Del Natufiense al Neolítico. Preguntas y generalidades.

En otras entradas hemos puesto de manifiesto diferentes modelos que intentan explicar las causas que propiciaron el auge del Neolítico. Diferentes hipótesis que sopesan las circunstancias que derivaron a unos modos de vida que, que según mi criterio y el de otros muchos, y comparativamente con las sociedades de cazadores y recolectores, fueron mas ominosas y sacrificadas . Unos cazadores y recolectores que con recursos suficientes se tiene de ellos la convicción, eran culturas mucho mas apreciables y “saludables” en multitud de ámbitos. 

Se tiene la evidencia que cuando los estudiosos se enfrentan a contestar las pregunta del “porqué” y “como” comenzó la transición al Neolítico, éstos topan con multitud de incógnitas. Ya que aún restringiéndose, como va a ser nuestro caso,  a una delimitada región, múltiples dudas, como no puede ser de otra manera, surgen de no tratar con un suceso social de único foco primigenio , si no de varios núcleos cada uno con unas condiciones particulares, siendo  afectos a su vez a la búsqueda de soluciones locales y regionales. Aunque al fin y al cabo, todos busquen  satisfacer la necesidad superior de la supervivencia y cuyo afán se extendió desde  IX al VI milenio a.c.

Creciente Fértil

Mapa del Cercano Oriente, con el Creciente Fértil y sitios importantes del noveno y décimo milenio a.C.  Elaboración
del mapa: Thomas Zachmann (Badisches Landesmuseum Karlsruhe, Tübingen). (Desplegar..)

Las principales premisas que dieron forma al Neolítico son de conocimiento  mas o menos general. Gebel nos las resume en cuatro facetas fundamentales: La domesticación de las especies que actualmente conocemos como ganado menor y mayor; El cultivo extensivo de cereales, leguminosas y otros; La modificación del entorno como consecuencia de la hidráulica, la explotación de yacimientos y la limpieza de terrenos, entre otros; La evolución de determinados facetas sociales e ideológicas afectas a un propósito productivo excedentario y/o comercial. Todas estas características, parece ser, fueron precursoras del “sedentarismo”, si bien y en realidad, fueron una consecuencia de ello, como desarrollaremos mas adelante. Con el fin de aclarar en anterior comentario,  habría que apuntar que las premisas anteriores  forman parte de un conjunto definitorio general y solamente sus diferentes combinaciones fijaran los múltiples acerbos culturales neolíticos que se sucedieron a lo largo de milenios. Acerbos que, y a su vez, se influenciaron mutuamente, sin que ello explicara su llegada, o no, a buen término. Por otro lado, tales premisas, por si solas,  no contestarían tampoco  la  pregunta del “porque” de lo sucesivos cambios socio-económicos que supusieron, aunque supuestamente, y digo supuestamente, nos dirijan  a la importancia del “hecho sedentario” como precursor de dichos modos y costumbres.

En contraposición a lo anterior, se tiene conocimiento que durante el Paleolítico Superior y Epipaleolítico Temprano y Medio, de prácticas sedentarias y cuya preferencia viene marcada por la existencia de zonas especialmente favorecedoras en su provisión de alimentos. Al mismo hilo, también se reconoce un cierto grado de sedentarismo en asentamientos de carácter estacional, y por tanto temporales, en formatos vinculados a economías cazadoras-recolectoras epipaleolíticas en el Natufiense y Epipaleolítico Tardío. Evidenciado lo anterior, parece factible considerar la existencia de una posibilidad mas antigua de elegir la opción sedentaria como alternativa no supeditada al episodio, supuestamente evolutivo, que nos proporciona el periodo Neolítico. Así pues, tal vez deberíamos modificar la pregunta antes planteada por una nueva: ¿Porque ahora y no antes..? La respuesta tal vez pueda dárnosla el detonante de un suceso climático: El denominado “Joven Dryas”.

Como hemos anotado anteriormente, existieron zonas especialmente aptas para el mantenimiento de comunidades humanas, siendo una de éstas zonas el Mediterráneo Meridional Levantino durante el Natufiense Temprano durante los años 12500-10800 a.c. La inestabilidad climática que supuso el “Joven Dryas” fue causa, por ejemplo, del decaimiento de las zonas cerealistas silvestres y  de su capacidad productiva de grano. En ese mismo sentido decadente, nos hablan los registros realizados sobre la evolución de las poblaciones de animales en la zona entre el Natufiense Temprano y el Natufiense Final y que unidos al anterior nos conducen una misma conclusión: Una drástica reducción de la provisión de alimentos disponible. Tales sucesos biológicos obligarían a éstas poblaciones sedentarias a retomar, de nuevo,  las viejas estrategias de movilidad de los periodos precedentes Geométrico-kebarienses, como consecuencia de una comparativamente para aquellos tiempos “superpoblación”, (Munro, 2001; Stiner y Munro, 2002). Dicho esto y paralelamente, no cabe duda que reducidos núcleos ecológicos conservarían las características anteriores, lo que permitió aún el mantenimiento de tales usos sedentarios en poblaciones reducidas. En definitiva, lo que recientes estudios aseveran es que el Natufiense Final, año 10800-9500 a.c., precede inmediatamente al acontecimiento de la agricultura y que la finalización de tal periodo está directamente relacionado con el episodio climático del “Joven Dryas”.

De forma anexa a lo anterior, es de relevancia constatar la existencia de determinados enclaves con un uso social, asociado a rituales,  desde el Paleolítico Superior en Europa, aunque también se tiene conocimiento de ajuares transportables a modo de carpas, en Europa central y oriental y que se utilizaban para fines semejantes (K Schmidt, 2004). Como es sabido, las culturas de cazadores-recolectores tenía la necesidad de proveerse por territorios  mas amplios en comparativa con las posteriores culturas agrícola-ganaderas, lo que hacía imprescindible subdividir las sociedades en pequeños grupos y por ende, debido a cuestiones genéticas y socio-económicas, la necesidad de convocar reuniones cíclicas de los grupos tribales y/o clanes. Tales reuniones seguramente conllevarían un importante poso de cohesión social entre los diferentes grupos, teniendo con probabilidad mayor relevancia que el acontecimiento  puramente religioso.

Como nota al margen habría que  aclarar  que los conceptos “ritual” y “religión” que desde nuestra actual perspectiva pueden parecer convergentes, no lo son desde la visión pre-neolítica. Así, los rituales funcionarían como formas organizativas y/o de ordenamiento social , y que aún teniendo cierto “halo mistérico”, corresponderían mas a usos y costumbres empíricas ancestrales afectas a la supervivencia. Su actual consideración como formatos adscritos a liturgias religiosas, aunque sin dejar su pretérita acepción organizativa y funcionalidad empírica, llegarán en plenitud con las sociedades teocráticas dentro del ámbito de la Creciente Fértil.

De ésta guisa, no cabe duda que tales acontecimiento sociales, en comunidades de cazadores-recolectores, serían coincidentes con algún tipo de suceso significativo, bien sea por acontecimientos memorables, tal vez y a su vez coincidentes en su convocatoria a determinados fenómenos naturales, inicio/final de rutinas sobre itinerarios estacionales en la busca de alimentos, o bien como consecuencia de cónclaves asociados a sucesos de gran relevancia para la comunidad. Éste tipo de reuniones, por tanto, mantenían y activaban procesos rituales a diferentes niveles, (Conkey, 1980), y que en algunos casos, como ya se ha advertido, podrían haber sido organizados por personalidades relevantes, (Davidson, 1989). Un hecho significativo que acompaña a éstas egregias reuniones es el estar acompañadas de grandes festines culinarios, (Hayden, 2001), que harían necesarios la existencia de una respetable provisión de alimentos, concordando su situación con zonas especialmente aptas para su acopio.

Llegados a éste punto y recapitulando, tenemos la progresiva modificación durante el periodo Natufiense de un formato de sostenibilidad que desemboca, por necesidad, en un nuevo concepto socio-económico y cuyas premisas dan definición al periodo Neolítico.

Mapa Cronológico desde el periodo Kebariense al Neolítico.  (Desplegar..) Elaboración Klaus Schmidt

Extracto cronológico y comparativa desde el periodo Kebariense al Neolítico  Elaborado por Klaus Schmidt. (Desplegar)

Aunque resulte obvio, hemos de recordar que los cambios climáticos no producen de la noche a la mañana. Ésto supone una progresiva variabilidad en las condiciones biotípicas durante decenas de años, incidiendo, de igual manera, en la toma de decisiones de las comunidades afectadas. Unas decisiones que estarían fundamentadas en un exceso de población relativa y que obligaría, como ya se ha comentado, a retomar usos pretéritos un dato importante a conocer sería la tipología de los grupos supuestamente desplazados, su posición dentro del conjunto y sus motivaciones –. Dicho esto, habría apuntar que estudios en importantes grupos de esqueletos del periodo Natufiense, revelan la no existencia de excesivos diferenciales dietéticos u otras circunstancias apreciables en relación, entre los individuos del periodo Final y Temprano, (Belfer- Cohen y otros 1991; Smith 1991), que implicaran desagravios comparativos y que nos hablan de una “reorganización” no lesiva, en un principio y por ésta causa, de las poblaciones durante éste periodo. Si bien estos acontecimientos, habría que añadir, si tendrían un relativo impacto posterior en determinados aspectos sociales, acentuando idearios como la “territorialidad” o la “propiedad”, y que nos acercan al  sentir Neolítico.

Se considera que aunque ya existiera el concepto de territorialidad y propiedad durante el Epipaleolítico Tardío, en las zonas especialmente favorecidas, como contrapunto a los hábitat humanos menos afortunados que mantenían todavía estrategias de adaptación paleolíticas – No hay que olvidar que la comunidades cuya existencia está vinculada al medioambiente, la generalidad de los conflictos surgen por confrontaciones territoriales y en menor medida sociales, la evolución hacia el Neolítico irá acentuando una conflictividad  basada en los preceptos anteriores , así como por a otras causas afines. 

El concepto de propiedad, en su acepción diluida de ajuares personales y otros elementos básicos, es de razón que ya existiera en los grupos de cazadores-recolectores de Paleolítico. También se argumenta la existencia de un primario comercio de intercambio de bienes materiales y/o conocimiento, y que de alguna manera podemos definir como bienes “fabricados por” o “conseguidos por la habilidad de” y que generalmente eran ajenos al hecho comunitario. Los métodos para conseguir alimentos mediante primeras prácticas agrícolas o ganaderas, precursoras del Neolítico, y esto es importante, han de considerarse como bienes afectos a esa misma idea. En definitiva, no hay que olvidar que se trata de alimentos no propiciados por la Naturaleza, si no, y en lógica apreciación, “fabricados” o “conseguidos” por la habilidad de alguien, por lo que serían libres de ser utilizados para el intercambio personal y posteriormente  para el comunitario.

Recordemos que las objeciones al modelo “Del Desequilibrio” de L. Binford y K. Flannery en la década de los 70 del siglo pasado, se fundamentaban en que los mas antiguos yacimientos neolíticos encontrados, no se localizan en regiones especialmente complicadas en sus condiciones proveedoras de alimento, pero si lo suficiente como para no permitir los usos y costumbres del Natufiense Temprano, incentivando de ésa manera el plantearse la búsqueda de recursos alternativos.

La impronta y evolución de éstos incipientes formatos económicos y propietarios, que se desarrollaron a lo largo de 4000 años, tuvieron necesariamente que tener una extrema influencia, como ya se ha sugerido, en el hecho social. La progresiva necesidad de disponer de mas tiempo y mano de obra en las operaciones agrícola-ganaderas, constatada o intuída su efectividad proveedora, así como su organización y custodia en su tránsito hacia la vida aldeana, hace necesaria la “inmovilización” de recursos humanos, debiendo de suponer un acuciante dilema al respecto de los usos y costumbres ancestrales. Encrucijada que posiblemente situaría a los pobladores, y mas a su jefatura, ante una necesidad de incentivar dichos formatos. J. Cauvin y su teoría ideológica (1994), resuelve dicha tesitura mediante la incorporación, y posterior ritualización, de nuevas “adaptaciones psicológicas” que se sostendrán sobre una nueva concepción del “hecho divino”. Bien mediante la creación de nuevas entidades deíficas, caso del yacimiento de la aldea de Ain Ghazal en Jordania (7250-6000 a.c.) y donde aparece un culto al dios del ganado, o bien  mediante la modificación de antiguos rituales y mitologías, caso de diosas de la Fertilidad de carácter agro-pecuario en Tell Halula en Siria (8700-7400 a.c. ). Reestructuración de creencias que conllevará el reforzamiento del ámbito religioso dentro de las estructuras de jerarquía.

Como conjetura, posiblemente el abandono en el neolítico pre-cerámico durante el IX milenio a.c.  del antiguo santuario de Gobekli Tepe,  sea la foto terminal de la historia de esos mismos cambios socio-económicos. Inscrito a los rituales sociales asimilables al Natufiense Temprano, su función como centro de cohesión de los grupos de cazadores-recolectores, tal vez y progresivamente, fue careciendo de sentido. Las nuevas interrelaciones sociales basadas en el intercambio de bienes materiales y no materiales, adscritos, a su vez, a la incipiente soberanía territorial y a la propiedad, dejó paulatinamente en el olvido los antiguos modos y costumbres comunales que representaba. De igual forma, las pretéritas estructuras de gobierno consensuadas darían paso a privativas formas de gobierno nuclear, independiente y fundamentado en la existencia de un territorio exclusivo, por lo que y con el tiempo, tales ancianos cónclaves sólo servirían, probablemente, para ser foro de arduas discordias. Incluso su misma disposición, como enclave especialmente apto para el desarrollo de las viejas costumbres depredadoras, no dejó de ser un anacronismo con respecto a las nuevas facetas neolíticas. De alguna manera, el enterramiento ritual de recinto de Gobekli Tepe forma parte de las esequías hacia una forma de vida ya insostenible y sobrepasada.

Pruebas y errores, conjeturas e hipótesis aparte, lo que resulta evidente es que varias comunidades en un ámbito policéntrico, (Abdulsalam 1988), con zonas naturales propicias y en función de poseer todos o una cantidad crítica de incentivos acordes, proyectaron, en la Creciente Fértil, el principio del Neolítico.

Referencias:

El surgimiento de sociedades sedentarias en el Levante meridional del Cercano Oriente ” Hans Georg K. Gebel (2004)

Small game, the younger dryas, and the transition to agriculture in the southern levant ” Natalie D. Munro (2003)

Göbekli Tepe: Santuarios de la Edad de Piedra en la Alta Mesopotamia” Klaus Schmidt (2004)

Imágenes:

Göbekli Tepe: Santuarios de la Edad de Piedra en la Alta Mesopotamia” Klaus Schmidt (2004)

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