Apuntes sobre el Génesis. El Jardín del Eden.

El primero de los cinco libros de la Toráh o Pentateuco es el “Génesis”. Etimológicamente su nombre nos llega del griego gene-sis (γένεσις) desde el siglo V a.c. , que pasó al latín durante el siglo I d.c. como “Genesis” y cuyo significado en castellano es “Generación”.  Su nombre  hebreo es “B’reshit” , בְּרֵאשִׁית, y que puede ser  traducido como “En principio” o como “Primeramente”. Ésta denominación proviene del primer verso del Génesis “B’reshit bara Elohim et ha’shamaim v’et ha’aretz”, siendo el primer adverbio quien da nombre al texto. El término “Elohim” es un término semítico que  designa a los “seres divinos” y que a su vez deriva de “El”/”Il” – como concepto de “divinidad” y nombre de un  dios supremo de origen semítico-occidental,  creador del mundo a partir del caos primigenio- y donde la partícula “im” da  un valor de plural.-  el término   “Eloah/Eloha”  semítico-hebreo puede ser interpretado bien como un “lugar” o bien como  la esencia de una naturaleza de carácter divino (El término es comparable a los “me” mesopotámicos..) –

Representación  ugarítica del dios El. Siglo XIV a.c. aprox. National Museum of Irak

¿Hablaría la Biblia entonces de: Primeramente crearon los dioses …” o, tal vez, “Primeramente ‘nacieron‘ – “bara”, raíz “bar”. que significa hijo en semítico los dioses de los Cielos y la Tierra“?

Ésta pregunta, que en un momento dado me plantee,  no deja de ser una anécdota que puede ser contestada como parte de un proceso henoteísta  que aconteció, de forma mas o menos generalizada,  aprox. durante el I milenio a.c. en la “Creciente Fértil”. El fundamento teológico del henoteísmo se basa en que aunque se tenga constancia de la existencia de multitud de “entidades divinas”, solamente una de entre ellas tiene la “presencia” suficiente para ser adorada, de tal manera que el resto de las “divinidades” acaban siendo consideradas como parte de la personalidad del dios principal. De ahí que el termino “Elohim” sea considerado en las traducciones mas adeptas como epónimo de “Dios”, si bien en la biblia nazarea aparezca denominado como “YHWH elohim” o “YHWH entre los ha’elim”

« ¿Quién como tú, YHWH, entre los ha’elim? ¿Quién como tú, majestuoso en santidad, tremendo en esplendor, hacedor de prodigios?» Éxodo 15:11. Biblia Israelita Nazarea.

« …Ninurta es el  Marduk del azadón; Nergal es el  Marduk de la batalla; Zababa es el Marduk de la contienda;  Enlil es el Marduk de la majestad y del consejo;  Nabu es el Marduk auditor; Sin es el Marduk que ilumina la noche; Shamash es el Marduk de la Justicia; Adad es el Marduk de las lluvias… » Pasaje de himno a Marduk, (CT 24, 50, BM 47406, obverse) Periodo Neo-Babilónico. 1156-539 a.c.

Ya no nos cabe duda que numerosos párrafos del Génesis corresponden a una interpretación o a un conocimiento genérico de la Creación  en el antiguo Oriente Próximo. Así, por ejemplo,  Génesis 1:6-7 ,  nos hace una descripción de la división del primigenio  caos acuífero infinito, concepto en similitud a las  percepciones sobre la composición del  Universo de la  mitología mesopotámica, para constituir un Firmamento que da cabida a las estrellas y a las luminarias del día y de la noche..

« Elohim dijo: “Que haya un firmamento en medio de las aguas para que separe el agua del agua”. Elohim hizo el firmamento, y éste separó el agua que había bajo el firmamento del agua que había sobre el firmamento. Y así fue. » Génesis 1;6-7 Biblia Israelita Nazarea.

La diosa Madre hittita Hebat/Arinna. Siglo XV-XIII a.c.

Otro relato del Génesis que pudiera ser comparable en su interpretación es la creación del hombre y la mujer, ya que existen dos pasajes que referencian su creación tanto en el sexto día como a continuación del séptimo .  Durante el siglo II d.c., y como consecuencia de la detección de éstas y otras incongruencias en los textos del Antiguo Testamento , léase en nuestro caso Génesis 1:27 y Génesis 2: 21-22,  se desarrolló un proceso “reinterpretativo”  de los textos bíblicos dentro del “midrash rabínico” – nuevas interpretaciones bíblicas que incluso influyeron en las posteriores lecturas bíblicas cristianas – y cuyas conclusiones eran coincidentes, a su vez, con las aseveraciones de una “Cábala” hebrea fuertemente influencia por los antiguos textos mesopotámicos. Según ésta nueva lectura, en el sexto día, YHWH creó a un hombre, Adam y a una mujer iguales y a su semejanza. Ésta primera mujer,  que se cita también en Isaías 34:13-15, sería “Lilith/Lumia”.  De ésta guisa, Lilith, “la que no conoce marido”, el “pájaro de la noche”, símbolo de lo “Improductivo” y lo dañino, – En definitiva, y dentro de las consideraciones culturales de la “Creciente Fértil”, un “demonio” –,   daría cabida bíblica a una costumbre hebrea de colgar del cuello de los niños un amuleto con la representación de “tres entes angelicales” denominados  Senoy, Sansenoy y Semangelof  para proteger a los infantes de la primera esposa de Adam   -y que son comparables en su uso a los amuletos contra  demonios “lamashtu” mesopotámicos – Lo curioso de ésta nueva lectura del relato del Génesis es que dejaría a Lilith, como aparente protagonista  de la expulsión del Jardín del Eden, así como también de la  imagen de la “Aridez”   de la región donde la raza humana es expulsada por YHWH y sus colaterales efectos. 

Por el contrario, Eva, como participe del pasaje de la costilla, Génesis 2: 21-22, y cuyo relato esté posiblemente  basado en el mito mesopotámico de Enki y Ninhursag –  Mito donde el dios Enki cede una “dolorosa costilla” para crear a la diosa Ninti, “La que da la Vida” – , aparece como la “Jawah Viviente”, Génesis 3:20,  o “la Madre de todos los que viven”, dando presencia a la “Fertilidad” como contrapartida a Lilith. Así, la “Jawah/Hawwa” o “Hawwat” , en su forma semítica, coincidirá etimológicamente,  y en sus atributos,  con otras “diosas de la Fertilidad” del Oriente Próximo, caso de la diosa sirio-hurrita “Hebat”,  la eblaíta “Ha-a-ba-du”, la “Ha-pa-tu/He-ba-tu” luvita o como “Hba-eni”, ” La Madre Heba”, en los himnos órficos griegos al dios Dionisios.

Independientemente de tomar en consideración una interpretación u otra, lo que resulta evidente en el relato bíblico es la expulsión de la Humanidad del “Paraíso del Eden”. Lugar, el Eden, que según nos describe el Antiguo Testamento , proveía al hombre de todas las necesidades para su sustento.

« A Adam le dijo (YHWH) : “Como hiciste lo que te dijo tu esposa y comiste del árbol (de la Sabiduría)  del que te ordené que no comieras, el suelo queda degradado por tu culpa; con duro trabajo comerás de él todos los días de tu vida; espinos y abrojos te producirá. Pero tu alimento serán las plantas del campo; con el sudor de tu frente te ganarás el pan hasta que vuelvas al suelo del que fuiste formado. Pues polvo eres y al polvo volverás“» Génesis 3: 17-19 Biblia Israelita Nazarea.

Durante decena de miles de años, la humanidad prácticamente careció de Historia, pero ya en el periodo Epipaleolítico, y  finalizada la última glaciación que elevaría la temperatura media en siete grados, grupos humanos comenzaron a introducir cambios relevantes en sus modos de vida como consecuencia de las variaciones climáticas en su biosfera. El  siguiente periodo, denominado Neolítico,  supuso para su economía una transformación radical. El hombre se convirtió en productor, llegando  finalmente a comprender a la Naturaleza y dejando de concebirse a sí mismo en  esencial comunión con ella, para contemplarse  como una especie superior e  investida del derecho incuestionable para someterla. Curiosamente éste hecho,  lejos de apaciguar su miedos hacia un pretérito entorno, muchas veces hostil,  lo que produce es un efecto contrario. El hombre  ahora se siente  mas indefenso, y esto es debido a que  es mas consciente de su debilidad frente al medio en que vive. Por lo que, y por aquel tiempo,  en Oriente Próximo aparecen los primeros santuarios en rogatoria a las fuerzas naturales de las que se solicita su indulgencia. De otro lado, y ya en el VII milenio a.c. , la igualdad y el concepto comunitario,  que había sido eje de las primeras sociedades neolíticas y anteriores, se diluye en manos de la  “especialización” y la creación de diferentes “castas”, bien sean los ya consolidados grupos sacerdotales o bien las incipientes clases guerreras, que aparecen como salvaguardia  y protección  ante “espíritus” y “seres terrenales” que pueden hacer peligrar la supervivencia del asentamiento. y su cultura agrícola-ganadera de propiedad privada.

«Elohim los bendijo y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y domínenla; y gobiernen a los peces del mar, a las aves del cielo, y a todo viviente que se arrastra por la tierra”. Elohim dijo: “Miren, yo les doy toda planta que da semilla sobre la tierra, y todo árbol que da fruta con semilla; estos les servirán de alimento. Y a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, y a todo lo que se arrastra por la tierra, en los que hay aliento de vida, [les doy] todas las plantas verdes por alimento”. Y así fue. » Génesis 1: 28-30 Biblia Israelita nazarea.

La pregunta sería: ¿Son mejores las sociedades agrícola-ganaderas que las sociedades cazadoras-recolectoras..? En un principio, siendo  como son el origen de nuestra actual sociedad,  parece evidente que las primeras, pero tal vez y quizá esto no sea así.

En realidad, la vida del ganadero o del agricultor no tiene porqué ser mejor que la del cazador-recolector, como así parece por los estudios realizados en sociedades primitivas actuales. Los pueblos cazadores y recolectores que cuentan con un entorno de recursos suficientes para su manutención dedican muy poco tiempo al trabajo, a diferencia de la dura labor de mantenimiento, protección y plantación/cría que supone mantener explotaciones ganaderas, agrícolas o mixtas.  Tal es así,  que las culturas anteriores al Neolítico posiblemente disfrutaran sus días dentro de un ocio casi interminable y  que dedicarían a otros menesteres mas reconfortantes para espíritu y cuerpo.

¿Porque entonces el hombre se hizo agricultor y ganadero, si no había ventajas aparentes sobre su modo de vida anterior..? La respuesta parece no ser sencilla. 

Lienzo del “Jardín del Eden”. Jan Brueghel El Viejo. Siglo XVII d.c. Galleria Doria-Pamphili.

La primera de ellas, conocida como la “Teoría del Oasis” de V. G. Childe propone al cambio climático como motor de las transformaciones hacia las sociedades agrícolas y ganaderas. De acuerdo con su hipótesis, en el Oligoceno, hace unos doce mil años, se produjo en Oriente Próximo y Norte de África una intensa aridez. Hombres y animales salvajes confluyeron en zonas mas húmedas donde la supervivencia era mas fácil. Ésta convivencia impulsó la domesticación de animales y los primeros intentos en la consecución de una rudimentaria agricultura. Desgraciadamente estas suposiciones chocaron, con posterioridad, con la Paleoclimatología. Ésta ciencia indicó que la supuesta zona de origen del Neolítico sostenida por Childe, dispuso de un periodo mucho mas húmedo de lo que en un principio podría suponerse, por lo que , en un primer momento, desmontaba sus tesis.

R.B. Braidwood, trató posteriormente de actualizar “La Teoría del Oasis”. Tras sus investigaciones en el yacimiento iraquí de Jarmo, Braidwood desechó las premisas de Childe, basando su modelo sobre la premisa única  de la existencia de zonas donde las especies autóctonas animales y vegetales eran  proclives a ser “domesticadas”, formulando la “Teoría de las Zonas Nucleares”, y  que se basaba en una evolución cultural a tales expensas. A igual que en el caso anterior, la teoría daba explicación de donde se inició y como, pero no contestaba el porqué.

En la década de los 70 del siglo pasado, ayer, L. Binford y K. Flannery, discípulos de Braidwood, recondujeron las teorías sobre el origen del Neolitico. Su modelo “Del Desequilibrio” sostiene que los cambios no se produjeron en las “Zonas Nucleares” , sino en zonas adyacentes a éstas. Esta hipótesis basa sus conceptualidades en la necesidad de optar por tales soluciones y no por sus supuestas ventajas.  Binford y Flannery sostienen que el proceso evolutivo cultural se inicia tras el Holoceno y en zonas colindantes a las que se beneficiaron de un clima mas húmedo tras la última glaciación. En un primer momento, éstas  zonas de privilegio fueron refugio para grupos humanos que practicarían una economía de depredación. Posteriormente y debido a  la abundancia de recursos se produjo un exceso de población que condujo a un fuerte desequilibrio en relación con los recursos disponibles que  llevó a la obligatoriedad de la emigración hacia zonas anexas, más pobres, a la población excedente. Los emigrados, ante la escasez comparativa de alimentos, que impedía sostener una sociedad de cazadores y recolectores, derivaron, por exigencia,  en sociedades productoras.  Las objeciones a tal hipótesis se atribuyen a que los yacimientos neolíticos encontrados no se asientan en regiones especialmente difíciles en sus condiciones proveedoras, así como tampoco existen indicios de presuntas emigraciones hacia las mismas.

Otras teorías, también de los 70, caso de N. Cohen,  y aunque parte de las ideas de Binford y Flannery, hablan de un concepto de “saturación” de zonas como consecuencia de la expansión humana. Así, progresivamente se fueron poblando las zonas que permitían mantener una economía depredadora, hasta que llegó un momento donde la imposibilidad de tales culturas, ante la ausencia de regiones proclives,  derivó hacia la creación de comunidades neolíticas.  J. Calvin, mediante su “Teoría ideológica”  hace referencia a determinados cambios en el pensamiento humano que llevaron a una economía productora y entre los que se incluirían “nuevos formatos sociales”. Formatos sociales que se sustentarían en nuevas “percepciones psicológicas” inscritas en  la relación del hombre con el “hecho divino” y que fueron  fruto del auge de las clases sacerdotales.

Todas estas hipótesis han conseguido explicar parcialmente el auge Neolítico en diferentes partes del mundo, sin que ninguna de ellas haya conseguido dar un explicación consensuada de su conjunto. De todas maneras, y ante la duda, siempre nos queda la explicación que las Sagradas Escrituras y dentro de éstas la que, durante milenios,  nos ha  facilitado el Génesis.

Referencias:

“Breve historia del mundo. Las claves para entender la Historia del hombre” Luis E Iñigo Fernández (2011)

“Nociones de Prehistoria General” Jorge Juan Eiroa (2000)

www. blibliasonline.com

Imágenes:

http://www.factanddetalis.com

http://www.bliblescripture.com



El Antiguo Testamento. Dos religiones: Del politeísmo al monoteísmo

Ya no resulta inusitado que un avezado  lector de los escritos del Antiguo Testamento pueda llegar a la conclusión que en el relato bíblico existen, posiblemente, dos religiones diferenciadas.  Una que, en la vulgaridad, podríamos denominar politeísta y que vendría definida por los libros pertenecientes a la tradición hebrea y a la  posterior ordenación sacerdotal del Templo – tal vez mas dispersos y recogidos en los primeros cuatro libros de Moisés –, y una segunda , que quedaría plasmada en los textos y pasajes que se adscriben a la redacción deuteronómica, con una tipología monoteísta.

Tablilla neobabilónica donde se refiere  la cautividad del rey hebreo Jeconías y sus hijos por el rey  babilónico Nabu-kudurru-usur II. Siglo VI a.c. Pergamonmuseum. Berlín

Presentado en algunas entradas anteriores,  las premisas politeístas  del Antiguo Testamento vienen atestiguadas por un dios supremo que difícilmente se diferencia  del prototipo general de los panteones sirio-canaanitas y mesopotámicos del II milenio a.c. –  así lo atestigua el hecho que buena parte de su estructura principal esté basada en una mitología clásica babilónica adaptada a las creencias semíticas hebreas – De ésta guisa, disponemos de una deidad creadora del mundo y de los hombres, fertilizador de cosechas y ganados, dominador de los elementos y el que determina el destino de los hombres como juez  e imputador de penas hacia su personal desagravio y cuyas señas se  fructificarán  tras su evolución desde sus anteriores posiciones panteístas, como componente de una jerarquía divina,  a la de figura principal de un henoteísmo de carácter nacionalista.

>« …Ninurta es el  Marduk del azadón; Nergal es el  Marduk de la batalla; Zababa es el Marduk de la contienda;  Enlil es el Marduk de la majestad y del consejo;  Nabu es el Marduk auditor; Sin es el Marduk que ilumina la noche; Shamash es el Marduk de la Justicia; Adad es el Marduk de las lluvias… » Pasaje de himno a Marduk, (CT 24, 50, BM 47406, obverse) Periodo Neo-Babilónico. 1156-539 a.c.

Ésta tendencia al henoteísmo nacionalista, y del que se tiene constancia en otros religiones del antiguo Oriente Próximo, es consecuencia de una evolución política, y por tanto religiosa, que es constatable a partir del II milenio a.c. – debemos considerar que partimos de temporalidades históricas donde la organización social estaba íntimamente relacionada con la estructura productiva templaria y sus los dioses patronales – , desembocando en una religión que exalta la inclusión del hombre en un hecho político unitario y exclusivista definitorio. Así, en el caso israelita, – es a partir de siglo VIII a.c.es cuando ya podemos hablar con propiedad de ese concepto etnológico  ésta religión “monoteísta” se situaría radicalmente en contra del resto de las religiones de su entorno, a la vez que exige una veneración a un “dios verdadero” vinculado, biunivocamente, a la pertenencia de una determinada realidad socio-política que pudiera ser mas grande, mas pequeña ó incluso inexistente, como Estado, pero estrictamente hebrea.

« (93) el que pisoteó sobre la sangre (ofrenda) (94) (y) usó la misma (ofrenda) cuando ya estaba ofrecida, (95) el que comió lo que era impuro en su ciudad, (96) el que  reveló (al extranjero) los asuntos de su ciudad, (97) el que dió mala reputación a su ciudad. » “Extracto de los pecados contra los dioses”  Series Shurpu babilónico-kassitas. Tablilla II, 1571-1156 a.c.

Otro hecho diferenciador entre las posibles religiones primarias y secundarias adscritas al Antiguo Testamento, entendiendo por primarias las religiones politeístas es el “hecho interpretativo” de las lecturas sagradas.. Así J. Assmann, nos refiere que los textos templarios,  los rituales, no son hermenéuticos , mientras que en las lecturas secundarias ó monoteístas si lo son. En entradas anteriores definimos tal bibliografía sacerdotal como “organizativa“, es decir manuales que sirven como base del culto al Templo – considerando como “culto” tanto las labores afectas a su liturgia templaria, según las entendemos actualmente,  como las  dirigidas a coordinar sus antiguas fuertes facetas económicas – y por ende como explicación de la ubicuidad del hombre dentro del orden divino que era la Naturaleza – integración que consistía en la obligación de un servicio sin solución y sin defecto a los dioses, ante su castigo en el incumplimiento- , mientras que las secundarias están dirigidas a ser interpretadas y estudiadas a fin de  cumplir una función de guía vital que invita a la liberación de las obligaciones hacia este mundo, donde la voluntad y la verdad de dios, como compromiso aceptado libremente, están reflejadas en sus leyes divinas. Dicho esto, existe todavía un matiz más primordial en las diferencias entre ambas formas religiosas y que estriba en su faceta excluyente e intolerante. De este modo, las  religiones secundarias hablarían de “religión verdadera” y “religión falsa” por lo que pudieran ser definidas como  religiones que repudian otras teologías por “paganas” y resultan intransigentes hacia quienes planteen alternativas ó pongan en tela de juicio sus creencias   – Hablando de una “autoexclusión”, incluso podríamos añadir el adjetivo “segregacionista”, en el contexto  original de la religión hebrea – mientras que las religiones primarias por su misma estructura de creencias difícilmente pudieron serlo Éstos epítetos  hacia las religiones “monoteístas”, que pudieran resultar repudiables por determinados creyentes,  son en definitiva el núcleo fundamental de su estructura de creencias y que se basa en dos conceptos básicos derivados uno de otro: “La Verdad Única”  y la “Fe”, la primera como palabra divina revelada a los hombres y la segunda como fidelidad del creyente a esa palabra recibida.

« El (Ezequías, rey de Judá) quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y corto los símbolos de Aserah, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel…» 2 Reyes 18:4. Biblia Reina-Valera 1960.

Estas aseveraciones, en el caso de los cultos primarios,  tiene una base histórica que se fundamentaban en la “asimilación”  de unos panteones con otros –  De los extensos ejemplos pudiéramos entresacar la reorganización del panteón sumerio-acadio en las dinastías amorrita y kassita babilónicas – o se basaban en “tratamientos de paridad” .- situación representada en diversos tratados y convenios donde los dioses de las entidades firmantes figuraban como garantes, Caso del Tratado de Kadesh entre egipcios e hittitas – . Por el contrario el “monoteísmo” hebreo, si bien no ejerció un proselitismo religioso como tal, si nos habla que aunque el resto de los pueblos  tenían como opción adorar a los dioses que desearan,  ésta posibilidad no era aceptable para los considerados como propiamente hebreos, formando parte de ese principio de autoexclusión antes nombrado. Éste requisito – apreciándose de forma reiterada en pasajes, incluso, de los evangelios de los apostoles – avalado por su titularidad como “pueblo elegido” por dios y que  se  verá acompañado de un “sentimieno de pureza”  hacia sus  modos y costumbres, se constituirá como la premisa  fundamental en la  creación de un formato  social de carácter ultranacionalista – sentimiento que queda reflejado en los textos proféticos bíblicos -, afianzado, a su vez,  sobre la prohibición de considerar, al respecto,  cual quier otra fuente idearia que no fuera la propia ó que pudiera ser considerada como de origen extranjero – tema éste tal vez inexacto ante la evidencia de la incorporación de preceptos mazdeístas durante los episodios Macabeos, 164-63 a.c, si bien estos fueron cismáticos –. Estos preceptos teológicos, como antes hemos intentado señalar, tienen un origen social  y cuya explicación posiblemente se pueda entender tras la valoración de los avatares del pueblo judío desde su unificación, intento de consolidación y posterior diáspora.

« No vayáis á (por) camino de gentiles, ni entréis en las ciudades de los samaritanos: Más id antes á (por) ovejas que perecieron de la casa de Israel » Mateo 10, 5-6. Biblia Vulgata Latina.

Tal vez, si bien Assmann lo niega, el Antiguo Testamento y parte de los Evangelios, y su consideración como “religión del libro”  se como consecuencia de esos mismo hechos tortuosos de la historia hebrea. Assmann, como creyente,  aduce una “revolución” dentro del Antiguo Testamento y por ende del pensamiento teológico hebreo. Yo hablo de diferentes pasos desde una teología henoteísta y nacionalista,  de general en el Antiguo Oriente Próximo, en el I milenio a.c., a un proto monoteísmo bíblico como consecuencia de la imposibilidad de mantener en el tiempo unas mínimas condiciones que sostuvieran  una organización social templaria, a derivar, en similitud a los mismos provocadores de esas vicisitudes – Y aquí podríamos nombrar a babilonios y seleúcidas, sus conquistadores orientales, y su demolición ó intento de sometimiento sobre el Templo de Jerusalem y que no en pocos caso fue consecuencia de esos mismo rasgos intolerantes en que se basó su ideario nacionalista. Así pues,  el mismo formato bíblico es una respuesta a estos mismos acontecimientos de lucha contínua por la nacionalidad político-religiosa. Existen dos pasajes bíblicos que pudieran ser alegóricos para estas circunstancias:: Uno, el supuesto descubrimiento de una “Sepher Hattorah” ó “Libro de la Ley”, escondida, durante la reconstrucción del Templo de Jerusalem por Josiah, 640-609 a.c. y dos,  los castigos por la posesión de la Torah durante la época seleúcida, 175-163 a.c.; incluso el hecho préclaro de la permanencia de diversas traducciones de la Torah durante la Antigüedad  – y que son fruto de la diáspora, caso de la Septuaginta griego-egipcia ó la babilónica –  siendo éste un medio, el escrito, de mantener esa cohesión nacional, así como las exigencias tanto de  la Verdad Revelada como de la Ley, y que por obligación tendrían ese componente interpretativo ante la ausencia, ó la intermitencia, de un referente templario y cuya resolución organizativa conduciría al judaísmo rabínico.

Lo que parece evidente es que en el Antiguo Testamento no tiene ningún componente de universalidad, dado al monoteísmo cristiano por Pablo de Tarso, aunque sea participe fundamental de sus lecturas y prédicas  – si bien es de notar que  el judaísmo monoteísta tiene su propia “vertiente global” con la llegada de una era final mesiánica y de cuyos preceptos, hasta su advenimiento,  serán ellos los “guardianes” y protectores – así como que tampoco sustenta ese principio de “intolerancia hacia lo pagano” que tienen las otras religiones monoteístas del libro.

Referencias:

“La distinción mosaica o el precio del monoteísmo”  Jan Assmann (2006, para la edición hispana)

Imágenes:

http://www.livius.org

Mitología semita. Nephilim: ¿Gigantes, dioses u hombres…?

Dentro de la mitología semítica, y en nuestro caso más exactamente en la hebrea, aparecen determinadas personalidades, todas ellas reflejadas en los diferentes textos del Antiguo Testamento,  denominadas Gibborim, Rephaim, Anakim, Emim, Zamzummim y Nephilim ,  cuyo nexo  definitorio parece girar alrededor de unas cualidades tanto físicas como espirituales extraordinarias o fuera de lo común.

«6:1 Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y le nacieron hijos. 6:2 que viendo los hijos de Dios (Bene Elohim) que las hijas de los hombres eran hermosas tomaron para si mujeres, escogiendo entre todas. 6:3 Y dijo Jehová: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente el es carne, mas serán sus días ciento veinte. 6:4 Había gigantes (nephilim) en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios  a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre (gibborim) » Génesis 6: 1-4. Biblia Reina Valera 1960.

Fragmento de papiro, P967 Kreuzer, de la Biblia helénico-egipcia “Septuaginta”. Siglo II d.c.

En la “Septuaginta” o Biblia griega, –   Conocida también como LXX. Es un conjunto de escritos en lengua griega traducidos del hebreo, el arameo, y con añadidos griegos,   del Pentatéuco. Fue  posiblemente escrita y desarrollada  entre el siglo III a.c. y el I d.c. con el fin de dar cobertura de las Sagradas Escrituras a los judíos de la Diáspora en lengua griega –  aparece el término “Gibborim” y que puede traducirse como ” los grandes Hombres”  en una vertiente bélica y de liderazgo, es decir grandes héroes o  grandes líderes de la tradición hebrea. Ésta acepción es compartida  con otro  general término semítico-hebreo,  “Rephaim“, y que aparece en textos ugaríticos y meritas que apreciaremos posteriormente. Esta significancia es posible que tenga relación con el antiguo culto del Levante meridional mediterráneo a los antepasados  y  líderes de gran dimensión  que fueron protagonistas de hitos históricos en la cultura de éstos  pueblos – Un ejemplo podría ser la mitificación y divinización del héroe Haddad  o Haddu  de Aleppo en la creencias semitico-meritas, y cuyas armas se veneraban en la sagrada ciudad  de Tuttul  en la actual Siria –   originarios del Levante mediterráneo asiático.

Según tradición semítica mas occidental, ugarítica, luvita y merita, los “Rephaim”, o “Rpum”  son el conjunto  de los espíritus de los  reyes, y por tanto héroes,  muertos que habitan en el “Inframundo” , cuya conexión es el haber alcanzado el poder terrenal,  permaneciendo “durmientes” hasta que fallece un descendiente o acólito  y cuya almas/espíritus se  alzan  de entre el “País de los Muertos” para recibirlo.

« (Proverbio en referencia al Rey de Babilonia…) El Sheol se levantó por ti para cumplimentar tu llegada; despertó a los refa’im  por ti;  hizo incorporarse incluso a todos los príncipes de la Tierra; levantó de su trono a todos los reyes de los goyim (no creyentes) » Isaías 14: 9 Biblia Ortodoxa Hebrea.

En referencia al texto anterior, sería interesante aclarar que en hebreo  “Sheol” es la “Morada de los Muertos” o “Mas Allá”. Un lugar que los textos bíblicos sitúan “a continuación de las aguas” y donde ubica a los Rephaim. Job 26:5 nos habla de “Debajo de las aguas y  de sus Habitantes” y que concordaría con la versión genérica mesopotámica de localizar el “Kur”o “El Lugar del No Retorno” debajo de Apzu,  el “Reino de las Aguas Profundas”, si bien es también posible, en un contexto semítico mas oriental, que haga referencia al lugar de donde brotan las “Aguas Primordiales”:  La residencia de los dioses y lugar de reposo  eterno de los héroes.

Los Rephaim , o “Refā’īm”, según otras alusiones de las escrituras bíblicas, son los descendientes de Rapha. Rapha es  un filisteo de la ciudad de Gath según 2 Samuel 22: 24 que aunque filisteo, los textos del Antiguo Testamento  le consideran de la tribu hebrea de Benjamín,  bien como descendiente de Binea , 1 Crónicas 8:37, o directamente como hijo de Benjamín, 1 Crónicas  8:2,   por lo que sería descendiente de Saúl, implicando una ascendencia real hebrea a la vez que amorrita . Los Rephaim, según la mitología semítica y por su apostura,  están por encima del  tiempo, el espacio y  la moral,  siendo considerados como “Hijos de los Dioses” o “Bnei Elohim”.  Así su cónclave se reúne en la “Montaña de la Divina Asamblea del Lejano Norte” o “Monte Sāpôn” – El Monte Zaphon, o Monte Kasion helenístico,  es un lugar nombrado también en la Biblia. Denominado en la literatura clásica como Monte Casio, actual Gabal-al-Aqra’  en Siria. La “Montaña Santa”, lugar de donde brotaron las “Aguas Primigenias”y residencia del dios semítico-occidental  El – . Es de notar que los Rephaim en la LXX, 2 Samuel 5: 18-22, son representados con el término “Τιτᾶνες”, los Titanes.  En el Libro de los Proverbios, los Titanes,  forman parte de la representación de la “Extinción”, por ser seguidores de la “Extraña Mujer” la diosa Aserah del ciclo mitológico de Baal semítico occidental.

« (En referencia a Asherah…) Su morada se hunde hasta la muerte y sus caminos conducen a los Rephaim » Proverbios 2:18

El significado de los vocablos  “Anakim”, “Emim” y “Zamummim” y que aparecen en los distintos textos bíblicos, son sinónimos del término “Rephaim”  aunque con matizaciones. En estos textos figurarían como  los pueblos “extintos” o  “derrotados”,  aunque las distintas traducciones desde la lengua griega insistan en considerarlos como “gigantes” , en razón de conquista, y como paganos adoradores de  ancestrales cultos. Los tres vocablos anteriores engloban a  diferentes primigenios pueblos que supuestamente poblarían las tierras de las actuales Jordania, Libano, Israel y Siria hasta la cuenca oeste del Eufrates antes del  asentamiento de las poblaciones semíticas. Así los primitivos habitantes de la región  de Moab, conocidos como “Emim”, fueron considerados como “Rephaim”. Los “Anakim” o “Hijos de Anak”,  término semítico-moabita para designar a los “Emim”, también fueron considerados como tales, si bien parece ser que éstos eran los míticos residentes de los territorios al este del valle de Wādī ʻAraba y la Transjordania con anterioridad a la llegada de los pueblos semitas ammonitas y moabitas – Ammon y Moab , las tribus de, , según  el A.T. son  hijos de Lot y por tanto descendientes de Abraham –  . En el Deuteronomio 3:13 limita su expansión desde  Galaad a Bashan – Reino de Bashan,  cuyo rey Og fue considerado como el último de los Rephaim , Deuteronomio 3:11,  siendo Galaad  la zona montañosa al este de Jordán – Por último,  los “Zamummim” parece ser que fueron los antiguos pobladores del posterior territorio  denominado ammonita en Deuteronomio 2:20.

« Y los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: “¿Porqué nos has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo tan grande, y que Jehová nos ha bendecido hasta ahora?”  Y Josué les respondió: “Si sois pueblo tan grande, subid al bosque, y haceos desmontes allí en la tierra de los ferezeos  y de los refaítas, ya que el monte de Efraín es estrecho para vosotros » Josué 7: 14-15. Biblia Reina Valera 1960.

En la biblia hebrea aparece el término הנּפלים, “nephilim”, que la Septuaginta griega traduce  como γίγαντες, que en su traducción no lleva al término “gigantes”, y que figura en Génesis 6:4 y en Números 13:33.

« También vimos allí Nephilim, hijos de Anak), raza de gigantes, y eran para nosotros como langostas; y así nosotros les parecíamos a sus ojos » Números 13:33 Biblia Septuaginta griega.

Cabeza de Titan. Posible autor Damophon. (Siglo II d.c.) Museo Arqueológico Nacional de Atenas

Dicho esto, vamos a intentar desentrañar el misterio. Es evidente que desde el punto de vista de la Biblia griega los términos hebreos “nephilim” y “rephaim” son intercambiables.  Se trata de seres mitológicos de grandes dimensiones físicas,  es decir Titanes o Gigantes.  Si nos ceñimos al Génesis 6, parece ser que estos “seres extraordinarios” fueron anteriores  a la llegada de los “Hijos de  Dios” o “Bene Elohim” – Traducción incomoda, porque para mí  su interpretación correcta sería “los hijos de los dioses” –. Pero dicho esto, tal vez, se nos plantearía una pregunta, al aceptar la traducción griega, de cual sería el papel de tales dioses primigenios como referencia dentro de un Génesis de carácter hebreo. En una primera valoración parece aceptable suponer que el término “Titanes”  corresponde a una asimilación helénica de un contexto mitológico de Oriente Próximo. Los Titanes eran los primitivos dioses ctónicos que gobernaban el mundo antes de la llegada de  Zeus y sus dioses olímpicos. Dioses que fueron derrotados por éstos últimos y que fueron a continuación desterrados al Tártaro o “Inframundo”. Ésta hipótesis, ya verificada, nos enlaza con una genérica  mitología general mesopotámica que nos presenta unos similares episodios en la lucha entre Tiamat y Marduk, o  lo que es lo mismo:  Entre los “viejos dioses de la Naturaleza” y los “jóvenes dioses” y que nos está relatada en el Enuma Elish, y en otros  convergentes relatos genesíacos a lo largo del Asia y del Mediterráneo Oriental, caso de “Ciclo de Baal” ugarítico, del “Ciclo de Kumarbi” hurrito-hittita o del “Ciclo de Haddad” semitico-oriental.  Pero dejemos de lado la interpretación de los textos sagrados por parte de la helénico-egipcia  Septuaginta  para centrarnos en los términos propiamente hebreos.

El término  הנּפלים  proviene de la raíz נּפל que viene a traducirse como “caer”  por lo que la significación de “nephilim” podría ser interpretada como “los caídos” y más exactamente los “caídos en la batalla”, según la traducción de la Biblia hebrea . Desde una visión exclusivamente cristiana esta denominación podría hacernos suponer que se trata, en referencia al principio de los tiempos, de la caída de Azazel y sus demonios…  y que  tal vez los Bnei Elohim, los Hijos de Dios,  fueran ángeles. Pero claro, existe el pasaje de los “ángeles poseyendo a las mujeres de los hombres…” que pudiera ser altisonante dentro de las creencias hacia el Antiguo Testamento. Ahora bien, si retomamos la mitología asirio-babilónica y siguiendo un razonamiento paralelo al de los “ángeles expulsados”… , nos encontraríamos, curiosamente,  con los dioses defenestrados de los Cielos en la lucha por el poder  divino mesopotámico, así como  que “Hijos de Dios” bien pudieran ser los dioses vencedores de la  divina contienda. Dioses, valga la expresión,  que  tenían la “costumbre antediluviana” de engendrar a semi-dioses, caso de Gilgamesh…, y que trajo como consecuencia la interesante creencia que los primigenios soberanos eran  descendientes  directos de los dioses y por tanto, de igual manera, su linaje.

Mas y para terminar, yo me inclino por una versión más prosaica del texto de Génesis 6 y lo comparo con una especie de episodio del estilo del “Rapto de las Sabinas”  romano , pero de tipo hebreo, es decir la posesión de la mujeres  de los  antiguos  pobladores canaanitas por parte de sus nuevos conquistadores. En cuyo relato los nephilim o rephaim serían los antiguos pobladores de Transjordania y sur de Siria, y cuyo apelativo vendría dado por la costumbre de divinizar  a los ancestros de sus dinastías reinantes.   Los Bene Ha’ Elohim  corresponderían  a una denominación dada a sí mismos por los hebreos como el “Pueblo Elegido” o  “Los Hijos de Dios”, posiblemente  incluso con la misma acepción dinástica que la que tendrían los propios pueblos conquistados , y por último los gibborim como los descendientes del “mestizaje” de esas mismas regias familias.

Referencias:

“Dictionary of deities and demon in the Bible ” K. Van der Toorn y … (1999)

“Encyclopedia of Religion and Ethics, Part 11”  James Hastings (2003)

” La Biblia” Reina Valera (1960)

Imágenes:

el.wikipedia.org 

  evangelicaltextualcriticism.blogspot.com

La Serpiente Primigenia: Tiamat y Leviatán. Conexiones.

Según las generalizadas creencias del Antiguo Oriente Próximo, al principio de los tiempos nada existía, salvo dos cualidades que daban presencia  al acuoso “Caos Primigenio” y que representaban,  dentro de ésta  primitiva explicación, los dos estados básicos del agua  como el componentes únicos de un Universo infinito. Estos conceptos, si los extrapolamos metafísicamente,  podrían perfectamente ser la dual abstracción de la idea,  ante  esa imprescindible necesidad a las que no dirige  los vericuetos de nuestro cerebro y su supuesta “racionalidad”, del principio de “Causa y Efecto”. Tales principios formarán las premisas básicas de los diferentes mitos creativos repartidos por el mundo y que estarán basados en la existencia en dos diferenciadas entidades como origen de los creado: Lo “masculino” y  “femenino” y que en estas creencias están soportados sobre el “Agua Dulce” ,  el dios Apsû, y el “Agua Salada”,  la diosa Tiamat. Tiempos donde no tener nombre era paralelo a no tener existencia.

« Cuando en lo alto, el Cielo no estaba nombrado, y  la Tierra, abajo,  aún no tenía razón:  El primigénio Absû, que los engendró y el Caos, Tiamat, la madre de ámbos,  sus aguas mezclaron.   (Cuando)  los campos no habían sido creados, y los pantanos no eran posibles de ver. Cuando ninguno de los dioses había sido llamado a existir , al no poseer nombre, y los destinos no estaban escritos…» Pasaje de la I tablilla del “Enuma Elish” texto sumerio de Nippur. I milenio a.c.

Representación de la lucha entre Marduk y Tiamat. Cilindro-sello neo-asirio siglo X-VIII a.c.

El nombre “Tiamat” es una deformación del vocablo acadio “Tiamtum”, “Mar/Océano”, (J.A. Black) y según A. Westenholz, en afO 25 (1975), una contribución acadia al panteón mesopotámico. Un hecho que  supondrá la conversión, dentro de la monstruosidad mitológica de tales creencias y que se cree acontecida durante el II milenio a.c.,  cambiando el  origen de Tiamat desde un ser vinculado a las montañas en su primitivo relato sumerio a un horrendo ser marino de tradición mediterránea levantina y semítica occidental, posteriormente. Ésta modificación en el pensamiento religioso, y que aisladamente pueda parecer anecdótico, formará parte de una revolución más profunda en las creencias de Sumer y Akkad y que es la general incorporación del esquema cosmogónico semita occidental en el episodio mitológico de la  “Creación del Mundo” sumero-acadia. De ésta guisa, se arrincona  o se da una posición secundaria, tal y como queda reflejado en los primeros versos del “Enûma Eliš”,  a un más antiguo y único concepto  sacro fundador de lo universal basado en unos principios ctónicos –  y cuya evolución, bien podrían estar presentada en el relato de la “Teogonía de Dunnu” –.  El reflejo de tal circunstancia,  como puede ser interpretado por el texto, es la “transmutación” de Tiamat desde una posición de “esencia primera”  al papel de “ente energúmeno” que es vencido por el dios Marduk, como así nos dicta el  relato. La derrota de los principios básicos de la Naturaleza, que están representados por los antiguos dioses Tiamat y Apsû, propone la creación de una nueva estructura divina  de poder en el Universo.  Renovado panteón que se edificará mediante el pacto de los jóvenes dioses, ahora ya soberanos, y que se culminará con la creación del Cielo y la Tierra a expensas de las entrañas de los anteriores. Pacto y alianza que es firmado sobre un acto conciliatorio típicamente semítico como son los rituales “karat b’rit” y que consiste en dividir en dos mitades a la diosa Tiamat en sacrificio.

« Khotar (otra de) dos mazas hizo bajar y proclamó su nombre: “Tú tienes por nombre Ayyamur ¡Ayyamur echa a Yam de su trono, a Nahar de solio de su poder! ” Saltó la maza de las manos de Baal, como un águila de (entre) sus dedos, golpea el cráneo , en la frente al Juez Nahar ¡Que se desplome Yam y caiga a tierra!  Saltó la maza de las manos de Baal, como un águila de (entre) sus dedos. Golpeó  en el cráneo al príncipe Yam, en la frente al Juez Nahar. Se desplomó Yam, cayó a tierra. Se doblaron su artejos, y se descompuso su figura. Arrastro Baal y descuartizó a Yam, acabó con el Juez Nahar… » Pasaje del “Ciclo de Baal”. KTU 1.2 tablilla IV. Siglo XIV-XII a.c. Ugarit/Ras-Shamra.

Leviatán, Behemot y Ziz. Ilustración bíblica. Año 1238 d.c. Biblioteca del monasterio de Ulm, Alemania.

Ésta postrera “conversión” de Tiamat, también conocida como Mummu,  “La Gran Madre”, en la narración del texto del “Enuma Elish” amorrito-babilónico – Un texto que muy posiblemente fuera redactado, por los textos que nos han llegado,  en el siglo XII a.c. durante la  dinastía kassita – , tendrá como paso previo y, tal vez, como fuente de influencia, unos panteones semíticos occidentales con evidentes influencias del Levante Mediterráneo . Éstas creencias semíticas levantino-occidentales  nos llegarán también a través del desarrollo del mitológico “Ciclo de Baal”, y por ende de los textos sagrados ugaríticos, donde Tiamat aparece definida con el vocablo “thmt”, dentro de una ambivalencia divina, o como “grml wthmt”, “Diosa de la Montaña y  de las Aguas Profundas”,  y cuyo avatar andrógino será su hijo, el dios Yam/Yamm, “Dios del Mar/Océano”. Un dios Yamm que tendrá una personalidad basada sobre determinados aspectos afectos a las “diosas-madres” del Egeo. Es muy posible que, desde el ámbito conquistador semítico occidental, Tiamat continuara siendo relacionada con  el “Monte Saphon” o “Monte Casius”, “La Montaña Santa“, y  de donde, según la mixtura levantino-semítica, brotaron las  primitivas “Aguas Ancestrales”.

«(8) tan.lšmb (9) tšt trks (10) lmrym.ibnn (11) pl.tbtn.yymm (12) hmlt.ht.ynhr…» Pasaje de la “Captura de Yamm” KTU 1.83 (JNES 57).

« (8) Ella (la diosa Anat, amante de Baal..) colocó una mordaza a Tunnan, (y)  le ató contra las cimas del  Libano (11) ¡Oh Yamm,  fuera de agua, tu te consumirás,(12) (Juez) Nahar, llevado por el pánico!… »  Pasaje de la “Captura de Yamm” KTU 1.83 (JNES 57)

« Para los Elohim, tu eres nuestro más antiguo Melech/Protector, la obra de Yahweh en medio de Ha’aretz/ la Tierra. Tu dividiste a Yam en tu Oz/Poder. Tu quebraste las cabezas de Tannin en las aguas. Tu hicíste pedazos la cabeza de Leviatán, y la entregaste como  ma’akhal/alimento  a los seres que habitan Tsyiyim/Infértil desierto o/y Inframundo. Tu forzaste la apertura de la Fuente (de Aguas Primigenias..) y de la Inundación. Tu secaste el poderío de Nahar.»  Salmos 74: 12-15 . Biblia Ortodoxa Hebrea.

En el primer texto, un pasaje exorcista  de Ugarit, Yamm aparece asimilado a un monstruo marino,  tomando la representación del “Mal” o “Tunnan”, en hebreo “Tannin” o “Tan.ni.n(im)” – Según un pasaje el Antiguo Testamento, Tanin,  fue un demonio-monstruo  incorporado al episodio bíblico de la creación del mar en el quinto día. (Génesis 1:21), si bien debe ser interpretado en exclusiva como un avatar de la Gran Diosa-Madre mediterránea. Un ejemplo perfecto sería la personalidad de  la diosa Potnia minoico-cretense  y que en su deriva andrógina helénica será representada por Potneidas: El dios Poseidón griego – y al que  los mitemas ugaríticos y bíblicos definen en los siguientes textos:

“La Bestia del Mar”. Tapiz de la colección  de la Tenture de l’Apocalypse. Siglo XIV d.c. Galeria del Cháteau d’Angers (Francia) Aparece el “Dragón de Siete Cabezas” cediendo trono y poderes a la “Bestia del Mar”, según el pasaje bíblico de Las Revelaciones 13-14

«(38) Cierto es que yo (Baal)  herí a Yamm, el amado de Ēl; Cierto es que yo acabé con Nahar, el gran dios; Cierto es que lo rendí y acabé con el. Yo mal herí a la sinuosa serpiente, (42)  el tirano de siete cabezas..»  KTU 1.3, columna III.

« Hashem Elohei Tzva’os/ Dios de los Ejércitos ¿Quien como tu, Oh, poderoso Hashem, Tu al que el Emunah/Conocimiento Absoluto rodea. Tu que dominas la soberbia del Mar. Cuando las olas se encrespan, tu la apaciguas. Tu que despedazaste a Rahab, lo mismo que a un cadáver. Tu que destrozaste a tus oyevim/enemigos con tu excelso poder. » Salmos 89: 9-11 Biblia Ortodoxa Hebrea.

Dicho esto, existe una última concordancia que vendría dada por el término hebreo “Téhôm” – comparar las similitudes etimológicas de”thm”, Tehôm, con “thmt”, Tiamat – ,”Lo Profundo” en Génesis 1:2, como su paralela  designación como ente asociado a las “Aguas Primigenias”, y cuyo término es frecuentemente usado en Antiguo Testamento para definir a  las “Aguas Celestiales”.

Leviatán, en hebreo “liwyatan”, “Lo Sinuoso”, aparece una sola vez en textos pre-bíblicos, siendo mencionado en la Biblia en un número de seis veces. En el libro de Enoc 60: 7-9,  aparece como un dragón de género femenino que reside en las profundidades del océano junto a “Behemot”,  un dragón de género masculino , que vive en el desierto, el dios Mot(h), volviendo a rememorar en su paralelismo a los actores del ciclo mitológico de Ugarit. Una divinidad, ésta última, que encarna a la La Infertilidad y la Muerte y que vuelve a incidir en los conceptos religiosos ctónicos anteriores a la invasión semítica del III milenio a.c. de los territorios afectos a las culturas megalíticas del Levante mediterráneo. Ambos,  según la Apocalipsis y los textos rabínicos, estarán presentes en la “Comida de los Justos” durante el escatológico banquete que acontecerá en el Final de los Tiempos.

« En el Yom Hahu,  Hashem con su cherev hakashah v’hagedolah v’hachazakah/terrible grande y fuerte espada escarmentarás a Leviatán, Nachash bari’ach/La Huídiza (diosa) Serpiente,  cuando Leviatán (sea), la Sinuosa Nachash; El matará a Tanin,  la que está en el mar » Isaías 27: 1. Biblia Ortodoxa Hebrea.

« ¡Levántate, Levántate, vístete de poder ,Oh, Vigor de Hashem!; Levántate como durante los yemei kedem/ancianos tiempos, como en las dorot olamim/antiguas generaciones. ¿No eres tú quien destrozaste a Rahab  y atravesaste a Tanin » Isaías 51:9. Biblia Ortodoxa Hebrea. 

Dicho lo anterior, puede ser tomado en consideración la existencia de una reforma religiosa o preponderancia de las creencias semíticas desde dos vertientes: Una vertiente, ya comentada, de derrocamiento de los antiguos dioses ctónicos sumerios por unos nuevos de dioses de influencia claramente semita occidental – Marduk exclusivamente será un renovado aspecto del dios sol semítico Shamash: El llamado “Joven Toro del Sol” –; y dos: La yuxtaposición de las creencias hacia la “Diosa Madre” de ámbito mediterráneo sobre las creencias astrales semíticas.

Tomado lo anterior en consideración, es posible que cuando el texto de Enuma Elish nos hable de la “Gran Serpiente”, que no de Tiamat, nos éste hablando en realidad de un avatar o personalidad de la misma deidad primigenia, como representación de la “Fertilidad Creadora”,  dentro del conjunto de “Poderes de la Naturaleza”. Poderes de la Naturaleza que son sometidos por los dioses supremos andróginos de la tradición semítica, y que  hacen inclinarse a la “Gran Serpiente” – Decir aquí que las raíces de los árboles, en la mitología sumeria, eran consideradas ya como fuente vivificante de la Naturaleza, y simbolizadas  como “serpientes” que se extendían por el subsuelo (Lévy-Bruel) -,  la antigua todopoderosa “Diosa Madre”, ante el auge de los dioses de los nuevos conquistadores de la “Creciente Fértil”.

Referencias:

“The future of biblical archaeology:…” James K. Hoffmeier, Alan R. Millard (2004)

“Gods, demons and symbols of the ancient Mesopotamia: an ilustrated dictionary” Jeremy A. Black, .. (1992)

“Dictionary of the deities and demons in the Bible DDD”  Karel Van der Toorn … (1999)

Biblos.com

Imágenes:

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de.wikipedia.org.

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Los israelitas: Orígenes en Canaan.

Una de las premisas fundamentales para entender la evolución social y religiosa del pueblo de Israel, se basa en una concepción singular: Mientras que en el resto de la creencias del Oriente Próximo cuando un dios y  pueblo eran derrotados por las armas mundanas, la tendencia general suponía el abandono de su culto. En el caso del pueblo de Israel,  sus fracasos ante Babilonia y Asiria,  por el contrario, supusieron el engrandecimiento de  su dios, apareciendo tales conquistadores como meras marionetas en manos de los designios divino, como castigo  ante el pecado de ese mismo pueblo. Éstas afirmaciones que pudieran suponer una conceptualidad hacia la divinidad más acorde con actuales supuestos principios, no deja, a mi entender, de ser una expresión de la construcción de un “nacionalismo religioso” que posiblemente, y ante las similitudes, pudo ser importado a Canaan desde Mesopotamia durante el exilio babilónico hebreo.

«Los príncipes están postrados, diciendo: ¡Clemencia! Ninguno alza su cabeza a lo largo de los Nueve Arcos. Libu está desolada, Hatti está pacificada, Canaan está despojada de todo lo que de malo tenía: Ascalon está deportada, Ghezer está tomada, Yanoam parece que no hubiera existido nunca, Jezreel está derribado y yermo, no tiene semilla. Canaan se ha convertido en una viuda para Egipto ¡Todas las tierras están unidas, pacificadas! » Pasaje de la “Estela de Merneptah”. Siglo XIII a.c.

No cabe duda que a lo largo de la historia se han ido construyendo variadas hipótesis sobre el origen de los hebreos. No hace excesivo tiempo todavía se consideraba como acertada, y en consonancia con los relatos bíblicos, la idea de un pueblo nómada que llegó desde Mesopotamia atravesando el actual desierto sirio,  y que con sus conquistas de las tierras habitadas de Canaan adoptaron paulatinamente  un estilo de vida sedentario. Ésta teoría se sustentaba en relacionar a los israelitas con los “apiru”, e incluso con el territorio nombrado en la carta de “Tell-el-Amarna” como “Ilri”. Territorio donde estos hordas vivían al margen de la entonces sociedad canaanita como  refugiados, apátridas y ladrones o fuera de la ley. El término apiru/Hapiru probablemente sea de procedencia hurrita y su gentilicio  utilizado en el siglo XVI a.c. en Hatti. Ugarit y Mesopotamia, para posteriormente serlo en el siglo XV a.c. por egipcios, si bien en los  textos de éstos últimos aparezcan como un “país” sin unidad política. El significado de “apiru” –  como es en el caso de la “Estela de Beth Shean” del faraón Seti I. Siglo XIII a.c. – puede asociarse con la designación de algunos grupos étnicos del occidente asiático.

«Ese mismo día alguien vino a informar a su Majestad, que los apiru de la montaña de Yamartu, junto con los tayaru,..agredieron a los amu de Rhuma. Dijo entonces (su Majestad): ¿Que piensan estos malditos amu tomando sus arcos para pelear?, Sabrán a quién han ignorado, al gobernante valiente como un halcón, un toro de amplia zancada y afilados cuernos, desplegadas sus alas de pedernal, sus miembros de hierro, para destrozar la tierra de Yuhi (norte de Canaan…) entera » Pasaje de la “Estela de Beth Shean”. Siglo XIII a.c.

Mas lo que parecía evidente es que tanto  los “apiru” como los “shashu” – tribus de pastores nómadas establecidos en el Sinaí, el Negev y la Transjordania descritas a comienzo de siglo XII a.c. y entre cuyas tribus podría estar incluida la tribu de Judah – no eran predecesores de los hebreos, si bien en el caso de los segundos existen severas dudas, según mi criterio – Tal vez,  las tribus hebreas no tuvieran una estrecha relación con las tribus de semitas arábigas o semitas mas occidentales, pero lo que resulta evidente es que si la tuvieron en otros aspectos sociales y religiosos –. Evidencia que según I. Finkelstein y N.A. Silberman vendría soportada por el hecho,  ahora conocido,  que tanto los campesinos como los pastores estaban integrados, por aquel tiempo, en unos modos sociales que interrelacionaban ambas posibilidades económicas y que también descartaba otras teorías como la infiltración pacifica. De ésta guisa, entre los años 60 y 70 del siglo pasado, G. Mendenhall y N. Gottwald,  basándose en los textos del Tell-el-Amarna y aduciendo que en el Bronce Tardío, 1550-1300 a.c., se produzco una revuelta social como consecuencia de la desmesurada acumulación de las tierras  y riquezas en manos de la aristocracia de las ciudades que obligó a los campesinos a refugiarse en las tierras altas,  confeccionaron un hipótesis en relación a la posibilidad que los israelitas fueran unos rebeldes que abandonaron los valles para establecerse en el altiplano. Ésta teoría fue parcialmente desechada porque contradecía los restos arqueológicos, ya que tales premisas desdecían los estudios de ambos  conjuntos de asentamientos y que situaban a los pobladores del valle y altiplano en diferentes estadios culturales.

Mapa político y geográfico de Palestina. Siglo VIII a.c. aprox.  (desplegar..) Photo by replicals.com

Según la arqueología, a partir del siglo XVI a.c., la economía agrícola canaanita empezó a dar signos de empobrecimiento y aunque  durante el  transcurso del siglo XIII a.c., y siglos posteriores, se produjo la destrucción y abandono de las ciudades,  aunque la mayoría de los asientos aldeanos de la llanura consiguieron sobrevivir – situación documentada en los valles de Jezreel, Jordán y en la costa filistea, y que también nos proporciona información sobre poblaciones que abandonaron la llanura para dirigirse a los altiplanos -. Así, por ejemplo, las excavaciones realizadas en las poblaciones Jericó, Bethel, Laquish y Hazor, no han dado señales positivas en cuanto a restos de culturas de carácter hebreo en esas fechas, mientras que la excavaciones efectuadas, por Y. Aharoni,  en la región de la Alta Galilea si  se encontraron evidencias israelitas,  si bien eran de la Edad del Hierro (siglo XII- IX a.c.) , y que  fueron atribuídas  a las tribus de Naftali y Asher.

Dicho esto, durante la década de los 70 del anterior siglo, las campañas realizadas, en las supuestas ubicaciones de las tribus bíblicas de Manasés, Efraim, Benjamín y Judá,  dieron como resultado un gran número de asentamientos en el altiplano levantados en el transcurrir de pocas generaciones. Los datos recogidos señalaban la existencia de un profundo cambio socio-económico, libre de episodios violentos y de influencias externas, y  que estaba exclusivamente vinculado al antes mencionado entorno natural. – Que transcurría entre las montañas de Judea y Samaria. Alrededor de 250 asentamientos – El enclave tipo consistía en una aldea levantada en lo alto de una colina en una zona escarpada y rodeada de bosques – bosque que estaba compuesto fundamentalmente de encinas y terebintos, con una población media de unas cien personas que en su mayoría eran campesinos y pastores con una economía de subsistencia, y en las que no se aprecian edificios públicos, con un culto  religioso  que, parece ser, sería similar al resto de Canaan – Se han encontrado una estatuilla de un toro, referenciar tal vez con Baal,   y en el monte Ebal lo que parece ser un altar -. Por lo que ante la evidencia, se puede afirmar, y así lo dibujan Filkenstein y Silberman, que no se puede hablar de  “invasiones  proto-israelitas”  en las alturas de Canaan antes del siglo XIII a.c., aunque se tenga la constancia de acontecimientos de tal índole durante  los años 3.800 a.c. y  2000 a.c., siendo en ésta última época  donde deberemos situar  la  edificación de los recintos fortificados de Shiloh, Sikem, Jerusalem, Hebrón y Bethel y por tanto a contextuales  con el hecho del  relato bíblico. La solución estribaría en la existencia de un acontecimiento de decadencia que tal vez culminó en el siglo  XVI a.c., pasando a ser el territorio una zona fronteriza y poco habitada.

En conclusión, posiblemente no se pueda hablar propiamente de “israelitas” hasta el siglo VIII a.c. Los israelitas eran pastores nómadas que comenzaron a efectuar una amplia transformación de sus modos de vida  durante la Edad del Hierro I . Pasaron de habitar en tiendas a vivir en aldeas – si bien es cierto que, en un primer estadio, estos asentamiento estaban dispuestos a similitud de los campamentos nómadas – y que, en su generalidad, pasaron del pastoreo a la agricultura,  poblando las zonas fronterizas de Canaan, así como los márgenes del desierto, entorno al siglo XII a.c. Las aldeas contra las que guerrearon los israelitas, como antes se había mencionado, carecían de murallas y fortificaciones en contra de lo que afirma la Biblia. A lo que habría que añadir que la situación socio-económica del altiplano canaanita fue el resultado de la aparición de un “estadio israelita” y no, como afirmaban G. Mendenhall y N. Gottwald resultado del colapso de la ciudades. Los israelitas no eran poblaciones extranjeras, si no propiamente canaanitas, eso sí, con unos usos y costumbres aglutinantes diferenciadas de filisteos, ammonitas y moabitas  que eran los pobladores de los valles. En definitiva,   la supuesta “invasión bíblica”, como tal, de Canaan por nómadas del desierto “proto-israelitas” resulta ausente de veracidad.

En palabras de J.C.H. Langhin y J.M. Blázquez:  « Este autor (Langhin…) es totalmente contrario a la interpretación “literal” de la Biblia. Los antepasados de los israelitas eran un grupo étnico diferente y también poseían concepciones religiosas distintas. Igualmente coloca el origen del Israel bíblico en la región montañosa central durante el Hierro I. Recoge la teoría de Callarvay (1988)  según la cual “el inicio como andadura como nación con una religión nacional fue un largo proceso de lucha  modelada desde la perspectiva interna por unos líderes dinámicos que conocemos como Jueces, y desde la perspectiva externa por la presiones políticas ejercidas fundamentalmente por los filisteos”. La cultura de éstas aldeas difícilmente conduce al monoteísmo yavista del Israel posterior »


Referencias:

¿Quienes eran los primitivos israelitas? en “La arqueología bíblica y la historicidad de los libros del Antiguo Testamento” J.M. Blázquez y J. Cabrero (2004)

“La Biblia desenterrada : Una nueva visión arqueológica del Antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados” I. Finkelstein y N.A. Silberman (2006, para la edición hispana)

Mitología semita: El Templo de Salomon.

La palabra hebrea para denominar a un gran recinto sagrado ó templo es “hêkal”. Éste término, que en similares modos es utilizado por fenicios y ugaríticos, se  conecta etimológicamente con el  apelativo acadio, “êkallu”, que a su vez deriva de la designación sumeria para ” La Gran Casa” ó “ê.gal”, y que describe, fundamentalmente, al conjunto de edificaciones en tributo a un dios determinado . Posteriormente, tal epíteto incluyó, con el paso del tiempo, al otro centro de poder dentro de las culturas de antiguo Cercano Oriente: El palacio.

En Jerusalem, y con el apelativo de “hêkal Yahveh” nos encontramos una de estas construcciones y  cuya edificación, según nos relata el Antiguo Testamento,  es atribuida al rey Salomón – Solomon en hebreo, y del cual, como en el caso de otras figuras bíblicas,, no existe ninguna evidencia arqueológica contrastada  de su existencia histórica, aunque los estudiosos bíblicos daten su reinado en el transcurso el siglo X a.c. – . Este acontecimiento, como pudiera parecer, no resulta excluyente con la  existencia  en paralelo de otros  santuarios, lugares santos y templos,  con  otras ubicaciones, en relación con  las prácticas religiosas hebreas, así como de recintos al “aire libre” – Epítetos como “bêt Yahveh”, “Casa de Yahveh”, “bêt Elohim”, “Casa de lo Sagrado”, ó del “hêkal Yahveh” de Shiloh ( de donde parece ser  originaria , en su adoración, el “Arca de la Alianza”), así como la existencia templos en localidades tales como Bethel  ó Bethlehem y que dan testimonio de ello. Caso de excepción es el templo de Elephantina, donde se tiene constancia de una estatua al dios Yhw (representación prohibida en la religión hebrea..) , ó de Leontopolis, en Egipto –, Entre estos últimos emplazamientos encontramos los llamados “miqdaš yhwh” ,“lugares sagrados de Yahwehó  los “miškan” y que como ejemplos podemos citar  el “encinar de Mamre” en Shiloh, así como el de Sikem,  siendo éste último encinar,  el lugar donde se produjo el pacto de los hebreos con sus dios para la consecución de la “Tierra Prometida”.

« (Éste es..) el legado de Salomon, hijo de David, quien fue rey de Jerusalem, amo y señor de todos los espíritus del Cielo,  la Tierra y bajo la Tierra (Inframundo..). Que por medio de ellos llevó a cabo el trascendente trabajo del Templo. Incluyendo también a los mandatarios que subyugan a los hombres, y que por tal causa, estos demonios, son ángeles reducidos a la nada. Por el sabio Salomón, bendito tu seas, Señor Dios, que diste a Salomón dicha autoridad. Gloria a ti, por los siglos de los siglos. Amén » Pasaje del “Testamentum Salomonis”. Siglo I d.c.

Supuesta planta del Templo de Salomon. Siglo X a.c. (¿?) Photo by cojs.org

Desde la visión puramente arqueológica, la arquitectura del Templo de Salomón resulta una incógnita – No cabe duda que la Biblia hace una amplia descripción de enseres y ornamentación del templo , 1 Reyes 7; 27-50 y 1 reyes 6; 2-9, pero, y al contrario,  las referencias sobre las características  del templo, en sí, son ambiguas  y contradictorias, según nos dicta Y. Aharoni – Según tales estudios, la  edificación templaria del supuesto primer “hêkal” de Jerusalem pudiera tener la siguientes características: De planta rectangular, con una capilla interior ó “debir” de forma cuadrangular, que probablemente debe ser entendida como un santuario y no como una habitación separada del conjunto del templo, y cuyo conocimiento está soportado en la Biblia y en los conocimientos arqueológicos sobre templos similares:  Un pórtico ó “ulam” resuelto en una disposición de porche cerrado y del que formarían parte dos columnas – Las “Jachin” y “Boaz” bíblicas – y que compondrían parte de la estructura de soporte de la techumbre de dicho pórtico – A diferencia de multitud de reconstrucciones donde las columnas figuran independientes del edificio ó por el contrario, como detalles ornamentales de su frontal y acceso-. Siguiendo estas consideraciones, con respecto a la planta del edificio, así como el propio relato bíblico –  Hiram I  , rey de Tiro , 969-963 a.c., y según el texto de 1 Reyes 6; 16-32 y Crónicas 6;  2-3,  envío a Salomón artesanos y materias primas, pagadas en cereales,  para la construcción del templo de Jerusalem -, tal vez, debamos considerar un estilo de construcción afectado  a  los templos cannanitas, ugaríticos ó anatólicos. – caso del templo neo-hittita de Tell Tayinat en el  turco valle de Amuq, los templos “D” y  de Tell Munbaqa eblaítas ó el cannanita de Megiddo -, más sin dejar de lado otras posibles consideraciones ó  similitudes con recintos de esencia propiamente hebrea, como pudiera ser el “templo de Arad”  – recinto mitad templo , mitad fortaleza fronteriza – que aunque construida, según determinadas teorías, en los tiempos del templo salomónico,  tiene como  rémora, en la similitud,  el  dibujarnos una planta de conceptualidad  diferente.

Éstas consideraciones  que fueron realizadas que, y pudieran parecer coherentes, durante la década de los 60 y 70 del siglo pasado, hoy resultan desafortunadas. Las recientes tesis de I. Finkelstein y N.A. Silberman, asentadas sobre un mayor conocimiento,  nos plantean conclusiones radicalmente diferentes y que se basan en la residual certeza de restos arqueológicos importantes fechados en Jerusalem durante el siglo X a.c y anteriores. – faltan restos arquitectónicos y evidencias cerámicas – . De lo que se puede deducir que es imposible que tal enclave fuera el centro neurálgico de un imperio que se extendiera desde el Mar Rojo al norte de Siria – No existen evidencias arqueológicas de riqueza, organización administrativa, ni militar, compatibles con tal situación – , y por el contrario, nos rubrican el hecho que  la supuesta capital del reino salomónico, posiblemente no sobrepasara, por esas fechas,  las proporciones  de una aldea. Por otro lado, en relación a lo anterior, las supuestas ciudades conquistadas y posteriormente reconstruidas por Salomón – caso de  los enclaves de Hazor, Meggido y Ghezer (1 Reyes 4:12 ó 1 Reyes 9:15) –  ,y que  soportar las primeras afirmaciones estéticas,  son datadas por el Carbono 14 en el siglo IX a.c., lo que las hace incompatibles con el  aseverado reinado  del monarca hebreo (971-931 a.c.) Cito a JM Blazquez y J Cabrero:

« La arqueología sólo puede decir que David y Salomón ha existido y que su leyenda se ha perpetuado. La única prueba de la existencia de un estado unitario israelita, según éstos dos  arqueólogos israelitas (Finkestein y Silberman ..) , responde a la fascinación ejercida por la Historia Deuteronómica del siglo VII a.c. con la veneración de David y Salomón. el Deuteronomio se sirve de la monarquía unificada como propaganda política. (continúa el texto…) La arqueología ha demostrado que la visión bíblica del Siglo de Oro de David y Salomón no es exacta; es una proyección a tiempos pasados de Judá en el s. VII a.C. »

Planta del palacio y templo (izd.) de Tell Tayinat.   Origen neo-hittita. Siglo IX-VIII a.c. Antakya (Turquía). Photo by Fontes.Istc.edu

Un tema anexo sería tomar en consideración el concepto de “servidor del templo” y/o “sacerdote” –  El “kohen” ó “kohein” hebreo y que resulta paralelo al término cannanita-fenicio  “khnm” (KAI 59:2)  y ugarítico, así como a la nabatea “khn”, y que derivaría de la conceptualidad  semítico-acadia “kânu”, “inclinar antes”, (Dhorme) –. Durante el supuesto periodo nómada, que asumiremos temporalmente dentro de la “época patriarcal” – y que la “arqueología bíblica” sitúa entre los siglos XIX y XIV a.c. – se toma con cierto que los hebreos, carecían de una “casta sacerdotal” propiamente dicha– considerando tal significancia como parte del hecho de la existencia de un centro de culto con una ubicación “estable”, si bien se tiene conocimiento de un “emplazamiento móvil” que ejercía paralelas funciones   -,  y que como en el caso de otras culturas similares ó semi-nómadas,  la liturgia sería dirigida por el patriarca ó jefe familiar, caso de Abraham. Ésta circunstancia sería invariable hasta la decisión del sedentarismo – y que las actuales tendencias tienden a considerar como una reestructuración social dentro de la propia región de Cannan y no como una “migración” externa procedente de Mesopotamia  – ó lo que es lo mismo:  “Cuando se produce el pacto entre pueblo hebreo y Yahweh” donde,  la “decisión divina“,  impulsa la creación del Tabernáculo ó “mishkan” (Éxodo 25: 8-9). La mezcla de estos dos “perfiles litúrgicos”  marcarán la identidad del futuro sacerdocio hebreo, así como  del culto,  hasta la reforma religiosa impulsada por el rey Josías en el siglo VII a.c. Otro de los aspectos paralelos, que puede resultar llamativo,  es el “derecho al sacerdocio” como “gracia divina” en relación a la tribu de Leví y que le establecido dentro de un orden hereditario – Afirmación que habría que contextuar, ya que aunque  Aaron y sus hijos fueron provistos de tal gracia por Moisés,  no menos cierto es que Jonathan, de la tribu danita, fue sucesor de su padre en tales menesteres (Jueces 18:30) , así como Elí y sus hijos que fueron sacerdotes en la localidad de Shiloh ( 1 Salmos 1-2) ó Ajimed y su descendencia en el lugar de Nob (1 Salmos 22:11) Éste hecho podría hacernos suponer un primer estadio descentralizado que coincidiría con decisiones unificadoras posteriores, con respecto al oficio del culto,  en el templo de Jerusalem-, aunque esta eventualidad pudiera ser alterada ante una preferente “llamada divina”hacia tales nombramientos como pudiera ser los casos de Micá y Eleazar.

« A Leví dijo: Tu Tumin y tu Urim sean para tu varón piadoso, a quien probaste en Masah, con quien contendiste en las aguas de Meribá, quien dijo de su padre y de su madre: “Nunca os he visto”; y no reconoció a sus hermanos, ni a sus hijos conoció; Pues ellos guardaron tus palabras, y cumplieron tu pacto. Ellos enseñarán tus juicios a Jacob, y tu ley a Israel. Pondrán incienso delante de tí, y el holocausto sobre el altar » Deuteronomio 33: 8-10. Biblia Reina Valera (1960).

Según tal texto, tres son los ministerios principales del sacerdocio hebreo: Cultural, oracular y de instrucción. Si bien la función “oracular” fue la predominante sobre las otras  – y a las que habría que añadir otras no tan secundarias,  como las terapéuticas, judiciales y administrativas  – y cuyas prácticas , las primeras,  están íntimamente relacionada con un ajuar determinado, el “ephod”, y que, según el texto bíblico de  Samuel, David vistió de tal guisa en una danza ante el “Arca de la Alianza” y que, por supuesto, vestían los grandes sacerdotes ó descendientes de Sadoc en los ritos sacrificares – Exponente máximo de tales rituales que representaba el Yom Kippur, momento anual y único donde se abría el “debir” –

« Y yo lo escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase efod (ephod) delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel »  1 Samuel 2:28 . Biblia Reina Valera (1960)

Por otro lado, es indiscutible que las creencias hebreas, dentro del contexto semita, a partir del siglo VIII a.c. describen una serie de variables divergentes con el resto de las religiones de sus entorno. Ésta diferenciación, que forma parte posiblemente de una decisión religioso-nacionalista, a semejanza de las disposiciones generales acontecidas en el antiguo Oriente Próximo a partir del siglo XIII a.c., no dejan de ser evidentes y perceptibles. Más no cabe duda que, en su generalidad,  las prácticas, administración y modos templarios son inequívocamente paralelos, en su observancia, al resto de las instituciones de su tiempo, por lo que una radical diferenciación es desechable.

Dicho esto, no cabe duda que tanto los sacerdotes anatólicos, sirios y hebreos fueron investidos por “unción” en similar ritual que en Babilonia – donde los sacerdotes son “pasisu”, ungidos, o los “gu.dú” sumerios que corresponden a sacerdotes sacralizados mediante el mismo proceso”-. También resulta evidente  la similitud de orden entre los turnos de guardia establecidos por los levitas para el Tabernáculo hebreo y los “haliitalles” en las “Instrucciones de los servidores del templo” anatólicos (CTH 264). Como de igual manera, son preclaras que las costumbres en la “Creciente Fértil” y Mesopotamia de prohibir la entrada en el templo a los mutilados (KUB 7, texto 22) son paralelas al pasaje donde se impide la entrada en el templo de Jerusalem  a los ciegos y a los cojos ( 2 Samuel 5: 6-8).

Referencias:

“Temple Arquitecture; What can Archaeology tell us about Solomon’s Temple? Volkmar Fritz in “Essential papers on Israel and the ancient Near East” Edited by F.E. Greenspahn. (1991)

“El Siglo de Oro” en “La arqueología israelita y la historicidad de los libros del Antiguo Testamento” J.M. Blázquez y J. Cabrero  (2004)

“Magic and divination in ancient Palestine and Syria” Anne Jeffers (1996)

“Textos religiosos hititas; Mitos, plegarias y rituales” J.V. Trabazo (2002)

“Temple and temple services in Ancient Israel”  Menahem Haran (1995)

Mitología semita.Los sacrificios “karat b’rit”: “Cortar un alianza”

Según el texto babilónico-amorrita del “Enuma Elish”, el pacto entre los dioses, tras su enfrentamiento, acaba con la partición en dos mitades de la diosa Tiamat y con éste acto, la creación de Cielo y de la Tierra.

El término “alianza”, tal y como lo conocemos de las lecturas bíblicas, corresponde al vocablo hebreo “B’rît”, traduciéndose, en el caso de la Biblia Vulgata Latina, a partir de la lectura griega “δυνθηκη” y que nos ofrece la acepción “testamentum”.  En sus rasgos fundamentales, éste concepto nos posiciona sobre pactos sociales, o públicos, que aparecen profusamente en la Biblia. Si bien habría que matizar que este tipo de “acuerdos” no tienen una herencia exclusivamente hebrea, sino que se proyectan a lo largo de una historia de Oriente Próximo de gran influencia semita  – si bien éste tipo de acto, culturalmente, se extienden a lo largo del orbe del mundo –  y donde era frecuente el sistema de alianzas para instaurar relaciones pacíficas y más o menos estables tanto entre grupos de personas como entre entes individuales. Así la Arqueología nos proporciona numerosos ejemplos de tratados antiguos donde distintos soberanos establecen sobre sus bases las condiciones de su interrelación y que dependiendo de su naturaleza pueden ser de dos tipos: “Tratados de Paridad” o “Tratados de Soberanía”, o “Vasallaje”, siendo éstos últimos los más frecuentes.

« Quien no observe todas estas palabras escritas sobre esta tablilla de plata del País de Hatti y del País de Egipto, que los mil dioses del País de Hatti y los mil dioses de País de Egipto destruyan su casa, su país y sus servidores. Por el contrario, para quien observe las cláusulas escritas sobre esta plancha de plata, sea hittita o egipcio, y al que no la descuide, que los mil dioses del País de Hatti y los mil dioses del País de Egipto le den buena salud y que viva él, su casa, su país y sus servidores. » Cláusula XVI del “Tratado de Qadesh”, borrador enviado a Ramsés II por Hattusil III,  siglo XIII a.c.  Bogazkoy (Turquía)

En los Tratados de Paridad“, caso del anterior, – la versión egipcia de éste texto está plasmada en las paredes del templo de Karnak, donde describe incluso las características de la citada tablilla que era de plata – los reyes se proclaman como hermanos con obligación de respetar y defender, en un plano de igualdad, sus  respectivos derechos y posesiones, pactos  incluirían un acuerdo de ayuda mutua ante los individuales enemigos. Estas alianzas, con un esquema análogo a los relatados en los textos bíblicos, poseen en su general estructura la siguiente composición: Una introducción, donde se desarrolla el contexto del futuro acuerdo;  Una descripción de los acontecimientos que han llevado a su constitución; El relato de los derechos, de cumplida obligación, que darían fe del respeto mutuo entre los firmantes,  y que son inherentes al hecho pactario; Las cláusulas que se vienen a asumir para evitar una hipotética ruptura; La relación de los dioses garantes del tratado y por último, las desgracias y maldiciones a sufrir por el incumplidor, así como los parabienes por su cumplimiento. 

Dicho esto, aquí habría que añadir que la firma de tales alianzas, o pactos, y es aquí donde queremos que dirijan su atención ,  solían estar acompañadas de festejos, liturgias sagradas y rituales, así como su representación en estelas, que suponen unos dogmas en extremo significativos y posiblemente conocidos por el lector.

« Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra. Y él respondió: Señor Jehová, ¿En qué conoceré que la he de heredar? Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también , y un palomino. Y tomo él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una frente a la otra; mas no partió las aves. » Pasaje del Génesis, 15: 7-10. Reina Valera, 1960

Dentro de los rituales que acompañaban a estos pactos, existía un componente de relevancia significativa y que eran los sacrificios. Sacrificios que aunque pudiera parecer como evidente su práctica ante la acción de conseguir la observancia divina sobre el acuerdo por parte de los participantes,  no deja de ser paradójico que realmente formen exclusiva parte, dentro de la alianza, de los firmantes. Firmantes que debían, según la costumbre semita, entre otras, matar y dividir en trozos al sacrificio para posteriormente apoyarse, pasar por en medio de  lo despedazado o/y untarse con la sangre de la víctima, como símbolo de unificación de criterios sobre lo expuesto en sus clausulas.

Se han propuesto tres explicaciones a éste rito: Una de ellas, conocida como “explicación retributiva”, nos afirma que el sacrificio y partición de la víctima simbolizan el castigo que caerá sobre el hombre que viole o deje de cumplir el acuerdo. De esta guisa,  tomaría el sacrificio un  significando,  en la liturgia pactal,  de los padeces, así como la  violenta muerte del posible transgresor, asimilando tal  sacramento al firmante con el  ente sacrificado. Un posible ejemplo de ésta significado es el juramento de vasallaje del príncipe amorrita de Bìt Agûsi, Mati’-Ilu,  ante el rey de Asiria,  Ašur-Ninari.

«(10) Este cordero de primavera no ha sido apartado de su rebaño y traído a este lugar para ser ofrecido en sacrificio,  para un banquete,  para su comercio, ni para un hombre enfermo ,  ni para ser  ofrendado a  [Aserah¿?]. Ha sido traído para sancionar el tratado entre Ašur-Ninari y Mati’-ilu. Si Mati’-Ilu mintiera contra éste tratado,  hecho bajo la encina de los dioses, entonces, como este cordero de primavera  ha sido apartado de su rebaño para que no pueda retornar a él, así también sea Mati’-ilu alejado de su tierra,  de sus hijos,  de sus hijas, de sus nobles y de las gentes de su pueblo, y no regrese nunca a ella, ni vuelva a ponerse al frente de los suyos.  Esta cabeza no es la cabeza de un cordero de primavera, sino la cabeza de Mati’-ilu, la cabeza de sus hijos, la cabeza de sus nobles, la cabeza de las gentes de su pueblo. Si Mati’-ilu quiebra esta promesa, sea su cabeza separada del tronco, de la misma manera que se separa del tronco la cabeza de este cordero de primavera…» Traducción de “The Ancient Near East:  An anthology of texts and pictures” ANET, pag.  532-33.  según texto del Siglo VIII. a.c.

La segunda alternativa que puede ser planteada es la que J.G. Frazer denomina “explicación purificadora” y que nos dirige a un ritual para proteger a los firmantes de acuerdo de cualquier “influjo maligno”, ya sea divino o demoníaco,  que tal alianza pudiera desencadenar y que pone en nuestra memoria los rituales de sustitución” de las culturas de Oriente Próximo – Costumbre que se conserva actualmente, por ejemplo, en la región de Moab -. y que a su vez, y por último, tuviera una “vertiente sacramental” de renovación del tales pactos como los rituales del “Yom Kippur” judíos, los sacrificios  ovinos del “Ramadhan” musulmán o  del, posteriormente,  metafórico “Cordero Pascual” de la religión cristiana.

Según R. Smith, se creía que las personas que se apoyaran en los trozos de la víctima, o que pasaran entre sus dos mitades despedazadas, formaban un vínculo con el ser sacrificado, formando un todo y una única sangre. Episodio que concordaría con una variante de los llamados “pactos de sangre” de genérica culturalidad en el mundo.  En las excavaciones realizadas en la localidad de Ghezer, en Palestina, por S. Macalister se descubrió un cementerio – Si bien sus excavaciones fueron funestas y su datación errática. Databa éstos hallazgos como “pre-hebreos” – . Este cementerio consiste en una cámara cilíndrica que había sido excavada en la roca y en cuyo suelo,  aparecen los esqueletos de quince seres humanos y la mitad de otro. Esa mitad de esqueleto corresponde a una joven de unos catorce años de edad y que cuya autopsia nos revela que ha sido “cortado” a la altura de la octava costilla cuando el cuerpo todavía no estaba frío. También en Ghezer, y en excavaciones posteriores, se puso al descubierto la mitad de un esqueleto de un muchacho de unos diecisiete años que,  al igual que el caso anterior,  había sido cortado en dos partes por la región comprendida entre las costillas y la pelvis, y cuyos restos junto al de otros dos hombres, se encontraban  bajo los cimientos de una construcción.

No cabe duda que se puede especular hartamente sobre el significado de estos enterramientos, si bien no sería de extrañar encontrar una segunda mitad en la zona opuesta de éstos asentamientos y cuyo hipotético fin sería una mezcla tanto de la segunda como la tercera explicación antes comentadas. Yo me inclino, al igual que Frazer, por un pacto o alianza, como parte de un ritual de reafirmación contínua en el tiempo de una alianza – los ciudadanos pasarían entre las dos mitades constantemente y que concuerda con la tradición reflejada en el Enuma Elish donde los dioses habitan entre el Cielo y la Tierra. – entre los pobladores de la ciudad de Ghezer, población de la que, y como recordatorio,  se tiene noticias desde el IV milenio a.c.

« Oye, pueblo mío, y hablaré; Escucha, Israel, y testificaré contra tí: Yo soy Dios, el Dios tuyo. No te reprenderé por tus sacrificios, ni por los holocaustos, que están constantemente delante de mí. No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos. Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. » Salmos 50: 7-11. Reina Valera 1960

Referencias y textos:

“El folklore en el Antiguo Testamento” J.G. Frazer (1981, para la versión hispana)

“Introducción al Antiguo Testamento: Pentatéuco y libros históricos” Miguel Ángel Tábet (2004)

“Tratado de Qadesh” http://www.egiptoaldescubierto.com

” La Biblia” Reina Valera (1960)

Mitología semita. El encinar de Mamré: Los árboles sagrados.

Sin duda todos conocemos, aunque sea de oídas, el relato de la anunciación a Abraham del destino de Sodoma y Gomorra, así como el del nacimiento de su primogénito en el encinar de Mamré por parte de Yahweh  o el más antiguo pasaje del tiempo bíblico en relación a la aparición de YHWH a Abraham acontecido junto a la encina o terebinto de Sikem.

« Y Abram atravesó la región  hasta  el makon/sagrado Siquem,  hasta el elon/encino de Moreh; Más los Kena’ani/Kenitas estaban en la Ha’aretz/Tierra prometida. Hashem se le apareció a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré la Ha’aretz hazot/ Soñada tierra prometida. Y allí edificó un altar a Hashem,  quien se le había revelado. » Génesis 12: 6-7. Biblia Ortodoxa Hebrea.

Es cierto que con anterioridad al final de la primera mitad del I milenio a.c., sino antes ,  el culto a los “árboles sagrados”– si bien, J.G. Frazer, habla de “árboles sagrados”, realmente la referencia es los “Asherah”, o “lugares altos poblados de arboleda” y de los cultos hacia la diosa semita occidental que allí se practicaban  – fue  objeto de severos ataques por parte de algunos profetas, advirtiéndolo como un rito pagano. Aunque dicho esto, también existen pruebas que durante un periodo histórico anterior a tal prédica, hablamos del II milenio a.c. aprox, determinadas forestas, o bien ejemplares individuales de determinados árboles,  desempeñaban un relevante papel  en la religión yahwista y en la religión amorrito-levantina. No en vano,  hasta el mismo YHWH esta íntimamente relacionado con este culto,  siendo frecuente en la Biblia los pasajes  donde dios, o sus emisarios,  se manifiestan  ante los primeros héroes y patriarcas  semíticos bajo  la sombra o cercanías de su ramaje. Sigue leyendo

Mitología mesopotámica. Demonios: La personificación, en la Tierra, del sufrimiento humano

Si bien es cierto que las actuales representaciones demoníacas, son inequívocamente de origen mesopotámico, no lo es menos que las presentes conceptualidades religiosas occidentales  sobre su  asignado papel, parecen distar mucho de ser compatibles con la esencia de sus  primitivas atribuciones o significados.  Ésta aparente incompatibilidad  tiene visos de ser resuelta sobre las aportaciones realizadas por  las teologías  que acompañaron a las  dinastías  conquistadoras del  Oriente Medio, a finales del I milenio a.c., siendo en éste periodo de la Historia, donde  tal vez debemos de situar  ese “punto de inflexión” divergente de unas creencias que durante más dos mil quinientos  años se mantuvieron en su primordial estructura  en la “Creciente Fértil”,  prácticamente  indelebles.

« (36) A la casa que no abandona quien entró en ella. Por el camino que no tiene regreso. Donde el polvo es su alimento y la arcilla su sustento; donde no ven la luz y viven en la oscuridad; donde visten plumas, como los pájaros; Donde el polvo y el silencio lo cubre todo…» Descripción del “Más Allá”· Pasaje de la “Epopeya de Gilgamesh”. Tablilla VII. 36-39. Versión de la Biblioteca de Ašurbanipal. Sigue leyendo

Series Shurpu: Rituales asirio-babilónicos en el culto judeo-cristiano.

Cara frontal de un amuleto neo-asirio contra demonios Lamaštu. Siglo X a.c. . Musée du Louvre.

¿Que son las series Shurpu? Se denomina “Series Shurpu” a un conjunto de textos cuneiformes  – siete tablillas,  en referencia a las encontradas en la biblioteca del templo del dios Nibu en la ciudad de Nimrud – recopilados en la Babilonia entre  el año 1030-1005 a.c. aprox., aunque se las considera,  estudiadas individualmente, como de origen probablemente sumero-acadio.   En su generalidad, este tipo de escritos  describen  las invocaciones y lecturas mágicas que los médicos o “asus”,  y/o sacerdotes mesopotámicos debían realizar para expulsar, cuando  los conocimientos médicos empíricos fallaban, los demonios y maleficios causantes de las aflicciones del enfermos o   “poseídos”. La creencia era que muchos de los padeceres del ser humano eran el resultado de  sortilegios realizados por “invocadores de poderes demoníacos”, los”kassatu” o “kassaptu”, es decir:  Los hechiceros y brujas .  Éstos rituales mágicos de “purificación” eran la forma de combatir y expulsar del cuerpo los espíritus malignos causantes de semejantes ponzoñas, y que eran realizados fundamentalmente mediante la recitación de fórmulas para, o bien reclamar la intercesión de los dioses protectores, la expulsión del ser infernal, o bien ambas.  Estas invocaciones que estaban acompañadas de diversos rituales religiosos, caso,  por ejemplo,  de  la “cremación” de la imagen del hechicero. “Cremación” o  su nombre traducido a la lengua acadia, “Shurpu“, y que da nombre a éste conjunto de  ceremoniales.

La relación entre los exorcismos mesopotámicos y los rituales de sacrificio  en la  religión hebrea ha sido  ya sobradamente probada  en lo que respecta  a los rituales del “Yom Kippur” judíos y los “ritos de sustitución” sumero-acadios – Los “ritos de sustitución” consisten en su fundamento el hacer que un tercero , ya sea animal, persona, u objeto, cargue con los pecados y males del objeto animado o inanimado que  se desea sea exonerado: ya sea personas, bestias o posesiones en general -. En éste sentido,  Los estudios de muestran que  los actos sacrificares israelitas, en su generalidad, su más que evidentes orígenes en los generales cultos semitas, y aunque no existan  una excelsa información publicada en el caso de los exorcismos mesopotámicos en relación con los rituales hittitas y  pre-islámicos, no cabe duda que existen evidencias de  su  paralelismo con pasajes del culto bíblico.

« …Para el hombre sabio, el habla (el dios Ea/Enki..) . Un cordero  es el sustituto de un hombre, un cordero el da por su vida. La cabeza del cordero, el da por la cabeza de hombre. El cuello del cordero, el da por el cuello del hombre. Las carnes del cordero, el da por las carnes del hombre…»  Pasaje de texto asirio-sumerio  . “Die kelienachriften und das Alte Testament”. H. Zimmern. pag. 597.

«Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto (ganado muerto en sacrificio) y será aceptado para expiación suya.» Levítico 1:4. Reina Valera 1960.

Tres tipos de textos rituales aparecen en los escritos de invocaciones mesopotámicas: Los “Udug-hul”, y que en grandes líneas se refieren a las aflicciones no provocadas por una demoníaca agresión; los “Maqlu”, que corresponden a maleficios de “tipo espiritual”, pero que no son consecuencia de una transgresión del individuo hacia las divinidades, si no fruto de la brujería; y los “Šurpu”, del tipo espiritual, pero que son débitos a acciones , ya sea por obra  u omisión,  atribuibles al poseído  y que han ofendido a los dioses.

Si bien, en el primer caso,  sería el “Asus” quien posiblemente dirigiera las jaculatorias, en los restantes procedimientos, ante su dificultad y  graves consecuencias, se hacía necesaria la participación de un exorcista, los llamados “asipu”–  que formaban parte  de los sacerdotes de rango superior o “pasisu”, “los ungidos” – . En general, las ceremonias dirigidas por estos exorcistas, o “Asiputu”, mantenían un procedimiento dividido en dos partes: Primero se trataba de discernir el tipo de “ser espiritual” que ocasionaba el mal. El descubrimiento del demonio poseedor se conseguía dilucidar mediante determinadas “claves” o  “signos” que aparecían en la sintomatología del poseído. Dichos signos eran evidenciados  bien mediante la recitación mágica de una lista de seres malignos – La conocida como “lista shurpu de demonios” – y estudiando las reacciones del enfermo ante la pronunciación de su nombre,  ó bien mediante el estudio del habitual comportamiento ulterior del padecedor – estos estudios abarcaban tanto posesiones, incluido esclavos, como personas vinculadas a su círculo familiar y habitual que podían ser causa de su males – . Determinado el espíritu causante de la aflicción, se  procedía a una exortización que incluía la rogatoria a las  posibles airadas deidades  que  le enviaron  y que consistía en aplacar su ira, si éste fuera el motivo,  o  directamente eran dirigidas a expulsar al demonio poseedor. Estos procedimientos estaban  determinados hacia la restauración de un general “equilibrio universal” que la aparición de tales seres en el mundo terrenal, implicaba.

« Yo te invoco (texto perdido…), a vosotros grandes dioses.  (…)  dios (…) y diosa Isthar, señores del arrepentimiento. Los únicos y verdaderos (…) , el único y verdadero dios, Ea (¡?), la única y verdadera diosa, Ishtar. Por los pecados de (X) , hijo de (X), de quién Él es  dios, de quien Ishtar es diosa.  El ésta enfermo y afligido, lleno de pena y sinsabores. ¿Ha ofendido él a su dios..? ¿Ha ofendido él a su diosa…? ¿Habló él de negar su gracia..? ¿Hablo él de su gracia negar..? ¿Ha él (…) señalado con el dedo..? ¿Ha tomado a los dioses en vano..? ¿ (…) mientras susurraba..? (…) ¿Ha renegado el de Ea..? ¿Ha renegado el de Ishtar..? ¿(…), hablando de demonios..? ¿(…) hablando con odio..? ¿(…) hablando con desvergüenza..? »  Pasaje de invocación. Series Shurpu, tablilla II.  “Die Beachworumgatafeln Shurpu, Beitröge sur Kentniss der Babylonichen Religion”. H. Zimmern.

Bronce asirio-babilónico del dios-rey de los demonios alados, Pazuzu. Siglo VII a.c. Musée du Louvre

“Es un hecho comprobado que el concepto y las representaciones más antiguas de ángeles y demonios, pertenecientes siempre al mundo divino, hay que situarlos en época sumeria, de donde pasarían a la religión asirio-babilónica y luego al mundo hebraico” (La Civilización Sumeria, F. Lara Peinado, 1999. Pag. 177)

« (Oremus… ) Deus qui culpa offenderis: poenitentia placaris: preces populi sui supplicantis propitius tespice &  flagella tuae iracundiae, quae pro peccatis nostris meremur averro (¿?). Omnipotens aeternae Deus salvus aeterna credentium, exaudi nos pro famulo tuo infirmo pro quo misericordiae tua imploramus auxilium, ut reddita sibi sanatitae, gratiarum tibi in Ecclesia… » Pasaje de “En  la que se contienen los exorcismos para exorcizar a los energúmenos ya poseídos por el Demonio ” Parte Segunda “De la practica de Exorcistas y ministros de la Iglesia”. Padre Benito R. Noydens. 1693 d.c.

«(Oremos…) Dios,  ofendido por el pecado:  por las aflicciones apiadado: Escucha las  intercesoras suplicas  de tu pueblo  penado y azotado por tu ira,  merecedora por nuestros pecados de su padecimiento (¿?) . Omnipotente y eterno Dios de  la verdadera eterna salvación , óyenos en favor de tu siervo enfermo,  por el que de tu misericordia imploramos ayuda  en la devolución  de su salud, para que sea devuelto en tu gracia a la Iglesia…»

Una comparativa más exhaustiva entre “Las series Šurpu” y  el “Manual del Exorcista” de  S. Juan de la Cruz,  – y que  este último evidencia demasiado la precariedad de mis fuentes, ya que es más fácil encontrar  literatura accesible  de los “desvaríos” de Z. Sitchin, , que de los temas aquí tratados ¡Porqué sera..? – nos demuestra que incluso en las “temáticas exorcistas” se producen excelsos paralelismos, ya que no sólo se exorcizan a los padecedores de brujería y “hechizamientos”, a los animales improductivos, a los  silos que pierden grano, a las casas defectuosas,  o  las más conocidas posesiones espirituales  por  delitos  contra las divinidades y posesiones demoníacas,  si nó que incluso se llegan a exorcizar,  con  plena  evidencia de convergencia, las pandemias y las plagas. Una práctica que no nos debe hacer extrañar, porque hasta bien entrado el siglo XVIII , en España, se seguían abriendo expedientes inquisitoriales contra langostas y pulgones por atentar contra los campos  de labrantío.

Referencias y textos:

“Possesion and exorcism in the New Testament and early Christianity”  Eric Soresen (2004)

“Cuneiform parallels to the Old Testament” R.W. Rogers (2009)

“The Surpu incantations and Levítico V; 1-5” M.J. Geller (1980)

“De la práctica de Exorcistas y ministros de la Iglesia”  Padre Benito Remigio Noydens.  (Edición  2010)