Mitología mesopotámica. Los dioses astrales.

Representación de la triada astral semita (de izda a dcha): Ištar, Sîn y Šamaš. Detalle del kudurru kassita del rey Meli-Shipak II. (1188-1172 a.c.) Musée du Louvre.

Antes de comenzar a desarrollar una concepción básica de las deidades mesopotámicas ,y dentro de éstas,  de los panteones astrales, me gustaría ante todo tener la posibilidad de contextuarlo en el tiempo. Uno de éstas primeras tareas sería es intentar delimitar los distintos periodos, en su dos primeros milenios, en que se subdivide una historia que se proyectó en el tiempo, asumida ya la cultura denominada sumeria, por más de 3000 años.

Periodo sumerio. Desde el “periodo de Jemdet Nasr”, también conocido como “Época Baja de Uruk”, hacia el año 3150 a.c., hasta la conclusión del “Dinástico Arcaico” en el 2300 a.c. aprox.

Periodo Acadio. Comienza con el ascenso al poder al “País de Sumer y Akkad” de Sargón I, 2334-2279 a.c. y concluye con la rebelión  de las ciudades sumerias y la invasión de los Qutu en el año 2120 a.c. –

Periodo Neo-sumerio. Desde el “Renacimiento sumerio”, hacia 2110 a.c.,  hasta el fin de la hegemonía de la “Baja  Mesopotamia”, con la subida al poder  de Hammurapi, 1792-1750 a.c. y la derrota de la Dinastía de Larsa, en el año 1763 a.c. aprox.

Periodo Babilónico Antigüo. Desde el 1894 a.c. hasta el 1595 a.c. Paralelamente el Reino Asirio Antiguo, hacia el 1815  a.c. y el 1450  a.c. –

Periodo Medio Babilónico/Reino Medio e Imperio Antigüo Asirio.Entre 1595 y 1117 a.c. , y desde el año 1450 a.c. hasta el 1204 a.c. –

El brevísimo resumen anterior nos constata un hecho y éste es que las  influencias culturales que incidieron en la región durante estas veinte centurias. Influencias que acomodarían  la primitiva impronta sumeria a sus culturas, algunas de las cuales ya eran prolongaciones de ella misma, y otras proporcionarían nuevos mimbres para una evolución en que estarían incluídos, como no puede ser de otra manera, los preceptos  religiosos.

Uno de los escollos que nos encontramos, y que tomaremos como punto de partida, a la hora de dibujar una religión propiamente sumeria, es la escasez de textos de los cuales referenciarse, ya que  si bien existe un excelso catálogo de escritos en caracteres de ésta lengua – debido a su utilización como  escritura erudita y como tal recopilada en los templos y palacios hasta bien entrado el siglo I a.c. –, la información disponible sobre su estructura de creencias suele tratarse de recopilaciones, interpretaciones o copias realizadas en épocas posteriores que hacen dudar de su absoluta fidelidad con respecto al relato primitivo – un ejemplo  podría ser la misma adaptación de los signos sumerios a la “general  conceptualidad” semítica acadia –.  Aún así,  dentro de las diferentes teogonías que se sucedieron a lo largo de las primeras ciudades-estado mesopotámicas podemos translucir tres sistemas panteístas:  Dos más primitivos de dioses ctónicos y cósmicos, y un tercero posterior, sincrético, mixto. Es significativo resaltar que en ningún momento han sido mencionadas divinidades “astrales”, si no  “cósmicas” – Las triada cósmica sumeria está compuesta por  An(û), En.lil y Ninhursag(a) y al que se añade En.ki en determinados propuestas sacras – y esto viene dado porque una característica básica: Los dioses cósmicos sumerios no  parecen   tener una representación astral asignada – Si bien,  En.lil, por adaptación de su credo, la tuviera con posterioridad como el planeta Júpiter  o como en el caso de An(û), detentó como ideograma la estrella de ocho puntas, llamada en acadio “Shamû” como “Señor de los Cielos”- , mientras que las deidades astrales mesopotámicas están vinculadas siempre  a  uno , o  a varios,  dependiendo  del origen y momento de la referencia escrita,  fenómenos estelares. – De hecho y por ejemplo, el dios amorrito-babilónico Marduk  lo fue con  Mercurio, ”udu.idim.gu” en  sumerio (tablilla K 6174), con la “Estrella Polar”, “thu-ban” en acadio (Enuma Elish, 5),  o bien con Júpiter en el “Mul.apin”, un tratado astrológico neo-babilónico –. Tal es así, que se supone que las primeras equiparaciones entre las divinidades versus “sucesos estelares” son propiamente fruto de la religiosidad semítica oriental, siendo incorporadas a las creencias sumerias como parte de las influencias acadias durante el III milenio a.c. Ésta hipótesis está basada, entre otras razones, en que muchos de los sumerogramas que dan nomenclatura a tales dioses, difícilmente  fueron pronunciados en  ésta  anterior lengua , así como que las divinidades sumerias no tenían una necesidad de  una “entidad física representativa”,  mientras que las semíticas, e indoeuropeas posteriores,  por su tradición, si la tuvieron.

La tríada principal del panteón astral, dentro de la relación gráfica sumeria,  fueron Zuen/Nanna(r), Utu e Inanna, y que son deidades vinculadas a la Luna, el Sol y al planeta Venus:

La Luna, o “(W)arhu”, como nombre semítico del “físico” cuerpo celeste,  también conocido como “Šeški” y “Ašimbabbar”, y cuya  representación astral correspondía al dios acadio Sîn y como símbolo del dios sumerio  Nanna(r).  Llamado  el “Señor del Saber”,  o “En.zu”, tiene como símbolo cifrado el número 30, <<<,  se le figuraba como un toro con barba de lapislázuli y llamado “Qarnû”.  Otra denominación es “La Fruta que Crece por si Misma“, “enbu ša ina ramãnišu ibbanu”, en referencia a su “renacimiento diario” como avatar de la Fertilidad en general (Leick 1998) – Se le consideraba el dios que se “regeneraba a sí mismo”, en una personalidad asimilada a los ciclos de la Luna -. Alcanzó gran culto,  tras el proceso sincrético sumerio-acadio,  y se le llegó a considerar hijo de An(û) – O bien de En-lil,  según el origen ciudadano de la teogonía –, contaba con una gran centro religioso en la ciudad de Ur,  en el que destacaba su templo,  el Ekishnugal o “Casa de la Luz”, así como su ziqqurat o “torre escalonada”, el Etemenniguru o “Casa cuya Alta Terraza Inspira Terror”. Dios de la adivinización, se le consideraba como padre de los otros dos componentes de la tríada astral principal.  El nombre más utilizado a lo largo de la historia fue el acádico  “Sîn”, nombre que deriva de su atributo como “Señor del Saber” – O “En.zu” en sumerio,  o lo que es lo mismo el dios “Zu.en”,  para terminar simplificando su evolución  en el término, ya acádico de “Sîn”- . Otra de sus representaciones escritas fue “Nanna(r)” – O “Šeš.ki” en sumerogramas. Término que probablemente provenga de su relación con la ciudad de Ur, “Šeš.ab.ki” (Leick, 1998). Otra forma escrita era su cifra sagrada  d<<< , el determinativo [d] de divinidad mas la cifra 30 – y que aparece también en textos asirios, en su representación cifrada, como símbolo de la sabiduría; Así como “din.gir”, alternándose con el término semítico “Ilu”, “divinidad” , en los textos astrológicos paleo-babilónicos del “Mul.apin” (G194), siglo X a.c.,  como exclusivo dios supremo de las artes de la predicción.

El Sol, o “Giš.nu”, como nombre genérico del Sol en caracteres sumerios, y que literalmente se traduce  “herramienta+luz” = “lampara”. Representación astral del dios acadio  Šamaš/Shamash y conocido como el  dios Utu por los sumerios, también como “Babbar”, “El resplandeciente”, – Si bien,  esta acepción fuera también utilizada para otros entes divinos lumínicos, caso del planeta Júpiter,  o como ya hemos visto, “Ašim.babbar”, la Luna -. El concepto divino que representa el Sol es extremadamente antiguo, donde tiene una fuerte vertiente guerrera y punitiva, representando de igual manera a la Justicia y al “Estado del Orden” – En asimilación  a su regular periodicidad astral y como “guía” o “Lampara de los Dioses” -. Su representación fue el disco solar o “Aš.me”, “Šam-šu” en silábico acadio. Aparece también sosteniendo en su mano la cuerda y la vara de medir, símbolos de la divinidad en sus figuraciones con rasgos humanos. Su coeficiente numérico fue el 20  y con el determinativo [d] más la cifra 20, ” d<<“, fue representado en escritos (Neugebauer, 1955), y como tal  aparece en algunos textos asirios. Contó con templos principales, el Ebabbar o “Casa resplandeciente”, en Larsa y Sippar.  Su culto tuvo gran aceptación – en la Baja Mesopotamia, como el dios  Shamash,  a partir del periodo acadio, ya que como el dios Utu tuvo escasa relevancia en Sumer -, incluso se le consideró “Señor del Cielo y de la Tierra”, compartiendo en Assur  templo con Sîn, su padre (Black & Green, 1998).  Su importancia como Shamash, se ve corroborada en los numerosos cilindros-sellos donde se le figuraba, así como la importante  cantidad himnos y oraciones  compuestos en su honor durante más de un milenio –  desde la segunda mitad del III  hasta la segunda mitad de II milenio a.c.  aprox.-. Sus creencias decayeron con la llegada de los “dioses nacionales”, Assur y  Marduk,  a la supremacía de los panteones asirio y amorrito-babilónico.

Venus, o “Dil-bat” en su traducción silábica sumeria para el general nombre del planeta – El término no tiene traducción conocida, aunque se  le asimila con el nombre del ziqqurat de la diosa sumeria Urash en la ciudad del mismo nombre. “Maštakal” en acadio (Labat, 1963) – . Representación astral de la diosa acadia Ishtar/Ištar, y por tanto, supuestamente, de la diosa sumeria Inanna/Ninanna –“Nin-ana” como “Señora de los Cielos”. o “Nin”, “Ninni”, “Irnina”,”Irnini”  o “Nin-me” como “Señora de la Batalla” -. Diosa representante de la Fertilidad y de la Guerra, Venus personificaba esta dualidad como “La Estrella del Amanecer”, “Nita.a.ta”, y como “La Estrella del Atardecer”, “Usan2. da. el” como los dos aspectos ctónico-infernales que  simbolizan la Muerte/Vida en la propia Naturaleza.  Se la representó, como la Ishtar astral, con una estrella de ocho puntas, – Si bien, como Inanna e hija de Enki, tuvo otras representaciones -, estableciéndose su nombre cifrado como el número 15. Tenía como símbolo zoológico el león, junto al que aparece en otras figuraciones aladas, con “destellos lumínicos” y  figura humana.  Su centro de culto mas importante, en el caso de Inanna, fue Uruk, donde compartía templo con el dios An(û),  el E-nanna o “Casa de los Cielos”, aunque venerada en buena parte del resto de la ciudades sumerias – En Ur, como Ishtar, fue venerada en el templo de su padre, el dios  Sîn, como “Señora de la Luna” durante el reinado de Ur-Nammu, 2112-2095  a.c. -. Conocida por los semitas orientales como “Ishtar Anunitum”, o “Ulmashitum”, “Señora de la Batalla”, y por los semitas occidentales como Ashtar(um),  o Athirat,  así como en el periodo neo-asirio como “Issãr”.

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Dos pasajes de calendario astrológico del periodo helenístico mesopotámico (312-63 a.c.) procedentes de Uruk. Aparece representado el dios Ningishzida y sobre su lomo, un león alado “que pasa”,  tal vez  el dios  Nergal, Marte… ; Un ave que  “picotea” la cola de una serpiente,  y que tal vez sea  Papsukkal (Shimaliya¿?), dios  y  diosa  kassita- babilónico,  mensajero el primero de los  dioses, Mercurio.., y dos estrellas de ochos puntas, al lado de las cuales se puede leer  el término “sag.me.gar”, Júpiter, nombre astral de Marduk. Aparece  también una diosa desconocida que porta una espiga de cebada (Nisaba ¿?). (VAT 07847 y A0 06448  procedentes del Staatlichen Museen zu Berlín y del Musée du Louvre )

No cabe duda que una primera asimilación de los caracteres sumerios por parte de la cultura acadia y su transposición a sus textos sagrados, pudiera darnos una idea equivocada de  una  conceptualidad religiosa ambivalente, cósmica-astral en Sumer, y preexistente a la llegada al poder  mesopotámico del  reino de Akkad.  Si bien en los casos de  Zuen y Utu es evidente la re-interpretación de unas deidades postergadas a la nueva realidad panteística, en el caso de Inanna vs Ištar, está asimilación, se nos presenta menos nítida.  Es posible que entre ambos ente divinos existan puntos de convergencia, si bien estas supuestas peculiaridades paralelas habría que visualizarlas dentro de las divergencias culturales entre sumerios y semitas, y por tanto delimitar sus diferentes atribuciones a determinados periodos históricos. Así podemos considerar como hipótesis, una Inanna/Ninanna, hija de Enki y “Señora de los Cielos” en un primer periodo exclusivamente sumerio y que podemos datar hasta el 2700 aprox.  y donde por cuestiones políticas se va haciendo más importante el peso de la cultura semítico oriental en la “Baja Mesopotamia” . Situación que culminará con la llegada al poder de Akkad en el 2300 a.c., sino antes, siendo a partir de entonces cuando Ishtar, en el papel de Inanna, tomará el relevo, pero ya como componente de la triada astral semita.  Esquema de creencias que intentará ser impuesto por la dinastía acadia en el  resto del entramado religioso sumerio – ejemplo es Naram-Sîn y su intento de imponer al dios Sîn de Ur – y al que se resistirá el sacerdocio sumerio , para terminar siendo una de las razones principales del final del poderío acadio en Sumer  en los albores del II milenio a.c.

En definitiva, lo que parece intuirse,  es la ausencia de una  tradición cultural astral propiamente sumeria , y de lo que se  puede deducir que las actuales tradiciones astrológicas occidentales sean muy posiblemente de origen semítico  con añadidos indoeuropeos  – tradiciones sincréticas que pasarían por el Levante Mediterráneo  y de allí  a Grecia y posteriormente  a Roma –. Raíces  que compartirían  la “Cábala” hebrea, el “Mul.apin” neo-babilónico, el “Enûma Anu Enlil” kassita-babilónico, el “Árbol de la Vida” asirio , así como  la propia mística bíblica e hittito/luvita.  Por otro lado,  lo textos mitológicos sumerios,  con grandes posibilidades de ser  copias o reescrituras sobre versiones más antiguas – Tal vez, vinculadas con anteriores/paralelas civilizaciones afectas al Golfo Pérsico y el Indo. De hecho, la triada cósmica sumeria tiene un extremado parecido fonético y simbólico con la triada cósmica de Mohenjo-Daro –, inciden a menudo en el temática religiosa de los “Me” como representación y esencia de  los poderes espirituales o cósmicos – casos ejemplares son el poema llamado “Enki e Inanna” o  la épica de “Enmerkar y el señor de Aratta”, entre otros – y que se desligan de los panteones astrales y las características propias  de la religiosidad nómada.

Referencias:

“Understanding planets in ancient Mesopotamia” Enn Kasak & Raul Veede (2001)

“Dioses astrales” en “La civilización sumeria” F. Lara Peinado (1999)


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