Los amorreos. Origenes y generalidades.

Uno de los pueblos que mas influenciaron en el devenir histórico de Oriente Próximo durante el III-II milenio a.c. fueron unas tribus nómadas de semitas occidentales.  Al parecer, uno de los supuestos núcleos de expansión, según M. Astour, ésta localizado en actual la región montañosa siria de Jebel al Bishri, también llamada Tidnum por los semitas occidentales, estando sus estribaciones situadas a unos cincuenta kilómetros de la actual ciudad de Deïr ez-Zor en la cuenca media del río Eufrates. La denominación de éstos grupos de pastores nos llega al idioma español procedente del término bíblico greco-latino “amorraious” o “amorreos”, si bien también se utiliza una asimilación de término hebreo “’emōrîm”  de origen francófono, “amorrites”, y cuya traducción al castellano nos deja el vocablo  de “amorritas”. Esta asignación foránea estriba en que  los pueblos denominados por los sumerios “mar-tu” y por los acadios “amurrû”, con las actuales teorías,  se  les desconoce la existencia de un lenguaje escrito que pueda ser identificado originalmente como propio. De ahí que, y en un principio, se  desconocen muchas facetas que pudieran darnos alguna referencia mas clarificadora de sus usos y costumbres tales como listas reales, cosmogonía y literatura épica o mitológica (R.M. Wathing, 1990). Aunque esto, tal vez, no resulte tan preclaro.

« Con su elección acertada, aquellos que obedecen la ley (Ashavan) de Ahura Mazda colaboran en la victoria final del Espíritu Bueno del Señor Sabio sobre la mentira. Deben decir siempre la verdad, repudiar la vida nómada, labrar la tierra y cultivar cereales y frutas; Tratar con cariño a los animales domésticos y regar los campo secos, porque el que no es labrador , no tiene parte en la buena nueva » Yasna, 31, 10

Panorámica del Monte Tidnum amorreo en el “País de Khana”,  Actual Jebel al Bishri (Deïr ez-Zor, Siria) Photo by Sandra Z.

Muchos de los textos sagrados repartidos por  la Creciente Fértil,  nos hablan de una lucha entre los “viejos dioses ctónicos” y sus herederos divinos. Dioses, los primeros, afectos a la Naturaleza y a una incipiente economía basada en el pastoreo y la agricultura de carácter aldeano,  propias del Neolítico, y otra renovada perspectiva donde unos “jóvenes dioses” nos dirigen al culmen de un nuevo concepto social para el hombre, supeditándolo ya definitivamente al sedentarismo, la propiedad privada, el comercio y el urbanismo.  En cierta manera éstas enseñanzas religiosas hacen un interesado hincapié sobre un profundo cambio socio-económico  que culminará en el  IV milenio a.c. y que  prevalecerá hasta nuestro días.

En paralelo a los asentamientos donde el nuevo concepto urbano se extiende,  se sitúan los nómadas. Nómadas que en el IV-III milenio aprox.  se desplazarían en la Creciente Fértil sobre unos grandes núcleos esteparios  semi-áridos, en un contexto geográfico  que vendría dado aproximadamente por los límites de la actual frontera turco-siria por el norte, la península de Sinai por el sur, la costa mediterránea por el oeste y una línea que partiendo al este del valle del río Khabur/Habur, cortaría el desierto sirio-arábigo por las fronteras sirio-iraquíes y acabaría en el golfo de Áqaba, y  que progresivamente fueron rodeados por las nuevas formas socio-económicas de las ciudades. Como no puede ser de otra manera, las relaciones entre los nómadas y la población sedentaria nunca dejaron de ser difíciles, en lógica interpretación a unos modos de vida  claramente diferentes. El tipo de “nomadismo” a que nos referimos, en temporalidad,  no corresponde a las actuales consideraciones beduinas, si no a una “trashumancia horizontal” de rebaños de ganado menor. Las diferentes tribus nómadas del antiguo Oriente Próximo pastoreaban animales, caso de las ovejas y los asnos, que necesitan disponer de pastos y agua en cantidades suficientes que se viene a denominar como “nomadismo de enclaves”, (Rowton, 1973).  La extrema dependencia de los nómadas hacia su entorno y modos de vida nos la da el término amorreo “nawû”. Éste vocablo hace referencia tanto a los pastos como a sus animales,  a los diferentes grupos de pastores, tanto propios como pertenecientes a otras tribus, definiendo así la composición del  universo diario en éstos clanes humanos. La cultura amorrea, por tanto,  debe entenderse como una forma de aprovechamiento adaptativo eficaz,  que podría incluir una agricultura de subsistencia, a los recursos naturales de unas regiones  que son cuasi inhabitables o  improductivas durante buena parte del año. (C. Wagner, 2012). Adaptación que incorporaría la agricultura de aldea como una variante del mismo y que no debe entenderse como una etapa de transición desde el nomadismo a la agricultura sedentaria, sino como un rasgo funcional para el sostenimiento humano en una zona intermedia entre la fértil  llanura y el desierto (M. Liverani, 1988)

« (En referencia a los Mar-tu..)  habitantes de tiendas (expuestos) a viento y lluvia, que no saben que es la ciudad, que no saben que es una casa, que viven en las montañas, gente torpe que vive en el monte, que busca (amargas)  trufas  al pie de la montaña y que están sin civilizar; que no sabe doblar la rodilla (para cultivar…) , que no conoce la cebada, que se come la carne cruda y que no la entierran cuando muere.. » Pasaje de texto de la III dinastía de Ur, siglo XX a.c. aprox.  (Bucelatti, 1966: 330 s; Edzard 1985a: 438 s.)

Estructura megalítica de Rujm el Hiri, “Gilgal Refā’īm” en hebreo, Cultura de Ghassul, 3800-3350 a.c. aprox. Complejo ritual y mortuorio. Posiblemente funcionara como calendario, secadero de cadáveres y de culto a los ancestros y/o diosas-madre.

El “tribalismo” es la organización social tipo que dirigieron los grupos de cazadores-recolectores y de  pastores nómadas en las montañas de Jebel al Bishri. Antiguos enterramientos consistentes en túmulos o círculos de tumbas,  sugieren un sistema de jefatura tribal, “rabiānu” en amorreo, – raiz “rb” en general semítico que viene a significar “hombre preminente”, “rav/rab(ī)” en hebreo/arameo,  y que nos hace dirigirnos hacia una jefatura tribal que contemplaba también funciones religiosas –   como la forma de gobierno en la región durante el Periodo Calcolítico y en la Antigua Edad de Bronce, 4500-2100 a.c. aprox.  y que estaban compuestos por un consejo de ancianos o de nobles.  En confirmación a los escritos encontrados en  Mari, actual Tell-Hariri (Siria) y correspondientes al Bronce Medio, 2100-1759 a.c. aprox.,  se han identificado en Jebel al Bishri útiles correspondientes a tribus de pastores amorreos conocidas como los sutû o suteos , los khaneos o haneos y los benjaminitas. Los haneos responden a una población semi-nómada sometida al rey de Mari – no se excluye la posibilidad que la dinastía reinante de Mari tuviera un origen khaneo, mas exactamente de la tribu de los simailitas – , detectándose su presencia a lo largo de un extenso territorio entre el río Djaghdjagh – un afluente de rio Khabur por la derecha – y el Balikh – un afluente sirio de Eufrates por la izquierda – y que se establecieron en el Eufrates tras la caída de la III dinastía de Ur a la conclusión del II milenio a.c.   Los benjaminitas establecieron sus bases a lo largo de Eufrates en la zona de Aleppo y en el curso medio del Orontes mientras que los suteos recorrían la estepa entre Mari,  Palmyra y la ciudad de Qatna. (Ver mapa..)

« ¡A Shamash, rey de los Cielos y de la Tierra, juez de los dioses y los hombres, cuyo atributo es la Justicia, a quien les ha sido dadas como don; pastor de los “šalmât qaqqadi”, deidad resplandeciente; el juez de los vivientes cuyos ruegos acoge, cuyas plegarias escucha, cuyas quejas recoge; quien da vida y gozo de corazón a quien le temen, patron de Mari! Yadhum-Lim, rey de Mari y del País de Khana […]

Ese año,  al Lâ’um el rabiānu (“lu.gal” en el acadio original)  de Samanum del territorio de los ubrabu, Bahlu-kulim rabiānu de Tuttul del territorio de los amnanu, Ayâlum rabiānu de Abattim y del territorio de los rabubu, todos estos príncipes lo atacaron, recibiendo ayuda de las tropas de Sumu-Ebuh, rey del País de Yamhad.  En la ciudad de Samanum, las unidas tribus traidoras unidas le hicieron frente. Con poderosas armas hizo prisioneros a esos tres príncipes traidores, infringiéndoles una derrota a sus tropas y a los ejércitos en su ayuda; hizo una montaña con sus cadáveres; demolió sus fortalezas, reduciéndolas a una escombrera de ruinas.  Destruyó la ciudad de Haman, de la tribu de Khana, que los patriarcas de los khaneos, ¡Todos ellos..!, habían construido, reduciéndolas a una escombrera de ruinas. A su rey, Kasuri-hala, lo hizo prisionero… » Pasajes  de la “Inscripción dedicatoria del rey Yadhum-Lim al dios Shamash en el templo de Mari”.   Año 1810-1793 a.c.

Los khaneos  fueron el grupo tribal que mas población amorrita aportaba al reino de Mari. Tanto es así que los territorios que circundaban la ciudad-estado de Mari fueron llamados “La Tierra de Khana” y el atributo de “Rey de Khana” fue parte de la titularidad de los reyes de la dinastía merita de Lim, tras la caída de imperio acadio. Las dos tribus, o “ummatum” en amorreo, principales  de los khaneos fueron los “dumu.meš sim’al”, los  sim’ilitas o “hijos de la Izquierda” y los yaminitas, “dumu.meš  yamina” o “hijos de la Derecha” (D. Charpin, J. Durand, 1985), si bien estas acepciones, que corresponden a los cardinales Norte y Sur, son mas geográficas que étnicas.  De los sim’ilitas  se conocen distintos clanes , o “gā’u” en amorreo,  y que incluyen a los amnanu, los yakhruru, los uprapu o ubrabu, los yarikhu y los rabbu o rababu. También se conocen tribus de los sutû como los almutu, los mikhalizayu y los yakhmamu, si como otras como los numkha y yamutbal, si bien estas dos primeras parecen estar vinculadas con los sim’ilitas y los yai’lanu, estos últimos asentados al este del Tigris, pero todas relacionadas en algún momento de la historia con el reino de Mari.

Esbozo del dios Amurru, “dios semita en acadio”, o el dios Mar.tu, “dios semita  en sumerio”. En definitiva, el posteriormente conocido como “Dios de las Tormentas” Haddu, Haddad o Baal-Haddad, Adonai, etc. Se acompaña de un íbice de las montañas. Jebel el Bishri (Deïr ez-Zor, Siria)

No cabe duda que en la “Creciente Fértil” los finales del III milenio a.c. y principios del II . fue un periodo de grandes convulsiones.  Con la decadencia de la III dinastía de Ur sumero-acadia, el “Renacimiento sumerio”, el eje de la preeminencia mesopotámica gira hacia determinados antiguos enclaves o encrucijadas comerciales en la periferia del póstumo imperio. Así, y fundamentalmente, ciudades como  Mari, Assur , Babilonia, y la Wassugani/Urkesh (¿?)  hurrito-mittana, junto con la posterior aparición y expansión de las nuevas potencias de soberanía hittito-hática y luvita en la península anatólica, representarán junto  con Egipto,  alternativamente y por zonas de influencia, el futuro mapa del poder en Oriente Próximo durante el periodo medio-final de la Edad del Bronce hasta finales de la Edad del Hierro. Avatares que quedan evidenciados sobre profundos cambios en los en los estratos arqueológicos de la Edad Media del Bronce I y IIA,  2100-1750 a.c., y que corresponderían a la presencia de  nuevas entidades culturales que no pueden ser explicada sobre una evolución del nivel en Bronce I (L.W. Stager).  La incorporación y dominación de las dinastías amorritas  viene también  soportada por evidencias lingüísticas:  T Jackobsen, sustenta que la diferencia existen entre el Acadio antiguo y el Babilonio antiguo y el Asirio es la incorporación del léxico amorrita sobre éstos últimos dialectos. Situación que se repetiría en el caso del entorno occidental, al comparar los textos silábicos pre-amorreos descubiertos en la ciudad de Biblos y datos en el siglo XVIII-XV a.c. –  aunque su utilización sea posiblemente anterior en el tiempo –,  con sus variantes posteriores. Variantes que  incluirían el ugarítico y el  hebreo, el fenicio, el cilicio, el arameo y al propio amorreo.

En la zona meridional del Levante mediterráneo,  que incluiría el actual Israel, Jordania y Libano, y en el Calcolítico Medio, 3800-3350 a.c. aprox., se desarrolla la “Cultura de Ghassul-Beersheva”. Ésta cultura megalítica, emparentada con las culturas minóicas y chipriotas, se la considera como una variante de la “Cultura de Halaf” del norte levantino sirio y como pionera del sistema económico mediterráneo mixto  agrícola-ganadero, así como la  precursora de las culturas canaanitas posteriores. El estudio antropológico de los enterramientos nos proporciona dos tipos de poblaciones: Una de origen pre-mediterránea meridional (Haas, Nathan, 1973) y una segunda de procedencia anatólica u oriental sin especificar. Lo que si parece evidente es la existencia de un sistema económico mixto ponderable a las estructuras sedentarias y de “trashumancia horizontal”  que encontramos  en la Edad de Bronce levantina y del Eufrates medio.  Hacia el final de IV milenio, las culturas sedentarias que se desarrollaron en el Calcolítico desaparecen y se transforman radicalmente con la llegada de la Edad del Bronce Antiguo I, 3300-3000 a.c, aunque siguen manteniendo las sociedades mixtas urbanas y “nómadas” comparables con las reflejadas en los textos de la ciudad de Ebla, pero ya influenciadas por  el tipo de acontecimiento urbano sumerio-acadio.  Tales afirmaciones, y ya en la transición entre la Edad Media del Bronce I y II , pueden ser contrastadas con inscripciones de soberanos de la ciudad de Biblos llamados ” ‘ab-šm” o “yp-šm-‘ab”, siendo la similitud entre tales nominativos y la lista de reyes de la dinastía amorrea de Babilonia, caso del rey “Sumu-abum”,  del señor de Alalakh, Tell-Atchana (Hatay, Turquía), “Yapa-sumu-abi”, o el primer regente de la dinastía amorrita de Ugarit, “Atamrum”, evidentes. No en vano en  tablillas provenientes de Ebla y datadas aprox. entre el año 2400-2350 a.c. no es infrecuente encontrar la referencia a un determinado territorio llamado “Mar-tuki ” o “Mar-tumki “, así como la existencia de un “lugal”, o rey, llamado “Amutin”, o un escrito  mas antiguo, 2600-2500 a.c.,  procedente de una ciudad de la Baja Mesopotamia, Shuruppak, donde se hace referencia a un hombre , que aunque con nombre sumerio, se le denomina como “mar.tu” u “hombre del Oeste”. 

En definitiva y muy posiblemente, los semitas, tanto occidentales como orientales, siempre estuvieron ahí, en la “Creciente Fértil” desde el Calcolítico, si no antes . La hipótesis en referencia a migraciones y su expansión desde Jebel al Bishri, si bien éste no deja de ser un importante emplazamiento amorrita,  o como fruto de oleadas procedentes del desierto arábigo – si bien es posible que las hubiera, pero no en la ingente proporción, y nunca tomadas como su origen, como todavía se afirma –, no se sostienen. La distribución geográfica de los semitas, divididas en sus diferentes confederaciones de tribus o clanes, y sus múltiples acepciones y nombres en los anales de las diferentes civilizaciones, se debe exclusivamente a la parcelación de los biotipos que su modo de vida exigía a lo largo de milenios, así como su relación con éstas primeras. Hablar de diferentes “dinastías amorritas” es hablar de la predominancia de unos clanes semitas sobre otros en un determinado lapso temporal y como fruto de su progresiva aceptación y asimilación a la nueva realidad socio-económica que la cultura urbana proporcionaba.  El sostenimiento de la hipótesis  de las “grandes migraciones” semitas se debe exclusivamente al hecho de dar soporte y consistencia histórica a los relatos bíblicos. Dicho esto,  es cierto que existieron, como ya se ha comentado con anterioridad,  dos migraciones:  Antigua Edad de Bronce y  Edad Media del Bronce, pero siempre con poblaciones que pueden ser identificadas como “propias”.  Amorreos o “canaanitas” que los propios relatos del Antiguo Testamento afirman son los habitantes de Levante meridional desde los principios de la épica hebrea.  Hebreos, como ésta documentado por la Arqueología, constituidos por pretéritos pastores semi-nómadas, al igual que en los casos anteriores, que comenzaron a efectuar una amplia transformación de sus modos de vida y que, en gran parte, pasaron de las prácticas ganaderas a la agricultura, poblando en un proceso de sedentarización las zonas fronterizas de Canaan, así como la zonas adyacentes al desierto, en la Edad del Hierro I,  entre el siglo XII- X a.c. (I. Finkelstein y N.A. Silberman, 2001).

Referencias:

“Amorite Tribes and Nations of Second Millennium Western Asia”  Robert M. Withing (1995)

 “The Amorite  Heritage in the West ” in “Inspired Speech: Prophecy in the Ancient Near East Essays in Honor of Herbert B. Huffmon” G.E. Mendelhall  (2005)

“Desertification  and Ethnoarcheology . Studying Hazard in Nomadic Environment of Jebel Bishri, Syria”  in “Proceedings of the 6th International Congress of the Archaeology of the Ancient Near East” M. Lønnqvist y … (2010)

“Las primeras civilizaciones Medio Oriente. Perspectivas sobre su Cultura e Historia (I)” Luis Mesa Delmonde (2007)

“La Arqueología del Antiguo Israel” Amnon Ben Tor (1992)

Imágenes:

http://www.balofdirt.com

http://www.digs.bib-arch.org

http://www.lebtahor.com

7 pensamientos en “Los amorreos. Origenes y generalidades.

  1. Muchas gracias por ese artículo. Justamente ahora estoy dando el Imperio Acadio, III dinastía de Ur y la influencia de los amorritas en su caída. Estuvo muy interesante el artículo, volveré a leerlo con calma para entenderlo mejor. Muchas gracias por hacer este blog.
    Alberto

  2. Gracias a tí por leerme, Alberto.

    Someramente la caída del Imperio Acadio ésta basada en dos circunstancias: Una, las luchas de intestinas entre la dinastía acadia de Sargón y los poderosos sacerdotes de los templos de la ciudades del Sumer. Otra fue el auge, debido a su importancia estratégica y comercial, de las ciudades períféricas del Imperio Acadio, caso de Babilonia, Assur o Mari, y sus deseos independentistas.

    Una idea de lo primero nos la da el hecho que el “Renacimiento Sumerio” que conlleva la III dinastía de Ur es la vuelta, en un primer momento, a los reinos urbanos atomizados de precedente sumerio, fuertemente influenciados por la aristocracia templaria.

    En estos primeros lances temporales, los amorreos o semitas occidentales, no tienen mas que un papel secundario, bien como mercenarios, bien como aliados en las diferentes contiendas. Posteriormente, y ante el auge de las distintas dinastías semitas en las regiones periféricas, llegarán a tomar carta de presencia en los acontecimientos políticos de la Baja Mesopotamia.

    En éstos acontecimientos nunca se ha de obviar el aspecto económico y comercial. Aspecto que tiene dos premisas principales: El progresivo agotamiento de las tierras cultivables de la Baja Mesopotamia y la necesidad comercial con la Alta Mesopotamia debido a la renuncia, obligada o forzada, de su comercio con las regiónes de Dilmun, Magan o Meluhha, y que tiene visos de tener un primer origen climático.

    Doy breve explicación de éstos acontecimientos en diversas entradas en el blog. Espero que te ayuden o te hayan ayudado. Si necesitas ampliar alguna de ellas, dímelo e intentaré, si mi tiempo lo permite, incorporar alguna entrada sobre el tema.

    Saludos,

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