De como se crearon los dioses.

Cada vez que un físico teórico, sea de la talla que sea, nos proclama ufano que ha llegado a la conclusión que Dios es innecesario para la creación del Universo, se me dibuja en la cara una media sonrisa. No se trata de estar en contra de esos deseos integradores del todo que tal ciencia universal nos propone,  sino mas bien me hace reflexionar sobre la escasez  de las premisas que tales proposiciones se afanan en presentarnos, y mas si tenemos en cuenta que sus propias hipótesis nos hablan de posibles realidades infinitas donde todo entra dentro de lo posible, y por tanto la existencia de una singularidad asimilable a las figuras divinas. 

Yo, aún lejos de desestimar la labor de tales mentes, no dejo de pensar que el Antropoceno, como concepto, tiene parcas posibilidades de ser volcado en conjeturas matemáticas,  y esto es porque estamos ante una “creación” del hombre, y aunque pudiéramos explicar su física cerebral, el motor, resultaría ajeno a tales conocimientos el porque de la necesidad de la existencia de los dioses.

« Al principio era el Verbo, y el verbo estaba en Dios y el verbo era Dios. » Juan 1:1, Biblia Reina Valera (1966)

Venus de Laussel

Venus de Laussel. 25.000 años aprox.  Musée d’Aquintanie. Burdeos

Cuando la palabra se convirtió en el principal medio de transmisión del conocimiento y acicate para la supervivencia, no existían los dioses. Aún así, las poblaciones del Paleolítico Superior  ya dispondrían de un mundo trascendental íntimamente unido a su subsistencia como especie. Un ideario que quedaría plasmado en sus ritos y expresiones artísticas.

La exaltación mística de ciertos aspectos de lo terrenal  esta íntimamente ligado a lo esencial. La importancia de acontecimientos tales como la natalidad y el control del medio hacen de su entendimiento un factor crítico, siendo la exaltación de la madre y el conocimiento heredado de los ancestros su medio vehicular. No estamos hablando propiamente de “cultos” sino de rituales de recordatorio donde existen conceptos aglutinantes que plasman el conjunto del saber que se tiene sobre  un propósito vital. 

La asimilación de estos preceptos como una primitivo culto solamente nos lleva a la controversia sobre si el hombre es un “ser religioso” y sobre si la religión es una cualidad evolutiva, hipótesis que no es aceptable e implica un desconocimiento de la transformación social que supuso acontecimientos como el desarrollo de las economías agropecuarias durante la implantación del Neolítico  y que convergen en la utilización de esos mismos conceptos unificadores como detonante para las imprescindibles modificaciones sociales dentro de los grupos de cazadores-recolectores.  Así, lo que existe con anterioridad al Neolítico es una idealización de un conocimiento dado y no un numero indeterminado de divinidades por encima de la naturaleza del hombre. El quid de la cuestión esta en considerar si determinadas utilidades del pensamiento abstracto, que si es una cualidad, deben ser interpretadas como una disposición a la recreación de entes superiores, que como posibilidad es cierta, mas nunca ha de ser tomado como un condicionamiento predefinido. De hecho, todavía en el Neolítico pre-cerámico A de Oriente Próximo se conserva ese paleolítico formato “horizontal” o “terrenal” en las representaciones artísticas o, en todo caso,  los símbolos totémicos que relacionarían el mundo de los muertos y el de los vivos, pero nunca aparece el hieratismo vertical, que no se dará hasta bien entrado el Neolítico, fruto de las creencias en estadios superiores.

Pero, ¿Como se paso de ese pensamiento horizontal a ese mundo vertical..? Relevantes son las teorías acerca de como se sucedieron tales hechos.  Desde la predisposición ideológica y de pensamiento hacia los cambios en el mundo de  lo simbólico, pasando por que la exigencia  de introducir la agricultura como sistema económico por motivos sociales y/o medioambientales y que conduciría a replantearse la perspectiva sobre el lugar que ocuparía el hombre en esa nueva realidad, hasta que los cambios ideológicos y económicos se reforzaran mutuamente.

Como ya hemos comentado, no cabe duda que el ser humano dispone de la capacidad para replantearse su relación con el mundo que le rodea, existe una “predisposición”, lo que no parece tan evidente es que exista una necesidad previa que acicate esa eventualidad. La posibilidad cierta de evolución en el pensamiento del hombre se debe de acompañar de razones que justifiquen esa transformación crítica y estas razones giran en torno a la supervivencia. La adopción de las prácticas agropecuarias como consecuencia de cambios en las condiciones del entorno – técnicas que posiblemente ya se conocieran con anterioridad. De nuevo existe un predisposición – progresivamente implicarían la introducción de nuevas formas de pensamiento social y simbólico ante nuevas coyunturas. Aquí habría que aclarar que el hombre del periodo 1 del ASPRO en Oriente Próximo, 12000-10000 a.c., dominaba su medio, tenía el conocimiento, y su mundo giraba en torno a las dádivas de una Naturaleza totalmente proveedora. ¿Porque iban a cambiar su visión simbólica..?  Solamente una “perdida de confianza” hacia tal Universo, y que había mantenido durante milenios, hará posible un cambio en su forma de pensar. 

Parece evidente que la adopción de la agricultura y la ganadería ahondarían mas en esa nueva forma de percibir el mundo. Los imprescindibles cambios sociales que conlleva la adopción de tales prácticas reforzarían o debilitarían  los antiguos usos en torno a los dos pilares del sentimiento paleolítico. Así, quedaría reforzado el ritual hacia los ancestros, mientras que la posición de la madre quedaría mas diluida, ya no  se fía tanto a la Naturaleza. Un reforzamiento del papel de los ancestros que quedará plasmado en la acentuación de los rituales de enterramiento y de  las prácticas ceremoniales en sus cadáveres . – Ejemplo podría ser el culto a los cráneos que ya se da en el neolítico acerámico A -. Punto de inflexión que si daría lugar a la alteración de sus preceptos cosmológicos como fruto de la ausencia de control sobre asuntos tan vitales para la agricultura como puedan ser los fenómenos atmosféricos, los tiempos y el clima, y que invitan a crear entidades celestiales de carácter etéreo. De hecho, posiblemente sea en este momento cuando los ancestros evolucionan desde ser adalides del conocimiento a ser, también, protectores y mediadores ante tales fenómenos. Se está creando el “pensamiento vertical” neolítico.  De esta guisa, acontece una nueva perspectiva, ya que se pasa de un acepción de “espíritu” como cualidad definitoria de una entidad natural y conocida, a un ente abstracto, con un comportamiento aleatorio, ausente de una moral y ética predefinidas, que será el preludio de los dioses.

Representación de los ancestros Gobekli-Tepe

Representación de los ancestros en Gobekli-Tepe. Décimo milenio a.c.

Llegados a este punto, los antiguos directores de los rituales de recordatorio, y el que se basaba conocimiento paleolítico,  pasan a ser, además, intérpretes de las veleidades de estas repotenciadas caras de la Naturaleza. Impredecibilidad de lo incontrolable que lleva a la especulación ante la ausencia de un conocimiento cierto y que conduce a la traducción de su comportamiento, no benéfico, como a una falta de atención del hombre, a una irritabilidad, y que es deducida como un castigo. De hecho, esta solución, posiblemente, será utilizada para crear un incentivo psicológico por parte de los conductores de los asentamientos para involucrar a sus pobladores en los nuevos rituales agropecuarios.  Conductores de los asentamientos, que al igual que el resto de la población,  progresivamente irán especializando sus labores y que llevarán a la posterior creación de las castas sacerdotales.

Por otro lado y en paralelo, según se incrementa la extensión de los asentamientos, se produce la intensificación de lo público con respecto a los clanes que lo integran. Así los antiguos cultos familiares hacia los ancestros comienzan a compaginarse con rituales comunitarios que forman parte de un proceso de integración, y en cuyo desarrollo se procederá a distinguir a determinadas figuras dentro del conjunto de ascendientes por sus méritos hacia la prosperidad del poblado.  No sabemos si durante este proceso finalmente se produjo una unificación de todos estos meritorios en una entidad única o por el contrario, si uno de ellos, fruto de la preeminencia social familiar, tomó el papel de portavoz del grupo. A lo que si condujo las creciente mitificación de esta figura, fue la creación del dios patronal. Divinidad patronal que será el portavoz  ante el conjunto de las deidades máximas, ya en un proceso  preurbano, de las rogatorias de individuos y comunidades. No es necesario aclarar que este curso de acontecimientos, en Oriente Próximo, dará como resultado los estados teocráticos mesopotámicos, donde la ya religión estará íntimamente ligada a la economía.

Es cierto que lo hasta ahora presentando en su generalización, no cabe duda que existieron variaciones en los formatos de las teogonías en función del tipo de economía, bien sea ganadera, agrícola o mixta, a lo que habría que añadir las características biotípicas de la región donde se levantaron los poblados o en  que momento de sedentarismo estuvo la sociedad en discusión, así como, y posteriormente, el grado de dependencia de un asentamiento sobre otro. Ésta varianza dará lugar a divinidades que se pueden aunar en tres pautas principales:  Ctónicas, cósmicas y astrales , y que serían integradas en los diferentes panteones.

Otro aspecto a considerar dentro de la construcción de las teogonías y su explicación de mundo es el hecho creativo. Mientras que durante Paleolítico lo que se produce es un exitoso  proceso de adaptación al entorno, a partir del Neolítico lo que acontece en un progresivo sometimiento de la Naturaleza. Transformación que invita pensar que la Naturaleza puede ser concebida según un deseo y ese deseo de configuración, en sus principios, tuvo que tener un origen por encima del hombre. Dicho esto, habría que aclarar que en los procesos adaptativos se hace innecesario la idea de un principio para las cosas, ya que la base del éxito esta en comprenderlas y ajustarse a sus peculiaridades; mientras que en los modificadores se hace necesario conocer su transcendencia. Apuntado lo anterior, parece lógico pensar que la falta de explicación de un proceso ajeno al conocimiento humano empujaría a engendrar fuerzas superiores, siendo su desenlace la personificación en una entidad, o entidades, de carácter universal como fuente de la creación.  Creación que será administrada, y si es necesario modificada,  por los diferentes dioses patronales.

En definitiva, hay que entender la creación de los dioses como una herramienta, una “constante matemática”, que tuvo su principio en la corrupción de los rituales paleolíticos como consecuencia de una necesidad: la supervivencia. Una supervivencia que fue condicionada por un cambio climático, el Joven Dryas, y, estos a un aumento tácito de la población en función de las posibilidades de sostenimiento,  que hizo inviables los antiguos modos de caza y recolección, empujando al ser humano a una progresiva  modificación de sus usos y costumbres. Hemos hablado de corrupción porque los ancestros pasan de ser los garantes de los ritos de recordatorio paleolíticos a ser incentivos, interpretados, de los formatos sociales que  exige la nueva economía agropecuaria. De hecho, se crean nuevos rituales acordes que tendrán, posiblemente y por primera vez, un carácter punitivo. Las incógnitas cognoscitivas que generarían  los nuevos modos reforzarían la interpretación de los diferentes acontecimientos catastróficos, así como su veleidad, llevando a la creación de entidades superiores incontrolables por el hombre que darán lugar a suplicatorios o ceremonias con el fin de aplacarlas o manejar sus decisiones, y que ira estructurando un pseudo conocimiento en manos de los directores de los rituales.  Llegados a este punto, ya tenemos los mimbres para crear las proto-religiones.

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