Edén. De la existencia del Paraíso Terrenal.

Según nos proponen I. Finkelstein y Neil A. Silberman, la Biblia, en este caso hebrea o Antiguo Testamento, se trata de una recopilación de textos legendarios, legales, poéticos, proféticos, filosóficos e históricos. Dentro de los libros mas legendarios o míticos se encuentra el Génesis; un Génesis que contiene entre sus letras reminiscencias claramente orientales, caso de Génesis 1 y 2; 1-4 – Escrito tras el regreso del exilio babilónico. Alrededor del año 537 a.c. – , cambiando su sesgo en Génesis 2; 4-22 hacia una lectura yahwista de origen madianita-edomita compuesto con anterioridad al citado exilio, donde en los versículos sobre la creación de Adán y Eva se acentúan los paralelismos mesopotámicos

Mas hay un pasaje, dentro de ésta asimilación de mitemas,  de difícil encaje y éste es la tentación, caída y expulsión del Jardín del Edén que nos relata el Génesis 3.

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“Carte Generale pour servir a l’intelligence de L’Historire Sainte”, Phillipe Buache, 1783 . En el mapa aparece el Edén como una región. (Desplegar..)- Photo by welcomearmenia.com

« (Refiriéndose a la ciudad de Tiro..) Arabia,  y todos los príncipes de Kedar,  trataban contigo en ovejas, y corderos y machos cabríos; tales fueron tus proveedores. Los mercaderes de Sheva y de Ra’amah, fueron tus proveedores;  con ellos comerciabas con selectas especias, y con todo tipo de yekarah/piedras de valor, y zahav/oro. Ḫaran, Kanneh  y Eden, e incontables mercaderes de Aššur y Kilmad fueron tus proveedores » Ezequiel 27: 21-23 Biblia Ortodoxa Hebrea.

Si bien existe la común tendencia de asimilar el concepto de “Paraíso” con el “Jardín del Edén” – sinonimia al Jardín del Eden que procede de la traducción al griego de los textos hebreos y arameos en la septuaginta. Siglo III a.c.  -, habría que establecer un claro hecho diferenciador: Para la tradición cristiana, y otras religiones, – caso de los cultos pérsicos a Mithra y que influyeron poderosamente en las religiones del Libro – el Paraíso es un emplazamiento celestial que tiene como objeto premiar al creyente, mientras que el Jardín del Edén, según el relato bíblico, aparece como una región terrenal delimitada.  

Aunque el texto de Ezequiel 27, que hay que contextualizar a finales/principios del siglo VII-VI a.c., hace referencia al comercio de la ciudad de Tiro, dentro del versículo 21-23 expone su relación con una zona determinada de Oriente Próximo. Así, habla del enclave de Ḫarrān,  nudo de comunicaciones entre la alta Mesopotamia y el Levante meridional Mediterráneo,  Kumme/Kanneh, situado entre el lago Van y la cuenca oriental del Tigris, y por último y asociados a estos primeros la localización de Eden.

« Y un nahar/río fluyó del Eden para regar el gan/jardín; y desde allí se dividió, y se convirtió en cuatro brazos. El shem/nombre del primero es Pishon; que rodea todo el País de Chavilah, donde hay oro, y el oro de esa tierra es bueno; hay bedelio y ónice. Y el nombre del segundo río es Gihon, el mismo que rodea  todo el País de Cush/Kuš. Y en nombre del tercer río es Chiddekel/Tigris; que corre hacia el este de Ašur. y el cuatro río es el Eufrates. » Génesis 2; 10-14 Biblia Ortodoxa Hebrea.

De nuevo  Génesis 2, nos habla de la región de Edén y vuelve a delimitarla en las fuentes de los ríos Tigris y Eufrates, ubicando dicha localización en la Alta Mesopotamia.

« Y los hijos de Cush/Kuš: Seva, y Chavilah, y Savtah, y Raamah/Ra’amah, y Savtecha; y los hijos de Raamah:  Sheva, y Dedan. Y Cush engendró a Nimrod/Nimrud; el fue un grande sobre la Tierra.» Génesis 10; 7-8 Biblia Ortodoxa Hebrea. 

Desde hace cientos de años, geógrafos e historiadores bíblicos han intentado localizar las fuentes del Edén.  De hecho existen multitud de estudios en este sentido y muchas han sido las soluciones. Nosotros vamos a intentar dar otra visión. Primero parece relevante contextuar la época de los escritos bíblicos, por lo que estaríamos hablando de accidentes geográficos y topónimos dentro de un ámbito que abarca el final del imperio asirio y el asentamiento del neobabilónico,  entre finales del siglo VII y principios del siglo VI a.c.  como ya ha sido comentado. Esta primer axioma nos permite abandonar conjeturas sobre cambios topográficos relevantes a lo largo de las posibles ubicaciones repartidas por el mundo, por aquel tiempo, conocido, ya que los últimos grandes cambios climáticos acontecieron alrededor del año 2.200 a.c.

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Máxima extensión de la Cultura de Kurá-Araxes. Delimitada por los ríos Araxes, Kurá, y  cuenca superior del  Tigris y Eufrates

En este mismo sentido, vamos a intentar  buscar referencias independientes del relato bíblico que puedan satisfacer la explicación de determinadas características básicas de la región en discusión. 

«Que la tierra de Tukriš te entregue el oro de Ḫarali, lapislázuli y […]» >Pasaje sumerio de Enki and Ninḫursaĝa 49A. ETCSL Oxford Oriental Institute

 Parte del texto donde aparece este pasaje sumerio da fe de la existencia de un comercio de metales y piedras preciosas entre su origen en Ḫarali,  su manufacturado en Tukriš y su envío a la Baja Mesopotamia. Tukriš aparece en los anales de Hammurabi, siglo XVIII a.c.  relacionando la población como vecina de Elam, Shubur y Gutium – Lo que nos ubica en la Alta Mesopotamia en la cuenca media del Tigris -. Así y de igual manera, aparece en relatos correspondiente al reinado de Sargón I de Akkad, siglo XXIII a.c. y del asirio Šamši-Adad, siglo XIX-XVIII a.c, pudiendo establecerse su ubicación entre el iraní lago Urmia y turco lago Van  y delimitada al sur del río Aras, el Araxes griego. Una población que en el siglo VII a.c. estaría enclavaba en la parte mas meridional del reino de Urartu.

Lo apuntado, daría a Ḫarali una relevancia como región rica en oro y piedras preciosas que se extiende en el tiempo mesopotámico, haciéndola comparable con la bíblica y mítica tierra de Chavilah. – Aquí, y como anécdota,  podríamos añadir que ya Buache consideró al Araxes como el río Pishon -. Por otro lado, el hecho que Ḫarali se encuentre bien en territorio urartiano, bien mas al norte – Existen hipótesis que relacionan el Phison con el río Phisis en la griega Colquida en la actual Georgia. Keil y Delitzsch  (2014) – lo que posiblemente sea acertado de considerar como candidatos a ser el Phison o el Gihon  tanto al río Araxes como al Kurá, ya que ambos delimitan regiones del reino urartiano, por lo que podemos presuponer a Urartu como uno de los reinos que cita Génesis 2. 

Ahondando en esa relación entre Chavilah y Kuš con Urartu, estimo que es difícil poner en duda la relación del patriarca bíblico Abraham con las culturas hurrito-urarteas y estas a su vez con las transcaucásica temprana de Kurá-Araxes. Las excavaciones realizadas en Tell Mōzan, antigua Urkesh, – La Ur-Kasdim que aparece en el Antiguo Testamento –  nos habla de una vinculación con el noreste de la Península de Anatolia, así como con la actual Armenia y Georgia desde el III milenio a.c. La “Cultura de Kurá-Araxes”, y su impronta, se extenderían desde Georgia al oeste de Anatolia, desde el noroeste de Siria hasta enclaves del Cáucaso y al suroeste de Canaan entre el IV y el II milenio a.c.  aprox. Así pues, los hurritas posiblemente provengan del sur del Gran Cáucaso, estableciéndose,  en un primer momento,  en la región montañosa norteña del “Transtigris” durante el V milenio  a.c. aprox., extendiéndose, posteriormente, hacia el este de Anatolia durante el III milenio a.c.  Su mas antigua evidencia textual corresponde al reinado de Narām-Sîn de Akkad, a finales del III milenio a.c.,  en la región noreste del Tigris ,  si bien se conoce la presencia hurrita en la cuenca del Khabur durante el Periodo Antiguo Acadio.  Su testigo escrito se debe a que éstos pueblos se desplazaron a lo largo de las fronteras del Imperio Acadio y, posteriormente,  de la III dinastía de Ur. , constatando sus diferentes enfrentamientos con éstos estados. En definitiva, es posible demostrar el conocimiento bíblico de Urartu – De hecho, la Biblia reconoce el término “Ararat” como Urartu (Nacar-Colunga, 1966) – y por tanto de su geografía. 

Lo que parece preclaro es que, independientemente de las consideraciones finales, tanto las fuentes del Eufrates, Tigris, Kurá y Axares nos delimitan las costas orientales del Mar Negro. Un Mar Negro del que se sabe era un gran lago de agua dulce con anterioridad al VI milenio a.c. (Yanko-Hombach V. et al, 2007) y que en un visión mítica puede ser considerado como la fuente del Edén. De hecho,  Kuš en hebreo significa “negro”, un nombre que es utilizado para denominar a ese mar ya desde muy antiguo.

No voy a entrar en diatribas filosóficas sobre que representa la expulsión del hombre del Paraíso y su pecado original, como tampoco voy a especular sobre el papel de la serpiente – Bien es cierto  que su ministerio está asociado a cultos hacia las diosas-madre  -.  Independientemente de lo anterior, parece evidente que no existe una relación entre este episodio y la tradición mesopotámica de los textos del Génesis y esto nos puede conducir a que tal parábola estuviera fuertemente asentada en la tradición oral de alguno de los pueblos que se fundieron en el concepto de Israel como entidad nacional. Por otro lado, en los textos bíblicos es constante la referencia hacia migraciones y desplazamientos de poblaciones en busca de tierras prometidas, lo que no es óbice para olvidar los lugares de origen y que suele ser una constante en las culturas nómadas. Un lugar que perfectamente puede ser el Edén. 

Otro aspecto que choca frontalmente con la citada tradición textual del Génesis es la creación del hombre y su significado. No en vano en los mitemas babilónicos, preclaro origen, el hombre es creado para trabajar en favor de los dioses – Lo que testifica unos modos orientados hacia una sociedad templaria y urbana – , y no al uso y disfrute de un territorio sin las exigencias psicológicas de un estructuración acorde. Circunstancia que nos dirige hacia un nomadismo de enclaves. Nomadismo de enclaves, u organización paralela, que tuvo que ser abandonada por circunstancias sociales o climáticas. 

Sería muy ufano pensar que estos mitemas correspondieran con flujos migratorios desde las estribaciones del Caúcaso y del Mar Negro y Caspio como consecuencia de accidentes biotípicos en épocas tempranas, pero una certeza es que la diosa Hebat, la “Eva” de los relatos del Antiguo Testamento, es una divinidad de carácter hurrita.

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