Las predicciones de la máquina de Anticitera y los rituales de sustitución. Una de sus funciones, una de sus soluciones.
Tal vez uno de los primeros ingenios mas sorprendentes que se han descubierto, entendida su maquinaria y revelada su función, haya sido el “mecanismo de Anticitera”. Hablamos del primer instrumento portátil conocido, siglo I a.c. aprox., vinculado a la realización de cálculos y predicciones astronómicas y que puede considerarse como la recopilación de todo el conocimiento conseguido en los anteriores milenios, mediante la observación, por las primeras civilizaciones afectas al Mediterráneo Oriental y Mesopotamia. Así, una de sus dos esferas plasma el “ciclo metónico”, que se estudiaba ya en la Babilonia mesopotámica y que remonta sus premisas conocidas a la confección del calendario neo-sumerio de Shulgi a finales del II milenio a.c. en el periodo de Ur III, permitiendo la confección de calendarios vinculados a la Luna y el Sol. La segunda esfera de la máquina de Anticitera refleja el denominado “ciclo de Saros”; un ciclo de Saros cuya instrucción desde la época kassito-babilónica, 1571-1156 a.c., facultaba a los sacerdotes templarios, o “tupšar”, el poder predecir eclipses.
Hace tiempo vengo plasmando en éstas líneas que la intelectualidad griega tiene sus premisas en la tradición científica de Oriente Próximo. Afirmación que comparten la inmensa mayoría de los estudios y que viene rubricado desde antiguo por Aristóteles, quien hace referencia a los estudios astronómicos egipcios y babilónicos. Al el se puede unir Diodoro de Sicilia en su “Bibliotheca Historica” del siglo I a.c. o a Plinio en su “Naturalis Historia” donde cita al griego Epígenes, siglo IV a.c., como “una autoridad en las pretéritas observaciones astronómicas babilónicas” y de las cuales estimaba su antigüedad en 720.000 años. También en dicho texto, Plinio asevera que Critodemus. un eminente astrólogo griego seguido en los siglo I y II d.c., estaría asociado a la Isla de Cos y a Berossos, el sacerdote babilónico del siglo III a.c. que escribió la “Babilonika”, remontando los conocimientos astrológicos por el estudiados en 490.000 años; Años que, por si alguien no lo ha intuido, podrían coincidir perfectamente con las dataciones mitológicas de las “listas reales” mesopotámicas; y así un extenso etcétera.
« (1) [Si el Sol está rodeado al mediodía por un] “dibujo”, y su aspecto es relativamente oscuro: [Entonces acontecerá un eclipse de Sol o de Luna]. (2) [Si el sol naciente está salpicado de sangre] y su luz es fría: [Entonces será tiempo de enemistad en el país] (3) Si [el Sol se levanta y es] (como si) estuviera manchado de verde y su luz es [verde: El rey no habita en el país, su residencia] (4) Si [el Sol] se levanta y es oscuro, y su luz [es verde: Lo mismo]. (5) Si el Sol se levanta y su luz es ardorosa como el [fuego.. Entonces acontecerá que un rey traerá la destrucción al país]. (6) Si el Sol se levanta y cuando empieza a ser visible, su luz aparece relativamente oscura: Entonces [acontecerá una re]belión en el país, [un enemigo saqueará el país]. » Pasaje de Enûma Anu Enlil, tablilla 26 reverso. Finales del I milenio a.c. MMA 86.11.353
Tampoco deberemos de obviar que todo este conocimiento tiene, en su funcionalidad, un fuerte componente religioso, siendo conveniente señalar que la mitología griega tiene una clara deriva en Mesopotamia, según C. Penglase, y por ende en la “Creciente Fértil” y Anatolia. Un ejemplo reseñable es la impronta que la diosa Ištar y su acólitas de Oriente Próximo tienen en la diosa Afrodita, la relación entre los mitos de Prometeo y Pandora con el relato mesopotámico de la creación del hombre, protagonizado por el dios Enki, en los mitemas de Hesiodo o los primigenios dioses griegos Oceanos y Tetis versus las divinidades ancestrales babilónicas Apsu y Tiamat en la “Iliada” de Homero. De igual manera, parece poco probable que hoy en día alguien ponga en duda la relación que hay entre la “Teogonía” de Hesiodo y el “Poema de Kumarbi” hittito-hurrita, la localización del nacimiento de Tifón, según los “Himnos” de Homero, en Cicilia, y así otro largo etcétera.
Llegados a éste punto, son muchas las preguntas que pueden surgir, tales como la importancia de la maquina de Anticitera como precedente de una “revolución científica” olvidada y que algunos asocian con la destrucción de bibliotecas, caso de Alejandría, llegando, de nuevo.., limitada a Europa a través de fuentes musulmanas y persas; o tal vez: ¿Porque esa necesidad de “controlar el tiempo”, cuando buena parte de la humanidad vivía todavía en el Neolitico..? Existen dos razones básicas que podrían contestar a ésta última pregunta: Una, la primigenia exigencia de las civilizaciones urbanas sumero-acadias de tener un calendario agrario, y una segunda mucho mas importante: Una necesidad religiosa, en el Oriente Próximo desde el II milenio a.c. y que se extenderá con posterioridad al mundo grecorromano, de poder datar los acontecimientos divinos relacionados con los astros, debido a la creencia de su extrema repercusión en los devenires socio-políticos del ser humano.

Enûma Anu Enlil. Tablilla 26 (MMA 86.11.353). Texto Astrológico. Finales del I milenio a.c. Metropolitan Museum of New York
« [Cuando] yo partí [a la Tierra de Hazz]i, El Dios Sol mandó una señal. La Reina que, todavía, estaba en la Tierra [de Hatt]i, dijo: “Ésta señal que el Dios Sol ha mandado, [¿Que es lo que predi]jo..? ¿Lo predijo sobre el rey..? Y si [lo predijo sobre el rey], ¿La gente de la Tierra de Hatti no podría [exigir a otra persona] en el poder…? ¿Podrían ellos [...] [al hijo] de Amminnaya y Amminnaia?”… » Pasaje de la “Acusación de Mursili contra Tawannana” CTH 70, 24-32 Siglo XIV a.c.
El texto anterior aunque hace referencia al rey hittita Mursili II, 1339-1306 a.c., tras el eclipse de Sol acontecido el día 24 de junio del 1308 a.c. Realmente, y según otros textos paralelos, el relato hace alusión a las desavenencias entre la madrastra y la esposa de Mursili. Esposa que es sentenciada a morir por el augurio extendido por la madrastra en Hattusa, la capital hittita, tras consultar la predicción de un astrólogo, al igual que ella, de origen babilónico. La consorte, que arrastraba según los textos una larga enfermedad, sucumbió poco mas tarde, lo que llevó a Mursili a acusar a su madrastra de brujería (Hoffner, 1983).
Predicho el funesto presagio, existen un grupo de ceremonias que se extendieron por Mesopotamia, Ugarit y Hatti, y posteriormente a Grecia, cuya premisa es el manejo “físico” del mal o de la cólera divina, para su posterior eliminación y que son los denominados “rituales sustitutorios” o “rituales de alejamiento de la amenaza contenida en un mal augurio”. Éstos rituales tienen como característica el estar acompañados de “portadores” o “sustitutos”, ya sea un objeto, animal o persona, que serán expulsados o inmolados para alejar el infortunio, de manera que carguen con las consecuencias de la irritación de los dioses y sean foco de sus iras .Un ejemplo lo tenemos en el “rito de Telipinu” hittita y donde un caldero es exorcizado para contener esa “esencia maligna”, para posteriormente ser cerrado con tapas de plomo y sellado con un cerrojo. (KUB, XVII 10, ii 9-32) – Como anécdota decir que éstos ritos son el origen de los “chinns” o “genios de la lámpara” de las leyendas árabes -, o el denominado “Rito de Azazel”, Levítico 16, 5-10 y 20-22, donde el Antiguo Testamento nos narra como Aaron realiza el rito con dos machos cabríos, sacrificando el dirigido a Yahweh y dejando vivo el ofrendado a Azazel “para que le siga”; El animal se carga de ésta manera con los pecados de los israelitas y se interna en el desierto, la “morada del diablo“. (B Janowski y G Wilheim). Por último, se da el lance de rituales , caso de KUB XXIV +5, donde el sentenciado a sufrir el castigo divino es una persona.
En el caso de los “rituales de sustitución real”, KUB XXIV 5+ (CTH 419), el sustituto es un extranjero indigente o un prisionero, aconteciéndose la “asimilación mágica” durante el periodo de dos noches . El ritual tiene como objetivo el salvar al rey de la amenaza de muerte que se supone anunciada e inminente como consecuencia de la llegada de un elipse lunar , por lo que se hace imprescindible que la víctima sea “investido de forma legal” como rey y muera así como tal en el lugar del soberano titular amenazado.
« (9 ́) (…) El signo [que tú, ... dios Luna], has mostrado, si (en él) has anunciado el mal para mí, (10 ́) ahora mira, [ ... ] he dado [sustit]utos en (mi) lugar. ¡Tómalos a ellos, (11 ́) [pero déjame a mí libre! ... ]” (…) (20 ́) y él (el rey) [h]abla así: “¡Mira, éste (es) el rey! A éste le [he entregado] (21 ́) el nombre de la realeza, a éste le he vestido [el atuendo de la re]aleza, a éste le he pue[st]o (22 ́) la diadema. Ahora, mal augurio, cortos años (de vida), (23 ́) cortos día[s] (de vida): ¡fijaos [en éste]! ¡Perseguid a este (24 ́) sustituto!” Él se va [a la ciud]ad, un siclo [de plata], un siclo de oro, una mina de cobre, (25 ́) una mina de estaño, una mina de hierro, una mina de plomo…» Pasaje del “Ritual de Sustitución Real” hittita. KUB XXIV 5+ (CTH 419)
Durante los periodos de hambruna, plagas o pestilencia, o cualquier otra dificultad atribuible siempre a las divinidades, los antiguos griegos respondían eligiendo a una persona en la comunidad y a la que mediante un ritual se le hacia transferencia de las “miasmas” para luego conducirle mas allá de los límites del estado. Éste ritual del “chivo expiatorio”, y denominado, curiosamente.., “Pharmakos” está atestiguado en las ciudades de Queronea, Abdera, Massilia y Atenas en Grecia y Leucas en Asia Menor.
«”Auri sacra fames”. “Sacro significa maldición”. Ésta manera de hablar surge de una costumbre galaica para cuando los massaliotas sufrieron una pestilencia, uno de los ciudadanos pobres se ofreció para ser alimentado por un año entero en comida pública con alimentos puros. Posteriormente, éste individuo era provisto de ramas y vestido con ropa sagrada y llevado por la maldecida ciudad, de modo que en él descendieran todos los males de la ciudad, para seguidamente ser desterrado. Hoc autem in Petronius lectum est » Pasaje del “Satiricón” de Petronio. siglo I d.c.
Según Petronio, el ritual de Pharmakos era una antigua forma de “purificación”. El Pharmakos provenía de un pretérito ritual exorcista, de manera que si un desastre, como el hambre, la peste o cualquier otra placa, llegaba a una ciudad como consecuencia de la ira divina , se llevaba al “hombre mas feo” de todos en sacrificio con el fin de exorcizar y curar sus males. Ellos colocaban a la víctima en lugar apropiado, le ponían queso, pan de cebada e higos secos en las manos, para luego azotarle siete veces el pene con varas, ramas de higuera silvestre y otras plantas salvajes, y finalmente lo quemaban con esa misma madera, esparciendo sus cenizas al mar y a los vientos.
El desarrollo del ritual se evidencia en un comentario de Hiponacte de Efeso, siglo VI a.c. y donde relata que una de las variantes de éste procedimiento religioso se llevaron a cabo en Leucas, Atenas y Queronea, ya sea en tiempos de peligro común o en los festivales anuales. Hiponacte citaba las siguientes características generales: El enojo de los dioses ponían en peligro y sufrimiento a los ciudadanos; el chivo expiatorio se constituía como el blanco de su ira, o bien se promulgaba un año en el festival de Targelias a fin de evitarlo en adelante. Un individuo, por lo general un marginado de la sociedad griega, era identificado como el “pharmakoi”, prestándose a ello de forma voluntaria o bien siendo elegido por la población de la ciudad. Ésta persona era mantenida a expensas públicas durante algún tiempo, dándole de comer y vistiéndolo con ropas suntuosas. Llegado el año era investido con ropaje sagrado y adornado con plantas y otros objetos, para luego ser expulsado de la ciudad, mientras la población le lanzaba maldiciones y lo golpeaba con esquilas o ramas de higuera silvestre, o bien lo apedreaban. En su mas violento final, el pharmakoi saltaba desde un acantilado al mar o era apedreado hasta la muerte. Si esto era así, se le incineraba y sus cenizas eran arrojadas al mar. Una vez que la “cabeza de turco” había abandonado los límites de la ciudad, o dejado su vida en ello, los ciudadanos consideraban a la comunidad exorcizada y salvaguardada.
« Si usted (el rey..) vela por el bienestar del rey, la ciudad y su gente, ellos estarán bien. En el inicio del año, una inundación llegará y romperá los diques. Cuando la luna se haya transformado en elipse, el rey, mi señor, debería escribirme. Como un sustituto para el rey, cortaré un dique, aquí en Babilonia, en mitad de la noche. ¡Nadie tendrá que saberlo..! » Pasaje de la carta entre el astrólogo Nergal-itir y el rey Aššur-ahhe-iddina manipulando la predicción de un elipse de luna en enero del 673 a.c. (SAA 8 250; r3 ff)
Otros rituales de sustitución real son bien conocidos en el Antiguo Oriente Próximo: El ritual “šar pūhi” está bien documentado en los anales asirios del I milenio a.c. y donde se nos vuelve a incidir en su utilización como consecuencia de la predicción de un determinado tipo de eclipse lunar y del que se pensaba que podría traer la muerte sobre el rey. Según estos escritos, la inicial reacción era intentar neutralizar la profecía usando métodos hermenéuticos o reinterpretativos, a la vez que se procedía a realizar “ceremonias protectoras” para proteger al monarca de los malos augurios. Si estas “primeras salvaguardias” no resultaban efectivas, se recurría en última instancia al šar pūhi. En similitud a alguno de los casos anteriormente descritos, un sustituto era igualmente entronizado si bien ahora durante un periodo de cien días. Al final de este periodo, el suplente era muerto y la profecía desmontada, para de forma inmediata reinstalar en el poder al legítimo soberano. En igual sentido, se conoce también los festivales “Sakaia”, o “sacaea” persas y algún ejemplo reiterativo mas.
Dicho esto y como conclusión, entra dentro de lo probable que el mecanismo de Anticitera respondiera a una necesidad astrológica, que no astronómica o científica, y que como hemos expuesto, resulta en extremo crucial para las sociedades de la mitad oriental del Mediterráneo y Oriente Próximo. De alguna manera la maquina encontrada en el pecio de la isla griega, nos habla de los principios de la ciencia como soporte de las creencias religiosas. Ciencia como soporte de dogmas, tantos sacros como políticos, así como rehén del poder, de los que no conseguimos desprendernos, incluso hoy en día, todo lo que desearíamos.
Referencias:
“Mesopotamian Astrology: An introduction to Babylonian and Assyrian Celestial Diviniation” U. Koch-Westenholz (1995)
“In the Path of the Moon: Babylonian Clestial Divination and its Legacy”. F. Rochberg (2010)
“Scapegoat rituals in Ancient Greece” J. Bremmer (1983)
Textos:
“Hittite prayers” I. Singer (2002)
“Corpus of Cuneiform Texts in the Metropolitan Museum of Art II: Literay and Scholastics texts of the first milenium b.c.” I.Spar and W.G. Lambert (2005)
“CTH 419, Ritual de Sustitución Real. Edición crítica y traducción” J.V. García Trabazo (2010)
Imágenes:
sfrang.com
metmuseum.org
La relación entre las primigénias creencias yahwistas y la Corona de Espinas. Una conjetura.
Según las creencias cristianas, las dos alegorías burlescas de los encargados en crucificar a Josue “El nozrim”, mas conocido como Jesús de Nazareth. Una fue titularle como “I.N.R.I”. o Iesvs Nazarenvs Rex Ivdaerovm“, y otra investirlo con una “corona de espinas”. Tal decisión, la última, podría entenderse como un castigo mas dentro de la extensa pasión del icono del cristianismo y una ridiculizante alusión a su supuesta condición regia, pero tal vez, y digo tal vez, contenga un mayor significado del que en un principio podríamos suponer.

Reproducción de una corona de espinas confeccionada con “Paliurus Spina Christi” Fotografía de la colección del prof.D. Avinoam Danin (Universidad de Jerusalem)
Dentro de los estudios realizados para datar la “Sabana Santa” y en 1997, el botánico de la Universidad Hebrea de Jerusalem Avinoam Danin informó de la existencia de hasta cincuenta y ocho tipos de polen en el lienzo, diferentes, y entre los que podían encontrar el del Chrysanthemum coronarium, Cistus creticus y Zugophyllum. Por último, aseguraba tal estudio que en la parte afecta a la corona de espinas, había sido posible observar pólenes de Gundelia Tournefortii, una planta del género de las farenógamas que actualmente se creen endémicas de las regiones semi-desérticas de Oriente Próximo, y que tienen como cualidad ser de tipo espinoso, y por tanto supuesta fuente de fabricación de la corona que portó Jesucristo. Independiente de los diferentes estudios que se han hecho aludiendo a que el “Sudario de Turín” es una reliquia con una antigüedad aproximada de 800 años, vamos a intentar, desde una perspectiva diferente a las pruebas del Carbono 14, corroborar la supuesta falsedad de las muestras aportadas por Max Frei.
«Estando pastoreando Moshe las ovejas de Yitro; su suegro, el sacerdote de Madian, dejó el rebaño a espaldas del desierto y se encaminó a Chorev/Horeb, Har HaElohim/ La Montaña de Dios. Y el Malach Hashem/ Espíritu de Yahweh se le apareció en medio de una llamarada de fuego dentro de una sēneh/zarza ; y él miró, y hinei/santa, la zarza ardía en fuego y la zarza no se consumía.» Éxodo 3:1-2 Biblia Ortodoxa Hebrea
Las alusiones bíblicas al término hebreo ” סְנֶה” ,”sēneh”, también se encuentran en otros pasajes, caso del Deuteronomio, y donde el epiteto “šoknî sēneh” es aplicado a Yahweh:
«Y por los regalos de Ha’aretz/La Tierra y de su plenitud; Y que el buen deseo de Aquel, el que šoknî sēneh/habita en el espino, permita que las bendiciones caigan sobre la cabeza de Yosef, y sobre la parte superior de la cabeza del que se separó de sus hermanos. » Deuteronomio 33: 16 Biblia Ortodoxa Hebrea.
Éste texto de alabanza hacia los parabienes recibidos por el renovado dios de la tribu de Yæhudah, hace mención a José y, tal vez, a Moisés como “el que se separó de sus hermanos” en las creencias, haciendo referencia al posible fundador de la desviación teológica yahwista. y que cuya afirmación, incluyendo una parábola con el espino, puede ser corroborada en Jueces 9: 14-15. Parábola que, según la mitología ugarítica, hace referencia a la montaña de ǧabal al-Aqra’, residencia de los dioses semíticos occidentales, y que estaba protegida por bosques de cedros:
« Entonces dijeron todos los etzim/árboles (sagrados) a la zarza: Ve tú, y reina sobre nosotros. Y la zarza dijo a la árboles, Si de verdad me elegís melech/Espíritu sobre vosotros, venid, y refugiaros en mi tzel/sombra, y si no, que Eish/fuego salga del espino y devore los cedros del Líbano. »
La vinculación de plantas espinosas con antiguas divinidades de Egipto y la Creciente Fértil tampoco no nos son ajenas. En Egipto, el arbusto denominado como el árbol “nbs”, “Paliurus Spina Christi” (LDÄ 1 (1975) 659,967), fue una planta sagrada, siendo el símbolo de dioses tales como Amon-Ra, Sodpu, “Señor de los shashu” - también era conocido como el “Guardián de las minas” del Valle de Timna en el Sinaí - y Hathor – Hathor que era sosias egipcia de la semítica diosa Aserah/Astarté, – , Shumacher (1998) y LDÄ 4 (1982, 1067-1068) Como ya ha sido comentado anteriormente y en éstas páginas, la importancia del culto a los árboles sagrados en los rituales semíticos occidentales es preclara. Incluido dentro de éstos “espíritu alados” de los árboles o residentes en ellos, podemos encontrar uno denominado ” il d’rgzm” o “Divinidad de los Espinos” y que se considera afecta a la “Diosa sobre la Rama”, una “diosa-pájaro- espíritu” que está vinculada con la Fertilidad. Casos similares de dioses afectos a arbustos espinosos, podemos encontrarlos también en los panteones mesopotámicos (CAD E 23), si bien éstos con significado desigual.
«[Permite a los Sal]vadores tomar parte del sacrificio. [Concede...] que los fantasmas se sirvan. [Consiente que ello]s coman como (con la necesidad de) un muerto tras la Muerte. [Permite a ellos se acerque]n y que los espíritus (de los muertos) vengan. [Permite a ellos...] en el Día del Fruto de Verano. Deja [a los fantas]mas comer. ¡Si, Concede a los [Sal]vadores beber…! Consiente a ellos descender, ¡ Dios del Árbol de la Jojoba..!, [ la Diosa] que está sobre la Rama. [Yo he sacrifica]do el holocausto para Amurru.. “Pasaje de la “Epopeya de Aqhat y Daniel” KTU 1.20; 1-10.
El género “Paliurus” incluye ocho especies diferentes de arbustos espinosos, entre las que se incluye la “Paliurus Spina Christi”, y que al igual que el “Zizyphus jujuba”, también de la familia arbustiva de las Rhamnaceas, son endémicas de la zona montañosa del Valle de HaArava o Wādī ʻAraba en el Sinaí-Negev de la actual frontera jordano-israelí, hallándose igualmente en el Mediterráneo Oriental y sur de Asia, y donde se pueden encontrar ejemplares con mas de trescientos años. El Paliurus “Espina de Cristo” es un arbusto de entre dos y cuatro metros de altura con tallos espinosos en zig-zag, que posee en unas estípulas, base de la hoja, que se han transformado en espinas desiguales, una de forma “recta” y otra con forma de gancho. La jojoba, cuya envergadura puede llegar a los 10 metros, al igual que el Paliurus mantiene el mismo tipo de configuración en las estípulas, pero no así en el tronco y cuya teórica protección es sustituida por una fuerte ramificación. Su fruto maduro es comestible y cuyo proceso de maduración culmina a finales del verano.
Otro argumento positivo para identificar a Yahweh como “El que Reside en el Espino”, en los antiguos cultos yahwistas y su importancia, es el hecho que haya sido mantenido con posterioridad a la conocida “expurgación” de los textos sagrados hebreos - La acepción “Malach Hashem”, “Espíritu de Dios” por el hecho mismo de aparecer el término “Hashem” (Éxodo 3:1-2) , un termino adoptado en el siglo V-IV a.c., certifica su modificación posterior – . H.W. Schmidt (1988), incluso considera posible que el término “sēneh” sea una incorporación posterior a Éxodo 3, certificando, de ésta manera, su trascendencia y la antigüedad de epíteto. -Se considera que los textos deuteronómicos son los mas fidedignos y los mas antiguos de la Biblia Hebrea - , concordando así con una pretérita asimilación de creencias entre el Yahweh del Paliurus Spina Chrsti y el dios del Zizyphus Jujuba ugarítico, cuando en sus primeros momentos el dios hebreo era todavía asimilado con el dios El semítico occidental (De Moor, 1990).
Llegados a éste punto, no resulta arriesgado conjeturar que la misma corona de espinas de Jesús, sea una segunda alusión en la cruz a su supuesta condición como “Rey de los Judíos”y en la que tal vez se hacía referencia, por parte de sus verdugos, al origen de las creencias hebreas a Yahweh: El dios que residía en un espino.
Referencias:
“Dictionary of the deities and demons in the Bible” Edited by K. Van der Toorn, B. Becking, P. W. van der Horst (1999)
“Guía de los árboles y arbustos de la Península Ibérica y Baleares” G.A. López González (2007)
Textos:
“An Anthology of Religious Texts from Ugarit” J.C. De Moor (1987)
Biblos.com
Imágenes:
people.fas.harvard.edu
forum.roro44.com
-
Mitología mesopotámica. La construcción: Sus ritos y relevancia en la cultura sumeria
Los primeros acontecimientos arquitectónicos en Mesopotamia de gran orden pueden datarse a finales del V milenio a.c, y se corresponden con los niveles de excavación, o estratos, XI y VII del yacimiento arqueológico de Eridu. Localidad de Eridu, y según la leyenda sumeria, que sería la designada para construir el primer gran templo y cuyo honor recayó en el culto al dios En-ki, el é-apzu o é-engur-a, “La Casa de la Aguas Subterráneas”, por ser la divinidad de referencia de la primera ciudad santa sumeria.
La construcción en Sumer, y en particular la edificación capitular, suponía un acontecimiento de extrema importancia desde el punto de vista religioso y social. Como máximo exponente de la cultura teocrática urbana sumeria, la construcción de un templo estaba acompañado de un importante número de rituales que incluían la participación personal del máximo dirigente del enclave. Un ejemplo excelentemente documentado nos los proporciona el “Himno al templo de é-ninnu” durante la II dinastía de Lagaš en el reinado del “patesi” Gudea, 2141-2122 a.c., si bien ya durante el periodo denominado como “Renacimiento sumerio”.
« En el día en que los Cielos y la Tierra el destino habían decidido, Lagaš levantó, en su grandeza, altiva su cabeza, y En-lil, al Señor Ninĝirsu, miró con aprobación. En nuestra ciudad habitaba la perfección. El Corazón se llenó de regocijo, el corazón de En-lil, un río desbordado, que rebosa alegría. Y así como el Tigris lleva agua dulce, al igual En-lil, cuya voluntad es una gran inundación magnífica e imponente, tomó una dulce decisión: El Soberano se refirió a su Casa (el templo de Ninĝirsu) y se propuso el engrandecimiento del é-ninnu para que fuera reconocido en todas partes..» Pasaje inicial del Cilindro A de Gudea, líneas 1 a 11. Siglo XXII a.c.
Éste prólogo neo-sumerio, nos dibuja los cambios socio-religiosos acaecidos tras las la caída de la dinastía de Akkad, y la invasión Guti, y los roles heredados durante su dominación de la Baja Mesopotamia. Aparece encumbrado el dios En-lil como “Señor Único” del mundo sumerio y donde los anteriores dioses patronales independientes ejercen ahora como sus súbditos. Mas también nos sugiere un primer ideario de porqué se proyectaban tales construcciones templarias. Propósito que debe interpretarse como una satisfacción del dios supremo hacia el “Lugal-shu-an-na” o su divino regente administrativo, en éste caso Ninĝirsu, que en el nombre de En-lil, el supremo regente de la administración del mundo, gobierna la ciudad. Hecho que no era extensible hacia los habitantes de la ciudad, tras un trabajo sin mácula en busca de su favor, ya que, y como es conocido de la mitología sumeria, el hombre fue creado para servir a los dioses sin esperar dádiva alguna, salvo el castigo hacia su dios patronal y a ellos mismos, en caso de un servicio defectuoso.
« Ninguna Sagrada Casa, Ninguna Casa de los Dioses, ni ningún santo lugar había sido levantado, todavía. Ningún cañaveral había surgido (y) ningún árbol había prosperado. Ningún ladrillo había sido colocado (y) ningún molde de ladrillo había sido concebido. Ninguna casa había sido construida (y) ninguna ciudad había sido fundada. Nippur no había sido concebida (y) el é-ekur-a no había sido construido. Uruk no había sido concebida (y) el é-anna no había sido construido. El é-apzu no había sido construido (y) Eridu no había sido concebida. Ninguna Sagrada Casa, Ninguna Casa de los Dioses. (Cuando) su residencia fue edificada, toda la Tierra era agua. » Pasaje del “Himno de purificación del templo de é-gid-a” encontrado en el templo a Nabû en Borsippa. Periodo neo-babilónico. Siglo VII a.c. aprox.

Placa de Fundación. Aparece el plano de la planta de un edificio junto con un texto con las dimensiones para su obra. Periodo de Ur III (2100-2000 a.c.) John Rylands Library. University of Manchester (U.K.)
Si bien éste último texto neo-babilónico nos remite a Marduk y su templo en Babilonia, como el primer templo edificado, lo que resulta manifiesto es la profunda relación que durante milenios tiene la cultura mesopotámica con el acontecimiento de la construcción dando importancia tanto a la ciudad como relevancia a su dios patronal dentro el panteón mesopotámico de la época en cuestión. No en vano, ladrillo y molde son citados en el anterior himno como parte imprescindible para la creación de su mundo. Creación que incluiría a la misma Humanidad y que hace semejanza a la fabricación de un ladrillo de adobe. Según la mitología babilónica, de los restos del dios Kingu se creó al ser humano, siendo la porción que cada hombre posee del dios inmolado su “espíritu inmortal” o “ekimmu”, la parte divina que fue mezclada con el barro y que posteriormente fue “horneada” en las entrañas de Nintu(r), la “Diosa Madre”.
Desde la perspectiva puramente arquitectónica, el ladrillo de adobe puede presentar grandes limitaciones a la hora de erigir grandes estructuras y esto es debido a que se trata, al estar fabricado de barro y paja, de un material altamente soluble en agua. La disposición ilimitada de barro en una llanura aluvial como es la mesopotámica y la práctica ausencia de piedra y madera, supuso para los primeros constructores sumerios la necesidad de adoptar metodologías de construcción acordes, a la vez que se aprovechaban sus virtudes, con los elementos de obra que disponían. De esta guisa, los muros de las edificaciones sumerias eran gruesos, beneficiándose de sus efectos térmicos. Tales muros, en el caso de los templos, eran reforzados, con contrafuertes y cuya utilización técnica se extendería hasta mas allá del siglo I d.c.
Hecha la breve introducción y dentro de los rituales afectos al hecho constructivo, desde época sumeria se extiende en Mesopotamia la costumbre de enterrar en los cimientos materiales con carácter simbólico y con objeto de conmemorar las edificaciones. Tal ceremonia propiciaba los buenos augurios para la edificación - tras la revolución teológica del II milenio a.c., tuvieron también la finalidad de ahuyentar a los demonios que pudieran amenazarla – y que constituyen lo que se denomina como “depósitos fundacionales”. Como ya ha sido comentado, al igual que ocurre en la actualidad, éstos solían emplazarse en los cimientos de los templos, pudiendo también encontrarse bajo el umbral de las puertas o incorporados en los muros. La composición de éstos depósitos puede incluir diferentes elementos y que van desde “Ladrillos del Destino” , “Placas de Fundacionales y/o “Clavos de Fundación”.
« Entonces había una mujer, quien quiera que ella fuera… Ella [...] poleas (y) llevaba un refinado estilete (de escritura) de plata en la mano que depositó sobre una Tablilla de las Estrellas del Buen Cielo, y que estaba consultando. Había, además, un guerrero. Su brazo estaba recogido sosteniendo una tablilla de lapislázuli en su mano, y se disponía a colocar los planos de la Casa. El Cesto Sagrado se situó frente a mí, el molde del Sagrado Ladrillo estaba listo y el Ladrillo del Destino fue colocado para mí » Pasaje de “Las divinas bendiciones de la diosa y el guerrero”. Cilindro A de Gudea, líneas 110 a 123. Siglo XXII a.c.
Las piezas mas interesantes son los “ladrillos fundacionales”, en su traducción desde el sumerio: “Ladrillos del Destino”. Importancia que proviene de sus propios textos como referencia histórica, así como su papel en los rituales previos al comienzo de las obras. La ceremonia previa a su incorporación en la hechuras del templo , entre otros rituales, incluía la comprobación del ladrillo que se iba a situar en el depósito fundacional como el original único del molde consagrado, el “Molde Puro”, con lo que se aseguraban así los buenos augurio para el resto de la obra. Escenas similares a las que relata el cilindro de Gudea, y que tenían un carácter publico, son representadas en numerosas placas conmemorativas del inicio de la edificación de un templo. En ellas aparece en el rey, precediendo a su séquito, llevando sobre su cabeza la “Cesta Sagrada” de albañil en su papel como “Primer Obrero” del reino, y que incide, de nuevo, en la importancia de evento constructivo en ésta civilización. De hecho, la palabra sumeria para ladrillo, “sig”, hace tanto referencia a un edificio como a ciudad, siendo incluso uno de los nombres del dios de la construcción y donde el propio Ladrillo del Destino ejerce como su “representación terrenal” en los ceremoniales de ofrendas para obtener la aprobación sobre los futuros trabajos.
«Vertió Agua Pura en el [...] Molde del Ladrillo, tambores a-dab, šem y a-la tocaban para el gobernante. El preparó el barro excavado para fabricar el Ladrillo y la miel hoed, la manteca y óleo preciso dentro de él. Mezcló bálsamo (¿?) y esencias de todo tipo de árboles en la pasta. Alzó la Cesta Sagrada y la colocó al lado de la Moldura del Ladrillo . Gudea depositó la arcilla en el Molde del Ladrillo, y procedió exactamente según lo prescrito, trayendo al Primer Ladrillo a la existencia, mientras que los allí reunidos esparcían óleos o perfumes de cedro. ¡Su ciudad y la Tierra de Lagaš disfrutaron con él de una día de alegría…! Sacudió la moldura de ladrillo y dejó que el ladrillo se secara. El miró a el/la [....] con satisfacción, lo ungió con esencia de ciprés y bálsamo (¿?) ¡Utu (el Sol) gozó sobre el ladrillo que colocó Gudea, [...]! . Desprendió el ladrillo del [...] del Molde y éste se asemejaba a una corona de las portadas por An . Alzó el ladrillo y lo mostró a su pueblo ¡Era como arrojar lo que compone al Sagrado Utu sobre sus cabezas..! El ladrillo levantó su mirada hacia la Casa y era como si las vacas de Nanna(r) estuvieran ansiosas de estar atadas a su yugo. Dejó el ladrillo, entró en la Casa . Parecía como si se tratara de Nisaba, y conociera los secretos mas profundos de los números » Pasaje del “Ritual de realización del Sagrado Ladrillo”. Cilindro A de Gudea, líneas 499 a 531. Siglo XXII a.c.

Clavo de Fundación y Tabla de Fundación. Aparece el regente transportando la “Cesta Sagrada” de albañil. Periodo de Ur III, 2040 a.c., Museé du Louvre
Aunque parece ser que los “Ladrillos del Destino” y su ceremonia son afectas al periodo neo-sumerio, resulta indudable que el conjunto de los rituales de construcción son anteriores en el tiempo. Desde el punto de vista arqueológico, los ladrillos son una fuente de información básica por la información que proporcionan. Las inscripciones, bien realizadas a mano o bien estampadas con la ayuda de un molde, proporcionar detalles sobre los dioses beneficiarios de las construcciones templarias, así como el uso y la finalidad social o económica destinada para éstos, advirtiendo también sobre que futuro soberano tendrá que proyectar su inevitable restauración. Éste último apunte incide en la decisión sacra, asociándola con los parabienes del templo y de su destino establecido por los dioses, hacia la designación del futuro rey que dará continuidad a la dinastía.
En referencia a las “Placas de Fundación”, se conoce su utilización desde el periodo Proto-dinástico III sumerio, 2600-2334 a.c. Las Placas de Fundación solían estar realizadas en piedra, algunas semipreciosas como el lapislázuli, y barro cocido, si bien se pueden encontrar elaboradas en cobre y mas raramente en plata u oro. Un hecho significativo sobre éstas piezas es la utilización de la piedra y el cobre, unos materiales escasos en la Baja Mesopotamia, y que vuelve a reafirmar la importancia del ajuar de estos ceremoniales. Dependiendo de su legado, las Placas de Fundación pueden dividirse en “Tablas de Fundación”, las mas generales, se distinguen por ser documentos escritos y fuente de evidencias sobre episodios históricos, asi como de procesos y rituales de una época determinada. El segundo grupo, las menos habituales, son las carentes de texto, y pueden incluir planos sobre la construcción o reconstrucción de edificaciones o bien de alguna de sus estancias.
Los llamados “Clavos de Fundación” son piezas puntiagudas que se insertaban en la superficie de cimentación o eran clavadas en los muros de la construcción, de ahí su terminación en punta. Existen dos tipos fundamentales de clavos de fundación: Los denominados “conoidales”, que podían estar moldeados en metal, cobre o bronce, o en terracota, y los que representan figuras humanas. Se conoce la costumbre de incorporar los clavos de fundación desde la época Proto-dinástica, mediados del III milenio a.c., siendo la mayor parte del registro arqueológico datado en esas fechas. En el caso de personificar figuras humanas o humanoides, suelen reproducir a genios, dioses o reyes portando útiles de construcción de diversos motivos. En el caso de aparecer portada la “Cesta Sagrada”, ésta suele ser llevada por un sacerdote-rey, un rey o un gobernante como así nos certifican los rituales hasta ahora descritos.
Dentro de los ceremoniales, la música y el canto son parte prominente en éstos acontecimientos. En el texto anterior de Gudea se hace alusión a la utilización de distintos tipos de instrumentos de percusión y viento, caso éste último del “šem”; una percusión que acompañaba a diferentes tipos de himnos, rogatorias/plegarias o réquiems relacionados con éste tipo de grandes hitos sociales. En el caso específico de los timbales “a-dab-a”, estos instrumentos musicales, y que tenían forma cuadrada, eran las acompañantes únicos de un determinado tipo de composiciones con el mismo nombre. Un himno podía estar dividido, y ponemos el ejemplo del “Adab del rey Lipit-Ištar a An”, en nueve secciones de longitud variable. Las secciones de nombre “šag4-ba-tuku”, se iniciaban con dos líneas de invocaciones que constituían una sección “bar-sul2“. A continuación una nueva sección barsul iniciaba un “sa-gid2-da”, que estaba seguido de un “ĝeš-gi4-ĝal2“ y que iniciaba un “sa-ĝar-ra”, la parte mas extensa del himno y concluía con un nuevo ĝešgiĝal , finalizando el himno con tres líneas “u18-ru”.

Clavo de Fundación conoidal de é-ninnu. Templo a Ninĝirsu de la ciudad de Lagaš. II dinastía de Lagaš. Siglo XXII a.c. aprox.
El barsul invocaba la presencia del dios al que se dirigían los cánticos, nombrándolo con una serie de epítetos de alabanza por los cuales era reconocido. En el primer “sagbatuku”, se realizaba un nuevo requerimiento a la divinidad con sobrenombres calificativos que culminaban con el genuino nombre del dios. El segundo procedía a relatan tanto la especial inclinación del dios hacia el regio orante, como la devoción del orante hacia el dios en cuestión, así como la personal preponderancia de éste sobre otras deidades. El “sagarra” desarrolla las alusiones anteriores, pero desde la perspectiva del dios, de manera que la divinidad, dirigiéndose al regente, rubrica sus meritos para recibir tales epítetos. En ella, igualmente, el dios proclama la especial inclinación hacia su devoto, a la vez que extiende el apoyo hacia él de otras deidades menores. El último gesgigal del sagarra retoma las alabanzas hacia el rey , concluyendo a el himno con los “uru” y donde es reafirmado del estatus del dios implorado dentro del panteón general.
«(Himno) (1-2) El Augusto Señor, el Prominente, con los mas excelsos divinos poderes. Todopoderoso Patriarca de todos las divinidades. (3) barsul (4-9) El de Preponderante Cabeza, La Raza del Toro. (5) El que hace que las semillas germinen, (6) el que su nombre produce respeto, propagando gran temor, el que sus mandatos no pueden ser derogados. Quien está imbuido con los sublimes divinos Me de la Montaña Pura y quien se sienta en el gran trono Dais. ¡An, el Rey de los dioses! (10) šagbatuku (11-18) El lo ha mirado con agrado, desde tiempo El ha mirado al príncipe Lipit-Ištar con favor. Le ha otorgado una larga vida. El le ha conferido al príncipe Lipit-Ištar una larga vida. Las palabras de An se establecen firmemente, ningún dios podría oponerse a ellas. En el lugar donde los destinos son establecidos, los Anunna se congregan en torno a El. (19) šagbatuku (20) El ha hecho posible la manifestación de todos los Me sagrados, los dioses del Cielo que se congregan en torno a El (22) Barsul (23) El ha implementado con perfección la Planificación Divina; los dioses de la Tierra [se congregan en torno a el] (Junto) con los augustos y nobles (¿?) Me sagrados, el gran An ha concedido a Lipit-Ištar, hijo de En-lil, un reino que es verdaderamente valioso (29) sagida » Pasaje del “Adab de Lipit-Ištar a An”, cinco primeras secciones, líneas 1 a 29. Siglo XXII-XXI a.c.

Cilindros de Gudea, A y B. Relato de la reconstrucción del templo al dios Ninĝirsu en Lagaš por el “patesi” Gudea, II dinastía de Lagaš. Año 2141-2122 a.c. Museé du Louvre
Dicho ésto, es harto probable que gran parte de la literatura sumeria tenga directa o directa vinculación con los rituales aquí esbozados, y de las cuales habría que excluir los escritos administrativos y contables, la correspondencia, y los rituales de ordenación del templo. No hay que olvidar que muchos prominentes textos hallados, caso de los mencionados cilindros de Gudea, las inscripciones de Tummal, la épica de Enmerkar o varios relatos mitológicos de Enki e Inanna, por poner algunos ejemplos.., están relacionados con el proyecto, edificación, reconstrucción e incluso con la demolición de un templo. De igual manera, habría que recordar también que numerosas dataciones y referencias sumerias hacia un determinado año o periodo, están vinculadas con una solemne obra urbanística. También se considera acertado suponer que los distintos tipos de himnos, tanto los denominados “templarios”, “regios” o “sacros”, podrían éstar en su inmensa mayoría relacionados con las ceremonias de los “rituales de construcción” y en particular a la parte donde a la deidad es invitada a tomar posesión de su nueva o reconstruida residencia. Determinadas lecturas de elegías o lamentos, al igual que ocurre en los “Festivales del Año Nuevo” y según T. Jacobsen, podrían formar parte de éstos ceremoniales; tal vez sea interpretable que durante las obras de reconstrucción, el dios se ausentara de su templo y que sería asimilable con las elegías de la muerte del dios anteriores a los rituales hierógamos de año nuevo.
En resumen, tanto la elección como el momento y el regente responsable, tal y como relatan los cilindros de Gudea, forman parte de una “revelación divina” y están escritas en las celestiales “Tablas del Destino”, siendo su resolución y causa la primera parte del ritual. A continuación la ceremonia realiza una exaltación tanto del regente, el dios tutelar y la ciudad, así como de los méritos contraídos por éstos para su designación. Ritual que continúa con las elegías por el necesario abandono, y llorada breve ausencia del dios, durante las obras, y que deja en manos del soberano de la ciudad. Seguidamente se procede con los rituales afectos a la colocación de la “primera piedra”, y las invocaciones por la perfecta culminación del edificio – en el periodo neo-babilónico están incluirían rituales mágicos del tipo “bit-ameli” o “bit-meseri” contra los demonios -, para a la conclusión, realizar las correspondientes expresiones de deseo de su pronta vuelta a la nueva residencia. Ésto es debido a que los templos tienen como misión, en su versión mitológica…, dar una residencia digna al dios cuando éste decide visitar la ciudad y recoger el fruto de sus posesiones. Posesiones que sus sacerdotes preservan , y mientras tanto disfrutan.., para ellos.
Referencias:
“Depósitos fundacionales en la cimentaciones mesopotámicas y egipcias” A. Graciani (2005)
“The Literature of the ancient Sumer” J. Black (2004)
“I have built you an exalted House” V. (Avidgor) Hurowitz (1992)
Textos:
etcsl.orinst.ox.ac.uk.
Imágenes:
cdli.ucla.edu
centfrontieres3.voila.net
en.wikipedia.org
El tetragramatón YHWH. Una conjetura sobre el origen de la religión yahwista.
«En ese día, cantaron entonces Devorah y Barak Ben Avinoam, diciendo: ¡Barachu/Bendito Hashem, que el poderío de Yisroel aparezca inabordable, para que la población voluntariamente no ofrezca resistencia! ¡Escuchad, oh Melachim/Espíritus Ancestrales (mensajeros)! , ¡Escuchad, oh rozenim/príncipes (ancestros)!, ¡Yo, cuando yo, alabe a Hashem, yo estaré cantando al Hashem Elohei Yisroel/ dios de Israel! ¡Hashem, cuando tú dejaste Seir, cuando tú abandonaste el Shadeh/país de Edom, tembló la Eretz/Tierra, los Hashomayim/Cielos se desbordaron, (y) las nubes también derramaron mayim /agua! ¡La Montaña se estremeció ante la presencia de Hashem, ése Sinai anterior al Hashem Elohei Yisroel! Jueces 5: 1-5 Biblia Ortodoxa Hebrea
Éste pasaje bíblico, que tal vez pueda parecer oscuro, nos relata, fundamentalmente, el canto de alabanza a Hashem de la cuarta jueza del Antiguo Testamento, y del general Barak, con posterioridad al asesinato en sus aposentos de Sisra, jefe de las fuerzas kena’ani, y la consecuente rendición de la población asediada. En principio, éste texto podría ser considerado como un pasaje más de la épica hebrea en la conquista de la “Tierra Prometida”, pero sin profundizamos un poco, es posible que su lectura nos facilite alguna adicional información. Una referencia añadida al texto anterior:
«Y esta es la berakhah/bienaventuranza con la que Moshe el Ish HaElohim/Enviado de Dios bendijo a los Bnei Yisrael/ Hijos de Israel antes de su muerte, diciendo: Hashem vino de Sinai, y se erigió desde Seir. Él se alzó desde el monte Paran, viniendo de entre diez millares de kodesh/santos lugares desde su diestra (del Oeste) (y) fue una ardorosa/cautivadora Ley (enseñanza) para ellos. » Deuteronomio 33:1-2 Biblia Ortodoxa Hebrea.
Como nota a los pasajes anteriores decir que durante el periodo aqueménida, siglo V-IV a.c. aprox., el nombre del dios de los hebreos, YHWH, y debido a estrictos dogmas religiosos, se inició la regla de no pronunciar su nombre ni en la liturgia ni en la vida cotidiana, siendo sustituido por alusiones tales como “HaŠêm”, el “Nombre” o” ‘Aedōnāy”, “Señor”. Nombre , el de YHWH o “Yahweh”, éste último procedente de las asimilaciones griegas “Ιαουε/Ιαουαι” o “Ιαβε/Ιαβαι , que como referencia extra-bíblica mas antigua, y que actualmente se conoce, aparece en la “Estela de la Victoria” del rey moabita Mesha, siglo IX a.c. (KAI ,181).
Independientemente de lo anterior, un hecho harto estudiado e interpretado, la realidad es que no existe una evidencia clara del origen de la divinidad hebrea. Es cierto que, incluso en éste blog, se ha hablado de la relación de las creencias del patriarca Abram con los generales cultos semíticos occidentales, de la asimilación, relación, de Yahweh con el dios semítico occidental El y su consorte la diosa Asherah, textos de Khribet El Gom y Kuntillet ‘Ajrud del siglo IX-VIII a.c., así como de la propia estructura del relato bíblico, pero lo que ya no resulta tan evidente es la procedencia del ente aplicado al denominado “tetragramatón” YHWH.
«Y Yehoshua/Josué dijo a las Kol HaAm/Voces de su Pueblo, así dice Hashem Elohei Yisroel: Hace mucho tiempo , los Avoteichem/ancestros habitaban a la otra orilla del Río , incluyendo Terach, Avi Avraham, and Avi Nachor, y ellos sirvieron/adoraron a elohim acherim/dioses extranjeros.» Josué 24:2 Biblia Ortodoxa Hebrea.
Si bien, y como hemos comentado con anterioridad, podemos afirmar que la religión practicada por el patriarca Avraham/Abram se correspondía con los generales creencias semíticas occidentales, no es menos cierto que actualmente no se dispone de ningún pretérito texto semítico en la actual Siria y Palestina que apunte la existencia de un culto a un dios denominado Yahweh, fuera de lo que es el ámbito israelita y en éste no existe hasta el siglo XIII a.c. Por el contrario, si se tiene constancia de su nombre en varios textos egipcios, datados entre el siglo XIV-XIII a.c. , aunque, y esto es significativo, nunca en propia relación con los hebreos, mas si vinculándolo con el topónimo “S’rr”, el supuesto “Seir” de los escritos bíblicos. Éstos textos, correspondientes a los reinados de Amenophis III y Ramsés II, hablarían de una región denominada “‘Yahu’/YHW en la tierra de los beduinos shashu” (Weippert, 1974, Hermann, 1967, H.W. Fairman, 1939) . Aunque, por otro lado, decir que el término “Yahū”, ya como alternativa a Yahweh, volverá a aparecer en papiros y otros documentos de una colonia hebrea en la egipcia isla de Elefantina en los siglos V-IV a.c., lo que en definitiva, y en contra de otras posibles explicaciones, no hace mas que indicar una relación entre el dios y una determinada zona geográfica, lo que es de usual significancia semita.
Dicho esto, me gustaría hacer un inciso para comentar una realidad harto borrascosa a la hora de contrastar topónimos, gentilicios, etc. cuando nos adentramos en el ámbito bíblico, un ejemplo: El termino hebreo ” כְּנַעַן “/”Kena’an” o su gentilicio “כְּנַעֲנִי”/ “kena’ani”, “Canaan” y “Canaanitas”, no son aplicados, en su generalidad, a un pueblo en concreto, si no a una región o población dominada por comerciantes (S. Schwartz, 2011). De igual manera, el supuesto gentilicio “shasu”, ” šꜣśw” en egipcio, y que se corresponde, en su significado, con el término semítico “šasah”, viene a definir a “poblaciones de merodeadores” que habitaban el desierto. Interpretación similar, por tanto, debemos hacer con la inscripción del siglo XIV a.c. del templo de Soleb mencionando a grupos de shashu, caso de los shashu de S’rr o los Shasu of Yhw, y donde exclusivamente nos situaría en relación a una zona de influencia. Lo que parece innegable es que incluso los propios textos bíblicos hablan de Hashem como originario de una región que se extendería por el desierto del Néguev, el golfo de Aqaba y las costas del Mar Rojo y que limitaría por el norte con el Mar Muerto, como así lo atestiguan las referencias geográficas de Seir, Paran, Sinai y Teman, ésta última según el texto de Kuntillet ‘Ajrud, a lo que habría que añadir que el nombre de YHWH era conocido por los edomitas, los pobladores de esa región, en el siglo IX a.c.
En 1872, el estudioso religioso holandés C.P. Tiele propuso lo que se denomina como “hipótesis kenita” como explicación del origen de la religión Yahwista. De igual manera, a finales del siglo XIX, K. Budde, describió las premisas de esta teoría diciendo: “En su premisa clásica, la hipótesis asume que los israelitas se familiarizaron con el culto a Yahweh a través de Moisés. Personaje, Moisés, quien probablemente adquirió el conocimiento sobre tales creencias de las enseñanzas de su suegro kenita Yitro, un sacerdote madianita, quien, y según la tradición del Éxodo, adoraba a YHWH”.
«Y los hijos de Keni, (del) suegro de Moshe, dejaron Ir HaTemarim junto a los hijos de Judah en dirección al desierto de Judah, el que se extiende por el Neguev desde Arad, y se quedaron departiendo con la gente. » Jueces 1: 16 Biblia Ortodoxa Hebrea.
«Estando pastoreando Moshe las ovejas de Yitro; su suegro, el sacerdote de Madian, dejó el rebaño a espaldas del desierto y se encaminó a Chorev/Horeb, Har HaElohim/ La Montaña de Dios » Éxodo 3: 1 Biblia Ortodoxa Hebrea.
Los keni’ fueron. posiblemente y al igual que en el caso interpretativo de los “kena’ani” , los componentes de una o varias tribus semi-nómadas, tal vez madianitas, que tenían el oficio de herreros y de tratantes en metales, y que habitaron o se desplazaron en el II milenio a.c.. por una zona montañosa de lo que se conoce actualmente como HaArava o Wādī ʻAraba. HaArava es un valle anexo al del río Jordán, con orientación norte-sur, que discurre entre el sur del Mar de Galilea en dirección al Mar Muerto y que finaliza en el golfo de Aqaba y en cuyo vértice superior es Tel-Arad. El término “kenita”, ” קֵינִי֩”, proviene de la raíz hebrea “qyn” y que viene a significar “lanza”, si bien ésta raíz en semítico arábigo y arameo tomaría el significado ” forja”, y que concordaría con la profesión de Ishbi-benob, un “qênōw/keino”, ” קֵינוֹ֙ ” , Samuel 21: 16, y al que se define en el pasaje como un herrero del bronce. Por otro lado, sería importante reseñar que Tell-Arad o Tel-Arad es un asentamiento poblado desde el Calcolítico por culturas levantinas mediterráneas hacia el IV milenio y que fue abandonado hacia la mitad del III milenio a.c., siendo posteriormente repoblado en el siglo XI a.c. por semitas, como nudo de comunicaciones con el Neguev, y en donde se ha rescatado un templo dedicado a YHWH y a Asherah (Y.Goberin, 2007)
Llegados a éste punto y recapitulando, tenemos como premisa primera que los cultos yahwistas no son de procedencia semítico occidental, sino que al parecer provienen de la relación de los hebreos con pueblos semitas procedentes del noroeste de la península arábiga, que podemos denominar como madianitas. Por otro lado, parece ser que “hipótesis kenita”, si bien parece acertada al tomar el personaje de Moisés como el hilo conductor de las creencias hebreas a YHWH y que le transmite su suegro Yitro, la asumpción de una supuesta ” religión kenita” no debería ser aceptada, ya que parece no corresponder a un grupo étnico y si a un gremio artesano. El hecho que no se pueda hablar propiamente de “israelitas” hasta el siglo VIII a.c. es una evidencia a añadir. Los hebreos fueron pastores semi-nómadas que comenzaron a efectuar una amplia transformación de sus modos de vida durante la Edad del Hierro I y que pasaron de habitar en tiendas a vivir en aldeas, así como del pastoreo a la agricultura, poblando las zonas fronterizas de Transjordania, así como los márgenes del desierto, entorno al siglo XII a.c. (I. Filkenstein, N.A. Silberman, 2002) Fechas que concordarían con la “progresión histórica” de las referencias arqueológicas hacia el dios Yahweh.
Como ya hemos comentado, los grupos semi-nómadas shashu aparecen asociados con el topónimo egipcio “S’rr” y a su vez con el término “Ja-ha-wa”. El papiro Anastasi VI de Merneptah, siglo XIII a.c., cita una frontera oficial egipcia en referencia: “Nosotros hemos permitido a las tribus shashu de IDM/Edom sobrepasar la fortaleza de ‘Merneptah-hotep-her-maat’, la cual está en Tjekou, hacia las albercas de Pi-tum/Pe-atoum de M, con la intención que se provean ellos y sus rebaños para la mayor gloria del faraón”. (Barlett, 1969), y donde Tjekou está indentificado al este de la ciudad Tell Maskhoutah en el Delta. (Redford, 1963), disponiendo así de una referencia directa entre los shashu, Edom y los habitantes de Sinai/Neguev en el Reino Nuevo . También y durante el Antiguo y Reino Medio se dispone de información escrita sobre los shashu en la zona Wadi Magharah y Serabit el Khadim al sudoeste de la península del Sinai, a lo que habría que añadir que se desconocen migraciones étnicas hacia el Sinai/Neguev en la Edad de Bronce Final (Beit-Arieh, 1984) Por otro lado, existe la posibilidad de relacionar Shashu y Edom con Moab, si tenemos en cuenta el término “Mw- í-b” reflejado en un texto de la época de Ramsés II (Kitchen, 1964)., por lo que exclusivamente no quedaría por vincular los anteriores gentilicios y zonas con el término bíblico “madianita”.
« Bien el faraón oyó éstos propósitos, procuró matar a Moshe, but Moshe huyó de la presencia del faraón y emplazó su morada en la Eretz Midyan/Región de Madian; y se estableció junto a sus pozos » Éxodo 2:15 Biblia Ortodoxa Hebrea
Según Knauf, si obviamos las alusiones bíblicas y coránicas, no existen evidencias arqueológicas de un pueblo nómada al que se pueda relacionar con la palabra hebrea ” מִדְיָן֙”, “Madian”, y cuya discusión se centra en aceptar el término “Kašu” como su sinónimo egipcio – no confundir con la palabra “kâsu”, “cementerio”o con un dios Kâs relacionado con Osiris , y si con “Kši”/Kš”, “País de Kush”, así como con sus diferentes acepciones a lo largo de la historia egipcia - , mas si existen indicios de un conjunto de tribus semitas-bedû al noroeste de la península Arábiga y cuya consistencia cultural está basada en un tipo de alfarería denominada de “Hejaz-Qurayyah”, siglos XIII-XII a.c. (Rothemberg, 1983). La variante conocida como “Cerámica Pintada de Qurayyah” o “cerámica madianita” es extiende desde el noroeste de Arabia, el mencionado anteriormente valle de Wādī ʻAraba, y en menor medida al norte de la Península de Sinai y al sur del Levante meridional Mediterráneo. Se estima su datación inicial en el siglo XII a.c. (L. Singer-Avitz, 2008), considerándose el abandono de su uso/tráfico en el siglo X a.c. aprox. y cuya interrupción concordaría con el fin de la extracción de minerales y su comercio a Egipto y al Levante Mediterráneo desde el Valle de Timna.
Dicho esto, tal vez podríamos conjeturar que tanto la profesión de los madianitas, la influencia de sus creencias, y su “desaparición histórica”, así como las rutas tomadas por Moisés y la situación de los asentamientos de la tribu de Judah en la Transjordania, se ajustarían con los hechos históricos descritos y con una posible influencia cultural de alguna tribu semita arábiga en los posteriores cultos hebreos. Diferentes tribus semitas que en su conjunto serían denominadas por los egipcios como “shashu”. Influencia que, y como ejemplo, aparece en los textos bíblicos, Éxodo 4: 24-26. y que será defendido contra las religiones semítico-amorritas establecidas en Canaan. Por último nos quedaría por dilucidar tanto el origen de nombre de Yahweh, y que yo deduzco que procede del trigramatón “Yæhu”/”YHW” y éste a su vez, de su vinculación con un determinado monte sagrado semita, tal vez el monte Seir o el monte Yhw/Horeb/Sinai. Monte sagrado y su región que estaría asociado con una pretérita tribu de Judah/”Yæhudah” que tendría como origen tales lugares,” יְהוּדָ֜ה” en hebreo, y que parece tener una aceptable similitud etimológica con el tetragramatón “YHWH”/ ” יהוה”.
Referencias:
“Dictionary of the deities and demons in the Bible” Edited by K. Van der Toorn, B. Becking, P. W. van der Horst (1999)
“Pastoralism in southwest Asia: The second millenium BC” in “The Walking Larden” J. Zarins (1990)
“The Qurayyah Painted Ware” L. Singer-Avitz (2008)
Biblos.com
Imágenes:
tutorgigpedia.com
schema-rute.org
Los cultos hierogamos en el Mediterráneo Oriental y su evolución desde el Paleolítico. Generalidades.
Los cultos a las Diosas-Madres pueden definirse como los rituales dirigidos a promover la fertilidad dentro de la Naturaleza y por ende, beneficiar la procreación humana. El origen paleolítico de éstos cultos posiblemente estén centrados en un acontecimiento tan supuestamente trivial, y sin embargo extremadamente arriesgado, como es la concepción humana.

Amuleto en hueso de mamut de una diosa-madre. 33000-38000 a.c.Cuevas de Hohle Fels. Se aprecian todas las características representativas paleolíticas: mujeres obesas, embarazadas, de enormes senos y gran vulva. Urgeschichtliches Museum (Alemania)
La evolución de ser humano ha dejado en su camino grandes virtudes adaptativas y no menos cantidad de situaciones aciagas, que están relacionadas unas con otras. De alguna manera, el hombre se comporta como un deportivo moderno, donde la “tracción bípeda” y su “motor mental” no han dejado sitio para otras necesidades. Voy explicándome:
En los primates, poco antes de nacer, el feto se sitúa en posición invertida, situando su cabeza en la parte superior de la pelvis, o “pelvis mayor”. y que partiendo de ahí y durante el parto, el feto tendrá que atravesar la parte inferior de la pelvis, o pelvis menor, por un conducto de paredes óseas que recibe el nombre de “canal del parto”. Entre los primates, exceptuando al hombre, el parto es fácil y rápido, pues es el canal es grande en relación con el tamaño de la cabeza del feto, pero como consecuencia de la modificación de la arquitectura pélvica para hacer posible la locomoción erguida, el ser humano se ha visto en la necesidad de reducir el diámetro del canal del parto, dificultando así el proceso. A esto habría que añadir otras “lindezas evolutivas” para la madre como que el parto en los primates es “dorsal”, ya que la vagina está en línea con el útero, mientras que en el homo es “ventral”, la vagina forma un ángulo recto con el utero, con lo que la trayectoria del feto al salir se complica. Por último, y no menos oneroso, en el hombre, como consecuencia de la encefalización de su cerebro y su necesidad de desarrollo pre-natal, existe una “desproporción” acusada entre la cabeza y el resto del cuerpo, lo que viene a definirse como “síndrome alométrico”, y que aumenta, aún mas si cabe, el riesgo en los nacimientos.
Como consecuencia de lo anterior y otras razones mas “mundanas”, como la alimentación de la madre y su salud, las condiciones sanitarias, etc.., el número de fallecimientos tanto de la parturienta como del bebé en tal acontecimiento, no hace mas de 100 años y en comparación con el resto de los primates, era realmente alto. Por lo que ante tal evidencia, y al retrotraer tales premisas en 15 o 18 milenios, no parece necesario el añadir ningún comentario mas al respecto, si bien y como nota mitológica al márgen, habría mas que recordar la “misticidad” que han supuesto los partos múltiples en las pretéritas diferentes culturas, caso de los gemelos, léase Castor y Polux o Rómulo y Remo, Zeus y Hera, Quetzalcoatl y Xolot, Isis y Neftis y así, un largo etcétera.
Las representaciones mas antiguas conocidas de las diosas-madres se remontan a hace 40.000 años aprox., con la denominada “Venus Hohle Fels”, si bien existen otras figuraciones femeninas mas antiguas datadas hace 300.000-400.000 años que los estudiosos dudan de calificarlas como tales. La escenificación del cuerpo femenino de éstas diosas paleolíticas supone la misma escenificación del nacimiento y, posiblemente, la primera consciencia del concepto de la Vida para la humanidad. De esta guisa, suelen estar personificadas como mujeres de aspecto obeso, embarazadas y de senos enormes como símil, éstos últimos, de la futura fuente de alimento para el recién nacido dentro de un ámbito de cazadores-recolectores.

Representación neolitica en terracota de una diosa-madre. Año 5750 a.c., Çatal Hüyük. Aparece entronizada, flanqueada por dos leones rampantes y pariendo un niño. Posiblemente la mas antigua representación de Potnia Theron/Cibeles. Museum of Anatolian Civilitations (Turquía)
Dentro del general aspecto de éstas efigies , habría que detenerse en el simbolismo y tratamiento dado a los genitales femeninos y que desde el punto de vista estético, suele ser desproporcionada. Tal desproporción podría ser consecuencia de dos motivaciones: Una física, al beneficiar el parto, y otra simbólica como alegoría de la Fuente de la Vida, y tal vez de “Regeneración” como vuelta a las entrañas de la Madre, y de la que existen representaciones específicas, - caso de las Cuevas de Tito Bustillo (España) y su “Santuario de las Vulvas” del Periodo Magadaleniense o los “triángulos genitales” de las Cuevas de Menzine en Ucrania del Periodo Gravetiense -, y que son imitadas, en su realidad, por determinados santuarios paleolíticos - cuevas de relativas estrechas entradas y grandes salas interiores, caso de las “Cuevas de “Les Trois Feres” en Aeige (Francia) -. En definitiva, el ámbito simbólico de éstas diosas pretéritas abarcaría multitud aspectos que irán plasmándose en las futuras creencias sobre la Vida/Muerte, la Reencarnación, y la Fertilidad.
Con la finalización del Paleolítico y tras el definitivo retroceso de los hielos de la última glaciación de Würm, empieza un periodo de transición, dando comienzo un periodo de variabilidad climática, denominado epi-paleolítico o post-paleolítico. Como consecuencia de estos cambios se extinguieron, o emigraron hacia el norte, determinados grandes mamíferos, caso del mamut, que habían formado la base dietética del hombre del Pleistoceno Superior, haciéndose necesario diversificar las fuentes alimenticias. Ésta diversificación hace que la alimentación, antes complementaria, en manos de las mujeres, vaya progresivamente tomando un papel preponderante. Son ellas quienes comienzan a desarrollar las técnicas de una agricultura de subsistencia que cada vez tendrá mas peso en la dieta humana, y que estarán complementadas con el papel femenino en el desarrollo de las técnicas de conservación y envasado de los cereales y vegetales recolectados, siendo en éste periodo cuando las diosas-madre toman un nuevo simbolismo como “Madres de la Tierra” que se une al anterior concepto de Fertilidad paleolítica. Así, la llegada del Neolítico, supone la cúspide del culto a las diosas-madres y es en éste periodo cuando sus rituales y dogmas llegan a su máxima expresión.
El más antiguo conocimiento sobre la transición del Paleolítico al Neolítico nos sitúa en el Mediterráneo Oriental y sus zonas afectas. Para contextuar, debemos entender que Oriente Próximo es una región aglutinante o de “transición” desde el punto de vista climático y cultural con posterioridad a la llegada del Holoceno. Está afirmación puede ser sostenida arqueológicamente sobre los niveles de ocupación humanos en distintos enclaves, caso de Jericó , Abu Hureyra o Tell Halula, entre otros, y donde los niveles mas antiguos nos proporcionan asentamientos de cazadores-recolectores, entorno al 9000 a.c., que son posteriormente abandonados, para después ser de nuevo repoblados por culturas agrícolas o mixtas. Algunos de los asentamientos mas antiguos conocidos de culturas acerámicas, pre-agrícolas y proto-urbanas, se sitúan en Nevali Çori, Göbelki Tepe o Çayönû en la actual sudeste de Turquía, año 10000 a.c. aprox. Estos yacimientos nos proporcionan nuevas imágenes de simbologías que estuvieron íntimamente ligadas a los cultos matriarcales: La representación del “alma/espíritu” como un ave, las creencias hacia las serpientes como representación de la “regeneración” mas allá de la muerte e imágenes taurinas de una “fertilidad ganadera”, pero sin menosprecio a las figuraciones hacia las diosas-madres paleolíticas, como así nos certifica la efigie encontrada en Çatal Hüyük y datada en el 5750 a.c. aprox. Una escenificación importante a resaltar dentro del conjunto anterior, es la aparición de la cabeza de un niño surgiendo de los genitales de las diosa y cuya importancia como “Fruto de la Diosa” irá progresivamente incrementado su papel en las representaciones, ritos y cultos posteriores.

Representación funenaria en terracota de una diosa-madre con cabeza de serpiente y niño en brazos. Periodo El-Obeid IV, 3900-3500 a.c. Eridu. National Museum of Irak
El término “Calcolítico” nos evoca el paso humano hacia un periodo de “evolución tecnológica” y un “escalón más” en su evolución cultural. El periodo de Hassuna-Samarra o “pre-Obeid” , 5800-5000 a.c., se significa por las corrientes migratorias que desde los asentamientos de las estribaciones de las montañas, léase sudeste de Turquía, ya consolidados en su cultura agropecuaria, se producen en dirección a las valles aluviales del Tigris y Eufrates. - yacimientos de Tepe Hisar, Tepe Sialk, Tepe Gawra, etc, y por supuesto de Samarra y Hassuna - o hacia el Mediterráneo. También es de recordar que, durante la plenitud de la “Cultura de Samarra”, hacia el año 5000 a.c. y en los yacimientos de Choga Mami y Tell-Es-Sawwan, se dibujan las primeros pasos hacia la agricultura de regadío, un hecho que será un śolido aliciente para, las ya mencionas, migraciones hacia la cuenca de Mesopotamia. De igual forma, y extendiéndose por las costa mediterránea y por la cuenca del río Khabur, de forma casi paralela a la cultura de Hassuna-Samarra, encontramos las cultura de Tell-Halaf, 5500-4500 a.c., una cultura que nos remite insistentemente a las culturas neolíticas chipriotas de Khirokitia, VII-IV milenio a.c. , la “Cultura de Ghassul-Beersheva” del Levante meridional mediterráneo, 3380-3350 a.c., y a las minóicas cretenses.
«El (Ezequías, rey de Judá) quitó los lugares altos y rompió el massebah/altar, y cortó el Aserah/Árbol Sagrado de la Vida, e hizo pedazos la nechoshet najash/serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque hasta aquellos días los B’nei Yisroel/el pueblo de Israel le quemaban incienso, y la llamaban “Nechushtan”/ “La Serpenteante” » 2 Reyes 18:4 Biblia Ortodoxa Hebrea.
Dentro de la sub-fase de Hassuna , aparecen, bajo el primer nivel de construcción, algunos santuarios que pueden estar acompañados por enterramientos y donde han sido rescatadas multitud de figurillas vinculadas a rituales funerarios. Éstas representaciones tiene una decoración plástica muy característica debido a que figuran con cráneos muy alargados y ojos modelados en forma de “grano de café” y que hacen referencia a determinado tipo de ajuares mortuorios que incorporan cuatro aspectos: Un culto a las serpientes, un tatuaje ritual, una manipulación craneal y una estilización de las representaciones afectas. Éste tipo de figuraciones tienen rasgos semejantes con otras figuraciones del periodo de El-Obeid, así como sumerias y de Assur del periodo dinástico arcaico, siglo XXIX a.c. aprox. , y donde retratan a mujeres, algunas de ellas amamantando niños, así como hombres, con la cabeza y facciones de ofidio que se acompañan de apliques de betún a modo de cabellera y resaltes ornamentales en hombros y brazos. Estas liturgias nos direccionan hacia unas creencias reencarnativas, ya mencionadas en los cultos paleolíticos, y que son coincidentes con otros rituales practicados en Tell-Brak (Sivory), IV-III milenio a.c. y Creta. Según Levy-Bruel, las serpientes eran las protectoras del “Árbol de la Vida” y por ende de la Fertilidad en la Naturaleza, considerándose a las raíces como serpientes que se extendían por el subsuelo. Así, en el posterior poema de Gilgamesh, la serpiente arrebataría al héroe la inmortalidad. Una Inmortalidad que estaría representada por el episodio de “muda de piel” de los ofidios.

Esbozo del original de un bajorrelieve en yeso del templo arcaico de la diosa-madre/Ishtar (¿?) en Assur. Alta Mesopotamia. 2650-2330 a.c. Se puede apreciar a una mujer desnuda tumbada en una cama con una serie de complejos tatuajes mortuorios.
Llegados a éste punto, hay que hacer referencia a un acontecimiento relevante. Como hemos comentado con anterioridad, el Mediterráneo Oriental y la “Creciente Fértil” es una franja aglutinante dentro del ámbito cultural y dentro de éste no cabe duda que el dogma religioso es una expresión inequívoca del pensamiento social. Con la llegada de la Edad de Bronce se intensifica el encuentro entre las culturas sedentarias y las nómadas. Mientras que las culturas sedentarias se caracterizan en su generalidad por la “influencia maternal” y que nos vincula a los dogmas religiosos antes mencionados: “Regeneración” como expresión de la fertilidad de la Naturaleza y el mero tránsito que supone el “Mas Allá”, así como el estímulo de los ancestros en la vida cotidiana y su culto privado. Las motivaciones nómadas han ido progresivamente desvinculándose de éste pensamiento, fundamentalmente por provenir de culturas donde la “Madre Naturaleza” es esquiva en la provisión de alimentos, donde el “Mas Allá” es un punto terminal, donde los espíritus son seres que acechan a los vivos, donde sus dioses cósmicos son masculinos y donde el ritual, posiblemente, incida en un sistema organizativo económico patriarcal.
Otro acontecimiento a tener en cuenta , y como ya hemos apuntado, es el incremento de la importancia del “Hijo de la Diosa”, el héroe. La personalidad masculina comienza a incrementar su importancia debido a un prominente escenario bélico, como consecuencia de diversos motivos - problemas fronterizos al roturar nuevas tierras, intereses comerciales y/o similares - , así como por las primeras presiones ejercidas por las culturas nómadas trashumantes proto-semitas en la Alta Mesopotamia y la vertiente occidental de la “Creciente Fértil”, datadas entre el año 3300-3000 a.c. aprox. En el caso de la Baja Mesopotamia, la exterior influencia pre-sumeria, con tríadas astrales mixtas y un dios supremo masculino, también sería un contrapunto a los cultos matriarcales neolíticos-paleolíticos. Así, empiezan a cobrar protagonismo en los ritos de la fertilidad varones mortales que por unas razones u otras alcanzan la divinidad, caso del Dummuzi/Tammuz sumerio y sus sosías Ningishzida de Gishbanda, Ishtaran de Der, Damu de Isin/Larsa, Adon o Haddad/Haddu de Tuttul/Aleppo, etc.. , y a los que se titula, entre otras dignidades, como “Señores de las Serpientes” e hijos de la “Señora del Mas Allá”, reivindicándolos como “Hijos de la Diosa”. Un culto a las serpientes que indirectamente, y como apunte, pero ya como animal representativo, acompañará al dios babilónico Marduk hasta el siglo I a.c.
«(En referencia al fallecido Rey de Babilonia..) Abajo por tí, el Sheol/”Mas Allá” se levantó para cumplimentar tu llegada. Por tí, convocó a los Rephaim y a todos los Aretz attudei/achudei (¿?) /Ancestros herederos de la Tierra (¿?), e incluso levantó de sus kise’ot /tronos a todos el reyes de los goyim/extraños a Israel ». Isaias, 14:9 Biblia Ortodoxa Hebrea.

Representación en loza de una joven diosa minóico-cretense, posiblemente A-sa-sa-ra /Britomartis. Año 1750 a.c. aprox. Aparece sujetando una serpiente en cada mano. Heraklion Archeological Museum (Grecia)
Éstos héroes/dioses ante nombrados son los que se incorporarán al pretérito Ritual de Fertilidad. Ritual actualizado donde se representaría la anual muerte del varón a final de la Primavera, o principios del Verano, y su renacimiento en el Otoño al reunirse de nuevo con la diosa. Mientras que la diosa guarda luto por su amante muerto, la comunidad de creyentes representa rituales mortuorios que incluyen lamentaciones por el amante desaparecido, rogando por su regreso. Su reencuentro coincide con el equinoccio de Otoño, estación de la lluvias, y marca el comienzo del Nuevo Año. La aportación varonil en éstos Ritos de Fertilidad quedaba restringida a los reyes como representantes de tales héroes/reyes que fueron convertidos en dioses y a los que supuestamente se remontan sus dinastías. Está “conversión divina” sería, posiblemente, una deriva de los cultos paleo-neolíticos a los ancestros. Cultos a los ancestros que son la proyección de las creencias neolíticas, si no anteriores, hacia personalidades y dirigentes tribales cuya aportación a la comunidad fue extremadamente relevante, y a los que se realizaba rogatorias para conseguir su consejo mediante la convocatoria de su espíritu. De ésta guisa, aparecen en el Levante Mediterráneo Meridional cultos a los rephaim/rpum, o nephilim, y que quedan inscritos, por éstas razones, a las creencias hacia las diosas-madres, como así nos parece indicar el pasaje bíblico de Proverbios 2:16-19.
« Para salvarte del isha zarah/culto gentil, incluso de la Nokhriyah/Asherah, la que utiliza palabras sugerentes, la que hace abandonar las enseñanzas de juventud y olvidar el pacto con el Señor. (Decirte) que su bais/dogma (¿?) inclina hacia la Muerte y sus pasos hacia los Refa’im. Nadie que ha ido junto con ella ha regresado, ni ha alcanzado el Chayyim Orkhot/Camino de la Vida » Proverbios 2:16-19 Biblia Ortodoxa hebrea
Por el contrario, la cultura minóica cretense, que se extendió entre el III-II milenio a.c., ofrece una perspectiva única de como evolucionó una sociedad neolítica hasta convertirse en una civilización de la Edad de Bronce, a la vez que conservaba la pretérita tradición matriarcal . Según R.B. Khoel, el “Hieros gamos” o “Matrimonio Sagrado” cretense formaría parte del conjunto de rituales hacia la Fertilidad y donde tal ritual sería el término de un proceso de transición social del hombre dentro de la sociedad matriarcal minóica. Éste proceso incluiría tres pasos básicos: “Ritos de Separación”, “Ritos de Transición” y “Ritos de Incorporación” y que marcarían el paso de la niñez a la pubertad, de la pubertad a la juventud, y de la juventud a la madurez (Van Gennep). De ésta guisa, El “rito de transición” culminaría con su unión con la diosa-madre, una diosa-madre madura, en un proceso de “Renovación de la Fertilidad” dentro del Festividad del Año Nuevo. Ritual que incluye, y como añadido, la salida de los jóvenes a la labor de pesca y cuya bienvenida es dada por la “personalidad juvenil” de Potnia Theron, “La Naturaleza”: La diosa Britomartis/Diktynna, “La Señora de la Redes”, “La Dulce Virgen”.

Representación en loza de una diosa-madre minóico-cretense, posiblemente Potnia Theron. Año 1750 a.c. Heraklion Archeological Museum (Grecia)
El “Matrimonio Sagrado” terminará siendo el punto álgido de las manifestaciones hacia la Fertilidad en Oriente Próximo. En el caso de Ugarit, éstas referencias escritas datan del siglo XV-XIV a.c., aunque, como refleja su misma composición, hace factible suponer que sean de una mayor antigüedad. De hecho, el dios El semítico juega un papel fundamental en la liturgia, no mencionándose en ningún momento al dios Baal. Basándonos en el “Poema en Honor a los dioses Shachar y Salim”, KTU 23, se presume que los ritos sobre el matrimonio sagrado estaban protagonizados por el rey al concluir los festivales del Año Nuevo agrícola, y donde tomaba el papel del dios supremo El. La primera parte del texto nos habla del ritual preparatorio y ésta compuesto de himnos y lecturas alegóricas, y donde se hace mención al dios El como “Quien Surgió de las Fuentes de los Ríos, Manantiales de los Dos Océanos” - lugar al que se conoce como la “Montaña Santa” o “Monte Shapon” – , ” El que se alzó desde las profundidades del Mar (subterráneo) y se trasladó a las profundidades del Océano” - ver la similitud con su versión minóica, la diosa Potnia; con su sosías masculino, Potneidas/Poseidón, o con el Dagon púnico/fenicio, y que se hace extensible al Dagan merita- . Éste tipo de alegorías rituales sobre el “Agua Pura” son paralelos a otros del templo de la ciudad de Hierápolis, al templo de la diosa Demeter en Atenas y su “Festival de los Manantiales”. a los festivales de coronación meritas, o el mismo festival hebreo del Sukkoth, y donde se vierte agua en una fosa en el suelo para que se purifiquen/se renueven en el “Mas Allá”. La liturgia de la “purificación del agua” nos evoca a los primigenios “Rituales de la Lluvia” en los cultos a las diosas-madres y donde las serpientes tienen un papel prominente (J. Frazer).
En el caso mesopotámico, la incorporación de los dogmas semíticos patriarcales adquieren mucha mas relevancia. Estamos hasta la evolución de dogmas desde un dios astral vinculado a la justicia divina sobre la Tierra hasta una divinidad protectora de los hombres ante unos avatares, tanto físicos como morales, que acontecen durante su paso por el mundo. De esta forma, la impronta de la divinidad se encamina hacia un “dios personal único y todopoderoso” al que se dirigen en exclusividad su plegarias y sacrificios. Éste giro en los devenires del dogma religioso en Oriente Próximo está claramente expresado en el texto babilónico del “Ludlul Bēl Nēmequi”, “El Justo que Sufre”. En éste relato, el protagonista, Šūsbi–mēšrû-Šakkan, un hombre piadoso, es despojado de su salud y hacienda por los dioses sin mediar falta alguna. Tras severos sinsabores, Marduk intermedia ante las divinidades causantes de sus males, consiguiendo que le sean restituidas sus posesiones y apartadas sus desgracias.
« Mi Dios me ha abandonado y ha desaparecido, mi Diosa me ha fallado y se ha distanciado, el šedu bueno que caminaba a mi lado, se ha ido. » Pasaje del poema “Ludlul Bēl Nēmequi”. Himno a Marduk. Periodo kassita-babilónico. II milenio a.c.
En éste contexto, el creyente se siente objeto de una lucha entre unas “fuerzas negativas” que le acosan y unas “fuerzas positivas” que mediante rogatorias y rituales pueden contrarrestarlas. Hasta ese momento y dentro del concepto general, las divinidades hacían y deshacían a su caprichoso antojo, sin que en ningún momento fueran considerados como “seres malignos” o “benignos”, siendo su personalidad la de unos exclusivos dueños y señores del Mundo con derecho a vida y hacienda de sus creaciones, influyendo en ellos en función de sus atributos morales o naturales. En está nueva vertiente, la suprema entidad deifica se vale de una seres, los demonios, hijos del dios y por tanto con un origen divino, para castigar “la ausencia de moralidad” o las conductas infieles de los creyentes. En contraposición al elenco maligno, aparece la “pareja bienhechora”: El “Ilu” y la “Ishtaru”. El “Ilu”, como el dios personal antes mencionado, y la “Ishtaru” o “Diosa de la Fortuna”, siendo ésta última, en su generalidad, la pareja del dios, y a los que se unen otros dioses menores benéficos, caso de los “lamašu” o “kerub(a)”. Hablamos del II milenio a.c. y su proceso henoteológico.
A partir de ese momento, la diosa-madre quedará así reducida a un papel menor como “Ishtaru” y su impronta paulatinamente reducida en los diferentes rituales y procesiones del Año Nuevo. Un Protagonismo que en exclusividad tomará el nuevo “dios único”: En nuestro ejemplo, el antiguo dios solar amorrito-babilónico Marduk.
« La Mujer (Inanna) plantó el árbol con sus pies, que no con sus manos. La Mujer lo regó con sus pies, que no con sus manos. Ella dijo ¿Cuando será esto un trono/reino en el cual yo pueda sentarme..? ¿Cuando será esto un suntuoso reposo en el que yo pueda descansar..? Cinco, diez años pasaron, (y) el árbol creció frondoso, y su corteza no se rasgó. En sus raíces anidó la serpiente que es inmune a las conjuros/enfermedades. En sus ramas el pájaro Anzud descubrió a sus polluelos. En su tronco, la “sirvienta fantasmal”/la Muerte construyó su casa, una criada que reía con un corazón alegre… Entonces, la divina Inanna, lloró..» Pasaje de Gilgamesh, Enkidu, y el Inframundo, 36-46, Versión sumeria de Nibru/Urim.
Imágenes:
de.wikipedia.org
losvalientesduermensolos.blogspot.com
bibliotecapleyades.com
timelessmyths.com
Referencias y mas información:
“Fertility cult in Ancient Ugarit” in “Archaeology and Fertility Cult in Ancient Mediterranean” E. Lipinski (1986)
“The Gracious Gods and the Royal Ideology of Ugarit” Christopher M. Foley (1980)
“The ‘Sacred marriage’ in Minoian Religion and Ritual” Robert B. Koehl
Breves retazos históricos sobre los pilares socio-económicos de la sociedad occidental (II)
Como ya hemos expuesto en la entrada precedente, las premisas de la actual sociedad occidental es fruto de una bifurcación socio-económica que sucede hace entre 12000 y 14000 años en el periodo Mesolítico, como consecuencia de los cambios climáticos acontecidos en el periodo comprendido entre la última glaciación de Würm y el Holoceno. Ésta bifurcación socio-económica consiste básicamente en la desestimación, por necesidades de supervivencia en ciertas zonas con poblamientos humanos, del anterior general comportamiento, mal denominado para mi gusto, de “depredación”. “Depredación” que hace mención despectiva a las culturas de cazadores y recolectores, y como ya está harto demostrado, no dejan de ser pueblos que, ante una Naturaleza proveedora, no tienen necesidad de plantearse nuevos retos sociales o económicos.
El punto de partida, posible, que obliga a cambiar esos modos de vida es la desecación de grandes regiones en Oriente Próximo y África, exigiendo un replanteamiento de los antiguos formatos para dar renovadas soluciones. Una decisión que, en sus principios, no supone una mejora de sus anteriores condiciones de vida al formar parte de una necesidad paliativa ante la escasez de alimentos.
«… Recito para él, el sagrado himno, las invocaciones mágicas en su cámara sagrada, Las invocación a Nudimmud: “Un día, cuando no existía la serpiente, cuando no había escorpiones, ni había hienas, ni había leones. Cuando tampoco existía el perro, ni el lobo, cuando la gente no temblaba ni tenía temor. ¡Cuando el hombre no tenía un oponente..! [...] El Universo entero. con la humanidad resguardada, ¡ Es posible que todos ellos se dirigieran a En-lil en una sola lengua! Pero en ese tiempo, por los ambiciosos señores, por los príncipes ambiciosos, por los ambiciosos reyes, En-ki, por los señores ambiciosos, por los ambiciosos príncipes, por los reyes ambiciosos, En-ki, el Señor de la Abundancia y de las inquebrantables decisiones, el Señor de la Sabiduría y la Razón en la Tierra, el Hacedor de los Dioses, modificó su criterio..,» Pasajes de “Enmerkar y el Señor de Aratta”, 134-155. I dinastía de Uruk. Del siglo XXVIII al XXVI a.c. (sobre texto neo-sumerio del siglo XXI a.c.)
En su vertiente psicológica, afectando a la relación del hombre con su entorno natural, se produce igualmente un cambio el pensamiento en las diferentes comunidades humanas. Hasta ese momento, la Naturaleza y con ella los dioses ctónicos que la representaban, constituían un elenco de fuerzas incontrolables, pero aceptadas y vinculadas, en su generalidad, a la Fertilidad y al “Mundo de los Espíritus”. La incapacidad proveedora, en determinados enclaves, de éstos dioses hacia el hombre, hace que paulatinamente esas creencias se vayan modificando e incluso desechando. Así y dependiendo de tipo de sociedad en que las adaptaciones humanas deriven, ya sea agrícola, ganadera o mixta, éstas conducen a una determinada re-interpretación de la relación del hombre con el “Hecho Divino”. Por otro lado, el mismo acontecimiento del inicio de la “dominación” de la Naturaleza por el hombre, y que conocemos como el periodo Neolítico, produce un efecto de temor hacia el carácter impredecible de las antiguas deidades y lo que representan, pasmándose éste hecho en las diferentes mitologías posteriores, caso del Enuma Elish amorrito-babilónico o la épica griega, y donde las divinidades ctónicas ancestrales son derrotadas por los “jóvenes dioses”.
Dentro de las soluciones adaptativas que los diferentes escenarios de supervivencia obligan, se sitúan los nómadas. Nómadas, que en el caso de la Creciente Fértil, se desplazarían en la sobre unos grandes núcleos esteparios semi-áridos dentro de un amplio contexto geográfico. El tipo de “nomadismo” no corresponde a las actuales consideraciones beduinas, si no a una “trashumancia horizontal” de rebaños de ganado menor. Las diferentes tribus nómadas pastorearían animales, caso de las ovejas y los asnos, que necesitan disponer de pastos y agua en cantidades suficientes que se viene a denominar como “nomadismo de enclaves”, (Rowton, 1973) y que debe de entenderse como una forma de aprovechamiento eficaz , que podría incluir una agricultura de subsistencia, a los recursos naturales en unas regiones que son inhabitables o improductivas durante buena parte del año. (C. Wagner, 2012). Estos grupos humanos, a lo largo de un periodo evolutivo, traerán consigo un nuevo planteamiento deifico como fruto de su relación con el entorno. De ésta guisa, los diferentes biotipos y su temporalidad proveedora, así como una Fertilidad afecta a la cría ganadera, hacen que tomen carta de presencia divinidades de carácter astral y vinculadas fuertemente a los ciclos estacionales.
Como no podía ser de otra manera, los diferentes nichos biológicos, repartidos en este caso por Oriente Próximo, traerán consigo diferentes culturas y por consiguiente, diferentes estructuras socio-económicas. Así, y por ejemplo, el urbanismo mesopotámico adoptará un fuertemente componente organizativo, liderado, en un primer momento, por una élite teocrática. Forma de gobierno, ésta última, que posiblemente se extendería, aproximadamente desde el VI milenio a.c., dentro de las culturas dravídicas y sus regiones fronterizas de carácter aglutinante, como fue el caso de las culturas sumerias y elamitas, y que daban contrapunto a las anteriormente nombradas sociedades tribales semi-nómadas, o nómadas, extendidas por la Península Arábiga y sus regiones afectas, caso de las culturas semitas.
Anexas a las anteriores, dentro de un ámbito mediterráneo oriental y acerámico, se construyen sociedades semi-urbanas o urbanas de carácter megalítico que se suceden por sus costas e islas, caso de las culturas minoico-cretenses y chipriotas, y que se extendieron desde Egipto hasta la Península Anatólica, siguiendo el litoral. El primer vestigio de ocupación humana en Chipre lo encontramos en un campamento de cazadores epipaleolíticos en el año 8500 a.c. aprox, siendo el definitivo asentamiento de culturas agricola-ganaderas en el Neolítico Temprano, hacía el año 7500 a.c. y cuya posible procedencia sea la Península Anatólica, a la que había que aunar poblaciones pre-mediterráneas meridionales. Uno de sus últimos grandes exponentes en el Mediterráneo meridional levantino serían las culturas de Ghassul, 3800-3500 a.c., Cultura que se extinguiría con la llegada del Bronce Antiguo I, 3300-3000 a.c., y los primeros poblamientos semitas en la región. Como anecdotario decir que el encuentro con éstas construcciones megalíticas por parte de los nuevos pobladores, dio lugar a las mitologías sobre gigantes, caso de las murallas de Jericó, los denominados por los griegos como ” titanes” y por los semitas como “nephilim”. En relación al desarrollo posterior de la entrada, decir que, y desde la perspectiva puesta en las futuras creencias aglutinantes, los fundamentos de la personalidad de su diosa madre, así como sus cultos a los ancestros, perdurará en religiones posteriores.
«Con su elección acertada, aquellos que obedecen la ley (Ashavan) de Ahura Mazda colaboran en la victoria final del Espíritu Bueno, del Señor Sabio, sobre la mentira. Deben decir siempre la verdad, repudiar la vida nómada, labrar la tierra y cultivar cereales y frutas; Tratar con cariño a los animales domésticos y regar los campo secos, porque el que no es labrador , no tiene parte en la buena nueva » Pasaje del “Yasna Haptanhaiti” zoroástrico , 31, 10.
La progresiva expansión de los semitas y su posterior adaptación a las culturas urbanas, léase aquí acadios, amorreos o meritas, no es óbice para que sus creencias no imperen o se superpongan sobre la antigua religión sumeria bajo-mesopotámica. Así, durante el imperio acadio, las creencias astrales, como personificación del Sol y la Luna, se extienden por las riberas del Tigris y Eufrates acompañadas de una “Diosa Madre” o “Diosa de la Fertilidad”en un progresivo papel secundario. Desde un punto de vista formal, la general religión semita considera la existencia de un exclusivo dios supremo, al que acompañan otras deidades como súbditos, siendo la máxima instancia donde se dirimen sus disputas, en una forma similar a como las tribus semitas las resolvían ante el jefe tribal o “rabiānu/rab(ī)”, “rabino/rabí” en su versión castellanizada. Así, por ejemplo, Shamash/Šamaš, el dios Sol del panteón sumerio-semita, el “Dios de la Justicia”, no deja de ser una adaptación de tales credos. Tal es así que incluso el nombre del dios Marduk de las creencias mesopotámicas, dios principal asirio-babilónico hasta su caída en el año 484 a.c. con la invasión persa aqueménida, proviene del apelativo ” dAmar-ud”, ” Sol Primaveral” o “Joven Toro del Sol” , si bien habría que añadir que el culto a la divinidad solar permanecería con posterioridad bajo la personalidad persa del dios Mithra, el hijo de Ahura-Mazda.
Para entender la composición anterior, habría que significar otro dogma dentro de las religiones semitas y que es la relación “dios supremo/dios inmediato”. Así, Marduk, y por extensión Shamash, le es concedido en los textos el título de “Lugal-shu-an-na” o “regente administrativo” por el dios supremo Anu; o de igual forma en el panteón ugarítico, extensible al semítico-canaanita, el dios Baal es el dios inmediato de un panteón presidido por el dios supremo El; y en el caso mas oriental , Haddad es el dios inmediato del dios supremo Dagan. Dicho esto, y en aclaración a su estructura, habría que decir que en el caso de los dos últimos, y por circunstancias biotípicas y/o geoestratégicas, sus atributos están mas cercanos a un “Dios de las Lluvias/Tormentas Benignas”, en posible asimilación al Teshub hittita o al contrario, que propiamente a un dios solar.
Llegados a éste punto, me gustaría hacer hincapié en una idea: La diferenciación entre “Dogma” y “Ritual” en las religiones en el Oriente Próximo durante el periodo que comprende el IV-I milenio a.c.. El “Dogma”, como pilar de cualquier ideario religioso, entra dentro de la percepción psicológica del hombre en su relación con el entorno y por tanto, con los entes que supuestamente lo gobiernan. Por otro lado, el “Ritual” está siempre vinculado al hecho organizativo, estructurando socio-económicamente la sociedad. Así, por ejemplo, los templos constituirían, en esa época, exclusivamente emporios económicos, una negativa desviación de la pretérita necesidad organizativa que en su momento buscó la supervivencia. Teocracias que obtienen del Dogma la fuerza imprescindible para imponer su jefatura y criterios.
Apuntado lo anterior, y para entender el devenir posterior, decir que la práctica totalidad de las religiones de Oriente Próximo y del Mediterráneo oriental entre aprox. el III y I milenio a.c.., exceptuando tal vez la premisa hática de las religiones de ámbito hittita, tienen en común un básico “Dogma semítico”, siendo el Ritual socio-económico urbano imitación del sumerio. Anexo a éste contexto y a partir del II milenio a.c., se tiene constancia de un proceso de evolución hacia un “henoteísmo nacionalista”. Hablaríamos de religiones que exaltan la inclusión del hombre en un hecho político unitario y exclusivo.

Estampación del cilindro-sello de Oniyahu. Siglo VIII-VII a.c. Se lee la inscripción hebrea antigua: “Perteneciente a Oniyahu, ” El barco de Yahu/Yahweh”. El hijo de Merab”. Aparece representado un barco de transporte pesado fenicio , los denominados “Tartésicos”.
“Uriyahn, el afortunado, lo escribe: ¡Bendecido está Uriyahn por Yahweh, ya que de sus enemigos, su Asherah, le ha salvado!. [...] por Oniyahu, [...] por su A(she)rah, , [...] y por su Asherah ” Inscripción encontrada en Khribet El Gom (Mar Muerto) , siglo IX-VIII a.c.
Recapitulando toda ésta evolución y centrándonos en la religión hebrea con anterioridad al siglo VII a.c., tenemos: Un dogma semítico occidental que incluye la dicotomía del dios supremo/dios inmediato, un culto a los ancestros, y un ritual en construcción, finalmente fallido, intento de adaptación posiblemente del semítico nor-occidental, como así lo atestigua la descripción del propio Jumash, y del que sólo perdurará la Ley o Devarim/Deuteronomio. Una Ley que, si lee en profundidad y me permiten la expresión, es el “Manual del Perfecto Nómada Amorrita de la Tribu de Benjamín”.
La evolución religiosa posterior, que los textos bíblicos sitúan hacia el reinado del Rey Josiah entre el 640-609 a.c. dada la significación que para los judíos representa, tendrá como fin reforzar ese sentimiento nacional. Como queda reflejado en los textos proféticos datados entre los siglo VIII y VI a.c. , se denuncia el panteón semita occidental, reduciéndose el hebreo a unas creencias exclusivas hacia el supremo dios creador semítico, ahora con la personalidad de un dios denominado Yahweh y del que se tiene constancia de su culto en Canaan desde finales del II milenio a.c. Es de notar que aunque es generalmente aceptado éste acontecimiento henoteológico/proto-monoteísta como deriva de cultos nómadas anteriores, no cabe duda que el “exilio babilónico”, de posteriores pero inmediatas fechas, tuvo posiblemente mucho que ver en la reafirmación de éstos cultos, como así lo expresa el volumen apreciable de similitudes de los textos del Génesis con las creencias amorrito-babilónicas. Una “Ciudad Santa”, la de Babilonia, que ya había adoptado el “nacionalismo religioso” en la personalidad de Marduk varios siglos antes.
Con posterioridad a la conquista de Babilonia por Ciro II, fundador de la dinastía persa aqueménida, 559-530 a.c. aprox., los israelitas cautivos tuvieron la posibilidad de regresar a Jerusalem. Si bien tanto los exiliados que volvieron como los que permanecieron quedarían sujetos al dominio persa, siendo éstos últimos la inmensa mayoría y los que posteriormente redactaron el Talmud Babilónico. Tras la conquista de Persia por Alexandros III de Macedonia, 353-323 a.c., Canaan formó parte del sector occidental del imperio macedonio. Como una forma de renegar de los seleúcidas y sus creencias olimpico-mitraístas, arraigó en la literatura religiosa hebrea la corriente zoroástrica aqueménida y sus dogmas, plasmándose en un nuevo género denominado “Apocalíptico” con lecturas tales como el “Libro de Daniel (167-142 a.c.) o el mismo “Apocalipsis”. Lecturas donde se advierten las nuevas visiones sobre el Cielo y el Infierno, y un Juicio Final como fruto de la adopción del pensamiento zoroástrico. Dentro de este nuevo episodio de renovación teológica hebrea, se modifica también la concepción demoníaca y angelical , y su dualismo sobre el Bien y el Mal, surgido en el II milenio a.c. durante el proceso henoteológico en Oriente Próximo. Ahora la representación de tales conceptos entrarán en combate y dispondrán de sus propios “caudillos”, Miguel y Satanás, desembocando su lucha en un reino mesiánico en el que prevalecerá el Bien.
La adopción de tales dogmas y su defensa ante el seleúcida Antíoco IV, 215-163 a.c. trae un periodo de independencia hebreo denominado “Época de los Makabim” y su dinastía asmodea, que comienza en el 164 a.c. ., y concluye con la entrada del romano Pompeyo en Jerusalem en el año 63 a.c. La anexión de Israel a la provincia sirio-romana fue consecuencia de unas luchas intestinas político-religiosas que tuvieron como desenlace la guerra civil. El detonante de tales desencuentros fue el nombramiento de un sumo sacerdote de Israel no perteneciente a la estirpe de Sadoc, tribu de Benjamín, por lo que fue tratado de ilegítimo por los “hassidim” o “devotos”. A éste hecho, que atentaba contra las predisposiciones divinas, se agregaba su condición de comandante en jefe del ejército hebreo, lo que le hacía contraer numerosas impurezas incompatibles con la dignidad sacerdotal.
Llegados a éste punto, un grupo de hassidim o “asideos” se distanciaron de poder político y formaron el movimiento de “Los separados” o “fariseos”. De igual manera, un cierto número de laicos y sacerdotes se alejaron de los dictados del Templo de Jerusalem, instalándose en las orillas del Mar Muerto para llevar una vida de supuesta fidelidad a la “Ley de la Alianza”. Estos “separados” dieron origen a la “Comunidad Eremita de Qumran”, o como ellos se denominaban los “Ebionim”, ” Los Pobres” y/o “Nozrim”, y a los que se conoce vulgarmente como “nazareos”, “nazaritas”, los mal llamados “pre-cristianos”. El hassidismo oficialista o “saduceo”, o al menos su rama principal, quedaron como componentes de la administración y del sacerdocio vinculado al Templo. En principio, los fundamentos teológicos para tales desavenencias entre fariseos y saduceos hassiditas hablan de la observancia de un “tradición oral”, lo que viene a denominarse como “Torah Oral”, y cuya validez negaban los saduceos. La tradición oral, entre otras ideas, hacia propias del judaísmo las ideas apocalípticas y mesiánicas zoroástricas: La resurrección de los muertos, el Juicio Final, y la llegada de un redentor o libertador, y que estaba apoyada por los fariseos.
Con la llegada al poder de Herodes “El Grande”, 73-4 a.c., la mayoría del “sector oficialista” de los saduceos se aferraron a sus cargos, los “saduceos herodianos”, mientras que un determinado número de ellos, no colaboracionista, formaron una dura oposición y una alternativa, los llamados “zaddikim”, “sadoquistas” o “esenios”. De ésta alternativa, emana un conjunto dinástico y fundamentalista de sacerdotes que llevan asociados el principio de un “mesías davídico”, descendiente de la tribu de David, y un sacerdocio sadoquita, como descendiente de la tribu de Benjamín, que se extiende desde el siglo II a.c. hasta el periodo histórico que abarcan los evangelios cristianos y el relato de los “Hechos de los Apóstoles”. Dentro de ésta tesitura, es cuando aparece/aparecen en Israel numerosos pretendientes al título de “Mesías”. Entre ellos surgen la figura de un supuesto descendiente de la Casa de David, a la que une una supuesta sangre vinculada a la tribu de Benjamín/Moisés: El rabino Josué o Josué “El nozrim”, fundador junto con sus hermanos de lo que se conoce como el movimiento sectario judío de los “nazareos” o “nazarenos”. Personaje que es también conocido, en una deriva mas de las traducciones griegas del hebreo, como Jesús de Nazareth.
El País de Elam. La otra cara de Mesopotamia.
Creo reconocible, a lo largo de éstas páginas, mi opinión sobre los acontecimientos que derivaron en el amanecer de la cultura mesopotámica. Civilización que durante años se ha considerado como el momento origen de las culturas urbanas en Asia Occidental y que, como hemos intentado acercar a los lectores, no deja de ser un presunción, hoy en día, harto dudosa.
Es preclaro aducir que las diferentes hipótesis que se plantean en los campos de la Ciencia, están adscritos a un conocimiento temporal dado y que éste conocimiento va evolucionando en función de los nuevos descubrimientos y hallazgos. Éstas nuevas incorporaciones a la comprensión previa, muchas veces, hacen que nuestra perspectiva histórica sobre determinados sucesos cambie, si no radicalmente, de una forma sustancial, siendo un episodio que podría perfectamente adaptarse a esa secuencia el antiguo dilema del origen de los sumerios. Como ya ha quedado demostrado en otras similares circunstancias, caso del origen de las premisas de la cultura griega, la estanqueidad, hasta cierto punto incomprensible y nebulosa en su proceder, a la hora de acometer los estudios de las diferentes culturas, nos impide tener una visión mas global de su evolución como continuación, o adaptación, de una mas que probable primigenia fuente. Como es obvio, y es de general aceptación, nada se sucede por “generación espontánea”, y mucho menos en lo que concierne a proceso evolutivo socio-cultural humano.
Otra suposición, y que marca profundamente nuestras erróneas composiciones de ideas, es la equivocada premisa de la escasa capacidad del hombre del sexto-séptimo milenio a.c. para proyectarse cultural y económicamente por el mundo que le rodeaba y que queda rebatido, por ejemplo, por el tráfico marítimo del Golfo Pérsico . Antigua experiencia naval que tuvo, como una de sus consecuencias, la introducción en sus costas de la “Cultura de El-Obeid/Al-Ubaid” en el VI milenio a.c,
El término “Elam” deriva de un vocablo generalista acuñado por los escribas mesopotámicos para definir las tierras altas del suroeste del actual Irán y sus heterodoxos pobladores. Topónimo que viene a significar “El País de las Tierras Altas”, o “Minki “en cuneiforme sumerio, si bien el nombre, como tal, parece proceder de la contracción de la expresión acadia “ala’itum matum”, “Tierras Altas” (E. Quintana, 1996) o posiblemente de la derivación acadia, “Elamtu”, del original nombre elamita, “Ha(l)tamti” o “País de Nuestro Serenísimo Señor” (Vallat, 1996). Desde la visión tradicional, según E. Quintana, y fechados a partir del V milenio a.c., salen a la luz en la zona oriental y montañosa de Mesopotamia, restos de comunidades que se sucedieron a un ritmo todavía sin precisar. De ésta fase, es observable la sustitución de la cerámica del tipo “halafiense” por la de “hassuna”; una cerámica, ésta última, que se extendería desde la meseta iránia hasta el Mediterráneo. Las excavaciones realizadas en la ciudad de Susiana - actual departamento iraní de Sush, provincia de Khuzestan – y Tepe Musian, más al norte, prueban la existencia de una cultura original que aprovechaba para el riego los cursos fluviales que existían con anterioridad a la desecación acontecida tras la última glaciación, por lo que, y según Crawford (1998), posiblemente remontaría tales prácticas al VI milenio a.c., al no existir cambio pluviométricos y de insolación importantes en la meseta iraní desde esa época.
«¡Ruega a tu dios Dagan, como patrono del país, que quiebre las armas de los elamitas, (por) si ellos decidieran venir a las orillas del Eufrates! ¿ No podrían ellos diferenciarse, por ejemplo, como las hormigas que unas son blancas de un lado del río y negras del otro? Es cierto que se dice: “Esta ciudad es bensimalita y tal otra es benjamínita”, mas en referencia, no son sus conflictos como la inundación del río o como las aguas que rugen impetuosas, ya sean río arriba o río abajo ? Pasaje de correspondencia del Archivo Real de Meri. (Durand 1998: 2: 342-4. texto 641)

Figuración en ladrillo labrado de una diosa elamita. Ornamentación del Templo del dios Inshushinak en Shushan. Siglo XX a.c, Museé du Louvre, y donde es posible apreciar ciertos rasgos étnicos negroides.
En el texto anterior, una misiva al rey de Mari en referencia a la posible incursión de los elamitas durante un conflicto entre las tribus amorreas del reino de Khana/Hana, se nos hace una posible referencia a su posible origen antropológico. Una suposición que parece tener visos de realidad es la que los define como de “etnia negroide”, como así lo atestiguan, por ejemplo, las tumbas vidriadas encontradas en la ciudad de Susa/Shushan por Dieulafoy, y un bronce del siglo VIII a.c. procedente de la provincia iraní de Lorestan donde se representa un torre defendida por personas de ésta raza, entre otras figuraciones. Basándonos en tal premisa, la procedencia racial de los elamitas, aún así, no parece evidente. Ciertos rasgos culturales, caso de la legitimación real por línea femenina, “País de Kush” egipcio-etíope o el nombre de algunos soberanos – Dinastías de Shimash, 2100-1970 a.c., e Igehalkida, 1400-1200 a.c. aprox., – podrían hacernos suponer una impronta africana, si bien ésta última apreciación sólo nos podría dirigir a la evidencia que el elamita era un lengua aglutinante. Una conjetura que podría tener visos de realidad, y que concordaría con el parentesco entre el idioma elamita y el dravídico (MacAlpin, 1975), es relacionar a los habitantes de Elam con los “Sudras” - Los “Sudras” o la “raza sudroide” hace referencia a la población aborigen de la India y Pakistán, y que hablaron una lengua dravídica, con anterioridad a las invasiones arias de pastores nómadas alrededor del año 3500 a.c. (Cavalli-Sforza, 2009) – y cuyos rasgos – pelo negro, narices aplastadas y labios gruesos - concordarían con la etnia de determinadas poblaciones actuales del Huzistán, la antigua región de Sushan, así como las descripciones raciales presentadas por Contenau (1927) y Dieulafoy.
Dicho esto, y ya dentro tal vez del capitulo anecdótico, es de resaltar que los sumerios, otra lengua aglutinante, se denominaban a ellos mismo como los “cabezas negras” o “sag.gig.ga”. En posible relación con lo anterior, en una inscripción en lengua sumeria, el vocablo “Eannatum” designa al País de Elam con un epíteto, que no ha podido aún debidamente descifrado, y que bien podría traduciducirse como la “Montaña de los Negros”, o “hur-sag-u6-ga”, o “hur.sag-gig-ga” en silábico sumerio. Aunque ésta última suposición, es posible que y según E. Quintana, se trate de un juego de palabras en relación a un “Elam abatido por las Armas” como “Elam, la Montaña de los Muertos”. Añade E. Quintana, en apostilla, que el “Enuma Eliš” amorrita hace también referencia a unos “héroes muertos” tras la batalla entre los dioses de su relato y a los que denomina como “ur-sag-ug7-ga” o ” dug7-ga” (J.J. Van Dijk, 1983). Mas, y desde mi punto de vista, los reflejado en en estos textos, no hace sino refrendar lo anterior, si lo tomamos como signo de sustitución de las viejas dinastías sumerias por las semitas, al vincular a las primeras con los antiguos dioses ctónicos derrotados.
Resulta verosímil, según Cavalli-Sforza (2009), pensar por tanto que las lenguas dravídicas se hablarían desde la frontera occidental del actual Irán hasta la India, donde fueron llevadas por agricultores neolíticos en el VII milenio a.c. y cuya extensión cultural se vio modificada por las incursiones arias hacia el año 3500 a.c. Tales incursiones recluirían progresivamente al dravídico al sureste de la península hindú y a poblaciones del Beluchistán (Pakistán), entre otras. Unas incursiones arias que posiblemente se vieron favorecidas por las grandes devastaciones acontecidas en la cuenca del Indo-Ganges, como consecuencia de unos cambios climáticos que en la región asiática se datan sobre el año 3900 a.c. (D. Fuller, 2012) y que tuvieron como protagonistas humanos a la “Civilización del Indo”. El “País de Meluhha”, según su denominación sumeria, fueron unas civilizaciones urbanas que se estima surgieron hacia el V milenio a.c en las cuencas de los dos grandes ríos occidentales del sub-continente indio. Se conoce también que hacia el IV milenio a.c., numerosos asentamientos de la región fueron abandonados, coincidiendo con el inicio de un proceso migratorio hacia el Este que está constatado por el incremento y densidad de los nuevos asentamientos humanos aparecidos en las zonas orientales colindantes, como así pudiera atestiguarlo también el “Mahābhārata” hindú. Según éste texto épico-mitológico escrito en el siglo III a.c., la dinastía Pāndya de Madurai, Fishery Coast, una dinastía que mantenía todavía el titulo de “Mināvan”, “Devoto del Pez” en dravídico, en el siglo I a.c. , procedía del norte de la India. Según J. Quintana Vives (1942), éste título nobiliario correspondería a uno de los tres que poseían los reyes-sacerdotes de Mīnāḍ/Mohenjo-Daro - A esto habría que añadir que el “lañchana”, o estandarte, de los reyes de los Paravas de Fishery Coast, consistente en dos peces de forma similar que los de la ciudad de Mīnāḍ y como tal aparecen en templos y antiguas monedas del sur de la India -, rey-sacerdote que también eran la forma primitiva de gobierno elamita y sumerio.
« Enmerkar, el hijo de Utu, me ha dado una tablilla de arcilla, ¡Oh, señor de Aratta, después que tu hayas examinado la tablilla de arcilla, después que tu hayas aprendido el contenido del mensaje, dicho lo que vayas a decirme y anunciado ese mensaje en el santuario E-anna, como una buena noticia, a sus herederos (sacerdotes..) , los de barba resplandeciente!; Aquel que su “Brillante Vaca” (Inanna..) dio a luz en las “Montañas de los Brillantes Me (esencia sagrada..)”, que se crió en el suelo de Aratta, que se le concedió el chupar (adquirir conocimientos..) de la ubre de la “Buena Vaca” y que fue adecuado para el cargo en Kulaba, la “Montaña del Gran Me”. A Enmerkar, el hijo de Utu, voy a repetírselo en su giparû (aposentos privados y sagrados..) y el fructificará como un floreciente árbol-meš. A mi rey, el “Señor de Kulaba” ». Pasaje del texto en sumerio de “Enmerkar y el Señor de Aratta”, líneas 524 a 535 (Transliteración ETCSL. Oriental Institute, Oxford)
Éste texto, según S. Kramer (1978), corresponde a la presentación de una escritura propia y genuina sumeria al señor elamita de Aratta como signo de favor de la diosa Inanna hacia Uruk. La escritura elamita es otra de las incógnitas de éste conglomerado de pueblos. Se conoce la existencia de un sistema contable contemporáneo con el cuneiforme del periodo de Uruk IV, 3300-3100 a.c. y que viene a denominarse “proto-elamita”, aunque tiene fundamentados visos de no tener ninguna relación con el idioma elamita. Llegados hasta punto, habría que distinguir entre los que se entiende por una escritura, en su concepto tradicional, y un sistema contable: Al igual que ocurre en la actualidad, los signos matemáticos y el alfabeto éstos pueden ser coincidentes o no, pero, de forma independiente, tienen un significado diferente. Parece evidente, según Önhan Tunca (2004) yD. Schmandt-Bessera , que la escritura deriva de unos sistemas lógicos de cálculo que se remontan a los finales del periodo neolítico pre-cerámico A, año, 8500 a.c. aprox., y cuya utilización se extendería hasta el IV milenio a.c. en la Baja Mesopotamia y en los Montes Zagros. Esto no fue óbice para que apareciera una escritura pictográfica paralela, Tepe Sialk, que fue desechada y sustituida por una de tipo cuneiforme que se venía utilizando en Elam desde época muy antigua. . Existe también una tercera escritura que la mayoría de los autores, basándose en la similitud de algunos signos, la consideran un estadio avanzado del “proto-elamita”, denominándola por ello “escritura lineal elamita”, la cual fue exclusivamente utilizada en el reinado de Kutik-Inshushinak, siglo XXIII- XXII a.c., único soberano que llegó a emplearla.Escritura silábica y lineal que estaba compuesta por entre 65 y 70 signos y que llegó a utilizarse profusamente - se tiene conocimiento de su utilización desde Tepe Yahya hasta Tepe Malyan -, si bien, como anota E. Quintana, no es el idioma elamita, aunque pudo estar emparentado con él, al tratarse de una lengua que ya se escribía en cuneiforme desde la época del imperio de Akkad, III milenio a.c.,

Ziqqurat, o templo escalonado, y ciudadela de Konar Sandal, provincia de Jiroft (Irán). III milenio a.c. Posiblemente la antigua ciudad de Aratta o bien de Marhasi.
La que puede considerarse realmente como lengua elamita , tenía un carácter verdaderamente singular. El empleo de ideogramas, signos que expresan ideas en vez de sonidos, o logogramas, signos que representan palabras, constituían un sistema escrito de gran agilidad. Una peculiaridad de ésta escritura era la de admitir los nombres de ciudades, países y palabras extranjeras colocándolos tras determinados ideogramas-logogramas identificativos. Igualmente, su polifonía, distintos valores silábicos para un mismo signo, estaba extraordinariamente restringida, de tal modo que el elamita funcionaba, en la práctica, casi como un sistema silábico, por lo que era mucho más manejable que el engorroso cuneiforme sumerio-acadio. Dicho esto, parece evidente que el elamita no era una copia de la escritura sumeria, sino que posiblemente se trate del hecho contrario. Un hecho que puede ser incluso soportado sobre el anterior relato de “Enmerkar y el Señor de Aratta”. y en la general épica sumeria, donde se nos refiere las “tiranteces” económico-religiosas entre los reyes-sacerdotes de Uruk y Aratta, y donde parece que la “oficialidad” del templo de Inanna se encuentra en Aratta. Otro apunte importante sobre el texto es que parece que el soberano de Uruk adquirió su formación en la ciudad elamita y que el auge mesopotámico parece inclinar la balanza político-religiosa hacia Uruk/Unug, como así puede interpretarse de la exigencia de trasladar el “giparû” de la diosa desde Aratta al templo de E-a2na, una exigencia además incluiría mano de obra especializada. Es de notar que, según Y. Madjidzadeh, 2004, los yacimientos arqueológicos de la Edad de Bronce, IV milenio a.c., encontrados en Konar Sandal, provincia iraní de Jiroft, podrían tratarse de los restos de la ciudad de Aratta - si bien ésta afirmación es controvertida. D.T. Potts sugiere que podrían tratarse del reino elamita de Marhaši - y que tales excavaciones nos direccionan hacia la existencia de un templo escalonado de mayores proporciones que el E-anna uruquita, lo que podría hacer suponer si no una posición superior de la ciudad elamita, si una paralela. Independientemente de una solución u otra, lo que resulta evidente es que estamos ante uno de los mayores ziqqurat construidos en Asía, en un reino que, tal vez, fuera un nudo de comunicaciones terrestre entre Shushan, Mesopotamia y Meluhha.
« Desde Marhaši, más allá del Paso de Baza, hasta los confines de la ruta del País de Meluhha […] Desde los Bosques de los Cedros hasta Ānshān (actual provincia iraní de Fars..), el País de Shubartu […] 120 beru, distancia desde la desembocadura del Eufrates hasta los límites del País de Meluhha (y) Magan ( actual emirato de Omán..), que Sargón, (fue) Rey del Universo cuando conquistó los países tan lejos como se extiende el Cielo…» Extracto de “La Geografía de Sargón”. Texto neo-asirio, Siglo X a VII a.c. , sobre posible copia de un texto babilónico-amorrita, siglo XXIII-XII a.c. Biblioteca de Asurbanipal.
No cabe duda que la importancia de un “Gran Elam” que se extendería durante el III y primera mitad del II milenio a.c. por la meseta iraní, fue decayendo con el paso de los siglos. A partir de la segunda mitad del II milenio a.c., Elam fue retrocediendo a Susiana/Shushan y a la región de Anshan, hasta quedar reducido a exclusivamente aquélla en el I milenio a.c. . Si bien es de recibo decir que durante mucho tiempo fue el eslabón de enlace entre los antiguos pueblos del Irán y los centros y poblaciones del Asia anterior, así como tampoco no se debe obviar que los bajos valles de Kakheh y de Karun, parte del territorio elamita, no son más que la prolongación oriental de la llanura mesopotámica. A ésta circunstancia, habría que unir los globales sucesos acontecidos en el lapso temporal que transcurre entre la Edad del Bronce I y II, y que suponen un periodo de general conflictividad político-social - se vive en Mesopotamia el derrumbe de la III dinastía de Ur, a finales del III milenio a.c. - Así, durante el cambio de milenio se produce la caída de la “Cultura de Harappa” y a la que se une, en un contexto de decadencia, la radical inversión de la “Cultura de Umm-Nar” en la “Cultura de Wadi-Suq” en el País de Magan. En Bahrein, el antiguo “País de Dilmun”, un territorio independiente a finales del III milenio a.c., experimenta un incremento de población y de urbanismo en un contexto cultural conocido como la “Barban” (Edens, 1992-94) y al que se une la preponderancia, en torno al año 2200-2100 a.c. aprox., de la “Cultura Bactro-Margiana”. Una cultura, la Bactro-Margiana, que se extenderá por la meseta iraní (Hiebert y Lambert, 1992) y que coincidirá con el definitivo decaimiento de las culturas urbanas del Valle del Indo. Probablemente esta serie de acontecimientos migratorios y culturales sean como consecuencia de los cambios climáticos que se produjeron en torno al 2200 a.c. y cuyo punto de inflexión sería un incremento de la temperatura media que derivaría en un estadio de sequías en las diferentes regiones del Golfo Pérsico.
Referencias:
“Historia de Elam, el vecino mesopotámico”, E. Quintana Cifuentes, (1997) .
“Shell Middens, Ships and Seeds: Exploring Coastal Subsistence, Maritime Trade and the Dispersal of Domesticates in and Around the Ancient Arabian Peninsula” Nicole Boivin & Dorian Q. Fuller (2009)
“The archaeology of Elam: formation and transformation of an ancient Iranian state” D.T.Potts (1999)
“El gobierno teocrático de Mohenjo-Daro” J. Quintana Vives (194_)
Textos:
”Nomadism through de Ages” in A Companion to the Ancient Near East” J. Silva Castillo (2005)
etcsl.orinst.ox.ac.uk
imágenes:
sarabe3.tripod.com










