La cultura de los verracos

Ya en 1876 se tiene constancia, como evidencia arqueológica y son tratados como tales, de estos monumentos escultóricos con el descubrimiento de tres esculturas zoomórficas junto a lo que se supuso el recinto inferior del castro de Las Cogotas (Ávila) y que por no encontrarse en zona de viviendas, se supuso serviría de encierro para el ganado. Esta primera interpretación conducía a un contexto de creencias representativas mágico-religiosas que posiblemente tuvieran relación con ritos de protección y reproducción de las reses, tratándose, como es en el caso de los vettones.., de una riqueza básica de estas poblaciones fundamentalmente ganaderas. – En esta misma línea, y basados en datos flokloricos y etnográficos,  se les adjudica un carácter fálico, aunque la mayor parte de los autores aboga por un culto de tipo zoolátrico – Bien es cierto que anteriores ideas sobre el orígen y funcionalidad de los “verracos”, caso de la funeraria.., siguen siendo vigentes y se insiste en el carácter divino de estas manifestaciones, vinculadas a un culto a los muertos, considerándolas como estelas ó siguiendo un esquema similar a los “cupae”, con una formación compuesta de  una base ahuecada en cuya oquedad se depositaban las cenizas del muerto y sobre la que se situaría la escultura.

Toros de Guisando. Guisando.Avila

En los primeros estudios sobre esta cultura, Martín Valls, establece dos claros parámetros en su tipología, definida en un primer lugar por la variable de su estilo y en segundo lugar, por su tipo de función. Estas premisas permiten definir dos tipos: El primero agruparía las piezas de grandes dimensiones y talla cuidada que como característica fundamental se menciona el hecho de estar sustentadas sobre un soporte central. – tipo asociado a castros prerromanos y a los que correspondería una finalidad mágico-protectora del ganado – y un segundo grupo que incorpora piezas más pequeñas, de marcado geometrismo y cronología romana; Aquí, el espacio entre el vientre y el plinto no está calado, tomando forma cóncava rectangular y formarían parte de un monumento funerario. En posteriores estudios realizados por Alvarez-Sanchís, éste hace un diferenciación tipológica que se expresa en cinco tipos diferentes de representaciones taurinas y cuatro de cerdos/jabalíes –  En la antiguedad, el cerdo y el jabalí, estaban muy próximos a diferencia de hoy en día – que tienen una distribución geográfica mas o menos definida. Esta distribución ubica mas profusamente a las figuras de toros en la provincias de Zamora y Ávila – Las diferentes variaciones en los modelos vendrían a ser reflejo de las razas bovinas autóctonas de cada  asentamiento –, mientras que los cerdos prevalecerán en el resto del territorio vettón (Cáceres, Salamanca, etc..)

De igual manera, pretéritas hipótesis de estas representaciones asumen fecharlas, las más antiguas…, en la segunda Edad del Hierro ó “post hallstática” (siglo III y II a.c.), más la datación de ciertas antiguas figuras poseedoras de inscripciones latinas planteaban dudas en su función funeraria aunque posiblemente fueran, en estos determinados casos, como causa de su reutilización en época romana para otros menesteres, perdiendo su carácter. Hipótesis que  se reafirma en investigaciones sucesivas y que tienden a situar las más antiguas en el siglo V y IV a.c. , apuntando a un contexto exclusivamente  vetton, aunque su manifestación y realización llegara hasta épocas de la dominación de Roma.

Verraco. Avila. Foto de http://www.avilainformación.blogspot.

Sobre el origen primero  de estas esculturas, zoomórficas, en general.., todos coinciden en señalar a la escultura ibérica andaluza como el modelo original de donde derivan las representaciones de la meseta hispana y que relacionan con las esculturas de leones y toros de Andalucía y sudoeste de la península, y dado que la influencia de la cultura ibérica penetra más tardíamente a medida que nos alejamos de la costa se muestra como defensa de la datación antes mencionada. Los trabajos de Bosch Gimpera, establecieron las primeras hipótesis sobre el origen y desarrollo de estos trabajos escultóricos, estableciendo tres escuelas: La tartésica-andaluza; la ibéra ó del Sudoeste; Y la céltica o de la Meseta. Considera a ésta última como la más tardía, a la vez que admite una primera fase de evidente relación con los toros del centro de la península y andaluces. En un segundo momento, a finales de siglo III.., las representaciones del cerdo ó jabalí tomarían preponderancia sobre las toriformes aunque sufriendo un proceso degenerativo, en su calidad estética, según se separaban de sus primitivas raíces tartésicas. Estas presunciones están basadas igualmente en que la escultura céltica europea presenta un datación tardía, reafirmando los antecedentes andaluces de las esculturas zoomórfas celtas  mesetarias peninsulares. Esta aseveración puede ser matizada en el sentido que aunque no se puede dudar de las influencias tartésicas, la aparición de ” la cultura de los verracos” únicamente se llega a explicar en un contexto cultural y socioeconómico determinado que requeriría de unas expresiones plásticas acordes y éste  no es otro que la cultura vettona prerromana.

Significado y función de los verracos

En la memoria de las excavaciones del castro de las Cogotas, por J. Cabré, se viene a demostrar la firme correspondencia de una parte de estas representaciones en piedra con los recintos fortificados de la Edad del Hierro y la riqueza gandera de estas poblaciones. Estas esculturas halladas junto a la entrada principal del segundo muro de la fortificación es interpretado como un encierro de ganado y por tanto manifiestan su sentido de “protección”, favorecedora de “una magia sobre los pastos” y, tal vez, de reproducción.

Cuestión importante sería concretar la posición intramuros de otros ejemplares y si deben ser asociados con las fortificaciones, caso del castro de La Mesa de Miranda,  que no yacen lejos de la puerta monumental ó el jabalí de Botija, hallado en el lienzo de muralla norte ó las esculturas del castro salmantino de Irueña encontradas a pie de muro y que podrían verse reflejadas en documentos medievales. Estos documentos  ubican , en Ledesma, cuatro toros cerca de la puerta septentrional de la ciudad ó en el caso de Ciudad Rodrigo, un verraco, y que se situaba en la salida del puente sobre el río Agueda, a las puertas de la ciudad, en el siglo XVII. Para explicar estos grupos de esculturas de mediano y gran tamaño en las inmediaciones de puertas y murallas sería aceptable reivindicar la teoría semiarquitectónica y su función como sillares zoomorfos,  asentamiento de Torquemada y Botija..,  a similitud del mundo oriental e ibérico, ubicados en puertas de palacios, santuarios ó necrópolis.  Estas hipótesis para una parte de estas esculturas como defensoras de poblaciones y recintos, en similitud a los guardianes que se documentan en todo el Mediterráneo, permitiría ubicar el carácter de representación divina –  Es conocida la naturaleza esencialmente religiosa para el jabalí y el toro , como simbolo de  la guerra y la prosperidad – de estas figuras como resulta patente en su iconografía y que concuerda con su extensión como totem en el mundo antiguo y dentro de éste, en el céltico  – gálatas, escitas, germanos, etc. – .

Se tiene plena seguridad, que en los asentamiento vettones, existían fórmulas de representación y disposición de estas figuras, ya sea unitariamente ó en grupo,  respecto a su situación en puertas, murallas y recintos sagrados que darían un valor mágico y de protección de las divinidades a los pobladores e indentificarían a los grupos residentes, aunque por supuesto… y debido a paso del tiempo,  por ahora..,  resulta desconocida.

Referencias:

“Los vettones”, Jesús R. Álvarez-Sanchís  (2003)



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Vettones

Representación en modillón de una divinidad trifacial celto vettona, tal vez Lug.  Montemayor del Río, Salamanca.

La referencia mas antigua que se posee de los vettones y sobre los poblamientos prerromanos es la Ora marítima escrita en el siglo IV d.C por Festo Avieno, aunque basada en los “periplos” o viajes massaliotas del siglo VI a.C , griegos  provenientes de Massalia , la actual Marsella, y tal vez escritos por Euthymenes, si bien es de reseñar que ahora se les supone una fuente fenicia. Esta recopilación de relatos,  situaban a los “Celtas” como vecinos de los” Ligures”, localizando geográficamente a un parte de este pueblo, al que denomina “Saefes”, en el oeste peninsular entre los valles del Tajo y del Duero; Aunque por tratarse de relatos de localización geográfica de poblaciones, no nos permite deducir ninguna identidad social, política o cultural específica.

Los testimonios, en cuanto a la identidad etnográfica, provienen de los autores que acompañaron a los ejércitos púnicos y romanos en la conquista de Hispania (Estrabón, Plinio y Ptolomeo, fundamentalmente…) y de los que se deduce que los vettones ocupaban, a final de la Edad del Hierro, un núcleo fundamental que debió situarse entre las cuencas del Tormes, Duero y Tajo, en un territorio equivalente a 32.000 km cuadrados. Región que se extiende por el SO de Zamora , la casi totalidad de las actuales provincias de Salamanca y Ávila (salvo su extremo norte), el occidente de Toledo y la mitad norte de Cáceres, prolongándose su acervo cultural hasta las proximidades del Guadiana. Comarca que en su orografía presenta una abundante superficie de sierras quebradas, con picos por encima de los 2.400 metros y en las que se intercalan amplias zonas de valles. Esto supone para la región vettona tener un clima basado en una elevada altitud media y en una compleja orografía, siendo consecuencia de ello que el paisaje se inserte en un clima mediterráneo fuertemente continentalizado, con elevadas amplitudes términas resultantes de largos y fríos inviernos de entre 3 y 4 grados de media, así como de veranos breves y cálidos, con valores entre los 20 y 22 grados.

La organización social se definía mediante grupos familiares ó clanes que regían sus relaciones mediante el hospidum ó pacto de hospitalidad, mediante el cual un grupo ó indivíduo aislado era aceptado por otra comunidad o grupo familiar en pie de igualdad. Estos pactos garantizaban la movilidad y la convivencia entre los grupos de una comarca, regidos por la teseras ó tablas de la hospitalidad.

Por los escritos clásicos, conocemos también la existencia de jefaturas de carácter militar temporales y electas entre vettones y lusitanos, que podían derivar en el “devotio”. El devotio es vinculación de carácter religioso e ideológico a través de la cual, un guerrero se consagra de por vida a su jefe, como así evidencian los casos de Sertorio y Viriato, y  cuyo ritual fúnebre culminaba con el suicidio mediante la realización de combates individuales entre los guerreros vinculados.

Como entre los celtas en general, los vettones celebraban sus cultos al aire libre. Estos espacios sagrados o “nemetón”, están relacionados con el culto a la divinidad y  presentaban modalidades diversas: Peñas, bosques, árboles, fuentes, cuevas.. etc y cuyas prácticas llegaron en el tiempo hasta el Bajo Imperio romano y la Edad Media. Un ejemplo de estos lugares es el conjunto de Ulaca en Ávila y que consisten en un receptáculo en el que destaca un sólido rectángulo labrado en la roca, así como otras excavaciones dependientes que están relacionadas con complejos rituales de sangre y agua. Agua que tomaba el valor de vía de comunicación con el “Más Allá” y que se utilizaba, en el caso de baños de vapor, para ritos iniciáticos. Del igual manera las aguas corrientes eran utilizadas depositar las cenizas de las cremaciones funerarias y que explica la falta de extensos cementerios en los asentamientos vettones. Dentro de la tipología de santuarios anteriormente mencionados, encontramos los dedicados al dios Valarius en Raso de Candeleda, en Peñalba de Villaestar dedicado al dios celta Lugh, a Atecina en Alcuescar o de aras dedicadas a Togoti, una divinidad vettona de carácter guerrero. Éstas ceremonias incluían holocaustos sangrientos que eran protagonizados por animales,y  en algunos casos a seres humanos, teniendo un marcado carácter adivinatorio. Disponemos, en el caso de los baños iniciáticos, de una cita de historiados griego Estrabón en referencia a estas liturgias: “De algunos pueblos que viven en las inmediaciones del Duero se dice que viven a la manera espartana, ungiéndose dos veces con grasa y bañándose de sudor, obtenido con piedras candentes, para a continuación hacerlo en agua fría y donde se toma, una vez al día,  alimentos puros y simples…” y que nos refiere a la existencia de cofradías de guerreros. Estos sacrificios y rituales iban destinados a manifestaciones divinas tales como: Bandua, Cossus, Nabia y Reua, y cuyas costumbres hicieron comparar a los vettones, a Estrabón, con los “lacedemonios griegos” y que según sus textos, y en relación a éste pueblo, el hombre debe estar guerreando o descansando. Manifestaciones que llevan implícitas unas connotaciones bélicas muy primitivas, como sucede también con los germanos y que son reminiscencias de sus pasado cultural hallstático.

La etimología del término vetton, según los clásicos, procede del indoeuropeo uikta/uikton, pudiéndo traducirse como “el pueblo de los guerreros”. Una característica de estos pueblos son las panoplias o equipos militares que son claramente de origen indoeuropeo: Dos lanzas o lanza y jabalina de hierro o bronce, espada férrica, puñal y escudo, para los guerreros de prestigio – Cúchulaín, héroe mitológico irlandés combatió, en los relatos del Taín Bó Cúanlgé, con estas mismas armas – , aunque el guerrero vetton no desestimaba las armas de hueso, caso del asta de  un animal,  que eran muy populares en sus fatrías guerreras.

Como en otras poblaciones de la Hispania céltica, los testimonios relativos a existencia una casta sacerdotal organizada, al modo de los druidas en las Galias, son escasos e imprecisos, si bien en cualquier formación social se intuye la existencia de la figura del intermediario divino,  pudiendo estas funciones estar representadas por el jefe del clan familiar. Aún así, existen referencias de un personaje llamado “hieroskopos” en los textos clásicos, que sería el responsable de realizar los sacrificios adivinatorios. Como añadido,  además se tiene constancia de un instrumental religioso utilizado en los ritos crematorios, por lo que la existencia de esta casta pudiera ser aceptada. A éstos supuestos elementos sacerdotales también serían los asignados para la práctica de la medicina al poseer el conocimiento de las hierbas y las drogas con fines terapeúticos , caso de la herba vettonica  y que nos llega descrita a través de los anales médicos romanos.

En cuanto al panteón religioso vetton, los citados Bandua, relacionado con la cohexión de los clanes – “dioses que atan”, Bhendl = banda, en el sentido de unión –; Cossus o Oenaecus que señalaría las fechas para las asambleas de los guerreros, comparable al Oenach irlandés; Nabia, vinculada al agua y al Mas Allá; Reua, relacionada con la llanura; Vaelicus o su versión lusitana Endovelicus, así como Ataecina, comparable a la Feronia romana, la diosa protectora de las aguas y manantiales; Sucellus o uailo, “El  Lobo”, divinidad infernal y funeraria cuyo emblema, la piel de lobo, sabemos vestían algunos heraldos y que son comparables en sus atributos a los Ülfenhnir o “pieles de lobo” de las culturas germánicas, servidores del “Mas Allá”. Podríamos añadir otras divinidades de carácter local como: Salmatia, Reuuenabaraecus, Trebaure o el Trebopala lusitano y por último Lugh, lug ó Lvg, el dios de las tres caras, comparable al Hermes griego o al Mercurio latino, ver foto de cabecera de blog,  de primitivos orígenes indoeuropeos.

Referencias: “Los vettones” de JR Álvarez-Sanchís (2003)

Hervás como “montibus nerbasis”

Buscando en mi pequeño diccionario de “castúo” del valle de Ambroz,  obra de Ventura Ginarte y que recomiendo por ser didáctica y de fácil lectura para todo interesado en la población de Hervás,  puse ojos de nuevo en la etimología del nombre de la villa, “Nervasii Montus” , o así viene descrita en los textos de Ptolomeo, Plinio y Strabon, y buscando su traducción latina, encontré una posible corrupción de Nervasii=Nerbasii, en determinados artículos haciendo referencia histórica a la llegada de los visigodos a la península ibérica:

En el año 418 el rey visigodo Valia (415-418) en nombre de Roma interviene en la Península derrota a los vándalos silingos y a los alanos…La derrota de los vándalos por Valia provoca el ataque a los suevos del vándalo Guntherico que sitia a Hermerico (409-441) en montibus nerbasis imposibles de localizar. (El autor sugiere alguna zona de la vía Braga-Astorga por la provincia de Orense…)”

“Montibus nerbasis” son citados por el historiador latino Idacio en su “Chronicon” y que algunos autores sitúan en los montes Arvas entre León y Oviedo. Aunque refiere el historiador románico Idacio: “.. en el año 419 Guntherico, rey de los vándalos, sitió en los montes Nerbaseos a los suevos del rey Hermerico, hasta que por mediación de romano Asterio, conde de las Españas, abandonaron su propósito los sitiadores y se dirigieron a Bética…” Por otro lado,   San Isidoro de Sevilla en su obra “Etymologiae” se puede leer la referencia “Herbasis,  como el lugar donde se produjo la batalla.

Mi hipótesis es que teniendo en cuenta lo reducido de las rutas de penetración de la Bética, desde/o  hacía las zonas cántabras en la época citada, en las que se incluyen la ruta de la Plata y sus valles paralelos, así como sus excelentes posiciones defensivas, harto conocidas en la antigüedad…,  así como de ser una zona relativamente poblada en el siglo V d.c  y que en las referencias romanas el concepto de “astur” era bastante mas amplio de lo que lo es en la actualidad – el territorio de los astures “augustanos” podrían haber tenido frontera en el Duero e incluiría parte de las actuales provincias de Zamora, Orense y León.., según Juan Santos Yanguas – .  tal vez podamos ubicar más al sur las posiciones de la contienda. Si a esta circunstancia unimos las sugeridas acepciones  etimológicas,  es posible que podamos presentar una alternativa plausible, tal como:

Nervasii/Nerbasii/Herbasii. Eliminando el diptongo final (ii), nos queda: Nervas/Nerbas/Herbas, y si  consideramos una posterior asimilación a San Hervasio/Gervasio,   – patrón de los primeros poblamientos cristianos… – nos quedaría el topónimo Hervás.

De esta manera y dentro del desconocimiento general concreto que existe del lugar del conflicto, podemos proponer, como conjetura, que  los citados montes son los actuales pasos de Cáceres a Salamanca por Valle del Jerte y Baños de Montemayor.