Ufología ancestral: “The Watchers”. Los “Observadores” en los textos bíblicos.

Si una cosa he percibido en mi trato con los seguidores de la ufología, es su general sentimiento de ser “vigilados” por una o varias razas de pobladores de sofisticadas naves interestelares y que , según sus afirmaciones, pululan por éste, por otro lado,  parco e insignificante en proporción y situación, sistema solar de la Vía Láctea. Dentro de su ínclita relación de fehacientes testimonios, tanto antiguos como modernos, existe la posibilidad de encontrarse excelsas tecnologías y sofisticados comportamientos invasivos de sometimiento biológico y social, entremezclándose con una apreciable variedad de personajes bíblicos y de otras mitologías que desde los cielos mantienen un férreo control sobre la evolución del ser humano. Unos entes que podrían ser denominados como “Observadores”.

(En relación a la interpretación de Daniel de la profecía onírica del rey Nabucodonosor II…) En cuanto al îr (observador) que el rey vio, un malach hakodesh (espíritu divino), descendiendo de Shamayim (Los Cielos), diciendo: …”. Libro de Daniel, 4: 23(20). Biblia Ortodoxa Hebrea. Periodo de los Macabeos. 167-142 a.c. aprox Sigue leyendo

La relación entre las primigénias creencias yahwistas y la Corona de Espinas. Una conjetura.

Según las creencias cristianas, las dos alegorías burlescas de los encargados en crucificar a Josue “El nozrim”, mas conocido como Jesús de Nazareth. Una fue titularle como “I.N.R.I”. o Iesvs Nazarenvs Rex Ivdaerovm“, y otra investirlo con una “corona de espinas”.  Tal decisión, la última, podría entenderse como un castigo mas dentro de la extensa pasión del icono del cristianismo y una ridiculizante alusión a su supuesta condición regia, pero tal vez, y digo tal vez,  contenga un mayor significado del que en un principio podríamos suponer.  Sigue leyendo

El tetragramatón YHWH. Una conjetura sobre el origen de la religión yahwista.

«En ese día,  cantaron entonces Devorah y Barak Ben Avinoam, diciendo: ¡Barachu/Bendito Hashem, que el poderío de Yisroel aparezca inabordable, para que la población voluntariamente no ofrezca resistencia! ¡Escuchad, oh Melachim/Espíritus Ancestrales (mensajeros)! , ¡Escuchad, oh rozenim/príncipes (ancestros)!, ¡Yo,  cuando yo,  alabe  a Hashem,  yo estaré cantando  al Hashem Elohei Yisroel/ dios de Israel! ¡Hashem, cuando tú dejaste Seir, cuando tú abandonaste  el Shadeh/país de Edom, tembló la Eretz/Tierra, los Hashomayim/Cielos  se desbordaron, (y) las nubes también derramaron mayim /agua!  ¡La Montaña se estremeció ante la presencia de Hashem,  ése Sinai anterior  al Hashem Elohei Yisroel!  Jueces 5: 1-5 Biblia Ortodoxa Hebrea 

Monte Sinai

Monte Sinaí

Éste pasaje bíblico, que tal vez  pueda parecer oscuro,   nos relata, fundamentalmente,  el canto de alabanza a Hashem  de la cuarta jueza del Antiguo Testamento, y del general Barak,  con posterioridad al asesinato en sus aposentos de Sisra, jefe de las fuerzas kena’ani, y la consecuente rendición de la población asediada. En principio, éste texto podría ser considerado como un pasaje más de la épica hebrea en la conquista de la “Tierra Prometida”, pero sin profundizamos un poco, es posible que su lectura nos facilite alguna adicional información. Una referencia añadida al texto anterior:

«Y esta es la berakhah/bienaventuranza con la que Moshe el Ish HaElohim/Enviado de Dios bendijo a los Bnei Yisrael/ Hijos de Israel  antes de su muerte, diciendo:  Hashem vino de Sinai, y se erigió desde Seir. Él se alzó desde el monte Paran, viniendo de entre diez millares de kodesh/santos lugares desde su diestra (del Oeste) (y) fue una ardorosa/cautivadora Ley (enseñanza) para ellos. » Deuteronomio 33:1-2 Biblia Ortodoxa Hebrea.  Sigue leyendo

Los cultos hierogamos en el Mediterráneo Oriental y su evolución desde el Paleolítico. Generalidades.

Los cultos a las Diosas-Madres pueden definirse como los rituales dirigidos a promover la fertilidad dentro de la Naturaleza y por ende,  beneficiar la procreación humana. El origen paleolítico de éstos cultos posiblemente estén centrados en un acontecimiento tan supuestamente trivial, y sin embargo extremadamente arriesgado, como es la concepción humana. Sigue leyendo

Breves retazos históricos sobre los pilares socio-económicos de la sociedad occidental (II)

Como ya hemos expuesto en la entrada precedente, las premisas de la actual sociedad occidental es fruto de una bifurcación socio-económica que sucede hace entre 12000 y 14000 años en el periodo Mesolítico,  como consecuencia de los cambios climáticos acontecidos en el periodo comprendido entre la última glaciación de Würm y  el Holoceno. Ésta bifurcación socio-económica consiste básicamente en la desestimación, por necesidades de supervivencia en ciertas zonas con  poblamientos humanos, del anterior general comportamiento, mal denominado para mi gusto,  de “depredación”.  “Depredación” que hace mención despectiva a las culturas de cazadores y recolectores, y como ya está harto demostrado, no dejan de ser pueblos  que,  ante una Naturaleza proveedora, no tienen necesidad de plantearse nuevos retos sociales o económicos. 

El punto de partida, posible, que obliga a cambiar esos modos de vida es la desecación de grandes regiones en Oriente Próximo y África, exigiendo un replanteamiento de los antiguos formatos para dar renovadas soluciones. Una decisión que, en sus principios, no supone una mejora de sus anteriores condiciones de vida al formar parte de una necesidad paliativa ante la escasez de alimentos.

«… Recito para él,  el sagrado himno, las invocaciones mágicas en su cámara sagrada,  Las invocación a Nudimmud: “Un día, cuando no existía  la serpiente, cuando no había escorpiones, ni  había hienas, ni había leones. Cuando tampoco existía el perro, ni el lobo, cuando la gente no temblaba ni tenía temor. ¡Cuando el hombre no tenía un oponente..!  […] El Universo entero. con la humanidad resguardada, ¡ Es posible que todos ellos se dirigieran a En-lil en una sola lengua! Pero en ese tiempo, por los ambiciosos señores, por los príncipes ambiciosos, por los ambiciosos reyes, En-ki, por los señores ambiciosos, por los ambiciosos príncipes, por los reyes ambiciosos, En-ki, el Señor de la Abundancia y de las inquebrantables  decisiones,  el Señor de la Sabiduría y la Razón en la Tierra, el  Hacedor de los Dioses, modificó su criterio..,» Pasajes de “Enmerkar y el Señor de Aratta”, 134-155. I dinastía de Uruk. Del  siglo XXVIII al XXVI a.c. (sobre texto neo-sumerio del siglo XXI a.c.)

En su vertiente psicológica, afectando a la relación del hombre con su entorno natural, se produce igualmente un cambio el pensamiento en las diferentes comunidades humanas. Hasta ese momento, la Naturaleza y con ella los dioses ctónicos que la representaban, constituían un elenco de fuerzas incontrolables, pero aceptadas y vinculadas, en su generalidad,  a la Fertilidad y al “Mundo de los Espíritus”.  La incapacidad proveedora, en determinados enclaves, de éstos dioses hacia el hombre, hace que paulatinamente esas creencias se vayan modificando e incluso desechando. Así y dependiendo de tipo de sociedad en que las adaptaciones humanas deriven, ya sea agrícola, ganadera o mixta, éstas conducen a una determinada  re-interpretación  de la relación del hombre con el “Hecho Divino”.  Por otro lado, el mismo acontecimiento del inicio de la “dominación” de la Naturaleza por el hombre,  y que conocemos como el periodo Neolítico,  produce un efecto de temor hacia el  carácter impredecible de las antiguas deidades y lo que representan, pasmándose éste hecho en las diferentes mitologías posteriores, caso del Enuma Elish amorrito-babilónico o la épica griega, y donde las divinidades ctónicas ancestrales son derrotadas por los “jóvenes dioses”.

Dentro de las soluciones adaptativas que los diferentes escenarios de supervivencia obligan, se sitúan los nómadas. Nómadas,  que en el caso de la Creciente Fértil, se  desplazarían en la  sobre unos grandes núcleos esteparios  semi-áridos dentro de un amplio contexto geográfico. El tipo de “nomadismo”  no corresponde a las actuales consideraciones beduinas, si no a una “trashumancia horizontal” de rebaños de ganado menor. Las diferentes tribus nómadas pastorearían animales, caso de las ovejas y los asnos, que necesitan disponer de pastos y agua en cantidades suficientes que se viene a denominar como “nomadismo de enclaves”, (Rowton, 1973) y que debe de entenderse como una forma de aprovechamiento eficaz ,  que podría incluir una agricultura de subsistencia, a los recursos naturales en unas regiones  que son inhabitables o  improductivas durante buena parte del año. (C. Wagner, 2012).  Estos grupos humanos, a lo largo de un periodo evolutivo, traerán consigo un nuevo planteamiento deifico como fruto de su relación con el entorno. De ésta guisa,  los diferentes biotipos y su temporalidad proveedora, así como una Fertilidad afecta a la cría ganadera, hacen que tomen carta de presencia divinidades de carácter astral y vinculadas  fuertemente a los ciclos estacionales.

Como no podía ser de otra manera,  los diferentes nichos biológicos, repartidos en este caso por Oriente Próximo,  traerán consigo diferentes culturas y  por consiguiente, diferentes estructuras socio-económicas. Así, y por ejemplo, el urbanismo mesopotámico adoptará un fuertemente componente organizativo,  liderado, en un primer momento, por una élite teocrática. Forma de gobierno, ésta última, que posiblemente se extendería, aproximadamente desde el VI milenio a.c., dentro de las culturas dravídicas y sus regiones fronterizas de carácter aglutinante, como fue el caso de las culturas sumerias y elamitas, y que daban contrapunto a las anteriormente nombradas sociedades tribales semi-nómadas, o nómadas,  extendidas por la Península Arábiga y sus regiones afectas, caso de las culturas semitas.

Anexas a las anteriores,  dentro de un ámbito mediterráneo oriental y acerámico, se construyen sociedades semi-urbanas o urbanas de carácter megalítico que se suceden por sus costas e  islas,  caso de las culturas minoico-cretenses y chipriotas,  y que se extendieron desde Egipto  hasta la Península Anatólica, siguiendo el litoral. El primer vestigio de ocupación humana en Chipre lo encontramos en un campamento de cazadores epipaleolíticos en el año 8500 a.c. aprox, siendo el definitivo asentamiento de culturas agricola-ganaderas  en el  Neolítico Temprano, hacía el año 7500 a.c.  y cuya posible procedencia sea la Península Anatólica, a la que había que aunar poblaciones pre-mediterráneas meridionales. Uno de sus  últimos grandes exponentes en el Mediterráneo meridional levantino serían  las culturas de Ghassul, 3800-3500 a.c.,  Cultura que se extinguiría con la llegada del Bronce Antiguo I, 3300-3000 a.c., y los primeros poblamientos semitas en la región. Como anecdotario decir que el encuentro con éstas construcciones megalíticas por parte de los nuevos pobladores, dio lugar a las mitologías sobre gigantes, caso de las murallas de Jericó, los  denominados por los griegos como ” titanes” y  por los semitas como “nephilim”. En relación al desarrollo posterior de la entrada,  decir que, y desde la perspectiva puesta en las futuras creencias aglutinantes,  los fundamentos de la personalidad  de su diosa madre, así como sus cultos a los ancestros, perdurará en religiones posteriores.

«Con su elección acertada, aquellos que obedecen la ley (Ashavan) de Ahura Mazda colaboran en la victoria final del Espíritu Bueno, del Señor Sabio,  sobre la mentira. Deben decir siempre la verdad, repudiar la vida nómada, labrar la tierra y cultivar cereales y frutas; Tratar con cariño a los animales domésticos y regar los campo secos, porque el que no es labrador , no tiene parte en la buena nueva » Pasaje  del  “Yasna Haptanhaiti” zoroástrico , 31, 10.  

La progresiva expansión de los semitas y su posterior adaptación a las culturas urbanas, léase aquí acadios, amorreos o meritas, no es óbice para que sus creencias no imperen o se superpongan sobre la antigua religión sumeria bajo-mesopotámica. Así,  durante el imperio acadio, las creencias astrales,  como personificación del Sol y la Luna, se extienden por las riberas del Tigris y Eufrates  acompañadas de una “Diosa Madre” o “Diosa de la Fertilidad”en un progresivo papel secundario. Desde un punto de vista formal, la general religión semita considera la existencia de un exclusivo dios supremo, al que acompañan otras deidades como súbditos, siendo la máxima instancia donde se dirimen sus disputas, en una forma similar a como las tribus semitas las resolvían ante el jefe tribal o “rabiānu/rab(ī)”, “rabino/rabí” en su versión castellanizada. Así, por ejemplo, Shamash/Šamaš, el dios Sol del panteón sumerio-semita, el “Dios de la Justicia”, no deja de ser una adaptación de tales credos. Tal es así  que incluso el nombre del dios Marduk de las creencias mesopotámicas, dios principal asirio-babilónico hasta su caída en el año 484 a.c. con la invasión persa aqueménida,  proviene del apelativo ” dAmar-ud”, ” Sol Primaveral” o “Joven Toro del Sol” , si bien habría que añadir que el culto a la divinidad solar permanecería con posterioridad bajo la personalidad persa del dios Mithra, el hijo de Ahura-Mazda. 

Para entender la composición anterior, habría que significar otro dogma dentro de las religiones semitas y que es la relación “dios supremo/dios inmediato”. Así, Marduk, y por extensión Shamash, le es concedido en los textos el título de “Lugal-shu-an-na” o “regente administrativo” por el dios supremo Anu; o de igual forma en  el panteón ugarítico, extensible al semítico-canaanita, el dios Baal es el dios inmediato de un panteón presidido por el dios  supremo El; y en el caso mas oriental , Haddad es el dios inmediato del dios supremo Dagan. Dicho esto, y en aclaración a su estructura,  habría que decir que en el caso de los dos últimos, y por circunstancias biotípicas y/o geoestratégicas, sus atributos están mas cercanos a un “Dios de las Lluvias/Tormentas Benignas”, en posible  asimilación al Teshub hittita o al contrario, que propiamente a un dios solar.

Llegados a éste punto, me gustaría hacer hincapié  en una idea: La diferenciación entre “Dogma” y “Ritual” en las religiones en el Oriente Próximo durante el periodo que comprende el IV-I milenio a.c.. El “Dogma”, como pilar de cualquier ideario religioso, entra dentro de la percepción psicológica del hombre en su  relación con el entorno y por tanto, con los entes que supuestamente lo gobiernan. Por otro lado, el “Ritual” está siempre vinculado al hecho organizativo, estructurando socio-económicamente la sociedad. Así, por ejemplo,  los templos constituirían, en esa época, exclusivamente emporios económicos,  una negativa desviación de la pretérita necesidad organizativa que en su momento buscó la supervivencia.  Teocracias que obtienen del Dogma la fuerza imprescindible para imponer su jefatura y criterios.

Apuntado lo anterior, y para entender el devenir posterior, decir que la práctica totalidad de las religiones de Oriente Próximo  y del Mediterráneo oriental entre aprox. el III y I milenio a.c.., exceptuando tal vez la premisa hática de las religiones de ámbito hittita, tienen en común un básico “Dogma semítico”, siendo el Ritual socio-económico urbano imitación del sumerio.  Anexo a éste contexto y a partir del II milenio a.c., se tiene constancia de un proceso de evolución hacia un “henoteísmo nacionalista”. Hablaríamos de religiones que exaltan la inclusión del hombre en un hecho político unitario y exclusivo. 

Estampación del cilindro-sello de Oniyahu. Siglo VIII-VII a.c. Se lee la inscripción hebrea antigua: “Perteneciente a Oniyahu,  ” El barco de Yahu/Yahweh”. El hijo de Merab”. Aparece representado un barco de transporte pesado fenicio , los denominados “Tartésicos”.

“Uriyahn, el afortunado, lo escribe:  ¡Bendecido está Uriyahn por Yahweh, ya que de sus enemigos, su Asherah,  le ha salvado!. […] por Oniyahu, […] por su A(she)rah, , […] y por su Asherah ” Inscripción encontrada en Khribet El Gom (Mar Muerto) , siglo IX-VIII a.c.

Recapitulando toda ésta evolución y centrándonos en la religión hebrea con anterioridad al siglo VII a.c., tenemos: Un dogma semítico occidental que incluye la  dicotomía del dios supremo/dios inmediato, un culto a los ancestros, y un ritual en construcción, finalmente  fallido, intento de adaptación posiblemente del semítico nor-occidental,  como así lo atestigua la descripción del propio Jumash, y del que sólo perdurará la Ley o Devarim/Deuteronomio. Una Ley que,  si lee en profundidad y me permiten la expresión, es el “Manual del Perfecto Nómada Amorrita de la Tribu de Benjamín”.

La evolución religiosa posterior, que los textos bíblicos sitúan hacia el reinado del Rey Josiah entre el 640-609 a.c. dada la significación que para los judíos representa, tendrá como fin reforzar ese sentimiento nacional. Como queda reflejado en los textos proféticos datados entre los siglo VIII y VI a.c. , se denuncia el panteón semita occidental, reduciéndose el hebreo a unas creencias exclusivas hacia el supremo dios creador semítico, ahora con la personalidad de un dios denominado Yahweh y del que se tiene constancia de su culto en Canaan desde finales del II milenio a.c.  Es de notar que aunque es generalmente aceptado éste acontecimiento henoteológico/proto-monoteísta  como deriva de cultos nómadas anteriores, no cabe duda que el “exilio babilónico”, de posteriores pero inmediatas fechas, tuvo posiblemente mucho que ver en la reafirmación de éstos cultos,  como así lo expresa el volumen apreciable de similitudes de los textos del Génesis con las creencias amorrito-babilónicas. Una “Ciudad Santa”, la de Babilonia, que ya había adoptado el “nacionalismo religioso” en la personalidad de Marduk varios siglos antes.

Con posterioridad a la conquista de Babilonia por Ciro II, fundador de la dinastía persa aqueménida, 559-530 a.c. aprox., los israelitas cautivos tuvieron la posibilidad de regresar a Jerusalem. Si bien tanto los exiliados que volvieron como los que permanecieron quedarían sujetos al dominio persa, siendo éstos últimos la  inmensa mayoría y los que posteriormente redactaron el Talmud Babilónico.  Tras la conquista de Persia por Alexandros III de Macedonia, 353-323 a.c., Canaan formó parte del sector occidental del imperio macedonio. Como una forma de renegar de los seleúcidas y sus creencias olimpico-mitraístas, arraigó en la literatura religiosa hebrea la corriente zoroástrica aqueménida y sus dogmas, plasmándose en un nuevo género denominado “Apocalíptico” con lecturas tales como el “Libro de Daniel (167-142 a.c.) o el mismo “Apocalipsis”. Lecturas donde  se advierten las nuevas visiones sobre el Cielo y el Infierno, y un Juicio Final  como fruto de la adopción del pensamiento zoroástrico. Dentro de este  nuevo episodio de renovación teológica hebrea, se modifica también la concepción demoníaca y angelical , y su dualismo sobre el Bien y el Mal,  surgido en el II milenio a.c. durante el proceso henoteológico en Oriente Próximo. Ahora la representación de tales conceptos entrarán en combate y  dispondrán de sus propios “caudillos”, Miguel y Satanás, desembocando su lucha en un reino mesiánico en el que prevalecerá el Bien. 

La adopción de tales dogmas y su defensa ante el seleúcida Antíoco IV, 215-163 a.c. trae un periodo de independencia hebreo denominado “Época de los Makabim” y su dinastía asmodea, que comienza en el 164 a.c. .,  y concluye  con la entrada del romano Pompeyo en Jerusalem en el año 63 a.c. La anexión de Israel a la provincia sirio-romana  fue consecuencia de unas luchas intestinas político-religiosas  que tuvieron como desenlace  la guerra civil. El detonante de tales desencuentros fue el nombramiento de un sumo sacerdote de Israel no perteneciente a la estirpe de Sadoc, tribu de Benjamín, por lo que fue tratado de ilegítimo por los “hassidim” o “devotos”. A éste hecho, que atentaba contra las predisposiciones divinas, se agregaba su condición de comandante en jefe del ejército hebreo, lo que le hacía contraer numerosas impurezas incompatibles con la dignidad sacerdotal.

Llegados a éste punto, un grupo de hassidim o “asideos” se distanciaron de poder político y formaron el movimiento de “Los separados” o “fariseos”. De igual manera, un cierto número de laicos y sacerdotes se alejaron de los dictados del Templo de Jerusalem, instalándose en las orillas del Mar Muerto para llevar una vida de supuesta fidelidad a la “Ley de la Alianza”. Estos “separados” dieron origen a la “Comunidad Eremita de Qumran”, o como ellos se denominaban los “Ebionim”, ” Los Pobres” y/o “Nozrim”,  y a los que se conoce vulgarmente como  “nazareos”, “nazaritas”,  los mal llamados “pre-cristianos”. El  hassidismo oficialista o “saduceo”,  o al menos su rama principal, quedaron como componentes de la administración y del sacerdocio vinculado al Templo.  En principio, los fundamentos teológicos para tales desavenencias entre fariseos y saduceos hassiditas hablan de la observancia de un “tradición oral”, lo que viene a denominarse como “Torah Oral”, y cuya validez negaban los saduceos. La tradición oral, entre otras ideas, hacia propias del judaísmo las ideas apocalípticas y mesiánicas zoroástricas: La resurrección de los muertos, el Juicio Final, y la llegada de un redentor o libertador, y que estaba apoyada por los fariseos.

Con la llegada al poder de Herodes “El Grande”, 73-4 a.c.,  la mayoría del “sector oficialista” de los saduceos se aferraron a sus cargos, los “saduceos herodianos”, mientras que un determinado número de ellos, no colaboracionista, formaron una dura oposición y una alternativa, los llamados “zaddikim”, “sadoquistas” o “esenios”. De ésta alternativa, emana un conjunto dinástico y fundamentalista de sacerdotes que llevan asociados el principio de un “mesías davídico”,  descendiente de la tribu de David, y un sacerdocio sadoquita, como descendiente de la tribu de Benjamín, que se extiende desde el siglo II a.c. hasta el periodo histórico que abarcan los evangelios cristianos y el relato de los “Hechos de los Apóstoles”. Dentro de ésta tesitura, es cuando aparece/aparecen en Israel numerosos pretendientes al título de “Mesías”. Entre ellos surgen la figura de un supuesto descendiente de la Casa de David, a la que une una supuesta sangre vinculada a la tribu de Benjamín/Moisés: El rabino Josué o  Josué “El nozrim”, fundador junto con sus hermanos de lo que se conoce como el movimiento sectario judío de los “nazareos” o “nazarenos”. Personaje que es también conocido, en una deriva mas de las traducciones griegas del hebreo, como Jesús de Nazareth.

Los demonios en las creencias judeo-cristianas. Origen y generalidades.

Desde hace algún tiempo y por pura curiosidad intelectual, vengo observando determinadas cadenas de televisión evangélicas, apostólicas o de seguidores literales de los textos bíblicos cristianos. Independientemente de mi opinión con respecto a las creencias religiosas en general, uno de los detalles que mas han llamado mi atención, han sido determinados pseudo-liturgias exorcistas en directo, y donde por obra y gracia del auto-denominado pastor se hace gala de excelsos poderes sobre los “demonios mundanos” que acechan a su parroquia en nombre de Yahweh. Dichos rituales son en extremo afectos a las desgracias diarias, englobando fundamentalmente dos aspectos de la cotidianidad humana: La enfermedad y las penurias económicas.

Bronce asirio-babilónico del dios-rey de los demonios alados, Pazuzu. Siglo VII a.c. Musée du Louvre

Pero lo que mas me ha resultado llamativo no son esas prácticas como tales, pues son fórmulas recurrentes desde los albores de la humanidad, si no la desviación que tales sucesos suponen sobre el general papel que los “entes demoníacos” han tenido como tentadores del alma del creyente y como adalides de la pérdida de perspectiva en la supuesta verdadera Fe en Cristo y sus enseñanzas. En definitiva, hablamos de unos rituales que, en éste caso, dejan en un segundo plano la “redundante labor apostólica” que las iglesia cristianas han tenido durante milenios como fortín y guía del pensamiento moral, social y político de lo que denominamos como “Cultura Occidental”, para pasar a ser remedio de unas estragos básicos y pan temporales del ser humano, ante la evidencia de unas comunidades adeptas y sin fisuras.

Como ya he incidido en otras entradas, al tiempo de la llegada del Neolítico a Oriente Próximo,  y la progresiva adaptación a las nuevas fórmulas sociales que representaba, se hace necesaria una revolución en el ámbito religioso. En paralelo a la ineludible necesidad de una explicación para la nueva organización social, se produce su imprescindible justificación religiosa. Reforma del concepto divino  que hará referencia al “acomodo vital” del individuo en el nuevo ordenamiento  de la Naturaleza y de la sociedad humana,  y que dará extremo valor al “sacrificio” y su auto inserción en sus diferentes liturgias organizativas y económicas. Siendo a partir de éste hito social, donde los templos, como atalaya de los dioses,  tomarán el papel de administradores de los mitémicos dueños y soberanos de la Naturaleza,  beneficiándose de los frutos de los supuestos dominios terrenales de los anteriores. Por otro lado, estos dogmas advertirán de las penas que el incumplimiento o desobediencia de tales preceptos acarrean al tentar a la ira de tales deidades, siendo su castigo  la condena a hambrunas, enfermedades y otras diferentes padecimientos.  Llegados a éste punto, habría que aclarar el comportamiento de éstos antiguos dioses, independientemente de la absoluta obediencia exigida al hombre,  era de hacer y deshacer a su antojo y capricho,  sin  que en ningún momento fueran considerados como “seres malignos” o “seres benignos”, siendo como eran dueños y señores con derecho a vidas y haciendas, de tal manera que exclusivamente influían en la vida del hombre en función de sus atributo morales, naturales y de su veleidad divina.

Amuleto en obsidiana contra demonios lamashtu. I milenio a.c. Metropolitan Museum

Ésta concepción de la deidad,  sufrirá con el paso del tiempo una nueva visión, incidiendo nuevamente en la relación del hombre con el “hecho divino”. El creyente, como consecuencia de una nueva percepción socio-religiosa acontecida durante la época kassito-babilonia, se siente objeto de una lucha entre unas “fuerzas negativas” que le acosan y unas “fuerzas positivas” que,  mediante rituales y plegarias de perdón,  podrán contrarrestarlas.  A raíz de la anterior bifurcación teológica y por primera vez, aparecen unas entidades que serán hijos de los dioses, y por tanto con un origen divino, que tomarán la representación de los padecimientos de la Humanidad, siendo su exclusivo propósito el castigo de los humanos ante una “ausencia de moralidad” hacia cualquier miembro del panteón deífico – Comportamientos éticos que eran establecidos por éstas propios entes, en definitiva los sacerdotes y/o reyes, y cuyos castigos surgían a consecuencia de una culpa o infidelidad ritual o dogmática hacia el dios- : Tales personajes eran los demonios.

«¡Somete, oh Giš.bar!” “¡Tu serás expulsado por nariz y boca”! Tu, desviación (del camino ¿?), ser hechizado quien le ha tocado (al paciente..).  Hechizada, hija de Anu,  tú indeseable, tu tamarisco, yo te he aplastado, (y) te expulso”. (Aunque..) Dis  [lo dijo], Dis ip-šur lo desdijo, diabólica maldición en forma de Gal5.lá.gin8 , Río,  Bil.gi ap-kal,  tu solitario tamarisco [que crece] en el Cielo… Pasaje de los exorcismos  de las “Series Shurpu”  Tabilla I: 2-19 (Alternativa II). Series babilónico-kassitas

 De ésta guisa,   la actualizada creencia sobre los “seres demoniácos“,  puede ser interpretada como el estar “bajo el poder de un dios”, o “daimon”,  o lo que es lo mismo: “Estar poseído por un dios”, “entrar en desgracia” o “estar enfermo”. Si bien, en éste última acepción, habría que distinguir y según la época entre enfermedades físicas curables y “enfermedades del espíritu” y/o físicas incurables, siendo su tratamiento exclusivo la exorcización del paciente. Éstos rituales exorcistas consistían fundamentalmente en averiguar la causa del enojo de la divinidad que había convocado al demonio mediante un “ritual de investigación” donde se definía tanto al dios incomodado como al vehículo, el demonio, que representaba la aflicción. Éstas liturgias concluían con una rogatoria al dios personal, o de la ciudad, para su intercesión ante el arrepentimiento del penado. Dioses intercesores que,  durante el proceso henoteológico de Oriente Próximo, estaban personificados por un “Ilu”, el dios principal o personal,  y una “Ištar(u), o “Diosa de la Fortuna”, y que solía ser la pareja de la divinidad.  Como contrapunto,  también era posible realizar “rituales de protección” y/o  rogatorias complementarias a otros “dioses menores benéficos”, caso de los “šedu”, los “lamašu” o “keruba”. Forma singular, ésta última,  del término “kerubim”, los denominados  “querubim” de las creencias musulmanas y  judeo-cristianas. 

«Que mi enseñanza caiga como la lluvia, (que)  mi palabra se destile como el rocío y  llovizna sobre la hierba reciente,  como los ṣ́e’îrîm  sobre lo que crece tierno. » Deuteronomio 32:2 Biblia Ortodoxa Hebrea

Desde la visión del Antiguo Testamento, el significado y los acontecimientos asociados con el término “demonio” nos derivan temporalmente al periodo post-exílico  y su “revaluación” de las, hasta ese  momento,  generales creencias de los hebreos. En épocas anteriores,  los hebreos mantenían en sus  generales dogmas semitas occidentales dos entidades que la posterior Biblia Septuaginta griega definiría como “daimonia”, “demonio”, en Isaías 13.21 e Isaías 34:14:  Los “ṣ́e’îrîm” y los “tsiyyim”. 

«Entre los tsiyyim (criaturas del desierto)  encontrarás a los iyyim (y) un se’ir nombrado para acompañarle.  Lilith habita allí y encuentra un lugar para su descanso. » Isaías 34:14 Biblia Ortodoxa Hebrea.

” El akelarre”, 1797-1798 Francisco de Goya, Museo Lázaro Galdiano (Madrid)

Los ṣ́e’îrîm,  singular “ṣ́e’îr”,   son seres que representan la “infecundidad del desierto”, apareciendo  también en ceremonias expiatorias, caso del llamado “Rito de Azazel”, Levítico 16: 5-10 y 20-22 y donde se narra como Aaron sacrifica dos machos cabríos, “ṣ́e’îr”,   uno a Yahweh y otro a Azazel – término que puede ser traducido como la “cabra expiatoria” – . Éste tipo ritual, donde el animal carga con los pecados de los israelitas, está referenciado en otros textos semíticos occidentales y anatólicos (B Janowski y G Wilheim) . Rituales donde “portadores” o “sustitutos” serán condenados, en éste caso internándose en el desierto, con el fin de lograr la eliminación del mal o las impurezas en un rito o acción anterior, y cuya premisa es el “manejo físico del Mal”, o de la cólera divina,  para su posterior eliminación. (García Trabazo, 2002). En definitiva, se trata de la “vuelta a su origen”, el desierto y su infertilidad, de lo dañino o de lo improductivo como parte del reino del dios Mot, el Attar-Mot hebreo, “La Muerte”,  dentro del general ciclo mitológico semítico occidental que, y a su vez, hay que situar en la general sociedad agro-pecuaria de Oriente Próximo y Egipto por tales fechas, donde encontraremos multitud de sus sosias en “dioses de las tormentas”, sujetos, mitológicamente hablando, al ciclo vital de la “muerte y resurrección de las cosechas” o de, como pudiera ser en el caso de Egipto,  adalides de las prácticas agrícolas. Una corroboración de los expuesto nos la da el mismo texto de Isaías 34:14  y donde se hace mención a Lilith. Una Lilith, “Lilîtu” o “Ardat(u) Lilit”,  que en la general mitología de Oriente Próximo  es un “lamaštu“ y donde aparece como hija del dios Anu. Se la considera la culpable de los abortos, de la mortandad y enfermedades infantiles, así como de la incapacidades maternales de las mujeres, dicho de otra manera: La Infertilidad.  Su relación con las creencias hebreas viene soportada por los textos del “Midrash” rabínico, siglo II d.c. , y donde se describe la costumbre semítica de colgar del cuello de los niños un amuleto con la representación de tres supuestos  “entes angelicales” denominados Senoy, Sansenoy y Semangelof para proteger a los infantes de la primera esposa de Adam, Lilith, y que son comparables al uso de amuletos contra demonios “lamaštu” mesopotámicos. Como añadido, decir que Lilith, y dentro nuevamente de su actividad contra la fertilidad, es considerada también como un “alû” o “súcubo”, es decir:  “La engendradora de demonios”.

Otra acepción, y que nos da el Antiguo Testamento sobre los ṣ́e’îrîm, sería el de “ídolos” o “dioses extranjeros”, los denominados en hebreo “’elilim”. Así nomenclaturas de la actual entidad demoníaca son derivaciones de antiguos dioses de Oriente Próximo,  caso de “Asmodeo”  que surge del daeva persa “Aeshma” o  el apelativo “Belcebú” que nombra al dios filisteo “Baal Sebaoth”; “Astharot” que rememora a la diosa Astarté o Ištar  de amplia creencia en Mesopotamia y la Creciente Fértil; “Moloch” que hará referencia al dios Moloc amonita/púnico;  el dios principal Baal-Haddad semítico occidental y sus múltiples acepciones como demonio bíblico, caso de “Baalberith”, “Balaam”, “Belial”, “Belphegor”, “Buer” y un largo etcétera. El nombrado anteriormente Azazel, o “Asael” ( según el Libro de Enoch 1-6); “Leviatán”, el dios Yam ugarítico, y así otro largo etcétera. Un hecho a tener en cuenta, es que desde el punto de vista hebreo incluso los  entes extranjeros “absolutamente benignos”, caso de los “šedu”, son tomados de igual manera como parte del elenco demoníaco y que nos deriva hacia una extrema política religiosa nacionalista inexistente hasta entonces en Oriente Próximo, si bien, estos últimos,  se siguen manteniendo, como ya se ha comentado,  en una versión propia.

Con la conquista de Persia  por  Alejandro Magno, los asentamientos hebreos pasaron a formar parte del sector occidental del imperio macedonio durante los siglos IV-III a.c.siendo durante éste  periodo cuando se documenta el surgir, dentro de  la literatura religiosa judía, de un nuevo género:  El llamado “Apocalíptico”, y es aquí, durante éste acontecimiento dogmático, cuando se produce una nueva perspectiva en las concepciones afectas al hecho demoníaco y que ligarían, ya  definitivamente,  en la religión hebrea a los antiguos demonios con sus actuales acepciones judeo-cristianas. El germen en éste nuevo papel de las antiguas entidades afectas como demonios, estará inspirado en el dualismo zoroástrico. Ésta cosmología alude a la existencia de dos beligerantes fuerzas espirituales que están encabezadas por el dios de Zoroastro, el ashura “Mazda”, y el  daeva/Diablo, “Ahirman”,  y que a su vez, comandan sus respectivas huestes de arcángeles y archi-demonios, así como a sus sucesivas, en el rango,  hordas de espíritus menores. Estos ejércitos encontrados lucharán por la lealtad de la Humanidad. Una lealtad que viene expresada para cada bando por los comportamientos, justos o injustos, de los seres humanos desde los dogmas de la religión zoroástrica,  y cuya inclinación en éste mundo hará que su futuro destino, tras la resurrección de las almas, sea una “Vida Eterna” o  su condenación en la “Destrucción Ardiente”. A partir de la asumpción de la estructura cosmogónica aqueménida persa,  los hasta ahora dioses patronales de las diferentes nacionales de Oriente Próximo y sus divinidades acólitas, dejarán de ser dioses para pasar a ser considerados como espíritus menores de la Naturaleza o del Cosmos y de esa misma forma,  degradados a entes maléficos cuya principal función es la tentación del creyente, con el fin de alejarlo de la verdadera fe, atrayéndolos hacía cultos falsos.  Según el dogma zoroástrico, todo éste proceso tendría un final que sería la victoria de Ahura-Mazda con la llegada de un Salvador que se opondría a lo poderes malignos, un “Juicio Final” y una “Nueva Era”. Dogma que será adoptado por la religión hebrea, no sin producir un cisma, y que será evidente en los textos post-exílicos y en la literatura religiosa inter-testamental, así como en la  posterior fe cristiana. 

Máscara de arcilla del gigante Humbaba/Huwawa. Año 1800-1600 a.c.  Sippar , actual Abu Habbah (Iraq). Protector del “Bosque de los Cedros”, la puerta de la “Montaña Sagrada”, residencia de los dioses. British Museum

Vinculados a este acontecimiento, se incorporan a la nomenclatura religiosa demoníaca hebrea términos como “Satan”/”Satanás”, en arameo “Ha-Shatán” y que viene a significar “El Opositor” o  “El Adversario”, y que claramente evoca los nuevos aspectos filosóficos incorporados desde Persia; o el término “Lucifer”, en hebreo “Heylel”, “Portador de la Luz”,  que posiblemente  provenga  de una acepción de los “daevas”, los demonios zoroástricos, en su denominación en el antiguo culto védico como los “Brillantes”.

« ¡Mi Señor.. ( a Gilgamesh)! Tu no tienes conocimiento cierto de ese ser,  (mas) el no debería de inflingirte derrota, pero a mí (Enkidu..), me causaría padecimientos. […] Yo, le conozco de antes:  Su boca son las poderosas fauces de un dragón; su cara tiene el rictus del león; su pecho es como un río embravecido-. ¡Nadie  ha sido capaz de hacerle frente …! El que asola los cañaverales; el león devorador de hombres; el que nunca enjuaga la sangre de sus babas […] [el que es] como un león despedazando un cadáver (y) que nunca enjuaga su sangre…»  Pasaje de Gilgamesh y Huwawa” (Versión A)

Desde el punto de vista formal,  las  representaciones demoníacas en las cosmogonías de las “Religiones del Libro” mantienen una figuración alegórica estrechamente vinculada con las  representaciones mesopotámicas, si bien éstas imágenes mantenían, tal vez, un origen semítico y cuyo ejemplo nos lo podría dar el ancestral gigante Huwawa/Humbaba de los escritos en lengua sumeria y del que se tiene noticia desde la Edad del Bronce, 2100-1750 a.c.. Huwawa  era un ser monstruoso de siete auras, protector del bosque de cedros de la costa mediterránea que conducía a la “Montaña Sagrada“, residencia de los dioses y siervo del dios Sol Utu/Šamaš. Por otro lado, existen dos tendencias fundamentales al momento de representar al ente demoníaco: Una que es la asociada al demonio Azazel y al macho cabrío, propiamente semita occidental  y una segunda que proviene de la asimilación figurativa del dios de los demonios, “Pazuzu”. Unser, este último,  derivado del gigante Huwawa, y que aparece en la cosmogonía de Oriente Próximo en la Edad de Hierro,  a sí como de determinados dioses secundarios asirio-babilónicos, caso de los benignos apkallu, el monstruo de la diosa Tiamat, de las esfinges lamašu y de los demonios lamaštu.

Referencias:

etcsl.orinst.ox.ac.uk

biblos.com

“Šurpu, a collection of sumerian and akkadian incantations” Erica Reiner (1958)

“Dictionary of deities and demons in the Bible” (DDD) K. Van der Toorm, B. Becking, P.W. Van der Horst (1999)

Imágenes:

http://www.britishmuseum.org

http://www.aboutopsecret.com

http://www.blackwarlock.com

 

Los amorreos. Origenes y generalidades.

Uno de los pueblos que mas influenciaron en el devenir histórico de Oriente Próximo durante el III-II milenio a.c. fueron unas tribus nómadas de semitas occidentales.  Al parecer, uno de los supuestos núcleos de expansión, según M. Astour, ésta localizado en actual la región montañosa siria de Jebel al Bishri, también llamada Tidnum por los semitas occidentales, estando sus estribaciones situadas a unos cincuenta kilómetros de la actual ciudad de Deïr ez-Zor en la cuenca media del río Eufrates. La denominación de éstos grupos de pastores nos llega al idioma español procedente del término bíblico greco-latino “amorraious” o “amorreos”, si bien también se utiliza una asimilación de término hebreo “’emōrîm”  de origen francófono, “amorrites”, y cuya traducción al castellano nos deja el vocablo  de “amorritas”. Esta asignación foránea estriba en que  los pueblos denominados por los sumerios “mar-tu” y por los acadios “amurrû”, con las actuales teorías,  se  les desconoce la existencia de un lenguaje escrito que pueda ser identificado originalmente como propio. De ahí que, y en un principio, se  desconocen muchas facetas que pudieran darnos alguna referencia mas clarificadora de sus usos y costumbres tales como listas reales, cosmogonía y literatura épica o mitológica (R.M. Wathing, 1990). Aunque esto, tal vez, no resulte tan preclaro.

« Con su elección acertada, aquellos que obedecen la ley (Ashavan) de Ahura Mazda colaboran en la victoria final del Espíritu Bueno del Señor Sabio sobre la mentira. Deben decir siempre la verdad, repudiar la vida nómada, labrar la tierra y cultivar cereales y frutas; Tratar con cariño a los animales domésticos y regar los campo secos, porque el que no es labrador , no tiene parte en la buena nueva » Yasna, 31, 10

Panorámica del Monte Tidnum amorreo en el “País de Khana”,  Actual Jebel al Bishri (Deïr ez-Zor, Siria) Photo by Sandra Z.

Muchos de los textos sagrados repartidos por  la Creciente Fértil,  nos hablan de una lucha entre los “viejos dioses ctónicos” y sus herederos divinos. Dioses, los primeros, afectos a la Naturaleza y a una incipiente economía basada en el pastoreo y la agricultura de carácter aldeano,  propias del Neolítico, y otra renovada perspectiva donde unos “jóvenes dioses” nos dirigen al culmen de un nuevo concepto social para el hombre, supeditándolo ya definitivamente al sedentarismo, la propiedad privada, el comercio y el urbanismo.  En cierta manera éstas enseñanzas religiosas hacen un interesado hincapié sobre un profundo cambio socio-económico  que culminará en el  IV milenio a.c. y que  prevalecerá hasta nuestro días.

En paralelo a los asentamientos donde el nuevo concepto urbano se extiende,  se sitúan los nómadas. Nómadas que en el IV-III milenio aprox.  se desplazarían en la Creciente Fértil sobre unos grandes núcleos esteparios  semi-áridos, en un contexto geográfico  que vendría dado aproximadamente por los límites de la actual frontera turco-siria por el norte, la península de Sinai por el sur, la costa mediterránea por el oeste y una línea que partiendo al este del valle del río Khabur/Habur, cortaría el desierto sirio-arábigo por las fronteras sirio-iraquíes y acabaría en el golfo de Áqaba, y  que progresivamente fueron rodeados por las nuevas formas socio-económicas de las ciudades. Como no puede ser de otra manera, las relaciones entre los nómadas y la población sedentaria nunca dejaron de ser difíciles, en lógica interpretación a unos modos de vida  claramente diferentes. El tipo de “nomadismo” a que nos referimos, en temporalidad,  no corresponde a las actuales consideraciones beduinas, si no a una “trashumancia horizontal” de rebaños de ganado menor. Las diferentes tribus nómadas del antiguo Oriente Próximo pastoreaban animales, caso de las ovejas y los asnos, que necesitan disponer de pastos y agua en cantidades suficientes que se viene a denominar como “nomadismo de enclaves”, (Rowton, 1973).  La extrema dependencia de los nómadas hacia su entorno y modos de vida nos la da el término amorreo “nawû”. Éste vocablo hace referencia tanto a los pastos como a sus animales,  a los diferentes grupos de pastores, tanto propios como pertenecientes a otras tribus, definiendo así la composición del  universo diario en éstos clanes humanos. La cultura amorrea, por tanto,  debe entenderse como una forma de aprovechamiento adaptativo eficaz,  que podría incluir una agricultura de subsistencia, a los recursos naturales de unas regiones  que son cuasi inhabitables o  improductivas durante buena parte del año. (C. Wagner, 2012). Adaptación que incorporaría la agricultura de aldea como una variante del mismo y que no debe entenderse como una etapa de transición desde el nomadismo a la agricultura sedentaria, sino como un rasgo funcional para el sostenimiento humano en una zona intermedia entre la fértil  llanura y el desierto (M. Liverani, 1988)

« (En referencia a los Mar-tu..)  habitantes de tiendas (expuestos) a viento y lluvia, que no saben que es la ciudad, que no saben que es una casa, que viven en las montañas, gente torpe que vive en el monte, que busca (amargas)  trufas  al pie de la montaña y que están sin civilizar; que no sabe doblar la rodilla (para cultivar…) , que no conoce la cebada, que se come la carne cruda y que no la entierran cuando muere.. » Pasaje de texto de la III dinastía de Ur, siglo XX a.c. aprox.  (Bucelatti, 1966: 330 s; Edzard 1985a: 438 s.)

Estructura megalítica de Rujm el Hiri, “Gilgal Refā’īm” en hebreo, Cultura de Ghassul, 3800-3350 a.c. aprox. Complejo ritual y mortuorio. Posiblemente funcionara como calendario, secadero de cadáveres y de culto a los ancestros y/o diosas-madre.

El “tribalismo” es la organización social tipo que dirigieron los grupos de cazadores-recolectores y de  pastores nómadas en las montañas de Jebel al Bishri. Antiguos enterramientos consistentes en túmulos o círculos de tumbas,  sugieren un sistema de jefatura tribal, “rabiānu” en amorreo, – raiz “rb” en general semítico que viene a significar “hombre preminente”, “rav/rab(ī)” en hebreo/arameo,  y que nos hace dirigirnos hacia una jefatura tribal que contemplaba también funciones religiosas –   como la forma de gobierno en la región durante el Periodo Calcolítico y en la Antigua Edad de Bronce, 4500-2100 a.c. aprox.  y que estaban compuestos por un consejo de ancianos o de nobles.  En confirmación a los escritos encontrados en  Mari, actual Tell-Hariri (Siria) y correspondientes al Bronce Medio, 2100-1759 a.c. aprox.,  se han identificado en Jebel al Bishri útiles correspondientes a tribus de pastores amorreos conocidas como los sutû o suteos , los khaneos o haneos y los benjaminitas. Los haneos responden a una población semi-nómada sometida al rey de Mari – no se excluye la posibilidad que la dinastía reinante de Mari tuviera un origen khaneo, mas exactamente de la tribu de los simailitas – , detectándose su presencia a lo largo de un extenso territorio entre el río Djaghdjagh – un afluente de rio Khabur por la derecha – y el Balikh – un afluente sirio de Eufrates por la izquierda – y que se establecieron en el Eufrates tras la caída de la III dinastía de Ur a la conclusión del II milenio a.c.   Los benjaminitas establecieron sus bases a lo largo de Eufrates en la zona de Aleppo y en el curso medio del Orontes mientras que los suteos recorrían la estepa entre Mari,  Palmyra y la ciudad de Qatna. (Ver mapa..)

« ¡A Shamash, rey de los Cielos y de la Tierra, juez de los dioses y los hombres, cuyo atributo es la Justicia, a quien les ha sido dadas como don; pastor de los “šalmât qaqqadi”, deidad resplandeciente; el juez de los vivientes cuyos ruegos acoge, cuyas plegarias escucha, cuyas quejas recoge; quien da vida y gozo de corazón a quien le temen, patron de Mari! Yadhum-Lim, rey de Mari y del País de Khana […]

Ese año,  al Lâ’um el rabiānu (“lu.gal” en el acadio original)  de Samanum del territorio de los ubrabu, Bahlu-kulim rabiānu de Tuttul del territorio de los amnanu, Ayâlum rabiānu de Abattim y del territorio de los rabubu, todos estos príncipes lo atacaron, recibiendo ayuda de las tropas de Sumu-Ebuh, rey del País de Yamhad.  En la ciudad de Samanum, las unidas tribus traidoras unidas le hicieron frente. Con poderosas armas hizo prisioneros a esos tres príncipes traidores, infringiéndoles una derrota a sus tropas y a los ejércitos en su ayuda; hizo una montaña con sus cadáveres; demolió sus fortalezas, reduciéndolas a una escombrera de ruinas.  Destruyó la ciudad de Haman, de la tribu de Khana, que los patriarcas de los khaneos, ¡Todos ellos..!, habían construido, reduciéndolas a una escombrera de ruinas. A su rey, Kasuri-hala, lo hizo prisionero… » Pasajes  de la “Inscripción dedicatoria del rey Yadhum-Lim al dios Shamash en el templo de Mari”.   Año 1810-1793 a.c.

Los khaneos  fueron el grupo tribal que mas población amorrita aportaba al reino de Mari. Tanto es así que los territorios que circundaban la ciudad-estado de Mari fueron llamados “La Tierra de Khana” y el atributo de “Rey de Khana” fue parte de la titularidad de los reyes de la dinastía merita de Lim, tras la caída de imperio acadio. Las dos tribus, o “ummatum” en amorreo, principales  de los khaneos fueron los “dumu.meš sim’al”, los  sim’ilitas o “hijos de la Izquierda” y los yaminitas, “dumu.meš  yamina” o “hijos de la Derecha” (D. Charpin, J. Durand, 1985), si bien estas acepciones, que corresponden a los cardinales Norte y Sur, son mas geográficas que étnicas.  De los sim’ilitas  se conocen distintos clanes , o “gā’u” en amorreo,  y que incluyen a los amnanu, los yakhruru, los uprapu o ubrabu, los yarikhu y los rabbu o rababu. También se conocen tribus de los sutû como los almutu, los mikhalizayu y los yakhmamu, si como otras como los numkha y yamutbal, si bien estas dos primeras parecen estar vinculadas con los sim’ilitas y los yai’lanu, estos últimos asentados al este del Tigris, pero todas relacionadas en algún momento de la historia con el reino de Mari.

Esbozo del dios Amurru, “dios semita en acadio”, o el dios Mar.tu, “dios semita  en sumerio”. En definitiva, el posteriormente conocido como “Dios de las Tormentas” Haddu, Haddad o Baal-Haddad, Adonai, etc. Se acompaña de un íbice de las montañas. Jebel el Bishri (Deïr ez-Zor, Siria)

No cabe duda que en la “Creciente Fértil” los finales del III milenio a.c. y principios del II . fue un periodo de grandes convulsiones.  Con la decadencia de la III dinastía de Ur sumero-acadia, el “Renacimiento sumerio”, el eje de la preeminencia mesopotámica gira hacia determinados antiguos enclaves o encrucijadas comerciales en la periferia del póstumo imperio. Así, y fundamentalmente, ciudades como  Mari, Assur , Babilonia, y la Wassugani/Urkesh (¿?)  hurrito-mittana, junto con la posterior aparición y expansión de las nuevas potencias de soberanía hittito-hática y luvita en la península anatólica, representarán junto  con Egipto,  alternativamente y por zonas de influencia, el futuro mapa del poder en Oriente Próximo durante el periodo medio-final de la Edad del Bronce hasta finales de la Edad del Hierro. Avatares que quedan evidenciados sobre profundos cambios en los en los estratos arqueológicos de la Edad Media del Bronce I y IIA,  2100-1750 a.c., y que corresponderían a la presencia de  nuevas entidades culturales que no pueden ser explicada sobre una evolución del nivel en Bronce I (L.W. Stager).  La incorporación y dominación de las dinastías amorritas  viene también  soportada por evidencias lingüísticas:  T Jackobsen, sustenta que la diferencia existen entre el Acadio antiguo y el Babilonio antiguo y el Asirio es la incorporación del léxico amorrita sobre éstos últimos dialectos. Situación que se repetiría en el caso del entorno occidental, al comparar los textos silábicos pre-amorreos descubiertos en la ciudad de Biblos y datos en el siglo XVIII-XV a.c. –  aunque su utilización sea posiblemente anterior en el tiempo –,  con sus variantes posteriores. Variantes que  incluirían el ugarítico y el  hebreo, el fenicio, el cilicio, el arameo y al propio amorreo.

En la zona meridional del Levante mediterráneo,  que incluiría el actual Israel, Jordania y Libano, y en el Calcolítico Medio, 3800-3350 a.c. aprox., se desarrolla la “Cultura de Ghassul-Beersheva”. Ésta cultura megalítica, emparentada con las culturas minóicas y chipriotas, se la considera como una variante de la “Cultura de Halaf” del norte levantino sirio y como pionera del sistema económico mediterráneo mixto  agrícola-ganadero, así como la  precursora de las culturas canaanitas posteriores. El estudio antropológico de los enterramientos nos proporciona dos tipos de poblaciones: Una de origen pre-mediterránea meridional (Haas, Nathan, 1973) y una segunda de procedencia anatólica u oriental sin especificar. Lo que si parece evidente es la existencia de un sistema económico mixto ponderable a las estructuras sedentarias y de “trashumancia horizontal”  que encontramos  en la Edad de Bronce levantina y del Eufrates medio.  Hacia el final de IV milenio, las culturas sedentarias que se desarrollaron en el Calcolítico desaparecen y se transforman radicalmente con la llegada de la Edad del Bronce Antiguo I, 3300-3000 a.c, aunque siguen manteniendo las sociedades mixtas urbanas y “nómadas” comparables con las reflejadas en los textos de la ciudad de Ebla, pero ya influenciadas por  el tipo de acontecimiento urbano sumerio-acadio.  Tales afirmaciones, y ya en la transición entre la Edad Media del Bronce I y II , pueden ser contrastadas con inscripciones de soberanos de la ciudad de Biblos llamados ” ‘ab-šm” o “yp-šm-‘ab”, siendo la similitud entre tales nominativos y la lista de reyes de la dinastía amorrea de Babilonia, caso del rey “Sumu-abum”,  del señor de Alalakh, Tell-Atchana (Hatay, Turquía), “Yapa-sumu-abi”, o el primer regente de la dinastía amorrita de Ugarit, “Atamrum”, evidentes. No en vano en  tablillas provenientes de Ebla y datadas aprox. entre el año 2400-2350 a.c. no es infrecuente encontrar la referencia a un determinado territorio llamado “Mar-tuki ” o “Mar-tumki “, así como la existencia de un “lugal”, o rey, llamado “Amutin”, o un escrito  mas antiguo, 2600-2500 a.c.,  procedente de una ciudad de la Baja Mesopotamia, Shuruppak, donde se hace referencia a un hombre , que aunque con nombre sumerio, se le denomina como “mar.tu” u “hombre del Oeste”. 

En definitiva y muy posiblemente, los semitas, tanto occidentales como orientales, siempre estuvieron ahí, en la “Creciente Fértil” desde el Calcolítico, si no antes . La hipótesis en referencia a migraciones y su expansión desde Jebel al Bishri, si bien éste no deja de ser un importante emplazamiento amorrita,  o como fruto de oleadas procedentes del desierto arábigo – si bien es posible que las hubiera, pero no en la ingente proporción, y nunca tomadas como su origen, como todavía se afirma –, no se sostienen. La distribución geográfica de los semitas, divididas en sus diferentes confederaciones de tribus o clanes, y sus múltiples acepciones y nombres en los anales de las diferentes civilizaciones, se debe exclusivamente a la parcelación de los biotipos que su modo de vida exigía a lo largo de milenios, así como su relación con éstas primeras. Hablar de diferentes “dinastías amorritas” es hablar de la predominancia de unos clanes semitas sobre otros en un determinado lapso temporal y como fruto de su progresiva aceptación y asimilación a la nueva realidad socio-económica que la cultura urbana proporcionaba.  El sostenimiento de la hipótesis  de las “grandes migraciones” semitas se debe exclusivamente al hecho de dar soporte y consistencia histórica a los relatos bíblicos. Dicho esto,  es cierto que existieron, como ya se ha comentado con anterioridad,  dos migraciones:  Antigua Edad de Bronce y  Edad Media del Bronce, pero siempre con poblaciones que pueden ser identificadas como “propias”.  Amorreos o “canaanitas” que los propios relatos del Antiguo Testamento afirman son los habitantes de Levante meridional desde los principios de la épica hebrea.  Hebreos, como ésta documentado por la Arqueología, constituidos por pretéritos pastores semi-nómadas, al igual que en los casos anteriores, que comenzaron a efectuar una amplia transformación de sus modos de vida y que, en gran parte, pasaron de las prácticas ganaderas a la agricultura, poblando en un proceso de sedentarización las zonas fronterizas de Canaan, así como la zonas adyacentes al desierto, en la Edad del Hierro I,  entre el siglo XII- X a.c. (I. Finkelstein y N.A. Silberman, 2001).

Referencias:

“Amorite Tribes and Nations of Second Millennium Western Asia”  Robert M. Withing (1995)

 “The Amorite  Heritage in the West ” in “Inspired Speech: Prophecy in the Ancient Near East Essays in Honor of Herbert B. Huffmon” G.E. Mendelhall  (2005)

“Desertification  and Ethnoarcheology . Studying Hazard in Nomadic Environment of Jebel Bishri, Syria”  in “Proceedings of the 6th International Congress of the Archaeology of the Ancient Near East” M. Lønnqvist y … (2010)

“Las primeras civilizaciones Medio Oriente. Perspectivas sobre su Cultura e Historia (I)” Luis Mesa Delmonde (2007)

“La Arqueología del Antiguo Israel” Amnon Ben Tor (1992)

Imágenes:

http://www.balofdirt.com

http://www.digs.bib-arch.org

http://www.lebtahor.com