Los demonios en las creencias judeo-cristianas. Origen y generalidades.

Desde hace algún tiempo y por pura curiosidad intelectual, vengo observando determinadas cadenas de televisión evangélicas, apostólicas o de seguidores literales de los textos bíblicos cristianos. Independientemente de mi opinión con respecto a las creencias religiosas en general, uno de los detalles que mas han llamado mi atención, han sido determinados pseudo-liturgias exorcistas en directo, y donde por obra y gracia del auto-denominado pastor se hace gala de excelsos poderes sobre los “demonios mundanos” que acechan a su parroquia en nombre de Yahweh. Dichos rituales son en extremo afectos a las desgracias diarias, englobando fundamentalmente dos aspectos de la cotidianidad humana: La enfermedad y las penurias económicas.

Bronce asirio-babilónico del dios-rey de los demonios alados, Pazuzu. Siglo VII a.c. Musée du Louvre

Pero lo que mas me ha resultado llamativo no son esas prácticas como tales, pues son fórmulas recurrentes desde los albores de la humanidad, si no la desviación que tales sucesos suponen sobre el general papel que los “entes demoníacos” han tenido como tentadores del alma del creyente y como adalides de la pérdida de perspectiva en la supuesta verdadera Fe en Cristo y sus enseñanzas. En definitiva, hablamos de unos rituales que, en éste caso, dejan en un segundo plano la “redundante labor apostólica” que las iglesia cristianas han tenido durante milenios como fortín y guía del pensamiento moral, social y político de lo que denominamos como “Cultura Occidental”, para pasar a ser remedio de unas estragos básicos y pan temporales del ser humano, ante la evidencia de unas comunidades adeptas y sin fisuras.

Como ya he incidido en otras entradas, al tiempo de la llegada del Neolítico a Oriente Próximo,  y la progresiva adaptación a las nuevas fórmulas sociales que representaba, se hace necesaria una revolución en el ámbito religioso. En paralelo a la ineludible necesidad de una explicación para la nueva organización social, se produce su imprescindible justificación religiosa. Reforma del concepto divino  que hará referencia al “acomodo vital” del individuo en el nuevo ordenamiento  de la Naturaleza y de la sociedad humana,  y que dará extremo valor al “sacrificio” y su auto inserción en sus diferentes liturgias organizativas y económicas. Siendo a partir de éste hito social, donde los templos, como atalaya de los dioses,  tomarán el papel de administradores de los mitémicos dueños y soberanos de la Naturaleza,  beneficiándose de los frutos de los supuestos dominios terrenales de los anteriores. Por otro lado, estos dogmas advertirán de las penas que el incumplimiento o desobediencia de tales preceptos acarrean al tentar a la ira de tales deidades, siendo su castigo  la condena a hambrunas, enfermedades y otras diferentes padecimientos.  Llegados a éste punto, habría que aclarar el comportamiento de éstos antiguos dioses, independientemente de la absoluta obediencia exigida al hombre,  era de hacer y deshacer a su antojo y capricho,  sin  que en ningún momento fueran considerados como “seres malignos” o “seres benignos”, siendo como eran dueños y señores con derecho a vidas y haciendas, de tal manera que exclusivamente influían en la vida del hombre en función de sus atributo morales, naturales y de su veleidad divina.

Amuleto en obsidiana contra demonios lamashtu. I milenio a.c. Metropolitan Museum

Ésta concepción de la deidad,  sufrirá con el paso del tiempo una nueva visión, incidiendo nuevamente en la relación del hombre con el “hecho divino”. El creyente, como consecuencia de una nueva percepción socio-religiosa acontecida durante la época kassito-babilonia, se siente objeto de una lucha entre unas “fuerzas negativas” que le acosan y unas “fuerzas positivas” que,  mediante rituales y plegarias de perdón,  podrán contrarrestarlas.  A raíz de la anterior bifurcación teológica y por primera vez, aparecen unas entidades que serán hijos de los dioses, y por tanto con un origen divino, que tomarán la representación de los padecimientos de la Humanidad, siendo su exclusivo propósito el castigo de los humanos ante una “ausencia de moralidad” hacia cualquier miembro del panteón deífico – Comportamientos éticos que eran establecidos por éstas propios entes, en definitiva los sacerdotes y/o reyes, y cuyos castigos surgían a consecuencia de una culpa o infidelidad ritual o dogmática hacia el dios- : Tales personajes eran los demonios.

«¡Somete, oh Giš.bar!” “¡Tu serás expulsado por nariz y boca”! Tu, desviación (del camino ¿?), ser hechizado quien le ha tocado (al paciente..).  Hechizada, hija de Anu,  tú indeseable, tu tamarisco, yo te he aplastado, (y) te expulso”. (Aunque..) Dis  [lo dijo], Dis ip-šur lo desdijo, diabólica maldición en forma de Gal5.lá.gin8 , Río,  Bil.gi ap-kal,  tu solitario tamarisco [que crece] en el Cielo… Pasaje de los exorcismos  de las “Series Shurpu”  Tabilla I: 2-19 (Alternativa II). Series babilónico-kassitas

 De ésta guisa,   la actualizada creencia sobre los “seres demoniácos“,  puede ser interpretada como el estar “bajo el poder de un dios”, o “daimon”,  o lo que es lo mismo: “Estar poseído por un dios”, “entrar en desgracia” o “estar enfermo”. Si bien, en éste última acepción, habría que distinguir y según la época entre enfermedades físicas curables y “enfermedades del espíritu” y/o físicas incurables, siendo su tratamiento exclusivo la exorcización del paciente. Éstos rituales exorcistas consistían fundamentalmente en averiguar la causa del enojo de la divinidad que había convocado al demonio mediante un “ritual de investigación” donde se definía tanto al dios incomodado como al vehículo, el demonio, que representaba la aflicción. Éstas liturgias concluían con una rogatoria al dios personal, o de la ciudad, para su intercesión ante el arrepentimiento del penado. Dioses intercesores que,  durante el proceso henoteológico de Oriente Próximo, estaban personificados por un “Ilu”, el dios principal o personal,  y una “Ištar(u), o “Diosa de la Fortuna”, y que solía ser la pareja de la divinidad.  Como contrapunto,  también era posible realizar “rituales de protección” y/o  rogatorias complementarias a otros “dioses menores benéficos”, caso de los “šedu”, los “lamašu” o “keruba”. Forma singular, ésta última,  del término “kerubim”, los denominados  “querubim” de las creencias musulmanas y  judeo-cristianas. 

«Que mi enseñanza caiga como la lluvia, (que)  mi palabra se destile como el rocío y  llovizna sobre la hierba reciente,  como los ṣ́e’îrîm  sobre lo que crece tierno. » Deuteronomio 32:2 Biblia Ortodoxa Hebrea

Desde la visión del Antiguo Testamento, el significado y los acontecimientos asociados con el término “demonio” nos derivan temporalmente al periodo post-exílico  y su “revaluación” de las, hasta ese  momento,  generales creencias de los hebreos. En épocas anteriores,  los hebreos mantenían en sus  generales dogmas semitas occidentales dos entidades que la posterior Biblia Septuaginta griega definiría como “daimonia”, “demonio”, en Isaías 13.21 e Isaías 34:14:  Los “ṣ́e’îrîm” y los “tsiyyim”. 

«Entre los tsiyyim (criaturas del desierto)  encontrarás a los iyyim (y) un se’ir nombrado para acompañarle.  Lilith habita allí y encuentra un lugar para su descanso. » Isaías 34:14 Biblia Ortodoxa Hebrea.

” El akelarre”, 1797-1798 Francisco de Goya, Museo Lázaro Galdiano (Madrid)

Los ṣ́e’îrîm,  singular “ṣ́e’îr”,   son seres que representan la “infecundidad del desierto”, apareciendo  también en ceremonias expiatorias, caso del llamado “Rito de Azazel”, Levítico 16: 5-10 y 20-22 y donde se narra como Aaron sacrifica dos machos cabríos, “ṣ́e’îr”,   uno a Yahweh y otro a Azazel – término que puede ser traducido como la “cabra expiatoria” – . Éste tipo ritual, donde el animal carga con los pecados de los israelitas, está referenciado en otros textos semíticos occidentales y anatólicos (B Janowski y G Wilheim) . Rituales donde “portadores” o “sustitutos” serán condenados, en éste caso internándose en el desierto, con el fin de lograr la eliminación del mal o las impurezas en un rito o acción anterior, y cuya premisa es el “manejo físico del Mal”, o de la cólera divina,  para su posterior eliminación. (García Trabazo, 2002). En definitiva, se trata de la “vuelta a su origen”, el desierto y su infertilidad, de lo dañino o de lo improductivo como parte del reino del dios Mot, el Attar-Mot hebreo, “La Muerte”,  dentro del general ciclo mitológico semítico occidental que, y a su vez, hay que situar en la general sociedad agro-pecuaria de Oriente Próximo y Egipto por tales fechas, donde encontraremos multitud de sus sosias en “dioses de las tormentas”, sujetos, mitológicamente hablando, al ciclo vital de la “muerte y resurrección de las cosechas” o de, como pudiera ser en el caso de Egipto,  adalides de las prácticas agrícolas. Una corroboración de los expuesto nos la da el mismo texto de Isaías 34:14  y donde se hace mención a Lilith. Una Lilith, “Lilîtu” o “Ardat(u) Lilit”,  que en la general mitología de Oriente Próximo  es un “lamaštu“ y donde aparece como hija del dios Anu. Se la considera la culpable de los abortos, de la mortandad y enfermedades infantiles, así como de la incapacidades maternales de las mujeres, dicho de otra manera: La Infertilidad.  Su relación con las creencias hebreas viene soportada por los textos del “Midrash” rabínico, siglo II d.c. , y donde se describe la costumbre semítica de colgar del cuello de los niños un amuleto con la representación de tres supuestos  “entes angelicales” denominados Senoy, Sansenoy y Semangelof para proteger a los infantes de la primera esposa de Adam, Lilith, y que son comparables al uso de amuletos contra demonios “lamaštu” mesopotámicos. Como añadido, decir que Lilith, y dentro nuevamente de su actividad contra la fertilidad, es considerada también como un “alû” o “súcubo”, es decir:  “La engendradora de demonios”.

Otra acepción, y que nos da el Antiguo Testamento sobre los ṣ́e’îrîm, sería el de “ídolos” o “dioses extranjeros”, los denominados en hebreo “’elilim”. Así nomenclaturas de la actual entidad demoníaca son derivaciones de antiguos dioses de Oriente Próximo,  caso de “Asmodeo”  que surge del daeva persa “Aeshma” o  el apelativo “Belcebú” que nombra al dios filisteo “Baal Sebaoth”; “Astharot” que rememora a la diosa Astarté o Ištar  de amplia creencia en Mesopotamia y la Creciente Fértil; “Moloch” que hará referencia al dios Moloc amonita/púnico;  el dios principal Baal-Haddad semítico occidental y sus múltiples acepciones como demonio bíblico, caso de “Baalberith”, “Balaam”, “Belial”, “Belphegor”, “Buer” y un largo etcétera. El nombrado anteriormente Azazel, o “Asael” ( según el Libro de Enoch 1-6); “Leviatán”, el dios Yam ugarítico, y así otro largo etcétera. Un hecho a tener en cuenta, es que desde el punto de vista hebreo incluso los  entes extranjeros “absolutamente benignos”, caso de los “šedu”, son tomados de igual manera como parte del elenco demoníaco y que nos deriva hacia una extrema política religiosa nacionalista inexistente hasta entonces en Oriente Próximo, si bien, estos últimos,  se siguen manteniendo, como ya se ha comentado,  en una versión propia.

Con la conquista de Persia  por  Alejandro Magno, los asentamientos hebreos pasaron a formar parte del sector occidental del imperio macedonio durante los siglos IV-III a.c.siendo durante éste  periodo cuando se documenta el surgir, dentro de  la literatura religiosa judía, de un nuevo género:  El llamado “Apocalíptico”, y es aquí, durante éste acontecimiento dogmático, cuando se produce una nueva perspectiva en las concepciones afectas al hecho demoníaco y que ligarían, ya  definitivamente,  en la religión hebrea a los antiguos demonios con sus actuales acepciones judeo-cristianas. El germen en éste nuevo papel de las antiguas entidades afectas como demonios, estará inspirado en el dualismo zoroástrico. Ésta cosmología alude a la existencia de dos beligerantes fuerzas espirituales que están encabezadas por el dios de Zoroastro, el ashura “Mazda”, y el  daeva/Diablo, “Ahirman”,  y que a su vez, comandan sus respectivas huestes de arcángeles y archi-demonios, así como a sus sucesivas, en el rango,  hordas de espíritus menores. Estos ejércitos encontrados lucharán por la lealtad de la Humanidad. Una lealtad que viene expresada para cada bando por los comportamientos, justos o injustos, de los seres humanos desde los dogmas de la religión zoroástrica,  y cuya inclinación en éste mundo hará que su futuro destino, tras la resurrección de las almas, sea una “Vida Eterna” o  su condenación en la “Destrucción Ardiente”. A partir de la asumpción de la estructura cosmogónica aqueménida persa,  los hasta ahora dioses patronales de las diferentes nacionales de Oriente Próximo y sus divinidades acólitas, dejarán de ser dioses para pasar a ser considerados como espíritus menores de la Naturaleza o del Cosmos y de esa misma forma,  degradados a entes maléficos cuya principal función es la tentación del creyente, con el fin de alejarlo de la verdadera fe, atrayéndolos hacía cultos falsos.  Según el dogma zoroástrico, todo éste proceso tendría un final que sería la victoria de Ahura-Mazda con la llegada de un Salvador que se opondría a lo poderes malignos, un “Juicio Final” y una “Nueva Era”. Dogma que será adoptado por la religión hebrea, no sin producir un cisma, y que será evidente en los textos post-exílicos y en la literatura religiosa inter-testamental, así como en la  posterior fe cristiana. 

Máscara de arcilla del gigante Humbaba/Huwawa. Año 1800-1600 a.c.  Sippar , actual Abu Habbah (Iraq). Protector del “Bosque de los Cedros”, la puerta de la “Montaña Sagrada”, residencia de los dioses. British Museum

Vinculados a este acontecimiento, se incorporan a la nomenclatura religiosa demoníaca hebrea términos como “Satan”/”Satanás”, en arameo “Ha-Shatán” y que viene a significar “El Opositor” o  “El Adversario”, y que claramente evoca los nuevos aspectos filosóficos incorporados desde Persia; o el término “Lucifer”, en hebreo “Heylel”, “Portador de la Luz”,  que posiblemente  provenga  de una acepción de los “daevas”, los demonios zoroástricos, en su denominación en el antiguo culto védico como los “Brillantes”.

« ¡Mi Señor.. ( a Gilgamesh)! Tu no tienes conocimiento cierto de ese ser,  (mas) el no debería de inflingirte derrota, pero a mí (Enkidu..), me causaría padecimientos. […] Yo, le conozco de antes:  Su boca son las poderosas fauces de un dragón; su cara tiene el rictus del león; su pecho es como un río embravecido-. ¡Nadie  ha sido capaz de hacerle frente …! El que asola los cañaverales; el león devorador de hombres; el que nunca enjuaga la sangre de sus babas […] [el que es] como un león despedazando un cadáver (y) que nunca enjuaga su sangre…»  Pasaje de Gilgamesh y Huwawa” (Versión A)

Desde el punto de vista formal,  las  representaciones demoníacas en las cosmogonías de las “Religiones del Libro” mantienen una figuración alegórica estrechamente vinculada con las  representaciones mesopotámicas, si bien éstas imágenes mantenían, tal vez, un origen semítico y cuyo ejemplo nos lo podría dar el ancestral gigante Huwawa/Humbaba de los escritos en lengua sumeria y del que se tiene noticia desde la Edad del Bronce, 2100-1750 a.c.. Huwawa  era un ser monstruoso de siete auras, protector del bosque de cedros de la costa mediterránea que conducía a la “Montaña Sagrada“, residencia de los dioses y siervo del dios Sol Utu/Šamaš. Por otro lado, existen dos tendencias fundamentales al momento de representar al ente demoníaco: Una que es la asociada al demonio Azazel y al macho cabrío, propiamente semita occidental  y una segunda que proviene de la asimilación figurativa del dios de los demonios, “Pazuzu”. Unser, este último,  derivado del gigante Huwawa, y que aparece en la cosmogonía de Oriente Próximo en la Edad de Hierro,  a sí como de determinados dioses secundarios asirio-babilónicos, caso de los benignos apkallu, el monstruo de la diosa Tiamat, de las esfinges lamašu y de los demonios lamaštu.

Referencias:

etcsl.orinst.ox.ac.uk

biblos.com

“Šurpu, a collection of sumerian and akkadian incantations” Erica Reiner (1958)

“Dictionary of deities and demons in the Bible” (DDD) K. Van der Toorm, B. Becking, P.W. Van der Horst (1999)

Imágenes:

http://www.britishmuseum.org

http://www.aboutopsecret.com

http://www.blackwarlock.com

 

Escatológica zoroástrica y Apocalípsis judío. Paralelismos

En ningún momento debe ser tema de debate que el zoroastrismo tenga una profunda influencia en el judaísmo postextílico,  mas si se tiene en cuenta que con posterioridad a la conquista de  Babilonia  por Ciro, el Grande, – Ciro II,  fundador de la dinastía persa aqueménida, 559- 530  a.c. ? – en el años 538 a.c. los israelitas cautivos  tuvieron la posibilidad de regresar a Jerusalem. Si bien tanto los exiliados que volvieron como los que permanecieron quedarían sujetos al dominio persa, siendo estos últimos la inmensa mayoría y los que redactaron el Talmud Babilónico.

Por estas fechas empezaba la corriente filosófica zoroástrica  a dejarse sentir en el imperio iranio.  mas fue doscientos años mas tarde  con la conquista de Persia  por  Alejandro Magno – Alexandros III de Macedonia,  353-323 a.c. –  cuando sus dogmas fueron generalmente aceptados. La “Creciente Fértil”, y por tanto Canaan/Palestina pasó a formar parte del sector occidental del imperio macedonio,  y que fue regido por Seleuco, – Seleuco I, Nicator, 358?- 280 a.c. uno de los generales de Alexandros – siendo durante éste  periodo cuando se documenta el resurgir dentro de  la literatura religiosa judía de un nuevo género:  El llamado “apocalíptico”.

Alegoría persa islámica del “pesaje de las almas” y del coránico/zoroástrico puente Sarat/ Chinvat.

Estos escritos postrimeros están cargados de indudables huellas de los principales dogmas del zoroastrismo. Así se advierten nuevas visiones  sobre el Cielo y el Infierno, el Juicio después de la muerte unido  al fin del mundo. También se renueva la percepción sobre  la jerarquía angélica , así como del pretérito dualismo entre el  Bien y del Mal que ahora estarán adscritos a la existencia de dos ejércitos combatientes. Ejércitos que dispondrán de sus propios caudillos,  Miguel y Satanás, y cuya lucha desembocará en un reino mesiánico en el que prevalecería el bien. Habría que puntualizar que Alejandro no tuvo en muy alta consideración las filosofías de Zaratustra, ya  que  asociaba su ideario con la anterior dinastía aqueménida vencida, pero la impronta que sus doctrinas escatológicas dejaron en el pensamiento del mundo pérsico bastaron para que el siglo II a.c. constituyeran ya parte integrante de los nuevos escritos apocalípticos judíos.  Textos tales como el libro de Daniel – posiblemente escrito durante la revolución macabea, 167-142 a.c. aprox. – y, entre los apócrifos del Antiguo Testamento, el libro de Enoc – las referencias sobre su redacción en Egipto datan del siglo I a.c.  hasta el siglo  I d.c. – o el Testamento de los doce Patriarcas.- finales del siglo II d.c. – Esta anexión al culto hebreo  aconteció  incluso a expensas de la propia presión ejercida por parte del imperio seleúcida, o asiático, macedonio sobre los judíos, año 198 a.c. aprox., para que adoptaran las costumbres y la religión griegas. Situación que llegó a la represión religiosa con la subida al trono del rey Antíoco  en el año 175 a.c.    – Antíoco IV,  Epífanes, 215- 163 a.c. –  y su exigencia en la adoración a los dioses Zeus y Dionisios. Lo dictámenes de tal represión  prohibían al pueblo de Israel, en otros,  guardar la fiesta del Sábado,  la circuncisión de los hijos varones e incluso la posesión de alguna copia de las escrituras hebraicas. Tal era así que como  dictamen culminatorio, Antíoco,  ordenó  erigir un altar a Zeus en el Templo de Jerusalem  y  dio orden  de sacrificar cerdos, animales impuros para la religión judía, en su recinto.  Según relata la tradición judía, cuando el sumo sacerdote del Templo, Matatías, recibió la orden, Modein dió muerte al mensajero y puso en marcha un levantamiento que sus hijos Judá, Jonatán, y Simón culminaron con un nuevo breve periodo de independencia hebreo, lo que se conoce como la “Época de  los Macabeos” entre el 164-63 a.c..  Con posterioridad,  y como consecuencia de las luchas intestinas dentro del ámbito religioso-político judío, sobrevino un estado de guerra civil que tuvo como final  la anexión del  reino de Israel, año 63 a.c., por parte de Roma con la entrada del general Pompeyo en la ciudad de Jerusalem.

Fue a principios del período seléucida cuando se escribió el libro de Daniel. Texto que describe la “abominación de la desolación” perpetrada por Antíoco – llamado “el cuerno pequeño” en el texto y retratado como la encarnación suprema del Mal –. La sublevación de los hijos de Matatías y los acontecimientos subsiguientes,  son relatados en los libros apócrifos de los Macabeos, pero aunque el pensamiento  en ésta época turbulenta se movía hacía la pesadumbre y la  “Apocalípsis”, como suele suceder en tiempos de crisis,  explícitamente no tuvo una impronta acusada sobre los originales esquemas  zoroástricos. No obstante, la escatología del libro de Daniel posee una redacción y un ideario  muy diferente a la que podemos apreciar en los “escritos proféticos” judíos anteriores, dando lugar a la aparición de las primeras referencias a los arcángeles Miguel y Gabriel, o en el caso del libro de Enoc,  Uriel y Rafael,  apreciándose en ésta angelología una  evidente convergencia  con la estructura prototípica iraní – más exactamente al libro de los Gathas – a diferencia de las futuras conceptualidades mazdeístas. De modo paralelo, la “Esperanza Mesiánica” fue tomando forma en las creencias  hebreas posteriores al exilio babilónico,  así como la nuea estructura dual “Bien-Mal”, cristalizando en una fuente personalista del Mal que posteriormente conduciría a una progresiva asimilación entre ambos sistemas filosóficos.Es de anotar que si bien en un principio la redacción de cada uno de ellos mantuvo unas premisas basadas en una historia y tradición propias, la convergencia se acentúa progresivamente  durante el periodo macabeo  hasta el punto que al término de éste  la escatológica iránia terminaría siendo la prevaleciente.

« Ó Mazda, cuando sea puro,  y tu  palabra y  Khashathra Vohu Mana  ( ó Bahman, personificación del “Buen Pensamiento”, uno de los atributos de Ahura Mazda)  estén con nosotros,  el mundo caminará hacia el buen entendimiento y la justicia.  El ángel Armaiti (Spenta Armaiti  ó  Esphand,  otro de los seis Ameshas  ó “inmortales santos”, espíritu  femenino protector  del mundo, representa a la devoción del creyente)  alegrará los corazones de los hombres y las mujeres serán liberados con la luz del amor y la fé, que los guiará en pos de la verdad, pues nadie tiene el poder de confundir al dios todopoderoso, símbolo de la sabiduría y el conocimiento. » Yasna 43, 6

Resulta preclaro que la creencia en el Juicio y el Día del Señor estaba hondamente enraizado en la religión hebrea, pero la delineación detallada del escatología posterior y las doctrinas acerca de la “Resurrección” fueron indiscutiblemente el resultado de la influencia ejercida durante las épocas macedonia y macabea. La idea del “Hijo del Hombre” y la doctrina tardía de las “Postrimerías” que aparece en las “Similitudes” o “Libro de las parábolas de Enoc”, así como el apócrifo  2 Esdras 13, llegaron con toda probabilidad al judaísmo desde Persia,  donde el “Saoshyant “– En la  escatológica zoroástrica es el último de los tres enviados que cada 1000 años llegaban a los hombres. Responsable de la renovación espiritual que dará paso al final del mundo ó Frashokereti – se había convertido en la figura central del cuadro escatológico. La destrucción  hebrea del mundo por el fuego se ajusta a las teorías apocalípticas iránias, pero también es cierto que éstas  funestas narraciones eran compartidas tanto por los estoicos del imperio romano como por las escuelas filosóficas helenas y cuya semejanza posiblemente sean fruto de un intercambio ideario   de “ida y vuelta” establecido sobre una base común filosófica primigenia.

« Los Karapans (sacerdotes de las creencias anteriores a la reforma zoroástrica) y los Kavis ( príncipes protectores de los anteriores) han tiranizado a la humanidad. Sus malas acciones han destruido la vida. Ciertamente la conciencia de alguien así le atormentará el alma. Por lo tanto cuando lleguen al Puente del Juicio, (ó Puente  Chinvat )  morarán para siempre en la Casa de la Mentira ( ó Infierno)» Yasna 46, 12

Referencia e imágenes:

“Zoroastrismo y judaísmo” Historia de las religiones. E.O. James (1991)

Mazdeísmo: Creencias indoeuropeas en Airyanna

El nacimiento del mazdeísmo y del fundador de su teología, Zaratustra, – en su forma epónima griega: Zoroastro – debemos relacionarlo pretéritamente con la expansión de las culturas indoeuropeas ó “Cultura de los kurganes” – por Europa y Asia.

Ésta cultura se expandió en tres grandes oleadas entre el V y el III milénio: La primera convergió – año 4400-4200 a.c. – con la antigua civilización del Danubio. La segunda, divida en dos frentes: El primero – entre el año 3500-3000 a.c. – penetró tanto en la zona transcaucásica, como en la actual meseta iránia, y en parte de la península Anatolia; dirigiéndose el segundo grupo – año 3400-3200 a.c. – hacia Europa central. La tercera de éstas migraciones – entre el año 3000 y el 2800 a.c. – incidió principalmente en el contexto del mar Egeo y Adriático. Según nos refiere, E.O. James, un tercer grupo desgajado de éste último,  se instalaría permanentemente en Persia, dándole el nombre de Airyanna – topónimo que puede ser traducido como “la tierra de los nobles”. Airya significa “noble” y su derivación actual, Irán –

Representación de Angra Mainyu/Ahirman

De entre las creencias de éste pueblo, había de surgir el movimiento reformista iniciado por Zaratustra, probablemente hacia los años 650-600 a.c. – Si bien es cierto que algunos remontan sus premisas a los siglos IX ó X a.c., haciéndolo contemporáneo del periodo védico de la India -. Por el conocimiento de panteón hindú, conocemos que los indoeuropeos, indoarios, practicaban un complicado politeísmo de dioses naturalistas divididos en deidades bienhechoras, los daevas, “los brillantes”, y en demonios, los llamados asuras, “los señores”, si bien en Persia su personificaciones se trastocaron pasando los daevas a ser “malos espíritus” – caso del benéfico Indra védico, que fue transformado en un ser perverso –, mientras que los asuras/ahuras se presentaron como las positivas deidades iránias. Es en éstas creencias donde  se representa al Mitra védico como  el dios de la luz y de la guerra; A Haoma como al equivalente del dios vivificador hindú Soma; y a Ahura Mazda, probablemente asimilado a Varuna, como “El Cielo que todo lo sabe y todo lo abarca” en personificación del orden moral, así como en similitud al Asa y al Rta hindú y al principio cósmico que regula el recto orden del Universo. El fuego del sacrificio indio, Agni, se convirtió en Irán en objeto de culto, estando estrechamente ligado a “La Bebida de la Revelación” ó Haoma. – elixir que se exprimía sacrificialmente y se bebía durante los autos sacramentales para obtener la inspiración, la salud y el poder divinos –

Éste era el contexto deifico en Airyanna, cuando Zaratustra puso en marcha su revolución religiosa. Convencido de ser el enviado de Ahura Mazda – El “Señor Sabio” y único dios” -, negó la individualidad divina de los anteriores dioses iranios védicos, así como sus mitologías, y subordinó a Mazda/Ormuz tanto a ahuras como a daevas quedando éstos como mera representación de las diferentes atribuciones de un único ente todopoderoso. Aunque en muchos aspectos, Ahura Mazda, es similar a dios Varuna hindú, “El que Todo lo Sabe” y con el que se identifica en sus orígenes, fue el profeta persa quien con su reforma, le presentó como el creador del Universo y el mantenedor del equilibrio entre el bien y el mal. Así en los nuevos conceptos divinos, aparecen representaciones espirituales ó personalizaciones de sus deíficos atributos. – Vohu Mana ó el “Buen Pensamiento”;Asa Vahista ó “La Rectitud”; Kshatra Vairya ó el demonio; Haurvatar ó “La Prosperidad”; Aramati ó la “Conciencia Recta y Piedad”; Ameratar. “La Imortalidad” – El conflicto y la dualidad “bien-mal” se ve reflejada en Spenta Mainyu, “El Espíritu Santo” y Angra Mainyu ó “El Espíritu Maligno” primigénio, llamado también Druj.

« [Dice Spenta Mainyu..]  Nunca armonizarán nuestras intenciones, ni nuestras doctrinas, ni nuestras aspiraciones, ni nuestras creencias, ni nuestras palabras, ni nuestros hechos, ni nuestros corazones, ni nuestras almas » Yasna, 45, 22

Hay que matizar, según las creencias mazdeístas, que éstos gemelos enfrentados existían antes de la creación del mundo y que la tierra se convirtió  en su campo de batalla. Ésta interpretación sempiterna de la lucha entre el bien y el mal representa el primer intento, dentro de la historia de las religiones, de resolver  el problema dentro de las premisas de un monoteísmo ético.  Sólo Ahura Mazda existe como creador omnisciente, bueno y benéfico, él es el Rey del Bien, como llegaron a existir ésta dualidad moral es algo que no se nos explica – Como tampoco se nos explica en los Evangelios cristianos -, sin embargo, dado que el Universo es creación del “dios único” y únicamente bueno, los órdenes material y moral proceden de su voluntad bondadosa, por consiguiente, ese dualismo no es esencial e irrevocable. Los anteriores espíritus contrapuestos no existen independientemente de Ahura, y siempre tendrá como desenlace que el Bien deba prevalecer sobre el Mal.

Mitra, Mazda y el rey sasánida Ardeshir II (centro). Bajorrelieve del siglo IV d.c. Taq e Bostan - Kermanshah, Irán

« Los dos espíritus primigénios que se revelaron como gemelos en la visión, son lo Mejor y lo Malo en el pensamiento, la palabra y la acción. Y entre uno y otro los prudentes escogen con acierto, pero los necios, no » Yasna, 30

« Con su elección acertada, aquellos que obedecen la ley (Ashavan) de Ahura Mazda colaboran en la victoria final del Espíritu Bueno del Señor Sabio sobre la mentira. Deben decir siempre la verdad, repudiar la vida nómada, labrar la tierra y cultivar cereales y frutas; Tratar con cariño a los animales domésticos y regar los campo secos, porque el que no es labrador , no tiene parte en la buena nueva » Yasna, 31, 10

Zoroastro mantuvo siempre que al final el Mal sería destruido y prevalecería el Bien. Así, en su “Doctrina de las Postrimerías “, constituye la primera escatología sistemática de la historia de las religiones y estaba llamada a ejercer una importante influencia sobre las especulaciones apocalípticas del judaísmo. Sus enseñanzas nos dibujan  la existencia de un “Fin del Mundo” tras el cual habría una resurrección general, tras la cual todos los hombres deberían de enfrentarse a una “prueba de fuego e hierro fundido”. Aunque  los Gathas no nos revelan si esta prueba llevaría consigo la destrucción de Angra Mainyu y su acólitos, el resultado del juicio sería el establecimiento del reino de Ahura Mazda y la proclamación de la “Edad de Oro” del orden. En ese mundo renovado, ya fuera terrenal ó espiritual, sólo tendrían cabida los justos, y su recompensa final estaría condicionada por las elecciones éticas que hubieran hecho en la vida.

En ésta “Gran Consumación”, al completarse el ciclo natural del mundo e iniciarse un nuevo ciclo libre de todo mal, habría un juicio individual inmediatamente después de la muerte. Cada hombre, responsable de sus actos sobre la Tierra, tendría que dar cuenta de ellos, y el balance resultante decidiría su destino. – Al cuarto día después de la muerte, y acompañados de sus méritos,  tendrían que pasar “El Puente Chinvat” que separaba éste mundo del Paraíso. Para aquellos que su méritos fueran insuficientes, el puente se estrecharía “al grosor del filo de una navaja” precipitándose a las profundidades de un “lago ardiente” –  La prueba de fuego del juicio de Ahura Mazda incluye  así el paso del “Separador”, nombre que recibía el  puente Chinvat, porque dividíael destino de las almas entre la “Casa del Canto” y la “Casa de la Mentira”

En uno de los escritos mazdeístas más recientes, el Bundahish ó “Creación Original”, y que data posiblemente del siglo IX d.c., expone la teoría de las “Edades del Mundo” – aunque su ideario originario se remota al siglo V a.c.. -. En la historia de Universo, cuya duración es de doce mil años, se distinguen cuatro periodos de tres mil años cada uno. El primero de ellos estuvo dominado por los  Fravashis, seres ancestrales que posteriormente actuarían como genios guardianes de los hombres y  espíritus. Durante los tres mil años siguientes aparecieron el primer hombre y el primer buey, y fue en ésta época cuando, – según determinada versión –, los arcángeles formaron el cuerpo de Zaratustra, si bien hasta comienzo del último de los eones no se presentaría como personaje histórico. En el tercer periodo predominarían las fuerzas del mal y fueron durante ésta era cuando fueron creados lo progenitores de la humanidad y de quienes descendían los fundadores de la dinastía iránia. El cuarto y último periodo, inaugurado por la doctrina de Zoroastro, no habría llegado todavía a su consumación  y que a intervalos de mil años, Zaratustra, será seguido de tres “salvadores”. El último de los cuales, el Saoshyant ó Mesías, nacerá sobrenaturalmente de una virgen que beberá de un lago cuyas aguas conservarían el semen del profeta a fin de permitir su nacimiento,  y que instaurará en el mundo un nuevo orden glorioso, dando  final paso a la resurreción de los muertos y  la llegada del Juicio Final.

Referencias:

“Historia de las religiones” E.O. James (1991)