En el colegio aprendí que el Perú está dividido en tres regiones: Costa, Sierra y Selva. Con el tiempo descubrí que esta división no era sólo geográfica y étnica, sino también mental.
En la Costa viven los peruanos mezclados (mestizos), descendientes de oriundos y criollos combinados con razas importadas por los pudientes para trabajarles casi gratis (africanos y asiáticos), y como resultado se produjo ese caleidoscopio racial que hoy caracteriza al peruano. En la Sierra viven los originarios del Perú, indígenas que también se mezclaron, pero no tanto como los costeños. La Selva no cuenta, siempre vivió a espaldas del resto, igual que en el Incanato y la Colonia, más ahora que el narcotráfico campa a sus anchas aplicando su propia ley, mientras la devastación de sus bosques y recursos naturales crece a mansalva.
Cada una de estas regiones conforma nacionalidades distintas, tres formas de pensar y digerir aquello que todavía se sigue llamando “Perú”. Para los costeños, los indígenas de la Sierra son la mira de su desprecio y burla. Para los serranos, los costeños son los descendientes de aquellos que los colonizaron y maltrataron, sucesores de los gendarmes que aplicaron la leva para formar ejércitos patrios. La soldadesca costeña subía a la puna para perseguirlos como animales, atándolos de cuello y manos mientras violaban a sus mujeres; y sus padres y abuelos y tatarabuelos y “choznos” trabajaban de sol a sol para los gamonales (propietarios de grandes extensiones), ésos que desde Lima se adueñaron de sus tierras y como salario les daban hojas de coca y cañazo, embruteciéndose como única fórmula para aliviar su oprobio. La xenofobia, el aborrecimiento entre costeños y serranos está a flor de piel, y este encono viene desde que los primeros conquistadores afirmaron que los “indios” no tenían alma, y así fueron tratados… ¡sin alma! Lo mismo deben pensar hoy los costeños porque siguen despreciando a los serranos como raza sometida, y ellos mismos se discriminan entre sí siguiendo el llamado de sus raíces étnicas. Sin embargo, lo peor llegaría durante las masacres del terrorismo y del ejército, con el pueblo en medio como ofrenda a inmolar.
Los originarios del Perú llevan 500 años recibiendo el mismo trato vejatorio… ¿Alguien aguanta más? Sólo que ha habido un cambio: Ahora los gamonales son corporaciones que erosionan las entrañas de Pachamama (la Madre Tierra), polucionan ríos, y gigantes chimeneas llenan con plomo y arsénico los pulmones de sus hijos. Lima, la capital como centro neurálgico y hegemónico, es una jungla atiborrada de costeños, serranos y selváticos, dirigidos por gobiernos manejados históricamente por los “Peruanos de Arriba”, igual que en el Incanato y la Colonia. Estos gobiernos están más ocupados en promover y/o solucionar corruptelas internas que en gestionar el país como un todo. Hasta comprar patrulleros para instaurar el orden ha sido un circo en el Congreso (el mayor de los circos peruanos); el cao vehicular es demencial, sus atronadoras alarmas un icono, y el monóxido de carbono producido por los peores combustibles del mercado corroen las vías respiratorias “patrias” como resultado de esa innata dejadez nacional. Desde Lima, los Peruanos de Arriba concentran el crecimiento económico de una sociedad emergente que lucha por sobrevivir a base de sueldos bajísimos que suelen compensar con “coimas” y trapicheos. ¿Cuántos peruanos viven de la coima y la corrupción? Es como si hubiese dos Perú: uno mama de las tetas del otro. Así lo manejan, como si fuese su propia vaca lechera, y al pueblo como su mejor mercado cautivo y mano de obra barata (mercado entregado hoy a capitales chilenos).
En cuanto a EDUCACIÓN, el “Peruano de Arriba” siempre tuvo claro que “educar a la indiada” era peligroso, por eso el sistema educativo es de los más paupérrimos del mundo, y eso se nota en los programas de televisión, en los comentarios personales volcados en internet, o cuando los que emigran, deseosos de integrarse en otras economías, fracasan al ocupar puestos de tercera… pero convierten su fracaso en éxito al enviar sus remesas para alivio familiar, que son divisas para el Estado. El Incanato sólo educó a la clase alta, y la Colonia a sus herederos criollos, que unidos a los inmigrantes extranjeros llegados durante la República, conforman eso que hoy llamamos “Peruanos de Arriba”.
Esta elite está subdividida en peruanos de “arriba-bajo”, peruanos de “arriba-medio”, y peruanos de “arriba-arriba”. En esta pirámide, los peruanos de “arriba-bajo” suelen ser mestizos que han hecho dinero en los suburbios, viven en Lima como si fuese Miami, sus retoños visten como gringos, y veneran a la farándula limeña como prototipo a imitar. Los peruanos de “arriba-medio” proceden de la Lima tradicional, viven en buenas casas, veranean en balnearios rimbombantes o en clubes particulares, envían a sus hijos a estudiar en el extranjero, y los que regresan dirigen la maraña política, cultural y económica del país, eso sí, siguiendo a rajatabla las pautas establecidas por los peruanos de “arriba-arriba”, es decir: los dueños del Perú.
Y el poder que mejor maneja el peruano de “arriba-arriba” es el CUARTO PODER: los medios de comunicación. (Bien que lo pronosticó Edmund Burke; y Wikipedia pone: “Es el más poderoso de todos los poderes porque da su propia opinión, sea correcta o no lo sea. La prensa puede hacernos creer que lo que dice es cierto”). Ellos dirigen la mente de los peruanos, les dice lo que hay que pensar, lo que hay que decir, pero sobre todo: a quién hay que venerar y a quién condenar, ejerciendo pleno dominio sobre la opinión pública a través de sus campañas desestabilizadoras o demoledoras, dependiendo del enemigo a batir. Además de controlar la información, se condecoran entre ellos, aúpan a quienes los ensalzan, y hunden a quienes pretenden inmiscuirse donde no deben… O sea: tumban brujos y amamantan cuervos. El CUARTO PODER pone presidentes de gobierno, los manipula, los mima o los hunde, según la docilidad o agresividad del mandatario de turno. Los políticos cambian… el CUARTO PODER no… (Salvo cuando algún dictador nacionaliza temporalmente los medios de comunicación no afines).
El odio más colosal fomentado en la mente peruana está dirigido a Chile como evocación a la guerra perdida. Ese odio anti-chileno es de lo poco que exalta esa abstracción llamada “patria”. Cualquier comentario que provenga del sur es afrenta para los peruanos, y ese complejo es manejado por el CUARTO PODER cada vez que quiere distraer a la opinión pública recordando hasta el hastío a los mártires de aquella derrota: el barco hundido, los libros robados de la biblioteca, los leones de mármol que hoy lucen algunas plazas chilenas, impidiendo voltear la página para dedicarse a solucionar el verdadero problema del país…: la integración de un pueblo basada en el desarrollo de todos y no de unos pocos.
Se cuenta que cuando Velasco Alvarado (dictador entre 1968 y 1975) intentó invadir el norte de Chile aprovechando que el Perú contaba con el mejor armamento de su historia (hoy ocurre lo contrario), los serranos abandonaron los pertrechos y treparon a la puna… “Es guerra de blancos”, decían, como siempre lo ha sido, incluso en las batallas de la independencia de España… “Guerra de blancos”. Por eso llegaron de otros países a independizar el Perú; por eso los Peruanos de Arriba sufrieron la pérdida de sus hijos cuando defendieron Lima de la invasión chilena… “Guerra de blancos”.
El desgobierno histórico ha llevado al Perú a una situación de injusticia social que está terminando por hartar a todos los peruanos, en especial a los serranos que cada vez están más interesados en el autogobierno y en independizarse de esa Lima brutal y depredadora. Las remembranzas del incanato, los ecos de un Chávez que les abre la mente, el apoyo de un Morales, Correa y Ortega que promueven la idea bolivariana de la Gran Colombia, campa en el altiplano, mientras las ansias de MAR enajena a los bolivianos… A esta maraña se unen las amenazas solapadas que llegan del sur, un aparente contrasentido si se tiene en cuenta la creciente inversión chilena en la economía peruana. Todo esto “ad portas” de unas elecciones que sin duda cata pultarán a un Ollanta Humala que con sus ideas de nacionalismo étnico y regreso a la cultura Inca enardece al pueblo, a la vez que genera la burla de “los de arriba”, descalificándolo por sistema.
Y la Iglesia, bien gracias, ahí donde siempre está, al lado de los poderosos, gozando de su privilegiado y colonial estatus, imbuida en su particular negocio de la fe. Como muestra, prohíbe el uso del condón a pesar de la sífilis que corre por la sangre caliente de la juventud peruana, un país donde “cachar” es la juerga del pueblo… y se nota en la cada vez más numerosa población… a pesar de la prolife ración de clínicas clandestinas para abortar, porque si nacieran, ¿Quién se haría cargo de los críos? ¿La Iglesia? ¿El Estado? ¿No vemos a la niñez pateando latas por las calles, pidiendo limosna en los semáforos o alucinando? ¿Por qué no destina la Iglesia parte de su patrimonio para criar a los no deseados como resultado de sus prohibiciones?
Gracias a sus dirigentes el Perú juega siempre en tercera división, y son ellos quienes con su ineptitud han puesto al país en bandeja a sus ya impacientes vecinos dispuestos a repartírselo. ¡Lo han vendido! Y ésta es la razón por la que no creo en sus símbolos patrios por inútiles, porque no sirvieron para nada, y prueba de ello es el hartazgo del pueblo. Mucho patriotismo, mucha banderita, mucho tocho de macho defendiendo “la patria”… pero, ¿qué patria? ¿Ons’tá? ¿La de la Sierra o la de la Costa? ¿La del narcotráfico? ¿La que se menta desde los altares o en los directorios de los medios, o la que reclaman los militares? ¿La que pretendió y sigue pretendiendo Sendero Luminoso? Porque llamar “patria” a lo que Lima pregona, no calza con los que habitan en la Sierra y Selva. Llamar “patria” al país de los peruanos de Arriba-Arriba, NO, eso no es “patria”… eso es una parcela privada para usufructo y goce exclusivo de los dueños del país… El resto la sufre, o si no a preguntar a quienes aguantan su eterna pobreza, que no hacen sino rezar y rezar por un milagro que nunca llega ni llegará mientras todo siga igual, o peor. Pero eso sí: cuando ocurra la “repartición”, las calles de Lima se llenarán de llorones suplicando al anda plateada, como si el pobre Dios tuviera la culpa de los actos de sus hijos más prósperos e injustos. Para hacer “patria” no es suficiente obligar a trotar a la tropa de madrugada entonando revanchas anti- chilenas… ni descuartizar perros para después untarse su sangre, demostrando con ello un preocupante primitivismo.
Lo que hace falta es un espíritu emprendedor que forje mentes desde la infancia, y no lo que se hace con la juventud en materia educativa, proceso lento que no tiene cuándo empezar a cambiar… y menos con la mente lerda, intrincada y barroca de sus burócratas, dedicados a sus propios negocitos o negociados, y a complicar más la ya intrincada vida cotidiana de los peruanos.
Por eso a la juventud de los Peruanos de Abajo, que es la inmensa mayoría, le queda la corrupción generalizada como patrón, la prostitución como práctica, la mano de obra barata como chamba… y las pandillas de afiliación étnica para atracar y agredir como diversión, siempre siguiendo el ejemplo de una sociedad carroñera que vive del despojo al prójimo… ¿Es que acaso tiene otra alternativa? Para la juventud olvidada y relegada, sin meta ni esperanza alguna, cualquier método es válido para subsistir.
¿Esto es “patria”? ¿Es éste el Perú que soñaron forjar quienes con su sangre lo defendieron? ¡Qué birria de patria, carajo!
Lo que apunto no funciona con parte de la juventud de Peruanos de Arriba, másteres de las mejores universidades del mundo, dueños de la pelota y de la cancha donde se juega el partido, viviendo (para ellos) en el “mejor país del mundo”. Claro… así cualquiera… La carnecita para unos pocos y el hueso para los demás. Y les fascina el CAOS que los rodea, tanto que ni lo notan porque gracias al CAOS están en donde están.
En contrapartida, no sería justo olvidar a quienes con todos sus esfuerzos luchan por mejorar al país. Hay sectores no tradicionales que crecen gracias a las agallas de grupos emergentes que intentan levantar su entorno, a pesar de las trabas y el oportunismo de otros, conscientes de su labor de titanes ante la infame burocracia establecida, pero inconscientes a esa otra realidad que también se llama Perú, tan distinta a la que el PODER disfruta.
Extracto del epílogo de “Omar… ”, Juan Carlos Romero (2009)
P.s. ¿Y a donde vamos nosotros.., españolitos de a pie?