La Inquisición en Europa. Orígenes

A finales de siglo XII, la iglesia desarrolla este procedimiento inquisitorial con el decreto del papa Luciano III: “Ad Aboleman” (1184 d.c.) como consecuencia de la rápida difusión de herejías en Europa Occidental como el maniqueísmo, el valdeísmo y más tarde el catarismo, obligando a la Iglesia cristiana a crear un estratégia defensiva. En 1184 se empieza a aplicar la pena de fuego para los herejes; y a continuación en 1199 se añaden otras penas como la confiscación de bienes y la autorización del empleo de la tortura en procesos contra la ortodóxia romana , para incorporar posteriormente determinadas disposiciones sobre el secreto en las actuaciones, como la ocultación de testigos y la eficacia procesal.

Por el año 1230, el procedimiento inquisitorial se transforma en una nueva institución que se crea en Francia para reprimir el catarismo o herejía albigense, institución controlada inicialmente por el papa Gregorio IX. El primer inquisidor conocido es Roberto de Brougre, francés y dominico que había sido antiguo cátaro. Concretamente donde más éxito tendría la Inquisición sería en en Sur de Francia, aunque no con pocas resistencias, como lo demuestra el asesinato en 1242 del dominico Guillermo Arnaud, inquisidor de Toulouse. El apogeo de la inquisición medieval tuvo lugar durante la segunda mitad del siglo XIII y las últimas ejecuciones fueron llevadas a cabo entre 1319 y 1321. Es de interés destacar la actuación a comienzos del siglo XIV en los montes pirenáicos y en concreto, en Montaillou, de Jacques Fournier, obispo de Pamiers, a quien poco mas tarde conoceremos presidiendo la curia papal con el nombre de Benedicto XII.

La penetración de la herejía cátara en Italia supuso también la introducción inquisitorial en Lombardía – aquí el inquisidor Pedro de Verena fué asesinado y canonizado con el nombre de San Pedro Mártir – y en Viterbo, donde en 1273 llegaron a ejecutarse más de 200 herejes en un día. – En el peor periodo de la inquisición en los reinos peninsulares ibéricos (1480-1530), en Valencia fueron procesadas 2.354 personas y condenadas a muerte el 40% – Es reseñable resaltar que el siglo XIV hay tribunales inquisitoriales repartidos por toda Europa: Bohemia, Polonia, Portugal, Bosnia, Alemania y los antes mencionados, siendo los reinos latinos de Oriente, Britania, Castilla y Escandinavia los únicos que carecían de ella.

Progresivamente se multiplica la burocracia inquisitorial y se editan manuales procesales del Santo Oficio como el de Raimundo de Peñafort (siglo XIII), Bernardo Gui/Guidoni (siglo XIV) y Nicolau Eymerich (siglo XV). Las categorías delictivas también fueron ampliándose, así, de las herejías medievales se pasó a juzgar otros delitos: Blasfemia, bigámia y brujeria, – A partir de 1438 se descubren “sabbats” en los Alpes – con lo que la caza de brujas se desata incrementándo la actividad de la Inquisición.

En la corona de Aragón, el tribunal inqusitorial venía funcionando desde sus mismo inicios como consecuencia de la difusión de la herejía cátara. El concilio de Tarragona y el edicto real de Jaime I (1233) dado a petición del papa Gegorio IX, sentaban las bases de la Inquisición en la Corona de Aragón. En el artículo VIII de dicho edicto, el rey mandaba al obispo que nombrara un sacerdote mientras el se reservaba el nombramiento de dos láicos que acompañarían a aquél en las pesquisas. En 1242, el nuevo concilio de Tarragona, reunido por el arzobispo Pedro Albalat y en el que tuvo una destacable participación San Raimundo de Peñafort (patrón de los abogados..), establecía la organización de la Inquisición bajo la jurisdicción de los obispos, y el dominio casi exclusivo de los dominicos.

Con la edad moderna, la llegada de la monarquía de los Reyes Católicos y la unión de la Corona de Castilla y Aragón, se produce un cambio radical: Conscientes, Isabel y Fernando, de los problemas socio-religiosos y ávidos de la legitimación eclesiástica que el poder absoluto necesitaba – El nuevo reino era un conglomerado de fueros, prebendas, creencias y poderes fácticos – instaron al Papa para que dotara de una nueva Inquisición a la Corona de Castilla. El 1 de noviembre de 1478, el papa Sixto IV en su bula “Exigit sinceras devotionis affectus” concedía a los Reyes Católicos el poder de nombrar dos o tres obispos ó sacerdotes seculares o regulares (de más de 40 años, de vida recomendable y con títulos académicos) para desempeñar el oficio de inquisidores en las ciudades ó diócesis de sus reinos.

Hasta octubre de 1483 se libra una auténtica batalla entre la monarquía y el papado debido a la concepción eclesiástica que el papa quería para la nueva inquisición de la Corona de Castilla y Aragón en contraposición a la idea de los monarcas de utilizar la institución inquisitorial como instrumento de asentamiento de su propio poder. – La inquisición era el único órgano de la administración estatal que permitía al rey salvar la barreras jurisdiccionales de los fueros de la antigua Corona de Aragón – aunque, para ser estrictos, nunca dejó de ser, en definitiva, un tribunal eclesiástico. Así en Francia, una monarquía absolutista, esta nueva Inquisición no tuvo razón – Los procesos heréticos eran incoados por los Parlamentos -, Portugal no la tuvo hasta 1547 e Italia, a finales de siglo XVI.

Por su parte, el papado, creo su propia Inquisición en Roma en el año 1542. Esta Inquisición, la española desapareció oficialmente el 15 de julio de 1834 (De facto en 1798), es la única que ha sobrevivido hasta la actualidad, aunque con un cambio de nombre: “La congregación para la doctrina de la fé” y que tiene entre sus últimos máximos dirigentes al actual papa, Benedicto XVI.

Referencias: R. García Carcel “Orígenes de la Inquisición española” (1978) y otros.

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