Breves retazos históricos sobre los pilares socio-económicos de la sociedad occidental (I)

Desde los albores de la narración histórica dibujar la presencia de la “agresión” ha sido una constante necesaria. Por cuestiones psíquicas adeptas al correcto funcionamiento de los procesos cerebrales,  la recreación de una “presencia física” identificativa de lo desconocido y potencialmente lesivo es una pauta imprescindible en el comportamiento humano. La misma creación de los ancestrales dioses a partir del Neolítico como entidades personificadoras de la Naturaleza, supone la consciencia de unas poderes incontrolables que, desatados, podrían significar la desintegración de sus incipientes modos de vida. La redacción de los rituales y dogmas que progresivamente irán adornando estos entes divinizados, y que tendrán como intención el preservar al hombre de su supuesta ira, no suponen mas que la corroboración de lo expuesto.

Hoy en día tal posibilidad se nos presenta confusa . La anterior necesaria y ancestral premisa “identificadora de lo pernicioso”, y supuestamente superada.., queda difuminada en conceptos abstractos e intangibles dificultosamente comprensibles para el ciudadano medio. Expresiones como “Coyunturas Económicas”, “Fluctuaciones de los Mercados” o “Tendencias del Capital” forman parte ya de un emergente ideario  sostén de las actuales estructuras sociales y cuyo “panteón de fuerzas divinas” se entroncan con una nueva naturaleza de carácter económico que parece dominar el mundo. “Etéreas incontrolables fuerzas”en las que se vislumbra  una profunda semejanza con la personificación de las antiguas deidades religiosas. Conceptos y dogmas financieros, que al igual  que los pretéritos rituales templarios  de las sempiternas religiones, nos son inculcados y predicados  por ese “púlpito” que suponen las  presentes fuentes información. y que, como todo el mundo que haya tenido alguna vinculación prensa escrita y servicios informativos audiovisuales sabe, no son mas que el exponente de quien las sostiene fiancieramente y cuya medida se ve reflejada en sus líneas editoriales .

La primera pregunta sería: ¿ Existe una diferencia “real” entre las viejas estructuras teocráticas de hace 7000 años y las formas sociales del presente…? A mi entender, y desgraciadamente, prácticamente ninguna.

Posiblemente la última reflexión y su no aceptación sea una constante en el tiempo. Tales conjeturas se basan en el recordatorio de dos conceptos que fueron la base de la civilización tal y como la conocemos hoy en día: Por un lado, un renovado concepto de “Jefatura” y por otro la definición, debido a los cambios socio-económicos en consecuencia, del concepto de “clases sociales”.

Su establecimiento en las primeras teocracias como la primera forma urbana de gobierno y formando parte del prominente acontecimiento de las civilizaciones, así como de su especialización económica , conducirá a un hito histórico en lo social que se plasmará en la sustitución de las pre-neolíticas “formas consensuadas de toma de decisiones” por unas nuevas estructuras de poder fuertemente jerarquizadas. Ésta realidad plasmada aproximadamente hace siete milenios, y con el correr de la Historia, pudiera darnos la percepción, y después de valorar la realidad actual, de no haberse sometido en su esencia a cambios relevantes. Según esta reflexión sería deducible argumentar, por tanto, que la supuesta evolución del acontecimiento social humano no merecen la consideración de tal, reduciéndose en exclusiva, como parece evidenciarse, a “proposiciones actuarias o adaptativas” de un primigenio guión original ante la escasa incorporación al peldaño mas alto del “estatus jerárquico” de renovadas o paralelas formas de poder.

Dicho esto, no me cabe duda que la inmensa mayoría de los estudiosos podrían definir estas afirmaciones como de simplistas, pero cabe aducir que tan supuesta “adustez” en la exposición no supone mas que su misma basal esencia. El trasnochado discurso, generalmente aceptado, sobre que la base de la cultura occidental, por ejemplo, tiene sus orígenes en la época helenística, posiblemente esté equivocado y sea conductista. Tales aseveraciones son fruto de la ausencia o exclusiva aceptación hasta el siglo XIX de otras principales fuentes escritas referenciales que no fueran grecorromanas – Consecuencia, en un primer momento, del estudio y posterior adaptación del pensamiento platónico y aristotélico, o bien griego en general, por parte de la Iglesia Romana y su globalización posterior como adalid del resurgimiento de la cultura europea durante el Renacimiento -, Si bien es de notar, como es sabido actualmente, que probablemente gran parte del conocimiento y la filosofía que asumimos como griega tenga otros orígenes, siendo sus premisas temporales localizables en los primeros intercambios realizados por proto-helenos en el Mediterráneo Oriental hace casi cinco milenios.

Así, como ejemplo, se debería de reconocer que la “democracia griega” , no dista mucho de los consejos de hombres prominentes, en lo económico,  que gobernaron las ciudades asirias o babilónicas en pretéritas circunstancias, y cuyo definitivo nexo en el tiempo ha de ubicarse con la presencia macedonia en Oriente Próximo a partir de la segunda mitad del primer milenio a.c. Ésta “realidad asiática” incluso es afecta a otros estamentos sociales considerados como “pilares” de lo que entendemos con “Civilización Occidental”, y que como tal es reconocido en la fundación de la actual Unión Europea, caso de la Iglesia de Roma. Culto religioso éste que, si ánimo a equivocarme y como ya se ha testificado en el blog, pudiera ser considerado como un “refrito” de rituales y dogmas de religiones pretéritas que paulatinamente se fueron reescribiendo durante cinco mil años y que la evidencia nos dicta se remontan hasta a las creencias en un dios solar semítico de nombre “Shamash”. En definitiva, podríamos decir que nuestros tan alabados valores, tanto jurídicos como morales, no dejan de ser copia de una copia de unos modos sociales de los que únicamente tal vez podrían ser excluidos los afectos al Derecho Germánico.

Derecho grecorromano, derecho germánico e iglesia católico-romana que a lo largo de dos mil años han mantenido las pautas de una sociedad ancestral de orígenes teocráticos, que como ya hemos comentado, se ha basado en una “propiedad privada”, una “jefatura” de origen neolítico y unos “modos de vida” que convergen exclusivamente en el mantenimiento de unas clases sociales privilegiadas que hasta el siglo XVIII mantenían estrecha vinculación, en su supuesta procedencia, “con lo divino…” para posteriormente, y ante la inevitabilidad de los acontecimientos , tener que asumir la incipiente clase social de lo “financiero…”

Llegados a éste punto habría que diferenciar entre los conceptos “Económico” y “Financiero”. Un  ciclo económico básico pudiera ser representado por las primeras economías agropecuarias. Éstos periodos económicos, bien anuales o plurianuales, se limitaban, en su generalidad,  a la explotación de un bien o “capital” en un ámbito social primordialmente comunitario y de subsistencia, por lo que el “comercio de excedentes” resulta residual y se estructuraba, en caso de existir, mediante el intercambio de productos de  primera necesidad con otros asentamientos. No existe, y si existe es en muy pequeña escala,  el “artesano en dedicación exclusiva”, sino que compagina, generalmente,  su labor con el resto las labores de interés general. La ética y justicia social es impartida por un consejo ilustres que posiblemente, como cabezas de los clanes familiares, dispusieran también  de atributos como guías religiosos. Hablamos de 7000 a 8000 a.c. con la llegada del Neolítico.

Pero lo que realmente supuso la evolución neolítica desde el punto de vista socio-económico fue la necesidad de una especialización y organización de los trabajos, si bien este paso quedará definitivamente resuelto cuatro mil años mas tarde durante el periodo Calcolítico. Durante este periodo la economía conocerá una mejora de la productividad. En un primer momento, y como consecuencia de los excedentes alimentarios,  éstas sociedades harán posibles la aparición de oficios especializados y artesanos profesionales  creando un mercado comercial interno de servicios que se compaginará con la anterior economía básica agropecuaria. Oficios especializados,  como no podría ser de otra manera, entre los que deberemos incluir los servicios religiosos.

Según la “teoría ideológica”, J. Cauvin (1994 y en un primer momento , los dirigentes neolíticos se plantearían  la tesitura de una  “necesidad de incentivo ”  hacia esas emergentes formatos sociales y laborales. Situación tal que se resolvería mediante la adopción de  un renovado  planteamiento  psico-social  que tendrá como premisa principal un nuevo hito en la  relación entre el hombre y la Naturaleza como “hecho divino”. Esas proposiciones se sostendrán,  bien mediante la creación de nuevas entidades deificas, bien  mediante la modificación de las antiguas mitologías – diosas de la fecundidad de carácter agropecuario, Tell Halula en Siria, 8700-7400 a.c.  – Una reestructuración  de creencias cuyo ideario primero será un servicio laboral sin excusa hacia los dioses bajo la pena de la ira divina y  que  conllevará el reforzamiento de determinadas autoridades, en este caso religiosas,  de carácter mundano que desembocará en las primeras teocracias urbanas.

Desde el punto de vista mas prosaico del acontecimiento, estamos ante la primera adaptación social puramente económica. Hasta ahora fue la necesidad la que modificó usos y costumbres, desde éste momento será el “hecho económico” quien modificará las sociedades y su interrelación:  Pasaremos de economía de subsistencia a una excedentaria que comenzará a estar orientada hacia el “beneficio” y que conducirá a la  concentración de los bienes agropecuarios en manos del templo y  de sus dirigentes El templo se constituirá como el único núcleo socio-económico de los asentamientos y terminará siendo el albacea de los recursos remanentes.  Estos” beneficios sobrantes” incentivarán la creación de nuevos oficios y artes, así como la posibilidad de comercializar tanto unos como otros con otras urbes y asentamientos.

Ya en la Edad de Bronce,  a partir de finales del IV milenio a.c. en Mesopotamia,  las diferenciación social resulta manifiesta y fuertemente condicionada con su relación templaria. Con el desarrollo de la metalurgia, se mejora el rendimiento de los cultivos, extendiéndose un incipiente comercio de su materia prima. Como consecuencia de ello,  determinados metales, caso del oro, plata y cobre, y otros yacimientos de materias semi-preciosas sufren una fuerte demanda.  Ésta demanda estará directamente vinculada a las necesidades constructivas y  ornamentales de los templos, y al comercio de productos de lujo que la élite social exige. Éste  comercio de metales preciosos, que en un primer momento fueron permutados por productos alimentarios o manufacturados,  tiene un “efecto cambiario”, situándonos ante un  nuevo  hito histórico : La valoración de mercancías según un “patrón oro”  y que posteriormente conducirá a la moneda.

Es de significar que durante este periodo podemos hablar ya de los primeros “contratos de arriendo y subarriendo ” y sobre  todo de las primeras “operaciones financieras”, siempre por escrito  y de cuyos documentos figuraba una copia en el templo, pues eran los dioses los garantes de las operaciones. y los que imponían las penas en caso de incumplimiento de las condiciones contractuales. En éste periodo se intensifica la utilización de la escritura como sistema de llevanza de las contabilidades, y como soporte administrativo.  Éstas primeros “acontecimientos financieros”  se basaban en contratos de arriendo de tierras y donde el templo, como casi exclusivo propietario de las tierras cultivables, daba la posibilidad de su explotación a terceros mediante la facilitación de bienes materiales y humanos a cambio de parte de las cosechas. De igual manera y en un primer momento, el templo  se constituyó  como armador de naves  recibiendo los correspondientes beneficios en caso  de éxito del periplo.

La necesidad de materias primas y de servicios que trajo consigo el engrandecimiento de las primeras urbes, puso de manifiesto la necesidad de expansión y domino sobre el origen de tales bienes, por lo que al comercio de mercaderías y artesanos vino a unírseles las primeras desavenencias entre ciudades limítrofes, bien por el control de tales  rutas comerciales, bien  terrenos cultivables o yacimientos de minerales fronterizos,  o simplemente por un afán exclusivo de conquista. Los conflictos bélicos entre ciudades, por aquel entonces,  creció de modo exponencial. Ésta nueva tesitura y durante la periodo Dinástico Arcaico sumerio  fue resuelta mediante la creación,  primero, de milicias ciudadanas no permanentes, para culminar durante el Imperio Acadio con una milicia profesional expedicionaria, según nos comunican las “Crónicas de Sargón”, que estaban constituidas por alrededor de 4500 hombres y cuyo  cuerpo de ejercito principal constaba de 40.000 soldados.

Con la necesaria creación de la milicia,  aparece la figura, en un principio también temporal, de un “general o “Lugal”. Éste nueva “casta social” se establecería posteriormente en el poder, pero en ningún momento desestimará la organización económica y social de la teocracias anteriormente establecidas , ya que exclusivamente querrá ser participe de sus excelsos beneficios. A consecuencia de tal movimiento en la élite mespotámica,  se crea  una “necesidad explicativa de origen divino”, fuente de todo poder,  que permita la incorporación de  la nueva jefatura civil/militar en un escalón social donde hasta ahora solamente aparecían los sacerdotes como “administradores de los dioses” ¿Y donde estaba el origen de la sociedad sacerdotal sumeria como primera ciudad establecida…? En la ciudad de Eridu, residencia del primigenio dios En.ki.  De ahí que en el inicio de las listas reales sumerias aparezca el texto “Y la realeza descendió de los Cielos y se estableció en Eridu…”

Esta estructura social permaneció inmutable en Oriente Próximo a lo largo de milenios hasta prácticamente  el siglo I a.c. y así nos los relata un sacerdote que recibió el encargo, por parte griega,  de realizar un compendio del  saber mesopotámico. Texto  perdido del que disponemos de algunos fragmentos y que comienza, en una de sus partes,  de ésta guisa:

« ..En cierta ocasión ocurrió que allí, por primera vez, en la costa, un monstruo extraordinario, surgido del Mar de Eritrea y llamado Oannes. (…) Éste ser que se pasa sus días con los hombres sin tomar ningún alimento, les enseñó la escritura, todo tipo de ciencias y de técnicas, la construcción de templos, la jurisprudencia y la geometría; También les reveló el cultivo de cereales la recolección de los frutos; En suma, les dio todo aquello que constituye la vida civilizada. Y lo hizo hasta tal punto y de forma tan magnífica que, desde entonces, no se ha descubierto ninguna cosa importante…» Pasaje de la Babyloniaka I (Historia de Babilonia, libro primero). Berossos. Periodo helenístico-babilónico siglo IV a.c.

Somos unos niños…

Anuncios

2 pensamientos en “Breves retazos históricos sobre los pilares socio-económicos de la sociedad occidental (I)

  1. Hola Lampuzo.

    Ambiciosa entrada…¡5 meses esperando la continuación de la narración de la metamorfosis de los dioses en dinero!…

    Interesantísima la paulatina transformación de los mitos para adecuarse a la realidad socio-económica. Esperando…

  2. Hola Tru,

    Queda pendiente…, ¡Es una lástima..! Pero ahora mismo no tengo tiempo para nada, como podrás apreciar por la fecha de la última entrada

    ¡ A ver si saco tiempo…!

    Saludos,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s