Mitología mesopotámica: Entre la vida y la muerte. Generalidades

Representación de un “mago” o “hechicero”. Periodo Paleolítico. Cueva de “Les Trois Feres” en Aeige. Francia

Dado que las proposiciones sobre el “transito entre la vida y la muerte” son tan antiguas como la propia humanidad, y estos a su vez tan pretéritos como las propias creencias , parece evidente que resulta en extremo complicado buscar los orígenes de tales percepciones ante la ausencia de información contrastable. Dicho esto, pudiera ser de razón  la existencia, soportado en documentados credos posteriores, de un nexo o nudo conductor ligado a los ciclos de la Naturaleza y la Fertilidad en su proceso de “regeneración”, que a su vez se soportan sobre antiquísimas conceptualidades animistas basadas en el intento de  dar explicación a ese mismos sucesos que ocurrían en su entorno. De ésta guisa, aparecen en las ancestrales culturas humanas entes que poseían la “esencia del poder” sobre determinado aspectos naturales, teologías ctónicas, y que, por tanto, incidían directamente sobre la supervivencia de los diferentes clanes y tribus. De forma paralela a lo anteriormente expuesto, se suceden rituales hacia  antepasados, dirigentes u hombres preeminentes, ya fallecidos, de cuyos conocimiento o comportamiento se habrían excelsamente beneficiado el conjunto de éstas sociedades primitivas y que son consultados para su consejo en su final residencia en un mundo oscuro y desconocido tras la muerte:  El mundo del “Mas Allá”.

Todas estas creencias ritualizadas, y con posterioridad, formarían el núcleo central de las religiones, y que en un primer estadio,  irán conformando un extenso panteón de dioses y espíritus que personificarían los distintos aspectos de la relación del hombre con la vida y la muerte como acto de supervivencia. Éste escenario de ritualidad,  haría necesario la existencia de una “cadena de transmisión”  entre estos dos mundos o lo que es lo mismo: Alguna “cualidad” de la personalidad que transcendiera y englobara ambos aspectos, permitiéndole “ponerse en comunicación” con aquellos.  Un aspecto  que, por evidencia,  debería ser su esencia como entidad viva y que nos conduce a una temprana noción de “espíritu” o “alma inmortal”. Un espíritu que, la observación de tales hombres probablemente, se identificaría con la ausencia o no de respiración de una persona y que invitaría a pensar en algo “sustancial”, o “halo de la vida”,  que abandonaría el cuerpo.

Representación de una mujer, posiblemente una Diosa-Madre. Periodo de Samarra. año 6000 a.c. aprox. Museé du Louvre

Como contrapunto a la ritualidad paleo-neolítica narrada anteriormente y dentro del contexto del Mediterráneo Oriental y sus regiones afectas, y  tras las incorporación de las culturas nómadas en el IV-III milenio a.c., se puede apreciar una diferenciación entre las percepciones sobre la Vida y la Muerte: Así, podríamos distinguir dos corrientes de creencias principales, con sus diferentes matices diferenciadores, y un contrapunto: Por un lado,  las vinculadas al Levante Mediterráneo y las mesopotámicas posteriores, a las que se une el pensamiento egipcio. Un pensamiento egipcio que habilitará un concepto transitorio del hecho de la vida como preludio a una vida plena en el “Mas Allá” a manos de la gracia faraónica,  al  ser,  ésta personalidad proto-divina,  la  única, durante las primeras dinastías, destinada a reunirse en la inmortalidad con los dioses. Las mediterráneas, evolucionadas desde explicaciones anteriores al Neolítico, con sus cultos a las diosas-madres y su concepto de “regeneración/resurrección” tras la Muerte; y por último , la evolución  mesopotámica desde los anteriores cultos sumerios y a los que se le unirá y sobrepondrá las percepciones de los pueblos semitas orientales y occidentales. Un pensamiento basado en dioses astrales con divinidades supremas masculinas y donde el  “Mas Allá” es un punto terminal y sin retorno.

« (36) A la casa que no abandona quien entró en ella. Por el camino que no tiene regreso. Donde el polvo es su alimento y la arcilla su sustento; donde no ven la luz y viven en la oscuridad; donde visten plumas, como los pájaros; Donde el polvo y el silencio lo cubre todo…» Descripción del “Más Allá”· Pasaje de la “Epopeya de Gilgamesh”. Tablilla VII. 36-39. Versión de la Biblioteca de Ašurbanipal.

Ésta  anterior versión, una recopilación sobre relatos mucho más antiguos,  nos dibuja la percepción del “Inframundo” para las culturas semito-sumerias mesopotámicas, así como una descripción de la ánimas/espíritus residentes en el “Kur-nu-gi-a” o “Ki-gal”, el llamado “País del No Retorno”  y que estaba situado en la segunda contra bóveda del Universo rodeado de siete murallas  y por debajo del “Reino del Apzu”. Un “Más Allá” que no contempla las actuales interpretaciones judeo-cristianas y musulmanas sobre un “Cielo” y un “Infierno”.  Es más,  aunque su diosa regente, Ereshkigal, dispusiera de un consejero  denominado Namtar y sus “Petû” para guardar las “Siete Puertas del Inframundo” (Kramer-Botteró, 1989), en ningún momento sus atribuciones eran comparables con las concepciones basadas en la actual demonología o angelología. El protagonismo de éstos guardianes se ceñía,  en exclusividad,  en evitar que las “almas” o “espíritus” regresaran al mundo de los vivos – Su regreso solía tener terribles secuelas al tomar la consideración de “entidades” que poseían a personas vivas en su deseo de volver a la Vida -, no poseyendo atribuciones punitivas sobre los espíritus allí constreñidos. Un caso similar, y como posterior adaptación a éstas creencias, lo constituía el dios Ningišzida en su papel de “guzalû” o “detentor” de las almas que difícilmente conseguían traspasar  esas puertas. Una nueva “titulación” para el antiguo guardián de las “Puertas del Cielo” del dios supremo Anu debida a la proliferación de supuestos pactos con Nergal, dios del Inframundo, por parte de hechiceros y brujas de la época, como consecuencia de la aceptación de determinadas tradiciones semíticas, mitannas  e hittitas, donde era posible, con la intermediación de tales personajes,  invocar al espíritu de un fallecido  y manipularlo.

« Saúl se disfrazó, vistiéndose con otras ropas, y acompañado por dos hombres fue a visitar a aquella mujer. Y le dijo: – Te ruego  me adivines la suerte, y hagas venir a quién yo te diga – (…) ¿A quién quieres que haga venir? contestó la mujer. – Llámame a Samuel – dijo Saúl (…) ¿Que aspecto tiene? preguntó Saúl. – Es un hombre anciano, vestido con una capa – respondió ella. Saúl comprendió enseguida que era Samuel, y se inclinó hasta tocar el suelo con la frente. Entonces le dijo Samuel: ¿Para que me has molestado, haciéndome venir? » Samuel 28, 8-15 Biblia Reina-Valera 1960.

En definitiva hablamos de un “reino” donde únicamente la “parte divina” del hombre,  fruto del sacrificio  del dios Quingu permanecería eterna – Kingu era el cabecilla de los “Igigi”, dioses del Apzu, en la revuelta contra los dioses del Cielo, “Anunnaki”, que los esclavizaban y en la que se convino, por mediación de Enki/Ea, la creación del hombre para sustituirlos – . Éste “espíritu” o  parte inmortal  es lo que se denomina en sumerio-acadio “ekimmuy que  literalmente significa “lo que es arrebatado”. El ekimmu, y ya formando parte de la tradición neo-babilónica,  es  la esencia de la vida que es arrancada del cuerpo por otros seres de carácter divino:  Los demonios. Unos demonios que representan la enfermedad, como castigo de los dioses ante las iniquidades de los hombres,  y que podría conducir a la muerte  Un epónimo de demonio en lengua acadia es  “ekkimu[m]“,  “El arrebatador”.

El ciclo de la “Vida y la Muerte” mesopotámico conserva, en contrapunto a la egipcia, mas generales premisas neolíticas. La evolución de las creencias que tienen su origen en los conceptos de Fertilidad representados por la “Diosa-Madre”,  se mantuvieron, durante varios siglos, personificados en las diosas Inanna/Ishtar. Una situación que vendría dada, tal vez, por una circunstancia biológica, a diferencia de la egipcia:  La irregularidad de los ciclos de crecida del Tigris y del Eufrates a diferencia de los del Nilo.  Tal pudiera ser su relevancia, por motivos organizativos, que derivaron en la  prerrogativa de una jefatura única de carácter divino. En el caso egipcio,  el “alma” o “ka” , con excepción del faraón, no formaba parte en vida del individuo sino que era entregada por Osiris tras su Juicio Divino – Conclusión que tampoco era constituyente de las  primitivas creencias sobre la “Vida y la Muerte” con anterioridad a la XVIII dinastía – y que permitía a los bienaventurados disfrutar de la “Vida Celestial”, ya que , y como hemos comentado,  para los egipcios la “vida terrenal” no era mas que una “pseudo-vida” o “antesala” a la “Vida Plena” junto a Osiris.  Ésta primordial diferencia dogmática con los cultos mesopotámicos, tal vez, podría relacionarse, junto con el aislamiento evolutivo que supone las características propias del Valle del Nilo,  con la realidad que supone la  irregularidad de las crecidas del Tigris y el Eufrates y que quedaría reflejada en la necesidad de una “renovación de confianza” o “resurrección anual”  hacia el dios Dumuzid/Tammud y sus sosías – Ningishzida de Gishbanda, Ishtaran de Der ó Damu de Isin ó Larsa – ,  y que mantendría, en sus  analogías y por algunos siglos, los anteriores cultos a la Diosa de la Fertilidad neolíticos. Rituales que eran representados  por el sacerdote/rey de la ciudad y una sacerdotisa del culto a Inanna/Ishtar –  teogonía de Eridú, de carácter cósmico y propiamente sumeria, que queda plasmada en “El Descenso de Inanna al “Inframundo” y otros poemas del “Ciclo de Dumizid -, siendo semejantes en su liturgia a otros cultos mas mediterráneos, caso de los ugaríticos y anatólicos.

Por otro lado,  resulta evidente la persistencia en la realidad religiosa mesopotámica de un sustrato de creencias en torno a la “resurrección” o “reencarnación” que deben ser desvinculados de los cultos matriarcales y  si anotados en los dogmas semíticos, donde los espíritus de los muertos eran “acechadores” de los vivos. Un hecho que vendrían rubricados por la existencia de ritos prohibidos, con el consentimiento punitivo de los dioses,  en manos de brujas y hechiceros:  “Las posesiones”. Según estas creencias, los hechiceros eran capaces de hacer “volver a la vida” a un difunto mediante la vuelta a su propio cuerpo o la “ocupación” de otro diferente y cuyas premisas desbocaron en las actuales percepciones sobre “posesiones de espíritus”. Posesiones esprituales cuya actual liturgia exorcista judeo-cristiana está basada en los rituales semíticos, como así lo atestigua la lectura de los “textos Shurpu”  neo-babilónicos.

Alegoría íslámica persa del “pesaje de las almas” y del coránico/zoroástrico puente Sarat/ Chinvat.

Desde el punto de vista de la religión mesopotámica de origen amorrito-acadia, y que trascenderá a varios milenios, el hombre, como entre creado en exclusiva como proveedor de los dioses en la Tierra y por convenio de éstos, no tiene ningún derecho a la “Inmortalidad” . Esta premisa filosófica y su adaptación teológica vienen reflejados en los diferentes textos de la “Epopeya de Gilgamesh” – Si bien la parte que incide sobre la  “inmortalidad”, no forma parte del texto original sumerio, sino que es una incorporación posterior del I milenio a.c., y donde se vislumbran evidentes cambios teológicos –. En el relato, Gilgamesh, al que se le define como poseedor de dos partes divinas y una humana, como descendiente de Utnapishtin, el “Noé sumerio”, se hace acompañar de Enkidu, su “alter ego”  estrictamente humano, el cual tiene dos proféticos sueños relacionados con un sombrío “Mas Allá” donde ve su propia muerte , así como su viaje al “Inframundo”, y donde es transformado en un “ser emplumado” por un “hombre-pájaro” que le acompaña en su camino.  Tras la visión de estos sueños, Enkidu,  cae enfermo y es dado por muerto, hecho que hace consciente al héroe mitológico de su propio destino, haciéndole emprender la búsqueda del don de la inmortalidadBúsqueda que incluye su propio viaje al “Mas Allá”  para encontrarse con un ancestro, y donde describe un “oscuro túnel” que termina en una luz brillante cuyo traspaso le permite “revivir”. En su encuentro con Utnapishtin, su ancestro,  éste le revela que debe permanecer despierto “siete días y seis noches” para conseguir el placet de los dioses – periodo que corresponde, según el  mito sumerio, a los días de permanencia del  diluvio Universal y que debe traducirse como una cantidad “incontable” de días –  Ante la imposibilidad  de afrontar el reto,  Gilgamesh, y como consolación consigue la revelación de una raíz submarina cuya esencia contiene el “Elixir de la Eterna Juventud”, pero  tras conseguirla Gilgamesh , en su viaje de regreso, deposita la planta a su lado para hacer su abluciones antes de entrar en la ciudad de Uruk, momento que es aprovechado por una serpiente para apoderarse de ella – En la mitología sumeria, la “muda de piel” de la serpiente representaba su “Vuelta a la Vida” y como símbolo de tal es representada -.  Serpiente que nos vuelve a enlazar con los ritos funerarios neolíticos  reencarnativos que tienen a la Diosa-Madre como protagonista.

Estas explicaciones sobre lo efímero de la vida, el concepto de “alma” y la descripción del “Más Allá” perdurarán en Mesopotamia y sus zonas de influencia, extendiéndose en paralelo por las culturas mediterráneas helénicas,  hasta la llegada de las corrientes de pensamiento zoroástricas y mitraístas con las invasiones persas y sus premisas teológicas sobre la existencia de un Cielo y un Infierno para los hombres.

>« La Mujer (Inanna) plantó el árbol con sus pies, que no con sus manos. La Mujer lo regó con sus pies, que no con sus manos. Ella dijo ¿Cuando será esto un trono (reino) en el cual pueda yo sentarme..? ¿Cuando será esto un suntuoso reposo en el que yo pueda descansar..? Cinco, diez años pasaron, (y) el árbol creció frondoso, y su corteza no se rasgó. En sus raíces anidó la serpiente que es inmune a las conjuros (enfermedades). En sus ramas el pájaro Anzud descubrió a sus polluelos. En su tronco, la sirvienta fantasmal (la muerte) construyó su casa, una criada que rie con un corazón alegre.. Entoncés la divina Inanna, lloró..» Pasaje de Gilgamesh, Enkidu, y el Inframundo, 36-46, Versión  sumeria de Nibru/Urim.

Referencias:

etcsl.orinst.ox.ac.uk

Imágenes:

mindfulessays.blogspot.com

en.wikipedia.org

 

Los desvaríos de Z. Sitchin. Nephilim: El pueblo de los cohetes ígneos (II)

Con esta nueva entrada continuaremos nuestro recorrido por ese mundo de “incontinencia intelectual” que son los libros del malogrado Zecharia Sitchin, y cuyos primeros párrafos del capítulo 5 “Nephilim: El pueblo de los cohetes ígneos”, de su libro ·El doceavo planeta”, dejamos con la “exquisita primera conclusión” que Inanna/Ištar era una aeronauta/astronauta.

El texto prosigue, tras el “primer esfuerzo”, de esta guisa:

« El antiguo Testamento llamaba a los “ángeles” del Señor malachim -literalmente, “emisarios” que llevaban los mensajes divinos y hacían cumplir los mandatos de Dios. Tal como se nos revela en multitud de casos, eran aviadores divinos: Jacob los vio subiendo una escalera celeste, a Agar (la concubina de Abraham) le hablaron desde el aire, y fueron ellos lo que llevaron a cabo la destrucción de Sodoma y Gomorra. »

Primero hacer un inciso para contextuar: Estos pasajes de Génesis corresponden a la labor de los escribas hebreos en los siglo VIII-VII a.c aproximadamente. – y esto es debido a que Israel, como tal, es inexistente con anterioridad al siglo VIII a.c – .  Escribas que para su concepción se basaron en los escritos amorrito-babilónicos, y de ahí la extensa concordancia de gran número de sus pasajes con la mitología clásica mesopotámica. Estamos, temporalmente, en el máximo esplendor intelectual de  la ciudad “santa” de Babilonia con la llegada del Imperio neo-babilónico.

Ya imbuidos en el texto, decir que término el “malachim” resulta impropio, siendo “mala’akh(im)” más correcto – curiosamente el termino acadio es “Malãku(m)”, “El/Los que avisa(n)” , o los que “representan”, tal vez y en este caso , los “malos augurios” y que concordaría más con un  momento temporal donde el concepto de la dualidad divina bien/mal, ángeles/demonios, no existía, o era un concepto  “en construcción” sustentado con posterioridad en las teologías zoroástricas.- y que es mas adecuado, en su significancia, al papel de “anunciadores/destructores” de Sodoma y Gomorra. Si bien el texto nos presenta dos actos: La anunciación de la paternidad de Abraham –  Génesis 18: 1-15, que sería mas asociable con las  tradiciones semítico amorritas y anatólicas de las tríadas que representaban la Fertilidad (García Trabazo) – y por otro lado, el “aviso de la destrucción” de las ciudades de Sodoma y Gomorra (Génesis 18: 16-22).

Como rubrica de los antes comentado sobre el Génesis tenemos el pasaje de Jacob:

« (10) Salió, pues Jacob de Beerseba y fue a Harán. (11) Y llegó a cierto lugar, y durmió allí, porque el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar (12) Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y en su extremo tocaba en el cielo; y he aquí los ángeles de Dios que subían y descendían de ella. (13) Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te daré a ti y a tu descendencia (…) (17) Y tuvo miedo y dijo ¡Cuan terrible es este lugar!, No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del Cielo (…) (19) Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre del lugar primero »  Génesis 28:10-19. Biblia Reina Valera, 1960.

Es muy posible que la visión profética de Jacob corresponda con la descripción del ziqqurat del gran templo del dios semítico-amorrita Sin, la Luna, en la ciudad de Harrãn/Harrânu(m)  – ciudad fundada en el II milenio a.c. e importante nudo estratégico – y los ángeles, una alegoría de los sacerdotes subiendo y bajando las escaleras del templo o “casa del dios”. Así llama “Luz” al lugar, siendo éste un epíteto del dios Sin,  como ” La lampara/Iluminaria de los Cielos y la Tierra” (ANET 390, 534-541). o como  “Bet-el”  o  “Bet-ilu”,  la “Ciudad de la Bienaventuranza Divina”.

Independientemente que algún lector pueda no estar de acuerdo con mi interpretación, siempre le queda la opción de quedarse con el relato bíblico, tal cual.., o bien, tal vez, con esta:

« En este relato hay dos puntos interesantes. El primero consiste en que los seres divinos que suben y bajan por esta “Puerta del Cielo” lo hacían utilizando un dispositivo mecánico: una “escalera”. El segundo es que la visión toma a Jacob totalmente por sorpresa. La “Morada del Señor”, la “escalera” y los “ángeles del Señor” que la utilizaban no estaban allí cuando Jacob se echó a dormir en el campo. Tuvo la visión de “repente” . Y, por la mañana, “La Morada”, “la escalera”,  y su ocupantes se habían ido. »

Según Sitchin… ¡Se trata del primer avistamiento UFO atestiguado en la  literatura.. y encima en la Biblia..! ,  Si bien, espero que se me permita disentir, como mínimo, en la definición de “escalera” como “dispositivo mecánico”… En los párrafos siguientes, nuestro autor, justifica la adoración de los tres enviados bíblicos por Abraham y la posterior del relato sobre Lot en Sodoma, Génesis 19: 1,  aduciendo que era debido a su “indumentaria espacial” y que, por supuesto,  me niego a comentar por “muy voladores” que fueran los “mala’akhim”.

Bajorrelieve correspondiente al templo arcaico de Ishtar. Periodo proto-dinástico de Assur, 2650-2350 a.c. Representa al cadáver de una mujer con tatuajes rituales funerarios.

« El equipo dirigido por Andrae aún descubrió otra representación atípica de Isthar en su templo de Assur. Más como una escultura mural que como un relieve común, se veía a la diosa con un ajustado casco, con los “auriculares” extendidos, como si dispusieran de sus propias antenas planas, y llevando unas marcadas gafas que parecían forman parte del casco»

La supuesta escultura mural corresponde a la imagen de la izquierda y que parece estar fechada en el periodo proto-dinástico de Assur, 2650-2350 a.c. (W Andrae), Se trata de un bajorrelieve de yeso pintado encontrado en el “Templo arcaico de Ishtar”.  Representa a una mujer desnuda tumbada en una cama con una serie de complejos tatuajes (G. Leick) Estos tatuajes que incluían cabeza, ojos, así como otras partes del cuerpo, forman parte de los rituales del templo sobre la Vida, la Muerte y la Reencarnación, que eran atribuidos a la diosa como representación de la Fertilidad. Fertilidad que se traduce como un “resurgimiento tras la muerte” y así aparece en numerosos rituales funerarios, como la “Dama de los Ojos”, a finales de IV milenio a.c. en Siria, Tell-Brak (Savory). 

« No hace falta decir que, cualquier hombre que viera a una persona – hombre o mujer . así vestida, se daría cuenta de inmediato de que se acababa de encontrar con una aereonauta divino »

Si obviamos que los “auriculares extendidos” sean posiblemente un “reposa-cabezas”; si despreciamos la evidencia que estaba desnuda y no vestida, por lo que ésta fuera de lugar el aceptar atavío alguno;  si excluimos el hecho que  el supuesto casco y gafas es un tatuaje – unos tatuajes en los ojos que tenían la función de representar una “santidad máxima” (J. Black) –  y que seguramente nuestra protagonista, al posar si lo hizo, estuviera muerta…  Si pasamos todos estos pequeños y grandes detalles por alto…,  aún así.., tampoco.

Mujer con cabeza de serpiente y niño en brazos. Periodo El-Obeid IV, 3900-3500 a.c. Eridu. National Museum of Irak

«Las figurillas de arcilla encontradas en lugares sumerios, y que se estima tienen 5000 años de antiguedad, bien podrían ser burdas representaciones de estos malachim con armas tipo varita mágica. En una de estas figurillas se ve el rostro a través del visor del casco. En otra el “emisario” lleva el clásico tocado cónino divino y un uniforme tachonado de objetos circulares cuya función se desconoce»

(La terracota de la izquierda se corresponde con el supuesto “otro emisario” ..) Me gustaría comentar primero que el periodo propiamente sumerio  se extiende desde la Época Baja de Uruk o Jemdet Nasr, hacia el años 3150 a.c., hasta la conclusión del Dinástico Arcaico en el 2300 a.c.  aprox. Dicho esto, y aunque esta representación podría ser considerada como proto-sumeria,  si tenemos en cuenta la opinión de algunos autores sobre que la etapa de El-Obeid, lo que resulta evidente es que forma parte de rituales anteriores de origen neolítico que se extienden desde el periodo de Hassuna, 5800-5500 a.c. hasta el propio Dinástico Arcaico sumerio,  por lo que definir cualquier representación de éste tipo y su significación religiosa como de “origen sumerio” resulta arriesgado. Aclarado lo anterior, me gustaría indicar, someramente – si se quiere mas información sobre ésta terracota ver enlace, que se trata de exvotos funerarios y que enlazan con un culto de reencarnativo representado por la serpiente, ya que dentro de las creencias mesopotámicas,  las raíces se consideraban como ofidios que alimentaban a árboles y plantas con un sentido regenerativo.  Así, el término  “raíz”, en sumerio “arina”,  consistía en dos signos cruzados sobre el sumerograma “mus”, serpiente (JCS, 1961). 

Exvoto “Templo de los  Mil Ojos”, 3500-3300 a.c. Representa la rogativa de un familia.  Tell-Brak (Siria) Metropolitan Museum of New York

Resuelto el enigma de la “varita mágica” y que en las representaciones funerarias femeninas parece corresponder a niños, y que los mala’akhim de los textos semíticos hebreos no tienen la nada que ver, ni por asomo, con las citadas terracotas mesopotámicas, a continuación el texto vuelve a hablarnos de “cascos y gafas de forma elíptica”. Éste supuesto “descubrimiento” se apoya en una interpretación “sui generis” de las las ofrendas votivas de alabastro y otros materiales, ver foto de la derecha,   depositadas en el “Templo de los  Mil Ojos” en Tell-Brak en la actual Siria y que, según J. Black,   posiblemente correspondan a ofrendas a una “diosa-ojo” que todo lo ve y que coincide con otros cultos parejos mesopotámicos y mediterráneos hacia “diosas-madre” omnividentes, cuya devoción se extiende desde periodo Dinástico Antiguo sumerio hasta el Imperio Neo Asirio, siglos X-VII a.c., y si apuran, al  resto del mundo, por lo que resulta evidente que no tiene nada que ver con la exposiciones vertidas en su relato por el señor Zitchin.

Y me dirán Udes… vale.. pero tan sospechoso resulta que tenga razón en sus conjeturas como que , por el contrario,  ninguna referencia que aporta sea correcta, y que yo, por supuesto, atiendo como una reflexión razonable, pero permítanme hacer valer , por última vez en este escrito,  mis argumentos:

« Indudablemente, no es una mera casualidad que los hittitas, conectados con Sumer y Acad a través de la zona del Khabur, adoptaran como señal escrita para designar a los dioses el símbolo un préstamo claro de las “figurillas de los ojos” »

No voy a entrar a rebatir que los hittitas estuvieran conectados o no con los sumerios y acadios que, como tales, no lo estuvieron. Tampoco voy a entrar en que los hittitas, como tales,  no escribían en caracteres jeroglíficos, salvo para mantener correspondencia con otros pueblos, sino en cuneiforme. Pero es que encima, este símbolo de “divinidad”,  que aquí si le voy a dar la razón a Sitchin que tiene ese significado (sin que sirva de precedente…) y es más, hasta es posible que tenga relación con su “hipótesis óptica”,  no es hittita, sino… ¡Luvita…!. ¡Cachis..!

Texto jeroglífico luvita. Donde se puede apreciar que aparece varias veces el símbolo de “dios”

Referencias:

“Gods, demons, and symbols of ancient Mesopotamia: An ilustrated dictionay” J. Black, A. Green, T. Rickard (1992)

“Corpus of hieroglyphic luwian inscriptions”  H. Cambell, JD Hawkins (2000)

The city of the Moon god: religious tradition of Harran” T.M. Green (1992)

Biblia Reina Valera, 1960

www. bibliotecapleyades.net

Imágenes:

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biggan-projukti.blogspot.com

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Los desvarios de Z. Sitchin: Nephilim: El pueblo de los cohetes ígneos (I)

Si bien en su día dí por concluida la serie “Los desvaríos de Z. Sitchin” con la premisa que las explicaciones vertidas, sobre la iniquidad de las supuestas pruebas aportadas en sus escritos por parte del seudo traductor de textos mesopotámicos y hebreos, con el pensamiento que resultarían suficientemente aclaradoras para cualquier escéptico, ó persona que tuviera por costumbre no dejarse llevar por “modismos” y profesionales en lo “magufo”. Hoy, ante la proliferación de páginas que, o bien apoyan sus tesis  ó bien las utilizan para conseguir magros beneficios de incautos, me decido  a reabrirla con un comentario sobre la publicación “El duodécimo planeta” en su capítulo 5, titulado “Nephilim: El pueblo de los cohetes ígneos”, en la versión de la “Biblioteca Pléyades”, uno de sus máximos adalides en la red.

Sitchin hace una introducción del capítulo con la siguiente afirmación:

«Los textos sumerios y acadios no dejan lugar a dudas de que las gentes de Oriente Próximo de la antigüedad tenían por cierto que los Dioses del Cielo y de la Tierra eran capaces de elevarse en el aire y ascender a los cielos, así como de recorrer los cielos de la Tierra a voluntad» “Nephilim: El pueblo de los cohetes ígneos”

Para empezar un comentario desafortunado. Muy pocos dioses de la tradición sumerio-acadia tenían la capacidad de volar, habiendo dioses incluso principales que carecían de ella. Un claro ejemplo demostrativo pudiera ser el dios Enki sumerio –  personaje harto nombrado en las publicaciones de Zecharia Sitchin –, el Ea acadio, que se desplaza en el “Íbice del Apsu”, su barca sagrada. Barca que nunca dejó sus dominios de “Señor de las aguas profundas y de los cañaverales” y que se desplazaba sobre la Tierra siguiendo los cauces del Tigris, Éufrates y el actual Golfo Pérsico. Una posible corroboración está en el hecho que Enki nunca tuvo representación astral y como éste,  multitud de otros dioses del panteón mesopotámico a lo largo de milenios.

A continuación para certificar tales afirmaciones hace referencia al mito de “Inanna y Shukallituda” – Un texto de carácter agrícola y cuya última parte, muy deteriorada, tal vez sea origen, por las semejanzas,  del mito hebreo de  “Las diez plagas de Egipto” – y las “capacidades aéreas” de la diosa Inanna/Ishtar.  Lectura que en exclusiva demostraría que la diosa de la Fertilidad se desplazaba bien por sus medios, bien mediante un transporte, por el Cielo,  siendo la posterior alusión a historiador S. Langdon y a su libro ” La liturgia clásica de Inanna”, añadido innecesario que, y es un suponer, se utiliza para dar un “ empaque erudito” a tales consideraciones.

« Esta capacidad de Inanna, capacidad que también muestran otros de los principales dioses, solían reflejarla los antiguos artistas representado dioses- antropomórficos en todos los demás aspectos, como ya hemos visto – con alas, tal como se puede ver en numerosas representaciones, no formaban parte del cuerpo – no eran alas naturales -, sino más bien, un añadido decorativo de la vestimenta del dios » “Nephilim: El pueblo de los cohetes ígneos”

Este párrafo afirma, de nuevo, que los grandes dioses volaban, cosa que es incierta, como ya hemos demostrado para el caso de dios Enki. Es cierto que determinados dioses se valían de diferentes transportes para sus periplos: El dios Zuen/Sin viajaba en una barca celeste, Utu/Shamash lo hacía en un carro alado o se desplazaba a pie, Enlil lo hacía en un carro alado o sobre las nubes, etcetera… Pero fundamentalmente esta cualidad era definitoria de divinidades con representación astral, léase La Luna, El Sol, Venus, figuración astral de Inanna/Ishtar, exceptuando a Enlil que tenía una vertiente dual ctónica y astral al representar al Viento y así, otros dioses menores.  Lo que no cabe duda es que existieron otras divinidades que carecieron de ella, caso de los que representaban aspectos de la Naturaleza o bien tutelaban labores y artes, así como que tampoco eran representados “con alas” – Aquí Sitchin pretende asimilar a los principales dioses sumerios con los apkallu de la imaginería asiria que aunque dioses, no lo fueron principales –

Dando Sitchin por irrefutable la demostración anterior, a la vez que proporciona la imagen de una Inanna/Ishtar alada, el texto nos propone lo siguiente:

«Los textos que tratan de este arriesgado viaje (hace aquí referencia al mito de “El descenso de Inanna a los Infiernos”…) dicen que Inanna se puso, meticulosamente siete objetos antes de emprender el viaje, y cuenta que tuvo que entregarlos en los siete pórticos que tuvo que atravesar para llegar a la morada de su hermana (Ereshkigal..). Estos siete objetos se mencionan también en otros textos que tratan de los viajes aéreos de Inanna

1El SHU.GAR.RA se lo puso en la cabeza.

2. “Pendientes medidores”, en las orejas.

3.  Cadenas de piedrecillas azules, alrededor del cuello.

4.«Piedras» gemelas, sobre los hombros.

5.  Un cilindro dorado, en las manos.

6. Correas, que le abrazaban el pecho.

7.  La vestimenta PALA, con la que vistió su cuerpo » “Nephilim: El pueblo de los cohetes ígneos”

La transcripción del texto original sumerio de este pasaje, así como su traducción, son los siguientes:

« (14) me 7-bi zag mu-ni-in-KEC2 (15). me mu-un-ur4-ur4 cu-ni-ce3 mu-un-la2 me dug3 jiri3 gub-ba i-im-jen (17) tug2cu-gur-ra men edin-na saj-ja2-na mu-un-jal2 (18) hi-li saj-ki-na cu ba-ni-in-tij4 (19)na4za-gin3 di4-di4-la2 gu2-na ba-an-la2 (20)na4nunuz tab-ba gaba-na ba-ni-in-si (21) tug2pala3 tug2 nam-nin-a bar-ra-na ba-an-dul (22) cimbi lu2 he2-em-du he2-em-du igi-na ba-ni-in-jar (23) tu-di-da lu2 ja2-nu ja2-nu gaba-na ba-an-gid2 (24) har kug-sig17 cu-na ba-an-du8 (25) gi 1 ninda ec2-gana2 za-gin3 cu ba-ni-in-du »

« (14) Ella tomó los siete “me” sagrados. (15) Recogió los sagrados poderes y los asió entre sus manos (16) Con los positivos “me” sagrados, ella emprendió su camino (17) Ella  se colocó el” tug2cu-gur-ra”, la “Corona de la Llanura”, sobre su cabeza (18) Colocó el tocado sobre su frente. (19) Colgó un collar de pequeñas cuentas de lapislázuli sobre su cuello. (20) Puso sobre sus pechos dos iguales perlas ovuladas (na4nunuz..) (21) Se cubrió con un vestido tug2pala3 , el ropaje de las (grandes) damas (22) En el contorno de sus ojos aplicó el afeite ” Que se acerque, que se acerque..”  (23) Sobre el pecho deslizó el blusón llamado “Ven, hombre, ven..” (24) Colocó en su dedo  el anillo de oro. (25) (y) en sus manos la vara de lapislázuli y la cuerda de medir » Pasaje de “El descenso de Inanna a los Infiernos”

“Diosa del Vaso” II milenio a.c. Mari (Tell-Hariri). Siria. Aleppo National Museum

(continúa el texto de Z. Sitchin..) « Aunque nadie ha sido capaz, todavía, de explicar la naturaleza y significado de estos siete objetos, creemos que la respuesta la teníamos al alcance de la mano desde hace tiempo. En las excavaciones que realizaron entre 1903 y 1914 Walter Andrae y sus colegas en la capital asiria de Assur, se encontró en el Templo de Ishtar una estatua muy deteriorada de la diosa, donde se podían observar diversos ‘artilugios’ sujetos al pecho y a la espalda. En 1934, los arqueólogos que excavaban en Mari se encontraron con una estatua similar pero intacta, enterrada en el suelo. Era la presentación a tamaño natural de una hermosa mujer »

Vamos a intentar, primero, “colaborar” en resolver el enigma de los siete objetos apoyándonos en el texto sumerio:

(1) El “Shu-ga-rra“. En el texto parece corresponder a la “Corona de la Llanura” (S Kramer). Corona que es una alegoría de los poderes de Inanna y que se relacionan con las fértiles tierras de las cuencas del Tigris y Eufrates como fruto de su intervención divina.

(2) “Pendientes medidores” en sus orejas. Sinceramente.., yo.., ni en el texto cuneiforme ni en la traducción, advierto de tal posibilidad, ni cercana ni remota, de semejantes “pendientes”.

3) Collar de cuentas de lapislázuli.

(4) “Piedras gemelas” sobre sus hombros. Que no cabe duda que o bien es una mala traducción o bien es una “libertad literaria”, por decirlo de alguna manera…, de las perlas  ovuladas que Inanna coloca sobre sus pechos para hacerlo coincidir, digo yo.., con la imaginería de la “Diosa del Vaso”.

(5) “Un cilindro dorado en las manos”. Y que corresponde con “la vara de medir” de lapislázuli – o  “na2 za-gin”  en sumerio (J. Black). Piedra preciosa, que no dorada, sino más bien de color azul -, siendo con la cuerda, un símbolo de la divinidad. Estos complementos sagrados tienen un significado de posesión de la Tierra, ya que con estos enseres se median, en la práctica habitual mesopotámica, los terrenos y sus lindes.

(6) “Correas, que le abrazaban el pecho”. me pasa igual que en el punto 2 (¿?) ¿Donde están tales “arreos”  reflejados en el relato..?.

(7) “La vestimenta ‘Pala”. Y que ya viene definido su protagonismo en el propio texto.

En resumidas cuentas, la idea es hacer coincidir, “tirando del porque yo lo valgo”  la representación de la diosa encontrada en la ciudad de Mari, en el palacio del  rey Zim-ri-lim,  y fechada entre el 1775-1761 a.c., con una descripción que ofrece un texto sumerio sobre la vestimenta de Inanna de finales del III milenio a.c.

Llegados a este punto, la pregunta sería saber el fin de tan erróneas aseveraciones. Fin que encontramos en el párrafo siguiente:

« A diferencia de las tallas planas o de los bajorrelieves, esta representación tridimensional y a tamaño natural de la diosa revela interesantes rasgos de su atuendo. En la cabeza no lleva un sombrero de señora, sino un casco especial; sobresaliendo de él, a ambos lados, y adaptándose a las orejas, hay unos objetos que le recuerdan a uno los auriculares de un piloto. En el cuello y sobre el pecho, la diosa lleva un collar de multitud de piedrecillas (probablemente preciosas); y en las manos sostiene un objeto cilíndrico que parece demasiado grueso y pesado como para ser un recipiente de agua.» “Nephilim: El pueblo de los cohetes ígneos”

« Sobre la blusa semitransparente, dos correas le cruzan el pecho, llevando a la espalda, y sosteniendo en su lugar, una extraña caja de forma rectangular. La caja está estrechamente ceñida a la parte posterior del cuello de la diosa, firmemente sujeta al casco con un correa horizontal. Fuese lo que fuese lo que la caja llevase dentro, debió de ser algo pesado, pues el artilugio precisa del apoyo adicional de dos grandes hombreras. El peso de la caja debió incrementarse con una manguera que está conectada a su base con una abrazadera circular. El equipo completo de instrumentos se sostiene en su lugar con la ayuda de dos series de correas que cruzan la espalda y el pecho de la diosa.

El paralelismo entre los siete objetos que necesitaba Inanna para sus viajes aéreos y el vestuario y los objetos que lleva la estatua de Mari ( y probablemente, también la otra mutilada que se encontró en el templo de Ishtar en Assur es fácilmente demostrable. Vemos los ‘pendientes medidores’ – los auriculares- en las orejas; las hileras o ‘cadenas’ de piedrecillas alrededor del cuello; las ‘piedras gemelas’ – las dos hombreras  sobre los hombros; el ‘cilindro dorado’  en las manos, y las correas que se entrecruzan en su pecho. Ciertamente, va vestida con una ‘vestimenta PALA’ (‘vestimenta del soberano’), y en la cabeza lleva el casco SHU.GAR.RA, un término que, literalmente, significa ‘lo que hace ir lejos en el universo’. Todo esto nos  sugiere que el atuendo de Inanna era el de una aeronauta o un astronauta. » “Nephilim: El pueblo de los cohetes ígneos”

¡Que decir..! Aunque debo de aclarar que en algunos aspectos, en un primer momento, la representación encontrada en Mari,  y corroborando a Z. Sitchin, tiene detalles que pueden parecer extraños.  Detalles tan sugerentes como que la “Diosa del Vaso” era un ¡Surtidor de agua..! De ahí la posición del vaso y otros detalles, como que el hecho que esté hueca.

Emplazada en la sala del trono de Mari, donde se encontró tras éste, se supone que formaba parte de una pareja igual que representaba la “Abundancia” y que concuerda con los ritos de coronación meritas, donde el agua era vertida con esa significación. De ésta guisa, así, aparecen tales divinidades junto a Ishtar en representaciones  de la Fertilidad en cilindros-sello acadios (D. Collom) ¡Como..! Pues si.., después de todo resulta que nuestra venerable “diosa acuífera” no es Ishtar, y mucho menos Inanna, se trata de una diosa de segundo rango del extenso panteón mesopotámico… ¡Que decepción..!

Cilindro-sello post-acadio. III dinastía de Ur, (De izquierda a derecha..): Ishtar, una servidora portando un sacrificio , una diosa con un vaso que fluye, Gilgamesh,y la diosa Nisaba. El propietario es un escriba llamado Ili-Ishtar. British Museum.

Referencias:

http://www.etcsl.orinst.ox.ac.uk (University of Oxford Library)

“A concise dictionary of Akkadian” Jeremy J. Black (2000)

“Catalogue of the Western Asiatic seals in the British Museum” Dominique Collom (1985)

http://www.bibliotecapleyades.net.

Imágenes:

http://www.icobase.com

http://www.bibliotecapleyades.net

El culto a Marduk. La evolución teológica durante el II milenio a.c.

Si bien el origen de las creencias hacia el dios Marduk sigue siendo una incógnita, no cabe duda  que su éxito religioso fue en paralelo a la progresiva importancia comercial del enclave de Babilonia. Incremento de importancia que proviene de su inicial estatus como colonia comercial sumeria en la ruta  hacia el noroeste y que vio engrandecida su transcendencia como consecuencia del progresivo deterioro, por cuestiones naturales y comerciales,  de los puertos marítimos en las desembocaduras del Tigris e Eufrates, así como de las rutas hacia el Golfo Pérsico. El giro del comercio mesopotámico hacia el norte,  y el incremento de la riqueza que tal situación generaba,  fue el detonante económico del afianzamiento de su divinidad patronal.  Una divinidad patronal que todos los indicios nos conducen a la adoración de un dios solar, no ya solamente por ser su nombre la posible corrupción de una denominación del dios sumerio-acadio Utu,  damar-ud o “Joven Toro del Sol” sino también por las referencias hacia sus creencias dentro del culto asirio. Culto asirio que lo identifica con Meslamtea (VA 08917, 40), relacionándolo con la “faceta oscura” del dios Sol, aquella que transcurre cuando el dios “baja al inframundo” en su recorrido nocturno desde Poniente a Levante.  Aunque, y como nos apunta DDD, en sus primigenios orígenes fuera denominado en sumerio como “amar.uda.ak”,  o “Joven Toro de las Tormentas”,  sin ninguna acepción solar, lo que  exclusivamente indicaría la deriva  de su personalidad divina desde el IV-III milenio a.c.  hasta el II-I milenio a.c. y su adscripción a renovadas creencias.

La coyuntura en Mesopotamia en el II milenio a.c.  se  nos presenta de un modo complejo. Por una lado,  el  periodo que corresponde a los años que van desde 2004 al 1595 a.c.,, y que comprende el final de la  III dinastía de Ur y el final de la I Dinastía Babilónica, la Baja Mesopotamia será testigo de las incursiones y  posterior conquista del poder por parte de los diferentes  clanes amorritas. Clanes o tribus nómadas de semitas occidentales que posteriormente se vieron envueltas  en las luchas de las dinastías intestinas amorritas de Isin y Larsa por el control supremo de Sumer y Akkad. Éste periodo concluirá con la final preponderancia de la I dinastía, también amorrita, de Babilonia, 1894-1712 a.c.  a manos de Ammu-Rapi/Hammurabi, 1792-1750 a.c., y que nos acerca al momento del ascenso a la  posición suprema del panteón mesopotámico por parte del dios Marduk, como así nos relata en el Enuma-Elish. Si bien, como aclara J. Botteró,  aunque progresivamente fue sustituyendo a la triada sumerio-acadia Anu, En-lil, Ea, de forma institucional, el pueblo siguió conservando por largo tiempo,  sus anteriores creencias hacia Ishtar, la diosa-madre,  y hacia el genuino dios solar supremo semita, Shamash. 

El final de la dinastía amorrea de Babilonia a manos de los hittitas y la posterior cesión de su capital a los kassitas – Los kassitas se supone que son pueblos nómadas procedentes de la meseta iránia que penetraron en Mesopotamia cruzando los Montes Zagros y que avanzaron hacia Babilonia a través del Valle del Diyala fundando el reino de Khana/Hana – como fruto de su alianza ante el auge de los hurritas/mitannos en Shubartu, dio como solución una nueva soberanía sobre Esagila.

Presentación simbólica de Marduk en un kudurru. Aparece un altar ó asiento sobre el que figura una lanza que se acompaña de  un mušhuššu,  o dragón cornudo, acostado 1099-1082 a.c. British Museum.

Con el retorno desde Khana de la estatua de Marduk al templo de Esagila, tras el expolio de la ciudad veinticuatro años antes a manos del primer soberano de la dinastía kassita, Augum II, se cierra un periodo de incertidumbre y abandono tras la destrucción hittita. El periodo kassita babilónico, 1571-1156 a.c., supone una continuación y una reafirmación del culto a Marduk en Babilonia, siendo en este momento cuando se establece el definitivo “ciclo cultural” dedicado a la figura del dios, protagonizando en exclusiva las festividades del “Año Nuevo”. De éste modo, aunque se mantenga el panteón establecido por el Enuma Elish amorreo, se  produce una evolución de las creencias que las hará diferenciarse del modelo anterior como fruto de una nueva sensibilidad social y cultural.  Estamos ante la evolución de unas creencias desde  un dios solar vinculado a la justicia divina sobre lo terrenal que aplica y establece penas y las aplica, de carácter semita, hacia un divinidad protectora ante los avatares humanos, tanto físicos como morales.  Evolución que  tal vez  estuviera influenciada por el  carácter indoeuropeo del mismo pueblo kassita y su forma de afrontar un periodo aquel de severas dificultades en el devenir general babilónico.

Ya en épocas anteriores, como consecuencia del tránsito desde divinidades ctónicas paleo-neolíticas a las astrales semitas, se había producido una modificación en las personalidades de los entes divinos mesopotámicos hacia conceptos representativos de cualidades morales del hombre. Durante el periodo kassita, esta “transformación” de las improntas divinas se acentúa, como relata M. Liverani, encaminándose hacia un “dios personal único y todopoderoso” y que define el afianzamiento de los credos nómadas. De ésta guisa,  que el creyente establece un vinculo personal con la divinidad, considerándola como su “confidente” y el destinatario único de sus plegarias y sacrificios, pues se trata de la  único ser, si bien e un principio existía la potestad de escogerlo entre la extensa relación del panteón mesopotámico,  que hará posible su sanación o salvación en detrimento de los avatares que le toca vivir. Esta variación teológica queda reflejada en el texto kassita “Ludlul Bel Nemequi” En este relato, el héroe, un hombre piadoso  es despojado de su salud y riquezas por los dioses sin mediar falta alguna,  siendo Marduk, mediante su mediación, quien restituye a Shusbi–meshrû-Shakkan tanto salud como hacienda –. y que refleja una reflexión, en un contexto babilónico antes mencionado de sinsabores tras la derrota sufrida, sobre la iniquidad de los dioses. Diatriba que salvaguarda sus creencias hacia las divinidades mediante la conclusión del  haber cometido una afrenta a los dioses sin ánimo o sin conocimiento de ella , como así queda  reflejado en  los rituales de los “Textos Shurpu” en la liturgia exorcista kassita. – Conceptos que son extensibles al dogma hebreo en particular muy similar y al semítico occidental en general – y que trastoca una antigua máxima de la  Creciente Fértil: “La de dios humillado por las armas terrenas, dios apartado”.

Otro precepto incipiente en la relación del hombre con lo divino, es el binomio Bien/Mal de clara influencia indoeuropea. El creyente se siente objeto de una lucha entre  unas “fuerzas negativas” que le acosan y las “fuerzas positivas”, que mediante rituales y plegarias, pueden contrarrestarlas – Hasta ahora los dioses hacían y deshacían a su antojo y capricho sin  que en ningún momento fueran considerados como “seres malignos” o “seres benignos”,. Exclusivamente eran dueños y señores con derecho a vidas y haciendas, y que influían en  éstas  en función de su atributo moral o natural –  A raíz de la anterior bifurcación teológica, y por primera vez en la Baja Mesopotamia,  aparece el concepto de “demonio“, un ente que será hijo de los dioses, y por tanto con un origen divino, que será la representación de unos padecimientos mundanos tanto físicos como económicos y cuyo propósito es el castigo  ante una “ausencia de moralidad”. Tales comportamiento éticos emanan de unas conductas establecidas por los propios dioses – Los infortunios surgían como consecuencia de una culpa o infidelidad hacia el dios. Se suponía que únicamente la voluntad del dios protector era la que permitía que las invocaciones de brujas y hechiceros, u otros dioses, a los demonios provocadores de padecimientos llegaran a fin – que además incorporarán otras conceptos de tipo mágico y adivinatorio propios también de culturas provenientes de Anatolia y la meseta iraní, como pudieran ser el caso de las maldiciones reflejadas en loskudurru.

En contraposición a los seres malignos, nos encontramos a la pareja bienhechora personal: El “Ilu” y la “Ishtaru”. El “Ilu” viene a representar al dios o  la “Bienaventuranza Divina” ,volviéndonos  a encontrar una nueva posible referencia al topónimo “Babilonia” y a su dios solar Marduk como “Babbar-ilu-um” o “Lugar  del bienhechor brillante”.  La “Ishtaru”  o “Diosa de la Fortuna”, y  que suele ser la pareja del dios y a la que se unen otros dioses menores de carácter benéfico, caso de los “lamašu” y los “shedu”– Como nota anecdótica decir que los shedu ó “keruba” son el origen, en plural,  del término hebreo “querubín” –

Marduk. Parcial nueva impresión de un cilindro-sello. Siglo IX a.c. Imperio neo-asirio.

Dicho esto y tomando de nuevo el hilo de la relación de la dinastía kassita y Marduk, habría que decir que realmente la soberanía kassita nunca tuvo al dios patronal de Babilonia como adalid. En principio, y así parece en la representaciones artísticas y en los títulos reales, – Como era el  de “shagin [d]Enlil-la”  que viene a significar el “administrador de En-lil”, así como otros similares.. Aunque, muy posiblemente, habría que interpretar que se trata del dios Buriash kassita en el papel de “En-lil”  –  así como la relevancia que Nippur, residencia de En-lil, tuvo en esta época. Esta situación cambio con la definitiva derrota de la soberanía kassita de Babilonia por el reino de Elam y su posterior conquista  por  parte de Nabû-kudurru-usur I, 1125-1103 a.c. de la II dinastía de Isin.

Es de anotar que durante el transcurso y conclusión del periodo kassita-babilónico, la ciudad de Babilonia, como consecuencia de la labor de sus templos, adquirió un halo de “Ciudad Santa”  como cuna de erudición tanto teológica como en otras artes sacerdotales. Halo que se vio favorecido por una veneración sin fisuras al dios del templo de Esagila por parte de la dinastía reinante de Isin/Pasha que deseaba desterrar de la Baja Mesopotamia cualquier afecto hacia un dios En-lil, como sosias  del dios Buriash y al que se  ligaba a la derrotada de la dinastía kassita, como así lo reflejan  los retomados títulos reales como “Sol de Babilonia”, título amorreo, y “Príncipe Amado de Marduk”. Desde el punto de vista teológico y tras la caída en desgracia de En-lil, Marduk  aumentó  sus adjetivos retomando sus atribuciones de dios universal y único.

« …Ninurta es el  Marduk del azadón; Nergal es el  Marduk de la batalla; Zababa es el Marduk de la contienda;  Enlil es el Marduk de la majestad y del consejo;  Nabu es el Marduk auditor; Sin es el Marduk que ilumina la noche; Shamash es el Marduk de la Justicia; Adad es el Marduk de las lluvias… » Pasaje de himno a Marduk, (CT 24, 50, BM 47406, obverse) Periodo Neo-Babilónico.

Referencias:

“El antiguo Oriente Próximo: Historia, Sociedad y Economía” Mario Liverani (1995)

“El fin del segundo milenio” E. Cassin, J. Botteró, J. Vercoutter (1976)

Imágenes:

biblemuseum.blogspot.com

Mitología semita. Nephilim: ¿Gigantes, dioses u hombres…?

Dentro de la mitología semítica, y en nuestro caso más exactamente en la hebrea, aparecen determinadas personalidades, todas ellas reflejadas en los diferentes textos del Antiguo Testamento,  denominadas Gibborim, Rephaim, Anakim, Emim, Zamzummim y Nephilim ,  cuyo nexo  definitorio parece girar alrededor de unas cualidades tanto físicas como espirituales extraordinarias o fuera de lo común.

«6:1 Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y le nacieron hijos. 6:2 que viendo los hijos de Dios (Bene Elohim) que las hijas de los hombres eran hermosas tomaron para si mujeres, escogiendo entre todas. 6:3 Y dijo Jehová: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente el es carne, mas serán sus días ciento veinte. 6:4 Había gigantes (nephilim) en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios  a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre (gibborim) » Génesis 6: 1-4. Biblia Reina Valera 1960.

Fragmento de papiro, P967 Kreuzer, de la Biblia helénico-egipcia “Septuaginta”. Siglo II d.c.

En la “Septuaginta” o Biblia griega, –   Conocida también como LXX. Es un conjunto de escritos en lengua griega traducidos del hebreo, el arameo, y con añadidos griegos,   del Pentatéuco. Fue  posiblemente escrita y desarrollada  entre el siglo III a.c. y el I d.c. con el fin de dar cobertura de las Sagradas Escrituras a los judíos de la Diáspora en lengua griega –  aparece el término “Gibborim” y que puede traducirse como ” los grandes Hombres”  en una vertiente bélica y de liderazgo, es decir grandes héroes o  grandes líderes de la tradición hebrea. Ésta acepción es compartida  con otro  general término semítico-hebreo,  “Rephaim“, y que aparece en textos ugaríticos y meritas que apreciaremos posteriormente. Esta significancia es posible que tenga relación con el antiguo culto del Levante meridional mediterráneo a los antepasados  y  líderes de gran dimensión  que fueron protagonistas de hitos históricos en la cultura de éstos  pueblos – Un ejemplo podría ser la mitificación y divinización del héroe Haddad  o Haddu  de Aleppo en la creencias semitico-meritas, y cuyas armas se veneraban en la sagrada ciudad  de Tuttul  en la actual Siria –   originarios del Levante mediterráneo asiático.

Según tradición semítica mas occidental, ugarítica, luvita y merita, los “Rephaim”, o “Rpum”  son el conjunto  de los espíritus de los  reyes, y por tanto héroes,  muertos que habitan en el “Inframundo” , cuya conexión es el haber alcanzado el poder terrenal,  permaneciendo “durmientes” hasta que fallece un descendiente o acólito  y cuya almas/espíritus se  alzan  de entre el “País de los Muertos” para recibirlo.

« (Proverbio en referencia al Rey de Babilonia…) El Sheol se levantó por ti para cumplimentar tu llegada; despertó a los refa’im  por ti;  hizo incorporarse incluso a todos los príncipes de la Tierra; levantó de su trono a todos los reyes de los goyim (no creyentes) » Isaías 14: 9 Biblia Ortodoxa Hebrea.

En referencia al texto anterior, sería interesante aclarar que en hebreo  “Sheol” es la “Morada de los Muertos” o “Mas Allá”. Un lugar que los textos bíblicos sitúan “a continuación de las aguas” y donde ubica a los Rephaim. Job 26:5 nos habla de “Debajo de las aguas y  de sus Habitantes” y que concordaría con la versión genérica mesopotámica de localizar el “Kur”o “El Lugar del No Retorno” debajo de Apzu,  el “Reino de las Aguas Profundas”, si bien es también posible, en un contexto semítico mas oriental, que haga referencia al lugar de donde brotan las “Aguas Primordiales”:  La residencia de los dioses y lugar de reposo  eterno de los héroes.

Los Rephaim , o “Refā’īm”, según otras alusiones de las escrituras bíblicas, son los descendientes de Rapha. Rapha es  un filisteo de la ciudad de Gath según 2 Samuel 22: 24 que aunque filisteo, los textos del Antiguo Testamento  le consideran de la tribu hebrea de Benjamín,  bien como descendiente de Binea , 1 Crónicas 8:37, o directamente como hijo de Benjamín, 1 Crónicas  8:2,   por lo que sería descendiente de Saúl, implicando una ascendencia real hebrea a la vez que amorrita . Los Rephaim, según la mitología semítica y por su apostura,  están por encima del  tiempo, el espacio y  la moral,  siendo considerados como “Hijos de los Dioses” o “Bnei Elohim”.  Así su cónclave se reúne en la “Montaña de la Divina Asamblea del Lejano Norte” o “Monte Sāpôn” – El Monte Zaphon, o Monte Kasion helenístico,  es un lugar nombrado también en la Biblia. Denominado en la literatura clásica como Monte Casio, actual Gabal-al-Aqra’  en Siria. La “Montaña Santa”, lugar de donde brotaron las “Aguas Primigenias”y residencia del dios semítico-occidental  El – . Es de notar que los Rephaim en la LXX, 2 Samuel 5: 18-22, son representados con el término “Τιτᾶνες”, los Titanes.  En el Libro de los Proverbios, los Titanes,  forman parte de la representación de la “Extinción”, por ser seguidores de la “Extraña Mujer” la diosa Aserah del ciclo mitológico de Baal semítico occidental.

« (En referencia a Asherah…) Su morada se hunde hasta la muerte y sus caminos conducen a los Rephaim » Proverbios 2:18

El significado de los vocablos  “Anakim”, “Emim” y “Zamummim” y que aparecen en los distintos textos bíblicos, son sinónimos del término “Rephaim”  aunque con matizaciones. En estos textos figurarían como  los pueblos “extintos” o  “derrotados”,  aunque las distintas traducciones desde la lengua griega insistan en considerarlos como “gigantes” , en razón de conquista, y como paganos adoradores de  ancestrales cultos. Los tres vocablos anteriores engloban a  diferentes primigenios pueblos que supuestamente poblarían las tierras de las actuales Jordania, Libano, Israel y Siria hasta la cuenca oeste del Eufrates antes del  asentamiento de las poblaciones semíticas. Así los primitivos habitantes de la región  de Moab, conocidos como “Emim”, fueron considerados como “Rephaim”. Los “Anakim” o “Hijos de Anak”,  término semítico-moabita para designar a los “Emim”, también fueron considerados como tales, si bien parece ser que éstos eran los míticos residentes de los territorios al este del valle de Wādī ʻAraba y la Transjordania con anterioridad a la llegada de los pueblos semitas ammonitas y moabitas – Ammon y Moab , las tribus de, , según  el A.T. son  hijos de Lot y por tanto descendientes de Abraham –  . En el Deuteronomio 3:13 limita su expansión desde  Galaad a Bashan – Reino de Bashan,  cuyo rey Og fue considerado como el último de los Rephaim , Deuteronomio 3:11,  siendo Galaad  la zona montañosa al este de Jordán – Por último,  los “Zamummim” parece ser que fueron los antiguos pobladores del posterior territorio  denominado ammonita en Deuteronomio 2:20.

« Y los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: “¿Porqué nos has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo tan grande, y que Jehová nos ha bendecido hasta ahora?”  Y Josué les respondió: “Si sois pueblo tan grande, subid al bosque, y haceos desmontes allí en la tierra de los ferezeos  y de los refaítas, ya que el monte de Efraín es estrecho para vosotros » Josué 7: 14-15. Biblia Reina Valera 1960.

En la biblia hebrea aparece el término הנּפלים, “nephilim”, que la Septuaginta griega traduce  como γίγαντες, que en su traducción no lleva al término “gigantes”, y que figura en Génesis 6:4 y en Números 13:33.

« También vimos allí Nephilim, hijos de Anak), raza de gigantes, y eran para nosotros como langostas; y así nosotros les parecíamos a sus ojos » Números 13:33 Biblia Septuaginta griega.

Cabeza de Titan. Posible autor Damophon. (Siglo II d.c.) Museo Arqueológico Nacional de Atenas

Dicho esto, vamos a intentar desentrañar el misterio. Es evidente que desde el punto de vista de la Biblia griega los términos hebreos “nephilim” y “rephaim” son intercambiables.  Se trata de seres mitológicos de grandes dimensiones físicas,  es decir Titanes o Gigantes.  Si nos ceñimos al Génesis 6, parece ser que estos “seres extraordinarios” fueron anteriores  a la llegada de los “Hijos de  Dios” o “Bene Elohim” – Traducción incomoda, porque para mí  su interpretación correcta sería “los hijos de los dioses” –. Pero dicho esto, tal vez, se nos plantearía una pregunta, al aceptar la traducción griega, de cual sería el papel de tales dioses primigenios como referencia dentro de un Génesis de carácter hebreo. En una primera valoración parece aceptable suponer que el término “Titanes”  corresponde a una asimilación helénica de un contexto mitológico de Oriente Próximo. Los Titanes eran los primitivos dioses ctónicos que gobernaban el mundo antes de la llegada de  Zeus y sus dioses olímpicos. Dioses que fueron derrotados por éstos últimos y que fueron a continuación desterrados al Tártaro o “Inframundo”. Ésta hipótesis, ya verificada, nos enlaza con una genérica  mitología general mesopotámica que nos presenta unos similares episodios en la lucha entre Tiamat y Marduk, o  lo que es lo mismo:  Entre los “viejos dioses de la Naturaleza” y los “jóvenes dioses” y que nos está relatada en el Enuma Elish, y en otros  convergentes relatos genesíacos a lo largo del Asia y del Mediterráneo Oriental, caso de “Ciclo de Baal” ugarítico, del “Ciclo de Kumarbi” hurrito-hittita o del “Ciclo de Haddad” semitico-oriental.  Pero dejemos de lado la interpretación de los textos sagrados por parte de la helénico-egipcia  Septuaginta  para centrarnos en los términos propiamente hebreos.

El término  הנּפלים  proviene de la raíz נּפל que viene a traducirse como “caer”  por lo que la significación de “nephilim” podría ser interpretada como “los caídos” y más exactamente los “caídos en la batalla”, según la traducción de la Biblia hebrea . Desde una visión exclusivamente cristiana esta denominación podría hacernos suponer que se trata, en referencia al principio de los tiempos, de la caída de Azazel y sus demonios…  y que  tal vez los Bnei Elohim, los Hijos de Dios,  fueran ángeles. Pero claro, existe el pasaje de los “ángeles poseyendo a las mujeres de los hombres…” que pudiera ser altisonante dentro de las creencias hacia el Antiguo Testamento. Ahora bien, si retomamos la mitología asirio-babilónica y siguiendo un razonamiento paralelo al de los “ángeles expulsados”… , nos encontraríamos, curiosamente,  con los dioses defenestrados de los Cielos en la lucha por el poder  divino mesopotámico, así como  que “Hijos de Dios” bien pudieran ser los dioses vencedores de la  divina contienda. Dioses, valga la expresión,  que  tenían la “costumbre antediluviana” de engendrar a semi-dioses, caso de Gilgamesh…, y que trajo como consecuencia la interesante creencia que los primigenios soberanos eran  descendientes  directos de los dioses y por tanto, de igual manera, su linaje.

Mas y para terminar, yo me inclino por una versión más prosaica del texto de Génesis 6 y lo comparo con una especie de episodio del estilo del “Rapto de las Sabinas”  romano , pero de tipo hebreo, es decir la posesión de la mujeres  de los  antiguos  pobladores canaanitas por parte de sus nuevos conquistadores. En cuyo relato los nephilim o rephaim serían los antiguos pobladores de Transjordania y sur de Siria, y cuyo apelativo vendría dado por la costumbre de divinizar  a los ancestros de sus dinastías reinantes.   Los Bene Ha’ Elohim  corresponderían  a una denominación dada a sí mismos por los hebreos como el “Pueblo Elegido” o  “Los Hijos de Dios”, posiblemente  incluso con la misma acepción dinástica que la que tendrían los propios pueblos conquistados , y por último los gibborim como los descendientes del “mestizaje” de esas mismas regias familias.

Referencias:

“Dictionary of deities and demon in the Bible ” K. Van der Toorn y … (1999)

“Encyclopedia of Religion and Ethics, Part 11”  James Hastings (2003)

” La Biblia” Reina Valera (1960)

Imágenes:

el.wikipedia.org 

  evangelicaltextualcriticism.blogspot.com

La Serpiente Primigenia: Tiamat y Leviatán. Conexiones.

Según las generalizadas creencias del Antiguo Oriente Próximo, al principio de los tiempos nada existía, salvo dos cualidades que daban presencia  al acuoso “Caos Primigenio” y que representaban,  dentro de ésta  primitiva explicación, los dos estados básicos del agua  como el componentes únicos de un Universo infinito. Estos conceptos, si los extrapolamos metafísicamente,  podrían perfectamente ser la dual abstracción de la idea,  ante  esa imprescindible necesidad a las que no dirige  los vericuetos de nuestro cerebro y su supuesta “racionalidad”, del principio de “Causa y Efecto”. Tales principios formarán las premisas básicas de los diferentes mitos creativos repartidos por el mundo y que estarán basados en la existencia en dos diferenciadas entidades como origen de los creado: Lo “masculino” y  “femenino” y que en estas creencias están soportados sobre el “Agua Dulce” ,  el dios Apsû, y el “Agua Salada”,  la diosa Tiamat. Tiempos donde no tener nombre era paralelo a no tener existencia.

« Cuando en lo alto, el Cielo no estaba nombrado, y  la Tierra, abajo,  aún no tenía razón:  El primigénio Absû, que los engendró y el Caos, Tiamat, la madre de ámbos,  sus aguas mezclaron.   (Cuando)  los campos no habían sido creados, y los pantanos no eran posibles de ver. Cuando ninguno de los dioses había sido llamado a existir , al no poseer nombre, y los destinos no estaban escritos…» Pasaje de la I tablilla del “Enuma Elish” texto sumerio de Nippur. I milenio a.c.

Representación de la lucha entre Marduk y Tiamat. Cilindro-sello neo-asirio siglo X-VIII a.c.

El nombre “Tiamat” es una deformación del vocablo acadio “Tiamtum”, “Mar/Océano”, (J.A. Black) y según A. Westenholz, en afO 25 (1975), una contribución acadia al panteón mesopotámico. Un hecho que  supondrá la conversión, dentro de la monstruosidad mitológica de tales creencias y que se cree acontecida durante el II milenio a.c.,  cambiando el  origen de Tiamat desde un ser vinculado a las montañas en su primitivo relato sumerio a un horrendo ser marino de tradición mediterránea levantina y semítica occidental, posteriormente. Ésta modificación en el pensamiento religioso, y que aisladamente pueda parecer anecdótico, formará parte de una revolución más profunda en las creencias de Sumer y Akkad y que es la general incorporación del esquema cosmogónico semita occidental en el episodio mitológico de la  “Creación del Mundo” sumero-acadia. De ésta guisa, se arrincona  o se da una posición secundaria, tal y como queda reflejado en los primeros versos del “Enûma Eliš”,  a un más antiguo y único concepto  sacro fundador de lo universal basado en unos principios ctónicos –  y cuya evolución, bien podrían estar presentada en el relato de la “Teogonía de Dunnu” –.  El reflejo de tal circunstancia,  como puede ser interpretado por el texto, es la “transmutación” de Tiamat desde una posición de “esencia primera”  al papel de “ente energúmeno” que es vencido por el dios Marduk, como así nos dicta el  relato. La derrota de los principios básicos de la Naturaleza, que están representados por los antiguos dioses Tiamat y Apsû, propone la creación de una nueva estructura divina  de poder en el Universo.  Renovado panteón que se edificará mediante el pacto de los jóvenes dioses, ahora ya soberanos, y que se culminará con la creación del Cielo y la Tierra a expensas de las entrañas de los anteriores. Pacto y alianza que es firmado sobre un acto conciliatorio típicamente semítico como son los rituales “karat b’rit” y que consiste en dividir en dos mitades a la diosa Tiamat en sacrificio.

« Khotar (otra de) dos mazas hizo bajar y proclamó su nombre: “Tú tienes por nombre Ayyamur ¡Ayyamur echa a Yam de su trono, a Nahar de solio de su poder! ” Saltó la maza de las manos de Baal, como un águila de (entre) sus dedos, golpea el cráneo , en la frente al Juez Nahar ¡Que se desplome Yam y caiga a tierra!  Saltó la maza de las manos de Baal, como un águila de (entre) sus dedos. Golpeó  en el cráneo al príncipe Yam, en la frente al Juez Nahar. Se desplomó Yam, cayó a tierra. Se doblaron su artejos, y se descompuso su figura. Arrastro Baal y descuartizó a Yam, acabó con el Juez Nahar… » Pasaje del “Ciclo de Baal”. KTU 1.2 tablilla IV. Siglo XIV-XII a.c. Ugarit/Ras-Shamra.

Leviatán, Behemot y Ziz. Ilustración bíblica. Año 1238 d.c. Biblioteca del monasterio de Ulm, Alemania.

Ésta postrera “conversión” de Tiamat, también conocida como Mummu,  “La Gran Madre”, en la narración del texto del “Enuma Elish” amorrito-babilónico – Un texto que muy posiblemente fuera redactado, por los textos que nos han llegado,  en el siglo XII a.c. durante la  dinastía kassita – , tendrá como paso previo y, tal vez, como fuente de influencia, unos panteones semíticos occidentales con evidentes influencias del Levante Mediterráneo . Éstas creencias semíticas levantino-occidentales  nos llegarán también a través del desarrollo del mitológico “Ciclo de Baal”, y por ende de los textos sagrados ugaríticos, donde Tiamat aparece definida con el vocablo “thmt”, dentro de una ambivalencia divina, o como “grml wthmt”, “Diosa de la Montaña y  de las Aguas Profundas”,  y cuyo avatar andrógino será su hijo, el dios Yam/Yamm, “Dios del Mar/Océano”. Un dios Yamm que tendrá una personalidad basada sobre determinados aspectos afectos a las “diosas-madres” del Egeo. Es muy posible que, desde el ámbito conquistador semítico occidental, Tiamat continuara siendo relacionada con  el “Monte Saphon” o “Monte Casius”, “La Montaña Santa“, y  de donde, según la mixtura levantino-semítica, brotaron las  primitivas “Aguas Ancestrales”.

«(8) tan.lšmb (9) tšt trks (10) lmrym.ibnn (11) pl.tbtn.yymm (12) hmlt.ht.ynhr…» Pasaje de la “Captura de Yamm” KTU 1.83 (JNES 57).

« (8) Ella (la diosa Anat, amante de Baal..) colocó una mordaza a Tunnan, (y)  le ató contra las cimas del  Libano (11) ¡Oh Yamm,  fuera de agua, tu te consumirás,(12) (Juez) Nahar, llevado por el pánico!… »  Pasaje de la “Captura de Yamm” KTU 1.83 (JNES 57)

« Para los Elohim, tu eres nuestro más antiguo Melech/Protector, la obra de Yahweh en medio de Ha’aretz/ la Tierra. Tu dividiste a Yam en tu Oz/Poder. Tu quebraste las cabezas de Tannin en las aguas. Tu hicíste pedazos la cabeza de Leviatán, y la entregaste como  ma’akhal/alimento  a los seres que habitan Tsyiyim/Infértil desierto o/y Inframundo. Tu forzaste la apertura de la Fuente (de Aguas Primigenias..) y de la Inundación. Tu secaste el poderío de Nahar.»  Salmos 74: 12-15 . Biblia Ortodoxa Hebrea.

En el primer texto, un pasaje exorcista  de Ugarit, Yamm aparece asimilado a un monstruo marino,  tomando la representación del “Mal” o “Tunnan”, en hebreo “Tannin” o “Tan.ni.n(im)” – Según un pasaje el Antiguo Testamento, Tanin,  fue un demonio-monstruo  incorporado al episodio bíblico de la creación del mar en el quinto día. (Génesis 1:21), si bien debe ser interpretado en exclusiva como un avatar de la Gran Diosa-Madre mediterránea. Un ejemplo perfecto sería la personalidad de  la diosa Potnia minoico-cretense  y que en su deriva andrógina helénica será representada por Potneidas: El dios Poseidón griego – y al que  los mitemas ugaríticos y bíblicos definen en los siguientes textos:

“La Bestia del Mar”. Tapiz de la colección  de la Tenture de l’Apocalypse. Siglo XIV d.c. Galeria del Cháteau d’Angers (Francia) Aparece el “Dragón de Siete Cabezas” cediendo trono y poderes a la “Bestia del Mar”, según el pasaje bíblico de Las Revelaciones 13-14

«(38) Cierto es que yo (Baal)  herí a Yamm, el amado de Ēl; Cierto es que yo acabé con Nahar, el gran dios; Cierto es que lo rendí y acabé con el. Yo mal herí a la sinuosa serpiente, (42)  el tirano de siete cabezas..»  KTU 1.3, columna III.

« Hashem Elohei Tzva’os/ Dios de los Ejércitos ¿Quien como tu, Oh, poderoso Hashem, Tu al que el Emunah/Conocimiento Absoluto rodea. Tu que dominas la soberbia del Mar. Cuando las olas se encrespan, tu la apaciguas. Tu que despedazaste a Rahab, lo mismo que a un cadáver. Tu que destrozaste a tus oyevim/enemigos con tu excelso poder. » Salmos 89: 9-11 Biblia Ortodoxa Hebrea.

Dicho esto, existe una última concordancia que vendría dada por el término hebreo “Téhôm” – comparar las similitudes etimológicas de”thm”, Tehôm, con “thmt”, Tiamat – ,”Lo Profundo” en Génesis 1:2, como su paralela  designación como ente asociado a las “Aguas Primigenias”, y cuyo término es frecuentemente usado en Antiguo Testamento para definir a  las “Aguas Celestiales”.

Leviatán, en hebreo “liwyatan”, “Lo Sinuoso”, aparece una sola vez en textos pre-bíblicos, siendo mencionado en la Biblia en un número de seis veces. En el libro de Enoc 60: 7-9,  aparece como un dragón de género femenino que reside en las profundidades del océano junto a “Behemot”,  un dragón de género masculino , que vive en el desierto, el dios Mot(h), volviendo a rememorar en su paralelismo a los actores del ciclo mitológico de Ugarit. Una divinidad, ésta última, que encarna a la La Infertilidad y la Muerte y que vuelve a incidir en los conceptos religiosos ctónicos anteriores a la invasión semítica del III milenio a.c. de los territorios afectos a las culturas megalíticas del Levante mediterráneo. Ambos,  según la Apocalipsis y los textos rabínicos, estarán presentes en la “Comida de los Justos” durante el escatológico banquete que acontecerá en el Final de los Tiempos.

« En el Yom Hahu,  Hashem con su cherev hakashah v’hagedolah v’hachazakah/terrible grande y fuerte espada escarmentarás a Leviatán, Nachash bari’ach/La Huídiza (diosa) Serpiente,  cuando Leviatán (sea), la Sinuosa Nachash; El matará a Tanin,  la que está en el mar » Isaías 27: 1. Biblia Ortodoxa Hebrea.

« ¡Levántate, Levántate, vístete de poder ,Oh, Vigor de Hashem!; Levántate como durante los yemei kedem/ancianos tiempos, como en las dorot olamim/antiguas generaciones. ¿No eres tú quien destrozaste a Rahab  y atravesaste a Tanin » Isaías 51:9. Biblia Ortodoxa Hebrea. 

Dicho lo anterior, puede ser tomado en consideración la existencia de una reforma religiosa o preponderancia de las creencias semíticas desde dos vertientes: Una vertiente, ya comentada, de derrocamiento de los antiguos dioses ctónicos sumerios por unos nuevos de dioses de influencia claramente semita occidental – Marduk exclusivamente será un renovado aspecto del dios sol semítico Shamash: El llamado “Joven Toro del Sol” –; y dos: La yuxtaposición de las creencias hacia la “Diosa Madre” de ámbito mediterráneo sobre las creencias astrales semíticas.

Tomado lo anterior en consideración, es posible que cuando el texto de Enuma Elish nos hable de la “Gran Serpiente”, que no de Tiamat, nos éste hablando en realidad de un avatar o personalidad de la misma deidad primigenia, como representación de la “Fertilidad Creadora”,  dentro del conjunto de “Poderes de la Naturaleza”. Poderes de la Naturaleza que son sometidos por los dioses supremos andróginos de la tradición semítica, y que  hacen inclinarse a la “Gran Serpiente” – Decir aquí que las raíces de los árboles, en la mitología sumeria, eran consideradas ya como fuente vivificante de la Naturaleza, y simbolizadas  como “serpientes” que se extendían por el subsuelo (Lévy-Bruel) -,  la antigua todopoderosa “Diosa Madre”, ante el auge de los dioses de los nuevos conquistadores de la “Creciente Fértil”.

Referencias:

“The future of biblical archaeology:…” James K. Hoffmeier, Alan R. Millard (2004)

“Gods, demons and symbols of the ancient Mesopotamia: an ilustrated dictionary” Jeremy A. Black, .. (1992)

“Dictionary of the deities and demons in the Bible DDD”  Karel Van der Toorn … (1999)

Biblos.com

Imágenes:

http://www.tali-virtualmidrash.org

de.wikipedia.org.

fr.wikipedia.org

El Calcolítico en Oriente Próximo: Los ídolos serpiente.

Cabezas de ídolos en terracota. Periodo de El-Obeid II,  4.500 a.c. aprox.  Se aprecian en los rasgos faciales los ojos tipo “grano de café”) y los cráneos alargados y  el “moño” o corona.

Aunque el término “Calcolítico” y su significancia nos  evoca el paso humano hacia un periodo, dentro de la prehistoria, de “evolución tecnológica” – Si bien la labor sobre cobre ya era conocida desde el Neolítico anatólico, en el VII milenio a.c., ésta no tomará relevancia hasta fechas posteriores –, como así nos dicta J.J. Eiroa.  Circunstancia a la que debemos añadir un “escalón más” en su evolución cultural. Éste incremento en el nivel de desarrollo permite,  por un lado, una utilización más sistemática y diversificada del medio y por otro,  una organización social más compleja. Es en éste último hito, la organización social, donde comienzan a cimentarse conceptos como la “jerarquización” y/o  la “estratificación social”,  y que son fruto de otro gran acontecimiento histórico: El nacimiento de las sociedades proto-urbanas.

En Mesopotamia, la “Cultura del El-Obeid”, derivada de la “Cultura de Samarra”.  sin solución de continuidad, representa la transición desde el Neolítico al Calcolítico. Una evolución que cronológicamente  será la siguiente: Sigue leyendo

Los desvaríos de Z. Sitchin: Cilindro-sello “Hermitage”

Con éste cilindro-sello, supuestamente perteneciente a la colección del Museo Hermitage de San Petersburgo, concluyo con la serie de entradas en relación a determinadas piezas arqueológicas – en éste caso  un bosquejo del posible original – donde el fallecido Zecharia Sitchin y sus seguidores sustentan sus  teorías sobre el advenimiento extraterrestre. Sus afirmaciones sobre nuestra descendencia alienígena, como fruto de  manipulaciones genéticas en homínidos, de los fundadores de las primeras civilizaciones en Oriente Próximo, así como la existencia de bases extraterrestre en el planeta Marte hace 4.500 años.

«La información sumeria esta probada en textos sobre tablillas de arcilla; siendo la demostración pictórica que  soporta mis conclusiones, que incluyo en mi libro, la recreación de una representación de un cilindro-sello  de 4500 años de antigüedad, que se conserva en el Museo Hermitage de San Petersburgo en Rusia (fig  91 en Genesis Resvisted)

« (Refiriéndose al cilindro-sello..) Representa a un astronauta (“hombre águila”) en la Tierra ( el planeta marcado por siete puntos, acompañado por la luna creciente) y un astronauta sobre  Marte (El símbolo de la estrella de seis puntas) – Este último representado por un astronauta de la clase “Hombres-pez”, estos equipados para realizar un amerizaje en el agua. Entre los dos planetas un objeto es representado,  pudiera ser una nave espacial, con los paneles y las antenas extendidos… »

Contextualizada la opinión vertida sobre  el bosquejo del original, e interpretada la imaginería que tales representaciones significan por parte de Zecharia Sitchin, voy a intentar dar por la mía una alternativa versión:

En primer lugar y por la características de lo representado,  aunque vuelvo a señalar que se trata del bosquejo de una impresión de un supuesto cilindro-sello, deduzco que  hablamos de un sello neo-asirio, no sumerio, y que por tanto posiblemente no tenga 4500 años, sino más bien  alrededor de  3000 años. En un primer vistazo,  resulta reseñable las diferencias de proporcionalidad morfológicas entre algunos de los distintos componentes del conjunto representado y que en un primer momento achacaremos a que se trate de una mala copia –  Las diferencias en cuanto a proporciones de los entes interpretados en los cilindros sellos mesopotámicos son    fruto de una diferenciación  en la dignidad,  Ejemplo: “Un dios, o regente divinizado, representado frente a la generalidad de los hombres”. Caso descriptivo pudiera ser, aunque no se trate de un cilindro-sello,   la  conocida “Estela de Naram-Sin“. No se da en representaciones con una supuesta  misma dignidad –

Cilindro-sello neo-asirio. Siglo IX a.c. aprox.

A la Izquierda,  impresión moderna de un cilindro-sello del periodo neo-asirio, siglo IX a.c. aprox.  El diseño incluye  a un “girtablullû”  que sujeta un disco solar aladou “hombre-escorpión” –  Según la mitología babilónica, Estos  seres fueron creados por Tiamat y Apzu para combatir  contra los jóvenes dioses encabezados por Marduk. Posteriormente perdonados, pasaron a ser los  guardianes del “Camino del dios Sol”, Shamash/Marduk,  así como de sus extremos que conducían al Inframundo – . A continuación aparecen, en la parte inferior,  dos símbolos de fertilidad: Uno de forma romboide, tal vez una vagina,  y otro  de forma fálica.  También figura, siguiendo de izquierda a derecha,  un “mušhuššu” ó “serpiente-dragón” sobre cuyo lomo se aprecian los símbolos de la lanza y el escoplo para escritura  – Símbolos babilónicos del dios Marduk y su hijo Nabu. En esta escena representarían  el “conocimiento” – y, a su vez,  sobre éstos,  una estrella y lo que parece una cabeza de carnero. Seguimos,  un signo que no puedo asegurar su significado – aunque me inclino a pensar que representa al “Sol Naciente” – y  el “árbol de la vida”. Por la derecha apreciamos a el suplicante  y posible dueño del cilindro-sello,  ante la diosa de la izquierda que es Ishtar , – Aparece adornada con la “estrella de Venus” y sobre un atrio, en representación de su dignidad – sobre los que aparece el símbolo de la “luna creciente” – representación del dios Sin y que en un contexto asirio representa “el buen consejo”, así como la sabiduría –.  Siete puntos que representan a Las Pléyades. –  Las Pléyades  es una figuración  representativa  del conjunto de los grandes dioses y su consejo, íntimamente relacionados  con la Luna y con su dios Sin.  En la mitología sumeria  toma imagen del “principio del mundo “, como toma de decisión conjunta de los dioses –.  Entre la “serpiente dragón y la diosa Ishtar aparece la figura de un pez como alegato  de la Abundancia. Podríamos  afirmar que se trata de un escenario de rogatoria hacia la diosa de la Fecundidad donde se pide su consejo y sabiduría con el beneplácito del resto de dioses principales.

Cilindro-sello neo-asirio. Siglo VIII a.c. aprox.

 A la derecha,  impresión de un cilindro-sello del periodo neo-asirio,  finales del siglo VIII a.c. aprox., Aparece por la izquierda una posible representación del dios Nabu – como “dios de la sabiduría” en el periodo referenciado y como  así parece indicar el “escoplo para escritura” que figura tras él,  así como su coronación planetaria, tal vez Mercurio (¿?),  y que se refrenda por su  acompañamiento de un mušhuššu que aparece acostado a sus pies.  –  A continuación, el audienciado y  entre éste y Nabu, la “luna creciente”. Siguiendo con la descripción,  se figura “el Árbol de la Vida”, en su diseño asirio y  sobre el que parece un disco solar alado  que representa a una divinidad solar – Aquí podríamos tener dudas,  tal vez se trate de Shamash, Assur e incluso pudiera ser Ahura Mazda -. A la izquierda del árbol,   la diosa Ishtar   y por último, las ya descritas en su representación, conjunto de las Pléyades.

Volviendo al supuesto cilindro-sello  “Hermitage” podemos apreciar en su diseño las siguientes figuraciones, de izquierda a derecha y de arriba a abajo:  Las Pléyades, una espada – símbolo de Marduk junto con la lanza, ya mencionada como representación de su soberanía divina -,  un “sebittu” asirio, una “luna creciente”, un romboide – tal vez , de nuevo, el signo femenino de la fertilidad – , una mesa, un disco solar alado, un pez, una estrella y por último, otro sebittu pisciforme o “suhurmasû”.

En un primer vistazo,  nada que ver con las alienígenas interpretaciones de Sitchin. Concluyo:

Representación neo-asiria de un pez-apkallu ó "suhurmasû". Siglo IX .a.c.

Representación neo-asiria de un "Umu-apkallu". Siglo IX a.c.

Udes. podrían pensar que , ¡Muy bien..!  ¿Pero  a que viene toda la anterior explicación y el desentrañamiento de los dos cilindro- sellos anteriores..? Muy simple. porque se trata de los argumentos para  constatar que el supuesto cilindro sello “Hermitage”… ¡No dice nada..!  Y no dice nada  porque no existe escenificación coherente ninguna , a  diferencia de los dos  sellos por mí presentados. Es sólo un conjunto de signos y figuraciones inconexas sin ningún propósito representativo (bueno..,  si  uno..:  Intentar sostener sus erráticas afirmaciones “exoterráqueas” marcianas…)  No cabe duda que existen sellos mesopotámicos con figuraciones similares y figurantes similares, pero en su comparativa con la generalidad faltan “participantes”– Caso por ejemplo que apareciera “el árbol de la vida” entre los sebittu ó que la mesa fuera parte de un ágape, o ritual,  pero debería aparecer  algún tipo de menaje -. También resulta paradójica la “desproporcionalidad” del disco solar alado con el  resto del conjunto, así como la disformidad entre los propios “sebittu” –  a parte que, a mi entender, el de la derecha da la sensación que  ha sido parcialmente “modificado” en su tocado con la idea, tal vez, de  darle un aire más “espacial” – El signo de la espada no cuadra en un supuesta escena de ritos “bit messeri” ó “bit ameli” no tiene concordancia alguna.  – Si bien es cierto que seguramente pudieran formar parte alguno de  los “apkallu” representados, pero en todo caso irían por parejas iguales – .Como tampoco es muy coherente la figuración  del pez o  el supuesto signo de fertilidad, si bien este último pudiera ser cualquier cosa.

En definitiva,  éste supuesto cilindro-sello “Hermitage” no cuadra, como hemos intentado demostrar, con  ninguna escenografía representativa artística de la mitología del  Antiguo Oriente Próximo.


Referencias e imágenes:

“Near Eastern seals” Dominique Collom (1990)

http://www.bibliotecapleyades.net

blogs.dion.ne.jp

edicolaweb.net

Mitología semita: El Templo de Salomon.

La palabra hebrea para denominar a un gran recinto sagrado ó templo es “hêkal”. Éste término, que en similares modos es utilizado por fenicios y ugaríticos, se  conecta etimológicamente con el  apelativo acadio, “êkallu”, que a su vez deriva de la designación sumeria para ” La Gran Casa” ó “ê.gal”, y que describe, fundamentalmente, al conjunto de edificaciones en tributo a un dios determinado . Posteriormente, tal epíteto incluyó, con el paso del tiempo, al otro centro de poder dentro de las culturas de antiguo Cercano Oriente: El palacio.

En Jerusalem, y con el apelativo de “hêkal Yahveh” nos encontramos una de estas construcciones y  cuya edificación, según nos relata el Antiguo Testamento,  es atribuida al rey Salomón – Solomon en hebreo, y del cual, como en el caso de otras figuras bíblicas,, no existe ninguna evidencia arqueológica contrastada  de su existencia histórica, aunque los estudiosos bíblicos daten su reinado en el transcurso el siglo X a.c. – . Este acontecimiento, como pudiera parecer, no resulta excluyente con la  existencia  en paralelo de otros  santuarios, lugares santos y templos,  con  otras ubicaciones, en relación con  las prácticas religiosas hebreas, así como de recintos al “aire libre” – Epítetos como “bêt Yahveh”, “Casa de Yahveh”, “bêt Elohim”, “Casa de lo Sagrado”, ó del “hêkal Yahveh” de Shiloh ( de donde parece ser  originaria , en su adoración, el “Arca de la Alianza”), así como la existencia templos en localidades tales como Bethel  ó Bethlehem y que dan testimonio de ello. Caso de excepción es el templo de Elephantina, donde se tiene constancia de una estatua al dios Yhw (representación prohibida en la religión hebrea..) , ó de Leontopolis, en Egipto –, Entre estos últimos emplazamientos encontramos los llamados “miqdaš yhwh” ,“lugares sagrados de Yahwehó  los “miškan” y que como ejemplos podemos citar  el “encinar de Mamre” en Shiloh, así como el de Sikem,  siendo éste último encinar,  el lugar donde se produjo el pacto de los hebreos con sus dios para la consecución de la “Tierra Prometida”.

« (Éste es..) el legado de Salomon, hijo de David, quien fue rey de Jerusalem, amo y señor de todos los espíritus del Cielo,  la Tierra y bajo la Tierra (Inframundo..). Que por medio de ellos llevó a cabo el trascendente trabajo del Templo. Incluyendo también a los mandatarios que subyugan a los hombres, y que por tal causa, estos demonios, son ángeles reducidos a la nada. Por el sabio Salomón, bendito tu seas, Señor Dios, que diste a Salomón dicha autoridad. Gloria a ti, por los siglos de los siglos. Amén » Pasaje del “Testamentum Salomonis”. Siglo I d.c.

Supuesta planta del Templo de Salomon. Siglo X a.c. (¿?) Photo by cojs.org

Desde la visión puramente arqueológica, la arquitectura del Templo de Salomón resulta una incógnita – No cabe duda que la Biblia hace una amplia descripción de enseres y ornamentación del templo , 1 Reyes 7; 27-50 y 1 reyes 6; 2-9, pero, y al contrario,  las referencias sobre las características  del templo, en sí, son ambiguas  y contradictorias, según nos dicta Y. Aharoni – Según tales estudios, la  edificación templaria del supuesto primer “hêkal” de Jerusalem pudiera tener la siguientes características: De planta rectangular, con una capilla interior ó “debir” de forma cuadrangular, que probablemente debe ser entendida como un santuario y no como una habitación separada del conjunto del templo, y cuyo conocimiento está soportado en la Biblia y en los conocimientos arqueológicos sobre templos similares:  Un pórtico ó “ulam” resuelto en una disposición de porche cerrado y del que formarían parte dos columnas – Las “Jachin” y “Boaz” bíblicas – y que compondrían parte de la estructura de soporte de la techumbre de dicho pórtico – A diferencia de multitud de reconstrucciones donde las columnas figuran independientes del edificio ó por el contrario, como detalles ornamentales de su frontal y acceso-. Siguiendo estas consideraciones, con respecto a la planta del edificio, así como el propio relato bíblico –  Hiram I  , rey de Tiro , 969-963 a.c., y según el texto de 1 Reyes 6; 16-32 y Crónicas 6;  2-3,  envío a Salomón artesanos y materias primas, pagadas en cereales,  para la construcción del templo de Jerusalem -, tal vez, debamos considerar un estilo de construcción afectado  a  los templos cannanitas, ugaríticos ó anatólicos. – caso del templo neo-hittita de Tell Tayinat en el  turco valle de Amuq, los templos “D” y  de Tell Munbaqa eblaítas ó el cannanita de Megiddo -, más sin dejar de lado otras posibles consideraciones ó  similitudes con recintos de esencia propiamente hebrea, como pudiera ser el “templo de Arad”  – recinto mitad templo , mitad fortaleza fronteriza – que aunque construida, según determinadas teorías, en los tiempos del templo salomónico,  tiene como  rémora, en la similitud,  el  dibujarnos una planta de conceptualidad  diferente.

Éstas consideraciones  que fueron realizadas que, y pudieran parecer coherentes, durante la década de los 60 y 70 del siglo pasado, hoy resultan desafortunadas. Las recientes tesis de I. Finkelstein y N.A. Silberman, asentadas sobre un mayor conocimiento,  nos plantean conclusiones radicalmente diferentes y que se basan en la residual certeza de restos arqueológicos importantes fechados en Jerusalem durante el siglo X a.c y anteriores. – faltan restos arquitectónicos y evidencias cerámicas – . De lo que se puede deducir que es imposible que tal enclave fuera el centro neurálgico de un imperio que se extendiera desde el Mar Rojo al norte de Siria – No existen evidencias arqueológicas de riqueza, organización administrativa, ni militar, compatibles con tal situación – , y por el contrario, nos rubrican el hecho que  la supuesta capital del reino salomónico, posiblemente no sobrepasara, por esas fechas,  las proporciones  de una aldea. Por otro lado, en relación a lo anterior, las supuestas ciudades conquistadas y posteriormente reconstruidas por Salomón – caso de  los enclaves de Hazor, Meggido y Ghezer (1 Reyes 4:12 ó 1 Reyes 9:15) –  ,y que  soportar las primeras afirmaciones estéticas,  son datadas por el Carbono 14 en el siglo IX a.c., lo que las hace incompatibles con el  aseverado reinado  del monarca hebreo (971-931 a.c.) Cito a JM Blazquez y J Cabrero:

« La arqueología sólo puede decir que David y Salomón ha existido y que su leyenda se ha perpetuado. La única prueba de la existencia de un estado unitario israelita, según éstos dos  arqueólogos israelitas (Finkestein y Silberman ..) , responde a la fascinación ejercida por la Historia Deuteronómica del siglo VII a.c. con la veneración de David y Salomón. el Deuteronomio se sirve de la monarquía unificada como propaganda política. (continúa el texto…) La arqueología ha demostrado que la visión bíblica del Siglo de Oro de David y Salomón no es exacta; es una proyección a tiempos pasados de Judá en el s. VII a.C. »

Planta del palacio y templo (izd.) de Tell Tayinat.   Origen neo-hittita. Siglo IX-VIII a.c. Antakya (Turquía). Photo by Fontes.Istc.edu

Un tema anexo sería tomar en consideración el concepto de “servidor del templo” y/o “sacerdote” –  El “kohen” ó “kohein” hebreo y que resulta paralelo al término cannanita-fenicio  “khnm” (KAI 59:2)  y ugarítico, así como a la nabatea “khn”, y que derivaría de la conceptualidad  semítico-acadia “kânu”, “inclinar antes”, (Dhorme) –. Durante el supuesto periodo nómada, que asumiremos temporalmente dentro de la “época patriarcal” – y que la “arqueología bíblica” sitúa entre los siglos XIX y XIV a.c. – se toma con cierto que los hebreos, carecían de una “casta sacerdotal” propiamente dicha– considerando tal significancia como parte del hecho de la existencia de un centro de culto con una ubicación “estable”, si bien se tiene conocimiento de un “emplazamiento móvil” que ejercía paralelas funciones   -,  y que como en el caso de otras culturas similares ó semi-nómadas,  la liturgia sería dirigida por el patriarca ó jefe familiar, caso de Abraham. Ésta circunstancia sería invariable hasta la decisión del sedentarismo – y que las actuales tendencias tienden a considerar como una reestructuración social dentro de la propia región de Cannan y no como una “migración” externa procedente de Mesopotamia  – ó lo que es lo mismo:  “Cuando se produce el pacto entre pueblo hebreo y Yahweh” donde,  la “decisión divina“,  impulsa la creación del Tabernáculo ó “mishkan” (Éxodo 25: 8-9). La mezcla de estos dos “perfiles litúrgicos”  marcarán la identidad del futuro sacerdocio hebreo, así como  del culto,  hasta la reforma religiosa impulsada por el rey Josías en el siglo VII a.c. Otro de los aspectos paralelos, que puede resultar llamativo,  es el “derecho al sacerdocio” como “gracia divina” en relación a la tribu de Leví y que le establecido dentro de un orden hereditario – Afirmación que habría que contextuar, ya que aunque  Aaron y sus hijos fueron provistos de tal gracia por Moisés,  no menos cierto es que Jonathan, de la tribu danita, fue sucesor de su padre en tales menesteres (Jueces 18:30) , así como Elí y sus hijos que fueron sacerdotes en la localidad de Shiloh ( 1 Salmos 1-2) ó Ajimed y su descendencia en el lugar de Nob (1 Salmos 22:11) Éste hecho podría hacernos suponer un primer estadio descentralizado que coincidiría con decisiones unificadoras posteriores, con respecto al oficio del culto,  en el templo de Jerusalem-, aunque esta eventualidad pudiera ser alterada ante una preferente “llamada divina”hacia tales nombramientos como pudiera ser los casos de Micá y Eleazar.

« A Leví dijo: Tu Tumin y tu Urim sean para tu varón piadoso, a quien probaste en Masah, con quien contendiste en las aguas de Meribá, quien dijo de su padre y de su madre: “Nunca os he visto”; y no reconoció a sus hermanos, ni a sus hijos conoció; Pues ellos guardaron tus palabras, y cumplieron tu pacto. Ellos enseñarán tus juicios a Jacob, y tu ley a Israel. Pondrán incienso delante de tí, y el holocausto sobre el altar » Deuteronomio 33: 8-10. Biblia Reina Valera (1960).

Según tal texto, tres son los ministerios principales del sacerdocio hebreo: Cultural, oracular y de instrucción. Si bien la función “oracular” fue la predominante sobre las otras  – y a las que habría que añadir otras no tan secundarias,  como las terapéuticas, judiciales y administrativas  – y cuyas prácticas , las primeras,  están íntimamente relacionada con un ajuar determinado, el “ephod”, y que, según el texto bíblico de  Samuel, David vistió de tal guisa en una danza ante el “Arca de la Alianza” y que, por supuesto, vestían los grandes sacerdotes ó descendientes de Sadoc en los ritos sacrificares – Exponente máximo de tales rituales que representaba el Yom Kippur, momento anual y único donde se abría el “debir” –

« Y yo lo escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase efod (ephod) delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel »  1 Samuel 2:28 . Biblia Reina Valera (1960)

Por otro lado, es indiscutible que las creencias hebreas, dentro del contexto semita, a partir del siglo VIII a.c. describen una serie de variables divergentes con el resto de las religiones de sus entorno. Ésta diferenciación, que forma parte posiblemente de una decisión religioso-nacionalista, a semejanza de las disposiciones generales acontecidas en el antiguo Oriente Próximo a partir del siglo XIII a.c., no dejan de ser evidentes y perceptibles. Más no cabe duda que, en su generalidad,  las prácticas, administración y modos templarios son inequívocamente paralelos, en su observancia, al resto de las instituciones de su tiempo, por lo que una radical diferenciación es desechable.

Dicho esto, no cabe duda que tanto los sacerdotes anatólicos, sirios y hebreos fueron investidos por “unción” en similar ritual que en Babilonia – donde los sacerdotes son “pasisu”, ungidos, o los “gu.dú” sumerios que corresponden a sacerdotes sacralizados mediante el mismo proceso”-. También resulta evidente  la similitud de orden entre los turnos de guardia establecidos por los levitas para el Tabernáculo hebreo y los “haliitalles” en las “Instrucciones de los servidores del templo” anatólicos (CTH 264). Como de igual manera, son preclaras que las costumbres en la “Creciente Fértil” y Mesopotamia de prohibir la entrada en el templo a los mutilados (KUB 7, texto 22) son paralelas al pasaje donde se impide la entrada en el templo de Jerusalem  a los ciegos y a los cojos ( 2 Samuel 5: 6-8).

Referencias:

“Temple Arquitecture; What can Archaeology tell us about Solomon’s Temple? Volkmar Fritz in “Essential papers on Israel and the ancient Near East” Edited by F.E. Greenspahn. (1991)

“El Siglo de Oro” en “La arqueología israelita y la historicidad de los libros del Antiguo Testamento” J.M. Blázquez y J. Cabrero  (2004)

“Magic and divination in ancient Palestine and Syria” Anne Jeffers (1996)

“Textos religiosos hititas; Mitos, plegarias y rituales” J.V. Trabazo (2002)

“Temple and temple services in Ancient Israel”  Menahem Haran (1995)

Carl Sagan en “Vida inteligente en el Universo”: Comentarios

Ocurre cierto número de veces, y no iba a ser menos Carl Sagan.., que nuestra pasión por hacer llegar un mensaje clarificador y acertado sobre determinado tema, o bien nuestra propia intensidad y motivación nos traicione,  haciéndonos “sobrevolar” sobre determinados conceptos en que levemente nos apoyamos,  y  que  tal vez pudiéramos considerar secundarios según nuestro criterio. La problemática estriba  en que tales ideas son asimiladas por esos mismos lectores, que se enriquecen con tales lecturas, pudiendo ser premisa a la hora de suscitar determinados “posos” o “ideas” en su subconsciente sobre supuestas afirmaciones, o  hechos conclusivos, que igualmente atribuyen y reafirman sobre la autoridad del autor, así como de  su prestancia cognoscitiva.

Leyendo, por casualidad, una de la “etiquetas” o temas de WordPress que algunas veces he utilizado, más exactamente: “Mitología”, me encontré una entrada llamada “Akpallu”, el término acadio correcto  es “Apkallu, donde aparecían algunos textos helénicos y latinos – exactamente de Berossos, Polihísturo , Abideno y Poliodoro – , ya conocidos,  sobre los que sostenía el autor  la  historia de los que se vienen a denominar “El Mito de los Siete Sabios” de las mitologías mesopotámicas y que el redactor relacionaba, por enésima vez, con seres extraterrestres. Hasta aquí nada raro, de sobra son conocidas en internet las opiniones de Zecharia Sitchin al respecto, pero lo que si me dejó perplejo fue que daba como referencia para tales supuestos  los escritos de Carl Sagan y su libro “Vida inteligente en el Universo”. ¡De traca..! dije para mí, y aunque, en el fondo, me resultaba evidente una pésima interpretación, decidí comprobar tales afirmaciones desde los escritos antes citados y en mi desconsuelo, di con una serie de párrafos que se culminaban con esta afirmación:

« En cualquiera de los casos, la demostración convincente completa de un contacto en el pasado con una civilización extraterrestre será siempre difícil basada sólo en fundamentos textuales. Pero los cuentos como la leyenda de Oannes y especialmente las representaciones de las más primitivas civilizaciones de la Tierra, merecen más atención que la dedicada hasta ahora para ver la posibilidad de contacto directo con una civilización extraterrestre entre sus múltiples posibles interpretaciones » Pasaje de  “Vida inteligente en el Universo”, pag. 517. Carl Sagan (versión hispana)

Una afirmación desafortunada… ¿Pero como se puede dar a entender tal posibilidad basándose, en exclusiva, en texto mitológicos o épicos..? Entonces por la misma razón.. ¿Porque no creer en los unicornios, que sería tal vez más veraz,  si tenemos en cuenta que tal animal, descrito también en numerosos textos alegóricos,  posiblemente esté basado en una  imagen idealizada  del rinoceronte…?

« ..En cierta ocasión ocurrió que allí (en el “País del Mar”…), por primera vez, en la costa, un monstruo extraordinario, surgido del Mar de Eritrea y llamado Oannes. Todo su cuerpo era el de un pez y bajo esa cabeza tenía otra cabeza y unos pies parecidos a los de un hombre. Éste ser que se pasa sus días con los hombres sin tomar ningún alimento, les enseñó la escritura, todo tipo de ciencias y de técnicas, la construcción de templos, la jurisprudencia y la geometría; También les reveló el cultivo de cereales la recolección de los frutos; En suma, les dio todo aquello que constituye la vida civilizada. Y lo hizo hasta tal punto y de forma tan magnífica que, desde entonces, no se ha descubierto ninguna cosa importante. En el momento del ocaso, este monstruo Oannes volvía al mar para pasar las noches en el agua, pues era anfibio. » Pasaje de la “Babyloniaka” I . Historia de Babilonia en su libro primero. Berossos, siglo IV a.c.

¿Es éste texto y en sus posteriores interpretaciones, basamos nuestras alegaciones.., en una imagen idílica y reinterpretada hasta la saciedad en dos o tres milenios de los fundadores o precursores de las siete primeras ciudades sumerias..? Por favor, seamos serios. Dentro de un punto de vista mas “prosaico”y puestos a divagar, existe la posibilidad que tales “monstruos”, descritos en el relato babilónico-heleno, correspondan a dirigentes/sacerdotes de unos pueblos provenientes de las costas del Golfo Pérsico y, tal vez,  descendientes de poblaciones correspondientes a las cultura de Mohenjo-Daro, o  “Mīnāḍ ” en su original idioma: “El Reino del Pez” en dravídico, así como de sus habitantes, Los“mīnair”, “Los del Pez” . Éstos posibles antropónimos, hablamos del IV milenio a.c.,  vienen corroborados por el nombre que los pastores nómadas arios dieron a este pueblo y al que llamaron en indoeuropeo “matsyas”,  “Los Peces”.

« Los cuatro fragmentos precedentes de escritores de la antigüedad dan cuenta de una secuencia notable de acontecimientos. La civilización sumeria se describe por los descendientes de los propios sumerios, como de origen no humano. Aparece una sucesión de criaturas extrañas en el curso de varias generaciones. Su único propósito aparente es enseñar a la humanidad. Cada uno sabe de los logros y la misión de sus predecesores. Cuando una inundación pone en peligro la supervivencia del saber recién dado a conocer a los hombres, se toman las medidas para preservarlo. Es por esto que se explica el acceso de Beroso a archivos antediluvianos » Pasaje de “Vida inteligente en el Universo”, pag. 513. Carl Sagan (Versión hispana)

Representación de un apkallu o espíritu protector neo-asirio. Palacio Real de Nimrud.Siglo IX a.c. Kalhu (Iraq)

¿Que los sumerios se consideraban descendientes de seres “no humanos”, tal vez de “descendencia divina” ..? Clarificador, con la salvedad que hay innumerables culturas cuya explicación del “génesis humano” coinciden con tal posibilidad aunque conteniendo diferentes premisas – casos, en extremos,  de tribus de  las islas Filipinas, Alaska  o  del continente africano (Frazer, 1918) – . A esto hay que añadir que en el caso sumerio,  para ser más exactos, sólo parte de su constitución era “divina”. Parte divina ésta  que fue la que se “amasó” junto al barro, resultado para tal menester del sacrificio del dios Quingu/Kingu. Aunque habría que aclarar la existencia de otros génesis mesopotámicos donde se incluye la participación de la “Diosa Madre”,  Nanmu,  para su “gestación”, caso del “Poema de Enki y Ninmah”,  si bien habría que aclarar que la diosa “parió”, como “Vágina de la Naturaleza”, muchos otros entes biológicos.  También me pregunto si  con el epíteto de “extrañas criaturas” deberíamos incluir como referencias al héroe  Gilgamesh,  al rey neo-asirio Senaquerib o al rey sumerio Alulim,  personajes que en algún momento de la historia mesopotámica tuvieron el título de “sabio” o “apkallu”.  Pudiera ser vez posible de igual manera que  estuviéramos hablando de las “carpas sagradas” o “las carpas venidas del mar y nacidas en el río”, los súbditos del  dios Ea/Enki, o bien,  tal vez, pudiera referirnos a los “apkallu” o “sibittu” asirios, protagonistas de los ritos protectores para haciendas y personas,  aunque habría que recordar que sólo dos tienen características  zoomórficas,  uno pisciformes y otro de ave rapaz, siendo un tercero de apariencia humanoide.

«  Finalmente cabe mencionar algunos conceptos pertinentes a la mitología sumeria. Los dioses se caracterizaban por una gran variedad de formas; no todas humanas. Son de origen celestial. En general cada uno está asociado a una estrella diferente. En realidad, en las representaciones pictográficas más antiguas, son idénticos los símbolos para el dios y para la estrella…» Pasaje de “Vida inteligente en el Universo” pag. 514 Carl Sagan (versión hispana)

Tablilla sumeria. Uruk, IV milénio a.c. Diosa Ninsikil (2da. columna, 2da. fila, primer pictograma)

Este párrafo  está lleno de imprecisiones. Los dioses sumerios parten, posiblemente,  de representaciones zoomórficas que pasaron por evolución a ser humanas o humanoides, F. Lara Peinado en “La Civilización Sumeria” (1999) . Las deidades sumerias no tenían exclusivamente un “germen celestial”, contextualizando el término “celestial” en éste caso  como “astral”,  sino que su origen era de tipo “ctónico”, o  bien de tipo “cósmico“. Ctónico” como provenientes de la deificación de cualidades de la Naturaleza y “cósmico” como   la sacralización  de sucesos “intangibles” o de carácter espiritual. La “astralización” del panteón mesopotámico debe contemporizase con la llegada al poder en Sumer de los pueblos semitas acadios y sus culturas nómadas. Por ésta razón no existe “representación astral” sumeria para, por ejemplo, Anu y Enki, dos de los dioses de la  tríada suprema, ni tampoco para algunos dioses principales sumerios de primigenio carácter ctónico. Por el contrario,  los de “carácter cósmico” si lo hicieron posteriormente por asimilación a los dioses del panteón semita. Tampoco es cierto que tuvieran los dioses mesopotámicos una “exclusiva representación astral” ya que por ejemplo el dios Marduk babilónico posee varias asimilaciones astrales conocidas como son la Estrella Polar,  Júpiter o Mercurio.  Por lo que dicho lo anterior, referir que en los pictogramas pre-cuneiformes  sumerios contemplaran de forma exclusiva una representación astral para los dioses,  aduce falta de rigurosidad como así parece indicarnos la tablilla cuneiforme de la derecha y en la que figura la representación de la diosa Ninsikil/Ninhusarg(a), divinidad patronal de la región del Dilmun.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          « En la figura 33-5 (del libro)  vemos las reproducciones de cuatro de esos sellos cilíndricos (dos en nuestro caso..) que se encuentran ahora en diferentes museos. En cada uno de ellos aparece una clara representación de algún objeto celeste: Un circulo central, o una esfera, rodeado por otros círculos o esferas menores. En la superior izquierda (izquierda en nuestro caso…) vemos que el circulo central está rodeado por rayos y que se puede identificar claramente con un sol o una estrella. ¿Y que hacemos con los otros objetos que rodean a cada estrella? La suposición natural es que representan a planetas. Pero la idea de planetas dando vueltas a soles y estrellas es original, en esencia, a Copernico. No obstante en la Grecia se citan algunas especulaciones sobre esas líneas.

En el sello cilíndrico superior izquierdo (izquierdo en nuestro caso..) de la figura 33-5, es de lo más curioso que aparecen “nueve” planetas circundando el sol prominente del cielo  – y dos planetas planetas pequeños aparte, a un lado – . Las otras representaciones (derecha en nuestro caso..) de los sistemas planetarios, si es que así los podemos llamar, muestran notablemente variación en el número de planetas por estrella. En algunos sellos cilíndricos, parece que la estrella y los planetas acompañantes están asociados a una deidad particular … ( a continuación cita un quinto sello, figura 33-6, al que denomina como “todavía más enigmático..”» Pasaje de “Vida inteligente en el Universo”, pag. 515. Carl Sagan (versión hispana)

Primero me gustaría aclarar que me hubiera gustado disponer de los tres cilindros-sellos restantes para ampliar lo documentado pero , evidentemente,  no ha sido posible por razones que todo el mundo entenderá y que se conocen como “copyright”. Dicho esto, el cilindro sello acadio , y no sumerio, de la izquierda es el famosísimo VA 0243 hartamente “sobado” por los seguidores de Z. Sitchin y sus teorías exoterráqueas y del que ya hablé en su día sobradamente.

El cilindro-sello de la derecha, perteneciente al Vorderasiatiches museum zu Berlín, conocido como “Marduk y el héroe con el jarrón que mana”y debe ser datado en el periodo kassita-babilónico, siglo XVIII a.c. aprox. Representa al dios Marduk blandiendo una espada, símbolo de su poder, con un pie sobre un “mušhšuo “serpiente-dragón”  apareciendo acompañado  por la izquierda de una diosa y por la derecha de dos figuras:  La primera de su izquierda corresponde  al personaje  audienciado,  siendo la segunda la figura de un héroe que porta una vasija que fluye, y que corresponde a una antigua personificación ,  ya conocida desde el periodo de Uruk, del semi-dios Gilgamesh con el “Agua de la Vida” (Reallexikon der Assyrioligie, pag. 248) y que  en el periodo kassita  tenía la atribuciones de  guardián y protector. En cuanto a las alegorías astrales,  me temo que la explicación va a ser decepcionante, porque aunque efectivamente corresponda a representaciones de estrellas,  no debería ser considerada la existencia de ningún “acompañamiento planetario“. La simbología circular formarían parte  de un nuevo diseño para los “rayos flamígeros estelares” (L. Collom, 1990),  utilizándose tal modelo en la composición  de otras figuraciones similares a partir de la dinastía babilónica citada. La duda sería saber a que divinidades corresponden, aunque me inclino a pensar que acompañan tanto a Marduk como al héroe como símbolo de su deidad.

Resulta preclaro que  la categoría de Carl Sagan como divulgador y como hombre de ciencia están fuera de toda mácula y discusión, más si yo sugiriera, en cualquier publicación, foro de Astronomía o ámbito de  ciencias aplicadas  afirmaciones  similares, no me cabe duda que me caerían “ostias como panes”.

Referencias: imágenes:

“Vida inteligente en el Universo” Carl Sagan (1981, para la versión hispana)

“Near Eastern seals” Dominique Collom (1990)

Imágenes:

http://www.wikipedia.com