país y sus servidores. » Cláusula XVI del “Tratado de Qadesh”, borrador enviado a Ramsés II por Hattusil III,  siglo XIII a.c.  Bogazkoy (Turquía)

En los Tratados de Paridad“, caso del anterior, – la versión egipcia de éste texto está plasmada en las paredes del templo de Karnak, donde describe incluso las características de la citada tablilla que era de plata – los reyes se proclaman como hermanos con obligación de respetar y defender, en un plano de igualdad, sus  respectivos derechos y posesiones, pactos  incluirían un acuerdo de ayuda mutua ante los individuales enemigos. Estas alianzas, con un esquema análogo a los relatados en los textos bíblicos, poseen en su general estructura la siguiente composición: Una introducción, donde se desarrolla el contexto del futuro acuerdo;  Una descripción de los acontecimientos que han llevado a su constitución; El relato de los derechos, de cumplida obligación, que darían fe del respeto mutuo entre los firmantes,  y que son inherentes al hecho pactario; Las cláusulas que se vienen a asumir para evitar una hipotética ruptura; La relación de los dioses garantes del tratado y por último, las desgracias y maldiciones a sufrir por el incumplidor, así como los parabienes por su cumplimiento. 

Dicho esto, aquí habría que añadir que la firma de tales alianzas, o pactos, y es aquí donde queremos que dirijan su atención ,  solían estar acompañadas de festejos, liturgias sagradas y rituales, así como su representación en estelas, que suponen unos dogmas en extremo significativos y posiblemente conocidos por el lector.

« Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra. Y él respondió: Señor Jehová, ¿En qué conoceré que la he de heredar? Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también , y un palomino. Y tomo él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una frente a la otra; mas no partió las aves. » Pasaje del Génesis, 15: 7-10. Reina Valera, 1960

Dentro de los rituales que acompañaban a estos pactos, existía un componente de relevancia significativa y que eran los sacrificios. Sacrificios que aunque pudiera parecer como evidente su práctica ante la acción de conseguir la observancia divina sobre el acuerdo por parte de los participantes,  no deja de ser paradójico que realmente formen exclusiva parte, dentro de la alianza, de los firmantes. Firmantes que debían, según la costumbre semita, entre otras, matar y dividir en trozos al sacrificio para posteriormente apoyarse, pasar por en medio de  lo despedazado o/y untarse con la sangre de la víctima, como símbolo de unificación de criterios sobre lo expuesto en sus clausulas.

Se han propuesto tres explicaciones a éste rito: Una de ellas, conocida como “explicación retributiva”, nos afirma que el sacrificio y partición de la víctima simbolizan el castigo que caerá sobre el hombre que viole o deje de cumplir el acuerdo. De esta guisa,  tomaría el sacrificio un  significando,  en la liturgia pactal,  de los padeces, así como la  violenta muerte del posible transgresor, asimilando tal  sacramento al firmante con el  ente sacrificado. Un posible ejemplo de ésta significado es el juramento de vasallaje del príncipe amorrita de Bìt Agûsi, Mati’-Ilu,  ante el rey de Asiria,  Ašur-Ninari.

«(10) Este cordero de primavera no ha sido apartado de su rebaño y traído a este lugar para ser ofrecido en sacrificio,  para un banquete,  para su comercio, ni para un hombre enfermo ,  ni para ser  ofrendado a  [Aserah¿?]. Ha sido traído para sancionar el tratado entre Ašur-Ninari y Mati’-ilu. Si Mati’-Ilu mintiera contra éste tratado,  hecho bajo la encina de los dioses, entonces, como este cordero de primavera  ha sido apartado de su rebaño para que no pueda retornar a él, así también sea Mati’-ilu alejado de su tierra,  de sus hijos,  de sus hijas, de sus nobles y de las gentes de su pueblo, y no regrese nunca a ella, ni vuelva a ponerse al frente de los suyos.  Esta cabeza no es la cabeza de un cordero de primavera, sino la cabeza de Mati’-ilu, la cabeza de sus hijos, la cabeza de sus nobles, la cabeza de las gentes de su pueblo. Si Mati’-ilu quiebra esta promesa, sea su cabeza separada del tronco, de la misma manera que se separa del tronco la cabeza de este cordero de primavera…» Traducción de “The Ancient Near East:  An anthology of texts and pictures” ANET, pag.  532-33.  según texto del Siglo VIII. a.c.

La segunda alternativa que puede ser planteada es la que J.G. Frazer denomina “explicación purificadora” y que nos dirige a un ritual para proteger a los firmantes de acuerdo de cualquier “influjo maligno”, ya sea divino o demoníaco,  que tal alianza pudiera desencadenar y que pone en nuestra memoria los rituales de sustitución” de las culturas de Oriente Próximo – Costumbre que se conserva actualmente, por ejemplo, en la región de Moab -. y que a su vez, y por último, tuviera una “vertiente sacramental” de renovación del tales pactos como los rituales del “Yom Kippur” judíos, los sacrificios  ovinos del “Ramadhan” musulmán o  del, posteriormente,  metafórico “Cordero Pascual” de la religión cristiana.

Según R. Smith, se creía que las personas que se apoyaran en los trozos de la víctima, o que pasaran entre sus dos mitades despedazadas, formaban un vínculo con el ser sacrificado, formando un todo y una única sangre. Episodio que concordaría con una variante de los llamados “pactos de sangre” de genérica culturalidad en el mundo.  En las excavaciones realizadas en la localidad de Ghezer, en Palestina, por S. Macalister se descubrió un cementerio – Si bien sus excavaciones fueron funestas y su datación errática. Databa éstos hallazgos como “pre-hebreos” – . Este cementerio consiste en una cámara cilíndrica que había sido excavada en la roca y en cuyo suelo,  aparecen los esqueletos de quince seres humanos y la mitad de otro. Esa mitad de esqueleto corresponde a una joven de unos catorce años de edad y que cuya autopsia nos revela que ha sido “cortado” a la altura de la octava costilla cuando el cuerpo todavía no estaba frío. También en Ghezer, y en excavaciones posteriores, se puso al descubierto la mitad de un esqueleto de un muchacho de unos diecisiete años que,  al igual que el caso anterior,  había sido cortado en dos partes por la región comprendida entre las costillas y la pelvis, y cuyos restos junto al de otros dos hombres, se encontraban  bajo los cimientos de una construcción.

No cabe duda que se puede especular hartamente sobre el significado de estos enterramientos, si bien no sería de extrañar encontrar una segunda mitad en la zona opuesta de éstos asentamientos y cuyo hipotético fin sería una mezcla tanto de la segunda como la tercera explicación antes comentadas. Yo me inclino, al igual que Frazer, por un pacto o alianza, como parte de un ritual de reafirmación contínua en el tiempo de una alianza – los ciudadanos pasarían entre las dos mitades constantemente y que concuerda con la tradición reflejada en el Enuma Elish donde los dioses habitan entre el Cielo y la Tierra. – entre los pobladores de la ciudad de Ghezer, población de la que, y como recordatorio,  se tiene noticias desde el IV milenio a.c.

« Oye, pueblo mío, y hablaré; Escucha, Israel, y testificaré contra tí: Yo soy Dios, el Dios tuyo. No te reprenderé por tus sacrificios, ni por los holocaustos, que están constantemente delante de mí. No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos. Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. » Salmos 50: 7-11. Reina Valera 1960

Referencias y textos:

“El folklore en el Antiguo Testamento” J.G. Frazer (1981, para la versión hispana)

“Introducción al Antiguo Testamento: Pentatéuco y libros históricos” Miguel Ángel Tábet (2004)

“Tratado de Qadesh” http://www.egiptoaldescubierto.com

” La Biblia” Reina Valera (1960)

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